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lunes, 30 de diciembre de 2013

Un ápice de luz en la oscuridad


Al mirar por la ventana una noche de otoño, Susan se quedó anonadada al ver está estampa, sin darse cuenta se sumió en su mundo ya completo de ensoñaciones, quedándose ensimismada al contemplar como aquella tenue luz, luchaba por abrirse paso en tanta oscuridad.

Aquella pobre farola parecía tan frágil, débil y solitaria, en medio de aquella calle antaño paseo de reyes y ahora, sin embargo, sumida en el olvido. 



Ella había sido testigo de tantas historias, dramas, comedias, romances... Siempre había sido un lugar de encuentro que acompañaba en los más bellos y tristes recuerdos.

Estaba allí, a merced del tiempo y la climatología que hacía mella en su ya cansada figura. Ahora el viento se cebaba  contra ella, precediendo una vez más a la tormenta que tanto la desgastaba, el se abría paso sin piedad  entre las hojas que colisionaban sin cesar contra ese dulce brillo de la noche. 

Pero ella no se achantaba ante nada, permanecía en pie, quieta e inapacible como si todo lo ocurrido a su alrededor no la afectara, quería seguir luchando.

Estaba sola, pero eso no le impedía ser fuerte y conseguir destacar en aquel mar embravecido de hojas, para el que tan solo era un obstáculo más.

Ver aquello era como ser espectadora de una crónica ya anunciada. La similitud que aguardaban los hechos observados y su propia vida era sorprendentemente pasmosa, la vida no siempre la había ayudado, no había tenido esa suerte, pero gracias a ello ahora sabía detenerse en cada instante que se le regalaba para poder pulirlo y sonreír tras conseguir sacarle brillo.

Nada es fácil, pero si te rindes y no intentas luchar contra el viento jamás sabrás la belleza que se esconde al aportar un ápice de luz en tanta oscuridad.

Sillas con una historia que contar

¿Recuerdas?

Aunque hoy nuestros ojos sólo se encuentren mirando una misma luna, hubo un tiempo ahora olvidado en un mar de recuerdos, en el que tú y yo sentados uno al lado del otro, eramos felices con el mero hecho de disfrutar de nuestra compañía, compartiendo ilusiones, recuerdos e intentando cambiar a través de nuestros sueños el mundo para acomodarlo a nuestro antojo.

Lo que ahora parece una historia que ocurrió en otra vida, no hace mucho tiempo fue real, podía sentirlo tanto como la lluvia que cae ahora sobre mí, en este invierno gris.

Ahora toda aquella historia no está, solo permanece en mi mente, donde los recuerdos de esa bonita ilusión permanecen juntos esquivando el paso de los días.

Sin darme cuenta el tiempo me ha llevado a comprenderlo todo, a entender que pecábamos de arrogantes intentando hacer que cada instante fuera perpetuo, creyéndonos inmunes a todo cuanto nos rodeaba y sin poder darnos cuenta estábamos cambiando.

Hoy eramos personas diferentes, el tiempo había ganado la batalla y el mundo nos dio la espalda. Nuestros caminos se separaron, tomando rumbos muy dispares. Sin querer rompimos nuestras promesas, sueños e ilusiones siendo unos meros espectadores más, mientras dejábamos que ellos huyeran en busca de alguien que supiera valorar lo que nosotros ya olvidamos.

Aún así, aunque hoy no estés a mi lado, es inevitable saber que tú siempre tendrás el lugar que supiste ganar. Aquí a mi lado observando el último resquicio de calor que nos aporta el atardecer, esperando que aparezca nuestra luna.








domingo, 29 de diciembre de 2013

El maravilloso mundo de los EX

Estoy segura de que cada persona ha tenido un período de tránsito y adaptación, desde que dio por finalizada una relación hasta que se atrevió a abrir de nuevo su corazón para conocer a otra persona diferente.

Esta nueva persona que volvió a romper todos los esquemas y estructuras que tú a lo largo de ese período de soledad te ibas fijando y marcando como futuras metas. Ese alguien que sin darte cuenta fue ampliando tus horizontes y por el que aún te preguntas el ¿Cómo? y ¿Porqué? los hechos acontecidos en los últimos meses te han hecho llegar hasta el punto de incertidumbre en el que ahora te ves sumido.

¡Ajá! Te entiendo muy bien, pero si hay algo mejor que todo eso, es sin duda el proceso de avance.
Sabrás de lo que te estoy hablando porqué ese proceso son los pequeños pasos que vas dando con esa persona a la que ahora consideras especial y con la cual quieres compartir un poco de tu solitaria vida.

¡Pues bien! Los pasos son los siguientes:

1º. AMPLIANDO FRONTERAS: Se define como el momento en el que comienzas a darte cuenta de que te gusta estar con esa persona y no te importa comenzar a aparecer en sitios públicos con ella, sin darte cuenta poco a poco se va acoplando en una armoniosa simbiosis a tu vida diaria, el romanticismo junto con la pasión por lo desconocido comienzan a aposentarse y a formar parte de ti y sin darte cuenta, todo es como una ensoñación. Comienzas a vivir cosas que hasta el momento solo habías visto en las películas, tales como serendipity y sin darte cuenta esa persona va ganando terreno.





(En esta etapa todo es idílico, las coincidencias de acciones cotidianas y gustos compartidos crean una esfera de perfección que ciega a los individuos. Aquí es donde comienza ha aparecer el termino: "DESTINO")

Sin ser conscientes de los hechos damos ese consentimiento implícito para dar el segundo paso en esa cosa extraña que sobrepasa la amistad, la cual todo el mundo a tu alrededor aprecia, pero tú pobre inconsciente estás cegado por el miedo y aún no tienes ni idea aún de como definirla.

