Tras un tiempo de anhelado letargo, la pesada carga que recaía sobre ella al fin había cesado, ahora todo quedaba atrás, su mente volvía a la carga quería sentir los estímulos que el mundo le ofrecía sin más demora, estaba ya cansada de convencionalismos.
No estaba en su ADN las actitudes persuasivas, basadas en el desdén a sus semejantes. Ese nuevo despertar era como ver resurgir al ave fenix de sus cenizas.
Una melodía que sonaba a lo lejos consiguió que ella se diera el lujo de entrometerse en esos recuerdos que le devolvían esa humanidad que un día estuvo entre sus dedos.
Su mente entrometida comenzó a indagar en sus recuerdos y fue entonces cuando lo vio. Aquella tarde que hasta el momento había estado teñida de blanco y negro, avejentada por el transcurso del tiempo comenzó a tornarse de color.
En concreto de unos tonos cálidos y apacibles, en un cielo bañado del último resquicio del atardecer que se reflejaba en un apacible y sereno mar.
Marsella era tan bonita como la recordaba su mente aquellas vistas ponían nombre a un sin fin de momentos y sin duda, esa imagen tendría un lugar especial en su mente, esa fue la primera vista de su llegada a una nuevo destino, buscaba unas vacaciones distintas a las demás, un lugar aún por descubrir para su inexperta juventud donde disfrutar de las vistas con sus amigas y poder recordar con innumerables anécdotas.
Lo que no podía imaginar era como el destino la guío hasta lo que una vez fue suyo.
Junto a la orilla de aquel mar en calma descubrió el significado de la palabra nosotros, dio sentido a cada suspiro, descubrió como se podía detener el tiempo y sintió como 8 letras podían cambiar la percepción de todo un mundo.
De sobra sabía que no sería un verano como los demás el perpetuaría en su recuerdo por el ser el primero.
Sin duda recordaba aquellos momentos como si estuvieran pasando en ese mismo instante y ella fuera una espectadora más de aquella bella historia.
Ella estaba sentada, ensimismada contemplando ese mar cuando él se cruzó en su camino, lo encontró, sin saber ¿Cómo? ni ¿Porqué? Él apareció a su lado con una inmensa sonrisa, una cautivadora sonrisa que la indujo a querer saber más sobre aquel atrayente y desconocido sentimiento.
Ahora había descubierto como las sonrisas encerraban frases sin terminar, escritas en en el viento que acariciaban sus encendidas mejillas, sus miradas cruzaban las mismas palabras que un día fueron reproducidas por los más bellos poetas. Y sus cuerpos fueron testigo de la inmortalidad.
La felicidad residía en eso, en un conjunto de imágenes que consiguen grabarse a fuego en nuestras mentes y perpetúan a lo largo del tiempo consiguiendo hacerse eternas, escudadas en una canción que cada vez que suena las devuelva a esa vida a la que un día pertenecieron.