2º. ¡LLEGÓ EL MOMENTO DE CONOCER A NUESTROS AMIGOS!: Está etapa es una de las más tensas y graciosas que vivirás, porque si bien conocer a sus padres es un mal trago, conocer a sus amigos es una prueba de fuego, a la que te enfrentas al escrutinio de todas esas personas que han oído hablar de ti y esperan que des la talla, tú (pobre de ti) intentas integrarte como buenamente puedes en las conversaciones, poniendo tu mejor sonrisa, e incluso a lo largo de la noche a medida que la confianza va "increscendo" incluso darte el lujo que participar y ser la protagonista de algunas de las bromas (pero sin pasarse que aún estamos intentando dar buena impresión). Pero sin duda la tensión comienza a palparse en el ambiente cuando los segundos trascienden y tú permaneces callada, porque las bromas ahora tornan alrededor de gente que aún no conoces. En ese momento es cuando comienzas a sentir que esa pieza del puzzle no encaja bien, que la incomodidad comienza a ser visible en tu rostro, el cual intentas esconder con alguna sonrisa pánfila al ver que todos excepto tú se ríen (esa sonrisa de ¿Alguien me saca de aquí? ¡No tengo ni puta idea de lo que se ríen!).




Del resto de los pasos ya hablaremos más adelante, porque sin duda hay algo que incita en mi una mayor incertidumbre, ese momento que te deja de fuego y rompe todos tus esquemas, si hay algo que saque de quicio a una persona cuando está conociendo a otra, sin duda alguna es que esta no deje de hablar de su ex. Pero aunque no os lo creáis hay algo aún más incómodo que eso.

Para los escépticos les daré la respuesta que tanto están ansiando...

Lo más incómodo es que su "EX" (esa persona a la que tú por obligación debes mejorar y no solo en físico, si no también en personalidad) sea su amiga...




En ese instante comienzas a plantearte la existencia de tantas cosas: ¿Porqué el cielo es azul? ¿Porqué las rosas son rojas? ¿Y PORQUÉ COÑO NO SE PUEDE LLEVAR MAL CON SU EX CÓMO TODO EL MUNDO?

Y claramente esto no es ser celosa (Já Já), cualquier persona normal puede llegar a entender que entre dos personas adultas, se decida el hecho de continuar por caminos separados sin necesidad de enredar unos con otros. PERO, el problema erradica en que tú como persona normal, aún no entiendes muy bien de que va la historia, intentas comprenderlo y poner buena cara si cabe.

Lo mejor de la historia llega cuando los pasos uno y dos se entremezclan, es decir, que sales a la calle con sus amigos, en ese instante es cuando comienzas a ver cosas en las que hasta la fecha no te habías percatado.

Os preguntaréis que puede ser tan incómodo, pues bien. Bajo mi humilde punto de vista, no puede haber ningún momento más incomodo que: Cuando llegáis todos a una cafetería y de repente a "su amiga" le da por querer probar el café, dulce y cualquier otro alimento o bebida, que "ese" al que tu consideras "tu amigo especial" posee en este momento. Y que sin duda, el en un alarde de generosidad y bajo  toda la normalidad del mundo le ofrece.

Mientras ocurre todo esto, tu estas en un tercer plano, observando como ella, esta chupando su pajita, su cuchara... y intentas mantener la compostura gritándote ¡QUE COSA MÁS RARA ESTOY VIENDO!

Sin darte cuenta tu mente ha desconectado de tu cuerpo, poniéndose en modo avión, para no sentir ni padecer ante aquella situación. De la cual vuelves a la realidad cuando alguien a tu lado te da un codazo, al haber visto la misma situación y te advierte de la cara asesina que tu subconsciente sin querer le esta dedicando a la pobre chica y a ese al que tu consideras "algo más que un amigo" (pero que comienzas a planteartelo).





Lo mejor de todo esta historia es que tu querido amigo se de cuenta del momento incómodo y acto seguido ¡TE OFREZCA A TI TAMBIÉN! Ahí es cuando tu conocimiento de todo hasta ahora deja de tener sentido, definitivamente no entiendes nada, tu mente hace "off" y te entregas a ese fantástico mundo de locos donde todos viven felices con sus casitas de caramelo.












sábado, 28 de diciembre de 2013

Breve relato - contraposición de la mente al corazón

Lo he tenido, lo he querido y lo he amado.

Pero ese sentimiento ahora aposentado en mi mente, ni era capricho de mis deseos, si no más bien, fruto de mi enajenada mente que ahora se aferraba en intentar mil y una vez más inventar planes maestros, para que la ruleta de la fortuna girará a su favor.

Necesitaba una vía de escape, algo o alguien que le dijera que era imposible continuar por ese sendero, la pared con la que se había cruzado era demasiado alta para ser escalada, demasiado ancha para ser rodeada y demasiado gruesa para ser demolida.

¿No lo ves? - Gritó el corazón - ¡ES ALGO IMPOSIBLE, DEBES RENDIRTE YA!


¿Qué es lo que quieres que vea? - Dijo la mente - ¿Aquello que todos os afanáis en explicar? 

Eso si lo veo, pero te diré mi querido amigo: "Sin lucha no hay derrota, ni victoria. Y aunque no podáis apreciarlo, las cosas más bonitas de la vida son aquellas que no podemos explicar. Esas que tienen suficiente fuerza por sí mismas de creer en lo que todo el mundo considera un sueño y conseguir hacerlo realidad".



domingo, 15 de diciembre de 2013

Esperar lo inesperado

Susan se estaba dando cuenta de que todo cambia, e inevitablemente todos cambiamos al ver como todo el entorno a nuestro alrededor va evolucionando sin distracción aparente, era inútil imaginar a alguien luchando contra la corriente. 

Pero ahora sin embargo, desarraigada de todo aquello que antes le causaba una extraña atracción por razones que su raciocinio llevaba intentando olvidar desde hacía ya mucho tiempo, se daba cuenta que nada de aquello ocurrido en un pasado tan lejano ahora, tenía sentido alguno. 

Su vida ahora comenzaba a tornar de un color verdaderamente camaleónico, para que centrarse en una gama monocromática pudiendo tener todo un arco-iris acorde a sus necesidades.

Cada día que pasaba estaba recuperando cada vez más una confianza en si misma que hasta el momento desconocía que podía tener. Las personas ya no le parecían tan amargas ni ajenas, ahora le encantaba relacionarse con ellas, dejar su vergüenza atrás y comportarse como si realmente no supiera lo que podría pasar mañana.

Era un nuevo modo de ver las cosas inteligible para muchos y lleno de vida y diversión para otros. Todo lo que produjera en ella un ínfimo malestar, por minúsculo e inapreciable que fuera para muchos lo esquivaba. No le apetecía rodearse de gente que se obcecaba en tener una sola verdad y una manera de pensar invariable e involuble, porque se había dado cuenta que el error no erradicaba en cambiar, si no más bien, en el hecho de no hacerlo, de mantenerse perenne con el paso de las estaciones.

Todo esto sumado a sus ansias de libertad y descubrir un nuevo mundo la llevaban de vuelta al pasado, como si de repente la vida le estuviera dando una segunda oportunidad y quisiera que ahora viviera y se desfasara como la niña alocada que no la dejaron ser, era hora de ser adolescente, de entender lo que era poder vivir una vida sin complicaciones, sin explicaciones, sin miedos...

Simplemente disfrutar, siendo conscientes de lo que tú misma esperas de ti. Cada lugar al que viajaba, ocupaba un hueco exquisito en su memoria y en su corazón, le enseñaba a aprender más y a discernir lo ignorante que aún era, viendo la inopia en la que se había sumido todo este tiempo.

Cada fiesta la hacía rejuvenecer y recuperar el tiempo que se le abstrajo, tornando su rostro con una expresiva sonrisa, ahora comprendía de lo que todo el mundo hablaba, comenzaba a entender al fin lo que todo el mundo experimentó con corta edad y le encantaba pensar que al menos se le brindaba la oportunidad de poder apreciarlo, ahora se daba cuenta de que la vida era un regalo, una caja de sorpresas en la que nunca se atrevería a mirar, porque preferiría no saber lo que le esperaba.

Ahora le gustaba más "esperar a lo inesperado".

Por eso cuando abrió los ojos y miró en su teléfono para ver la hora, apreció un cambio un tanto inusual, alguien le había escrito a lo largo de la noche.

Creía que el sonido que escuchó de madrugada, simplemente era una parte más de uno de sus apacibles y agradables sueños, pero se equivocaba.

Al pulsar sobre el, una descarga de adrenalina cautivó todo su cuerpo y la dejó en shock.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Tiempo

El mundo para sus ojos había cambiado, que tenía aquella chiquilla que lo hacía comportarse como un irreverente adolescente, no sentía nada más que deseos de provocarla, y hacerla sonrojarse.
Le encantaba ese toque de timidez tan dulce e irresistible que invitaba a su lado oscuro a ser irreverente.

Esa mirada burlona, que ocultaba sus ojos, en bajo el sonido de su risa, era como una irrefrenable atracción sobre natural, sentía como si ahora ella fuera su centro de gravedad.

Su dulzura y belleza le recordaban a Audrey, era demasiado bella para ser tan dulce y demasiado dulce para darse cuenta de lo preciosa que era.







Apenas había pasado con ella una hora, y el deseo de la curiosidad por saber más de aquella dulce mujer, se había instaurado perenne, en su cabeza.

Sin entender el cómo, ni el porqué... Quizás una serie de factores multicausales estaban influyendo en su descarriado e irreverente comportamiento, como podía tan si quiera osar a atreverse a pensar en aquella chiquilla, que posiblemente solo tuviera 18 años, el iba a cumplir 33, por poco doblaba su edad.

Esto no lo único que conseguía era hacerle pensar que la crisis de los precuarenta, ya estaba haciendo mella en él, por eso se fijaba en las niñas. Aunque había que reconocer que para tener esa edad, lo había dejado asombrado, seguramente ella estudiara algo relacionado con el tema y por eso sabía sobre ello.

Sin darse cuenta su sistema autónomo decidió actuar por cuenta propia, como siempre.
Cogió el móvil de Paula, para mirar sus contactos, y apuntó en el suyo el número de Susan. Sin pensar en las consecuencias que podía acarrear aquella situación.

- ¿Qué haces?

- He apuntado el número de Susan, quiero saber si puedo hacer algo por ella, es lo mínimo, si no fuera por ella...

- Te entiendo, la niña es un primor, a la pobre le has tenido que dar un susto... Igual que a mí.

- Lo siento

Acto seguido Paula se acercó a él dándole un casto beso en los labios.

- Pensé que después de la pelea de esta mañana, quizás no nos volviéramos a ver más... Pero si la vida te ha dado otra oportunidad, creo que debe ser por algo.

Alex miró para otro lado, no le apetecía tener esta conversación, porque sabía de sobra que si continuaba por ese camino, al final acabaría recordando el motivo de la pelea y volvería a salir a la luz.

Y como no era ni el momento, ni el lugar adecuado. Decidió evitar esa conversación cambiando sutilmente  de tema.

-Estoy cansado cariño, si no te importa voy a descansar un rato, que hoy ha sido un día muy duro.

-¿Quieres que me quede?

- No te molestes, si tu también tienes que estar bastante cansada, vete a casa y no te preocupes por mí, ¿Dónde voy a estar más cuidado que aquí? Y de todas formas mañana seguramente me den el alta, así que no tienes nada por lo que preocuparte.

-De acuerdo, pero si necesitas algo, ¡Llámame!

- Lo haré, no te preocupes.

Y ambos se despidieron con un recatado beso en los labios. Era curioso ver como todo podía cambiar en tan poco tiempo, esta mañana ambos estaban decididos a dejar su historia, y acabar con esa farsa y ahora, sin embargo, era como si el contador se hubiera puesto a 0. Era un inepto si no se sentía agradecido con ella por todo lo que había hecho por él. Pero eso no cambiaba lo que sentía.

Su relación se había apagado, Alex ya no se sentía nada atraído por Paula, había comenzado a hablar con otras mujeres, e incluso a fijarse en ellas de una manera diferente...

La historia con Paula hasta la fecha era bonita; ellos se conocieron en la facultad, y sin darse cuenta lo que empezó como una inocente amistad, se fue tornando en un peculiar cariño, y sin darse cuenta se enamoraron. A Alex le encantaba Paula porque estimulaba su imaginación y creatividad, juntos formaban un gran equipo, nunca discutían y aunque compartían unos ideales que se diferían, sabían compaginar sin problemas sus aficiones.

Pero cuando se fueron a vivir juntos, todo eso cambió por completo, el trabajo ocupaba gran parte de la vida de Alex, apenas podía dedicarle tiempo suficiente a Paula, porque sus proyectos de investigación requerían que pasara mucho tiempo fuera del país. Por lo que él aún no se planteaba la idea de formar una familia más estable, y acabar atándose a los convencionalismos que impuso en su día la sociedad, la sola idea lo agobiaba, el se sentía demasiado joven para tener hijos y dejar de viajar, para acabar dando clases en la universidad a fin de buscar esa tranquilidad y acomodamiento.

Y eso era algo que Paula no entendía y l reprochaba día tras día, de ahí el motivo de sus infinitas discusiones, de sus reproches y de ese ambiente constante de crispación, ya nada era como antes, los dos habían cambiado, él no recordaba la última vez que estuvo bromeando y riendo despreocupadamente con Paula, porque eso hace mucho tiempo que se marcho.

Paula adopto un tono de acritud y despotismo, que laceraba a Alex, con cada pequeño gesto, era una situación insostenible, y en definitiva. Su amor se acabo.

Sin darse cuenta Alex había permanecido tan ensimismado en sus pensamientos, que no fue consciente de la hora que era, solo sentía que a su apesadumbrado cuerpo, le apetecía descansar.

Miró la hora en el reloj que había colgado en la pared, las 00:30 - Quizás aún no sea demasiado tarde, es estudiante, seguramente se acostará más tarde. - Pensó.

- Buenas noches Susan, por lo que se ve mañana me darán el alta, así que volveré a casita, si no es mucha molestia me gustaría quedar contigo la semana que viene, que seguramente habré recuperado mi movilidad, para invitarte a un café, como ya te comente esta tarde, es lo mínimo que puedo hacer por ti, ya que me siento en deuda contigo, además estoy en desventaja, tu sabes a lo que me dedico y tu para mí sigues siendo toda una incógnita, la cual he de decir que considero bastante interesante. Un saludo Alex.

Al enviar el mensaje, miró su última hora de conexión, era hacía unos pocos minutos. Alex encendió la televisión, mientras esperaba la contestación y sin darse cuenta fue preso del profundo sueño.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Cómo explicar lo inexplicable

Al salir de allí corriendo, necesitaba frenar aquellos pensamientos que inundaban su mente, no quería pensar.
 En ese momento era lo único que no debía hacer, ya había tenido esa sensación antes o al menos eso creía,  si seguía prestándole una atención innecesaria a su meditabunda ilusión, acabaría de la misma manera, inevitablemente una vez más.

Saco su ipod y sintonizo aleatoriamente una cadena de radio, ya estaba cansada de escuchar siempre la misma música, ahora mismo no necesitaba un control innecesario sobre sus gustos, dejándose guiar por la comercialización de la industria.

¡Nada! No había nada que se reflejara con lo que quería sentir. Así que sacó su móvil, entro en youtube y escribió una palabra al azar.

- ¡Esto era lo que estaba buscando!

 En ese momento una melodía de piano comenzaba a tocar y se introdujo en su pensamiento sacando todo lo demás, expresándose por sí sola, todo lo que hasta el momento tenía en su cabeza fue desapareciendo, como si cada nueva nota pudiera caracterizarse con cada pensamiento.







Sin duda aquella melodía quería formar parte de ella, acrecentando en su interior la sensación de paz y devolviéndole esa ansiada tranquilidad, que brillaba por su ausencia.

Cuando acabo la música supo que todo lo que andaba buscando estaba en esas notas,"Escuchar lo que estoy pensando" era el nombre de la canción y Susan supo que se encontraba en el momento y en el lugar adecuado para que algo tan simple pudiera expresar de una manera tan sencilla y bonita, lo que ni ella atisbaba a entender.

El mundo esta compuesto por casualidades que surgen sin más, momentos que sin darnos cuenta preceden a otros que lo cambian tu vida por completo. Otros momentos, sin embargo, tienen la fuerza por sí mismos para conseguirlo.

Mientras caminaba al amparo sola por la calle, sus manos comenzaron a enfriarse, las metió en los bolsillos al amparo del calor que tanto necesitaba, curiosamente ese calor avivaba sus pensamientos y la dejaba poner en orden su caos.

 Susan siempre se mostraba reacia a creer en lo desconocido, por ejemplo nunca había creído en la existencia de un solo ser omnipotente, como el creador del universo y de todo lo que la rodeaba, ella se centraba más bien en hechos probables, y más al alcance de la ciencia. Le gustaba leer sobre temas, que a la mayoría le resultaban un tanto ilusorios y poco creíbles, por eso lo mantenía en secreto. En una sociedad que aún lucha por su progresivo desarrollo, en el que la gran mayoría aún se deja guiar por las cadenas del convencionalismo, salirse de la norma es objeto de incomprensión, siempre ha sido así y siempre lo sera. 
Esta al alcance de muy pocos descubrir la realidad que encierran los secretos, de poder demostrar que creencia es la correcta, porque cada ser humano tiene derecho a tener la suya propia, sin tener que dejarse influir por lo correcto. 

Y lo que más le fascinaba de todo era darse cuenta que sentir aquello, era autodescubrirse a sí misma, y que la música era la gran culpable de sus momentos de reflexión, de muchas de las aclaraciones, de su toma de decisiones en cuanto aparecía un cruce de caminos con una insalvable decisión inmediata,lo más que tenía que hacer era buscar la música que la hiciera reflexionar en el camino correcto.

Susan añoraba el deseo de aquello que no fue y pudo a ver sido, le encantaría haber tenido un don, como aquellos genios, que podían plasmar todo lo que pensaban a través de las notas de su piano, para hacer llegar al mundo sus sentimientos.



                           


De esta manera podría mandar un mensaje implícito, llamando a la ansiada calma.









La teoría del caos

Si Susan hubiera sido remotamente consciente de lo que pasaría cuando entrara en aquella habitación probablemente, no hubiera cruzado aquel límite, no habría pasado de aquella linea imaginaria que marcaba la diferencia entre la realidad y la ficción, en la que acabaría viéndose inmersa.
Su vida hasta entonces, estaba girando en torno a la teoría del caos, cada pequeño paso que daba en este frágil presente, advertía a cambios colosales de su futuro próximo. 

"La inconsciencia es la mejor de las conciencias"

Y actuando sobre lo desconocido guiándose por su sentido de la responsabilidad, llamó a aquella puerta entreabierta.

- ¡Adelante!

Al oír aquella voz, Susan no estaba segura si era él, o se había equivocado de habitación. Aunque todo aquello sucediera hacia unas pocas horas, no había prestado atención a como era aquel hombre, con tanta confusión, apenas tenía un recuerdo nítido de su cara.

Al entrar en la habitación Susan fijo su mirada en aquel hombre que estaba tumbado en una cama, mirando la televisión sin interés aparente, Susan se quedo en su rincón expectante, esperando una señal, se sentía tan culpable, al verlo allí tan frágil y vulnerable aquel hombre estaba en aquella situación por ella. No era justo que pensara que era su culpa, pero, en cierto modo era la realidad.

Alex se quedo mirando en silencio a Susan mientras observaba como esta, mantenía su cabeza alicaída y su mirada parecía centrarse en las baldosas desgastadas del suelo del hospital, como si buscara alguna solución a sus atormentados pensamientos allí abajo.

- ¿Buscas algo?

Susan recupero la consciencia que había perdido por un instante, para enfrentarse a la realidad, dejando atrás sus pensamientos.

- Lo siento, estaba...

- Es tu mundo, ¡Si, desde este angulo se apreciaba bastante bien!

Susan sintió una punzada de pudor, no conocía de nada a aquel hombre y ya se aventuraba a mofarse de ella.

- ¿Puedo pasar?

- Sí, claro ¿No, estarías esperando a que te diera permiso?

- Es de mala educación entrar en los sitios sin antes preguntar.

- Pero creí que la pregunta venía ya implícita en la llamada a la puerta.

Aquel hombre la estaba dejando fuera de juego y apenas la conocía, iba a ser difícil mantener una conversación con él sin intentar estar a la defensiva.

- Estas habitaciones por lo general suelen ser de dos personas, no es muy común que haya una sola persona, como en este caso, y es más yo aún no se si eres tú la persona a la que he venido a ver, por eso es mejor mantener una distancia prudencial hasta que la persona te vuelve a dar su permiso.

-En ese caso, ¿Que te impide hacerlo? Porque aún no me has preguntado quién soy.

Aquel hombre estaba exasperando a Susan, aquel tonillo irrisorio que empleaba para dirigirse a Susan la sacaba de quicio.

- ¿Eres Alex?

- Sí, soy yo.

-¿Sabes quién soy?

- No, no me suena de nada tu cara.

- Yo soy...

Alex comenzó a reírse.

- Claro que se quien eres, Paula me dijo que vendrías y no se me olvida una cara que he visto tan relativamente poco...

- Vaya, veo que estás de muy buen humor, ¡Me alegro!

- Yo siempre, por cierto ¡Gracias por todo! Siento haberme quedado contigo.

-Bueno al menos estás bien.

- Si, bueno a excepción de esto...

Alex se quitó a sabana que cubría su pierna, que ahora estaba completamente vendada.

- Susan siento haberte asustado esta mañana, te has portado muy bien conmigo.

- ¡Oh! No tiene importancia, no te podía haber dejado allí tirado hombre, es lo normal en esos casos.

- Cualquier otra chiquilla se hubiera desmallado al ver tanta sangre o hubiera corrido despavorida.

- Bueno, supongo que llevo ese instinto por dentro, solo intento ayudar nada más.

- Siento lo de tu pañuelo...

- ¿Qué?

- Llevabas un pañuelo muy bonito, que has usado para taparme la herida, y se ha quedado hecho un desastre.

- No te preocupes, esas cosas pasan.

- Me siento en deuda contigo, esta mañana, por poco te atropello, te he dado un susto espantoso, por tu ropa deportiva imagino que he impedido que fueras a hacer ejercicio y encima he estropeado tu pañuelo favorito ¡SOY LO PEOR!

- No dramatices hombre, que tampoco es para tanto.

- ¡ Lo se! solo estaba metiéndome en el papel, porque todo esto parece de película.

Al oír esto Susan no podía dejar de reír, definitivamente aquel hombre estaba loco.

- El golpe ha debido de afectar a tu cordura ¿Te lo han mirado?

- No te preocupes, si esto viene de fabrica.

- ¿Sabes que el gobierno da pagas para la gente en tu estado?

De repente el tono de burla de Alex se volvió seco:

- ¿No tienes vergüenza? Mira que reírte de mí de esa manera, ¡Ni que estar aquí enclaustrado con la pierna inútil fuera decisión propia!

- Lo... si..ento, no quería...

Sus palabras se vieron interrumpidas por una sonora carcajada.

- Eres tan inocente.

Susan se puso enrojecida por la ira, era horrible como aquel hombre jugaba con sus sentimientos a su  antojo y la avergonzara continuamente.

- Eres un...

- Un hombre increíble, lo se.

- No era esa la palabra que estaba buscando precisamente. Mas bien, odioso, ¡Dime que no eres payaso en tu tiempo libre!

- ¿Me estás insultando?

- No, solo te he preguntado a lo que te dedicas.

- Aunque te lo explicara no lo entenderías.

- Quizás te sorprenda, no me subestimes, solo porque te has reído de mi aprovechando que no conozco tu carácter.

- ¿Sueles mirar al cielo?

- ¿Que clase de pregunta es esa? Todo el mundo lo hace, que yo sepa.

- Hombre, cuando te he visto hoy, estabas ensimismada mirando las baldosas.

Susan sintió como sus mejillas ardían, y no sabía si era por la vergüenza de que aquel ser la hubiera visto en su mundo paralelo, o por el continuo bombardeo que él hacía sobre su persona.

- Eres odioso ¿Lo sabías?

- Me lo dicen muy a menudo.  ¿Sabes lo que son las estrellas?

Susan ya ni tan si quiera se limito a contestar, simplemente le dedico una mirada reprobatoria, que llevaba un mensaje implícito a voces.

- Supongo por esa mirada que quieres matarme, y que sabes lo que son... Bueno pues mi trabajo en parte esta dedicado a ellas.

- ¿Me estás diciendo, que eres astrónomo?

- Por lo que veo sabes de lo que se trata, creía que con tu edad solo entendías del whatsapp.

- Pero que...

- Perdona que te corte tu momento de indignación pero acabare de contestarte a tu pregunta. No soy astrónomo. Más bien soy físico. 

- ¿Te estás riendo de mí? 

- No, esta vez te prometo que no.

- Bueno aún no se lo que valen tus promesas, pero no tenes pinta de físico.

- Si no me crees, puedes preguntarle a Paula cuando vuelva.

- No es necesario creo que haré la comprobación por mi misma.

- Por curiosidad, si eres lo que dices ser ¿Que sabes sobre la energía oscura?

- Mmmm ¿Eso salía en la guerra de las galaxias?

- Sabía que era un farol.

- La energía oscura es la que está presente en todo el espacio, produciendo una presión que tiende a acelerar la expansión del Universo, resultando en una fuerza gravitacional repulsiva. Después del descubrimiento del bosón de Higgs, la ciencia se está centrando en descubrir el ¿Porqué? De esta energía, porque hasta ahora es la más desconocida. Y se estima que el universo esta compuesto en un 68,3% de ella, por lo que claramente nos lleva a la conclusión de que lo mejor aún esta por conocer.

- ¡WOW! Me has dejado sorprendida, y no creo que sea una casualidad que entiendas sobre el tema, así que tendré que creerte.

En aquel momento Susan tenía la sensación de estar delante de una persona con una mente prodigiosa, aunque aparentemente no lo denotaba, era demasiado joven, la imagen que ella tenía en su cabeza sobre las personas que entendían sobre temas así era otra que difería bastante de la que tenía frente a ella, en aquel momento.


- ¡Bah! Sabía que me ibas a preguntar eso, así que me lo prepare antes de venir, no te creas que se tanto. Lo que me sorprende es que lo sepas tú.

- Que te pensabas que solo los viejos con pajarita sabían de esos temas.

Entre risas Alex le pregunto:

- No se, ¡Dímelo tú! Porque estoy seguro que no esperabas que yo supiera sobre el tema. 

Susan se quedo sin palabras, aquel hombre le parecía tan interesante que se quedo sin saber que decir, por miedo a que juzgara su desconocimiento.


- Yo no se sobre el tema la verdad, simplemente leo por curiosidad.

- La curiosidad es el principio de todo Susan, no te subestimes.

En ese momento entró en la habitación Paula, interrumpiendo aquella aura que se había creado entre ambos.
Susan se levantó para saludarla y recibir gratamente sus agradecimientos, miró volvió a mirar a Alex, y vio su sonrisa de satisfacción en la mirada.

En ese momento comprendió que había llegado la hora de irse de allí, aquel hombre la estaba poniendo demasiado nerviosa.

- Bueno ha sido un placer, pero me tengo que ir ya, ¡Se me hace tarde, y aún tengo muchas cosas que hacer!

- ¡Vaya! ¿Tan pronto? apenas he tenido tiempo de agradecértelo ¿Alex que le has hecho a la pobre? Se que puede ser muy bocazas de vez en cuando, pero no se lo tomes en cuenta.

- No te preocupes no ha sido él, es que tengo prisa.

- Bueno pues muchas gracias de todos modos. 

Alex le sonrió y le dijo:

- Ha sido un placer Susan, me gustaría poder compensarte esto de verdad.

- No es necesario en serio.

- Insisto, me gustaría poder volver a disfrutar de tu compañía.

Susan enrojeció, agacho su cabeza y comenzó a andar.

- No es necesario, ¡Cuídate! ¡Adiós!

Y salió corriendo de allí.


martes, 5 de noviembre de 2013

Pisando los talones del pasado

Intentó levantarse de allí, aquella situación le resultaba demasiado incómoda, miró a aquel hombre y le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella, intentando incorporarse para salir de allí cuanto antes y poder darse su ansiada ducha.

- ¿Quieres que te acompañe a casa?

- No gracias señor, es muy amable por su parte, pero ya me encuentro bien.

Cuando llegó a su piso, sus compañeras ya estaban despiertas, y estaba desayunando.

Al oír el ruido de la puerta Clara y Esther se asomaron para ver que era lo que pasaba, puesto que no estaban acostumbradas a que Susan se despertara tan temprano.

Al ver la imagen tan desgarradora que transmitía Susan, llena de sangre, se llevaron las manos  a la cabeza, y de inmediato instaron a Susan a que contara lo sucedido.

Susan al recordarlo rompió a llorar, era demasiada la tensión contenida en ella. De inmediato ambas se acercaron para abrazarla, intentando consolar sus atormentados recuerdos.

Era un cúmulo de cosas, que realmente Susan no sabía ni que sentía.

Al salir de la ducha, Susan llamó a su madre, para contarle lo que acababa de ocurrirle, esos hechos de los que acababa de ser participe, pues sentía en ese momento que la vida era como un leve suspiro, corta y breve.

Y que en cualquier momento, en un abrir y cerrar de ojos, todo su mundo podía cambiar por completo.

Era por eso que necesitaba estar en paz con ella misma, era ya hora de atar sus cabos sueltos, y tomarse lo ocurrido como una oportunidad.

Al descolgar el teléfono su madre la recibió con sorpresa, hacía tiempo que Susan no daba señales de vida.

Prefería simplemente estar sola, a estar martirizada por alguien que no sabía valorarla.
Pero sin darse cuenta, Susan estaba sometiendo a más gente de la pertinente en ese castigo, no era justo, pero sin duda alguna era el error más asequible que estaba dispuesta a tolerar.

Cuando habló con su madre, el tono de ansiedad que denotaba su voz, le demostraba sin lugar a dudas, que la situación en su hogar no atisbaba mejoras, no era necesario que ella lo expusiera, pues conocía de sobra sus formas de hablar, cuando se sentía cohibida y cuando deprimida, y era evidente que en ese momento sufría una combinación de ambas.

- Susana ¿Cuando vas a venir a visitarnos?

- Cuando esté preparada mamá, sabes de sobra que se necesita mucho control y serenidad para soportar esa situación en la que tú te ves sumida día tras día. Y créeme ahora mismo, carezco de ambas. Anímicamente ahora estoy estable, me siento bien, así que me da miedo llegar allí y enfrentarme cara a cara con mis recuerdos. Temo que sumergirme en ellos y caer en el agujero negro, del que decidí escapar. Entonces, todo lo avanzado hasta ahora, no serviría de nada.

- Pero, te echamos de menos, desde que te fuiste a Mallorca llevo meses sin asar tiempo contigo, ¡Por favor! Sabes que nunca me he entrometido en tus decisiones, es más yo las he apoyado en todo momento, porque no quiero que te ocurra lo mismo que a mi, pues creo que tienes capacidad, e ímpetu para poder llegar a conseguir tu objetivo en la vida, y sabes que por ello tienes todo mi respeto y apoyo. Pero te pido que no olvides, que en esta vida, también es importante la familia.

- Sabes que desde pequeña, tuve que aprender a la fuerza a ser independiente, y a no tener que depender de la familia, porque siempre ha existido la manzana podrida, que se empeñaba en mostrarme la cruda realidad. No me juzgues por mostrarme con frialdad, es lo que aprendí.

 Era cierto, que de un tiempo a esta parte, desde que Susan puso fin a la relación con Hugo, todo lo que giraba a su alrededor también se desvinculó de ella. Pues había dejado de tener sentido seguir con aquella historia, y lo más sencillo, era desligarse de todo y de todos. En ello también incluía a su familia, porque inevitablemente, su padre, ya no se sabía si era por molestar o por que lo pensaba de verdad, no dejaba de recordarle lo sola que se encontraba,  y que no volvería a conocer a nadie como él.
Lo único que suponía para Susan recordar aquella etapa de su vida, era remover unos recuerdos dolorosos, para los que aún no estaba preparada.

Lo único que conseguía Susan con aquella historia, era volverse débil, frágil y vacía... Al recordar como se sentía en aquellos momentos.

- De acuerdo... este fin de semana iré a veros. Todo sea por hacerte feliz.

- ¡Así me gusta!

- Bueno, tengo que dejarte...

- ¡Cuídate!¡Besitos!

- Eso haré ¡Adiós mamá!

Al colgar el teléfono... Miró su agenda, buscando el nombre de Paula, para preguntarle sobre el estado de salud de Alex.

- Paula, soy Susan, la chica que socorrió esta mañana a Alex ¿Que tal se encuentra?

No habían pasado ni dos minutos, cuando Susan recibió un mensaje de respuesta.

- ¡Hola Susan! Muchas gracias por tu ayuda, de verdad, no te imaginas lo agradecidos que estamos.
Alex, ahora mismo esta realizándose una serie de pruebas, para verificar que los daños sufridos durante su caída, son solamente superficiales. Así que por el momento estará en observación.

- ¿Te importaría que me pasara a verlo más tarde?

- ¡Oh! Claro, sin problema, pero no queremos causarte más molestias.

- No hay molestia alguna créeme.

-¡Muchas gracias! Eres un ángel.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Caída libre

Aún no había abierto los ojos, pero Susan tenía la sensación de que su cuerpo estaba siendo participe de algo inusual, notaba como su espalda estaba apoyada sobre alguna superficie muy fría. Y poco a poco el resto de sus sentidos se fueron agudizando, y despertando del letargo, era un sitio demasiado ruidoso... Y cuando se aventuró a abrir sus aletargados parpados, no pudo ver más que decenas de miradas pendientes de su reacción, con cara de preocupación.
º
Sus mejillas que permanecían pálidas como la cal, comenzaron a teñirse de un leve rubor, estaba siendo participe de una escena bochornosa, y más para una persona que en un futuro se dedicaría al mundo de la sanidad, perder la consciencia por ver la sangre era algo impensable.

- ¡Por favor, déjenla respirar, dispersaros! 

Susan alzó como pudo su apesadumbrada cabeza, para ver el rostro de la persona que había dicho aquello, y al moverse, fue consciente de que él, la estaba sujetando.

- ¡No te muevas pequeña, no vaya a ser que te vuelvas a marear! ¿Te encuentras ya mejor?

Era una voz tan varonil y a la vez tan dulce, que Susan se sintió protegida, en el cálido calor que le proporcionaban los brazos de aquel desconocido.

- Si, gracias ¿Que es lo que me ha pasado?

- Imagino que de los nervios y al ver tanta sangre tu cuerpo no ha podido más y se ha desvanecido.

-¡Dios mío! ¡Que vergüenza!

- Para nada mujer, estas cosas pasan, por suerte, yo estaba a tu lado, y te he visto palidecer, entonces he sido consciente de lo que te pasaba y al preguntarte para ver como estabas, ya no has podido responderme.

- ¿Me he desmayado?

El hombre solo movió la cabeza, en sentido afirmativo. Susan se miró las manos de nuevo y vio el motivo, por el que estaba allí.



sábado, 2 de noviembre de 2013

Una fracción de segundo

Susan abrió los ojos, aún no había amanecido, pero se encontraba inquieta no le apetecía estar más tiempo en la cama, camino por el gran pasillo hasta la cocina, y al entrar se detuvo ante el frigorífico.

Miro por la ventana y pensó: Hoy es uno de esos días perfectos para hacer algo de deporte.

Volvió a su habitación para vestirse y coger su ipad.

Cuando salió a la calle, el aire frío de la mañana entro en contacto con sus mejillas, y recapacitó sobre si aquella era una buena idea... Pero no quiso replantearse más la posibilidad de volver al acogedor calor que aún encerraban sus sabanas, a estas horas de la mañana, en los que el sol solo era una leve intuición.

Emprendió su marcha, sin tener claro el rumbo, ni tan si quiera era consciente de la resistencia que de la que estaba prevista ahora, llevaba tanto sin hacer deporte, que aquel esfuerzo iba a ser un suplicio, sin lugar a duda.

Su meta aquella mañana era hacer una hora de ejercicio, pero se vio frustrada, cuando al cruzar un paso de cebra, un motorista despistado no se había percatado de su presencia.

Susan había mirado varias veces, pero cuando estaba cruzando, se percató que el ruido de la moto se aproximaba cada vez más a ella, y cuando giró su cabeza, para comprobar la situación, apenas tuvo tiempo para reaccionar y apartarse. Por suerte, cuando iba por la calle no se ponía los dos auriculares porque no se fiaba. y pudo anticiparse, retirándose del paso.

El motorista, sin embargo, no tuvo tanta suerte y cuando vio que Susan estaba tan cerca, intento retirarse de su camino, con la mala suerte de que con ese giro tan brusco, perdió la estabilidad, y acabo cayéndose de bruces al frío suelo del asfalto.

Susan no sabía que hacer, todo su cuerpo se había quedado paralizado, congelado. Su corazón estaba tan agitado que parecía que luchaba por salir de su pecho.
Sin dudarlo, corrió a socorrerlo...

Abrió la visera de su casco negro, y vio que sus ojos estaban cerrados.

- ¡Mierda! ¡Señor! ¿Está bien?

Susan sabia por sus cursos de primeros auxilios que lo primero que debía hacer en esos casos, era hablar con la persona, para ver si se encontraba consciente.

Tras unos segundos que a Susan se le hicieron eternos, el hombre abrió los ojos. Susan miró hacia al cielo y dio gracias.

- ¿Se encuentra bien?

- Si, ¿Que ha pasado?

- Acaba de caerse de la moto.

- ¡Dios mio! 

El hombre giró a ambos lados la cabeza para buscar su moto,y cuando al fin la encontró, intento levantarse para recogerla, pero del esfuerzo se mareo y Susan tuvo que recogerlo antes de que cayera de nuevo.

- Señor, no es bueno que se incorpore tan bruscamente...

En ese momento la gente que pasaba, se paraba curiosa, intentando ayudar y uno de los hombres se ofreció a recoger la moto, quitándola del transito, dejando pasar así, a los coches que comenzaban a amontonarse.

 - ¿Cómo se llama señor?

- Me llamo Alex.

Su cara comenzó a palidecer cada vez más, y Susan se percató de que algo no iba bien, hizo un repaso rápido con la mirada, y advirtió de inmediato cual era el problema.

Su pierna derecha estaba ensangrentada y un hilo de sangre corría a través de ella. Pero la herida no era visible. Así que Susan hizo lo que sabía hacer en aquellos casos:

- Muy bien Alex, mi nombre es Susan, siento que nos hayamos tenido que conocer en estas circunstancias, pero ya hablaremos más tarde sobre eso...
Ahora quiero que te sientes sobre la acera, y dejes que revise tu herida.

- ¿Qué herida?

- La de tu pierna de derecha. ¿No te sientes mareado?

- Si, un poco.

Susan metió los dedos en el agujero de su pantalón y lo rasgo, para ver de donde procedía aquella sangre. Cuando lo hizo vio una herida, de unos 10 cm, era un corte limpio pero profundo, la cantidad de sangre, sugestiono, y puso a prueba la capacidad de reacción de Susan, pues nunca había visto algo así.

En esa fracción de segundo, supo que tenía que reaccionar rápido taponando la herida, de lo contrario, la cantidad de sangre que estaba perdiendo lo haría desmayarse.

- Bueno Alex, no te preocupes, esto tiene fácil solución, por suerte ha sido un corte limpio, lo que pasa es que la sangre es muy escandalosa, así que no quiero que te asustes. ¿Te duele algún otro sitio?

-No, creo que no.

Diciendo esto, Susan se quito el pañuelo, que llevaba en el cuello y tapono con el la herida, intentando que Alex perdiera la menor cantidad de sangre posible, hasta que llegara una ambulancia.

Susan miró a la mujer que se encontraba a su lado y ella supo de inmediato, lo que le estaba pidiendo con la mirada.

- No te preocupes niña, ya ha llamado mi marido a la ambulancia.

- Perfecto, muchas gracias señora.

- Alex, una cosa más, ¿Hay alguien a quien quieres que avise?

- ¡Uff!la verdad es que preferiría que no molestaras a nadie, no hay necesidad...

- Si no lo hago yo ahora, lo harán en el hospital, y probablemente, en ese momento no estés tú delante para corroborar que no te ha pasado nada grave, y el susto de tus familiares será mayor creeme.

- Tienes razón, en ese caso, llama a mi novia, por favor. Yo no sabría como explicarle...

-No te preocupes.

Alex le dio el teléfono a Susan con el número de Paula ya marcado, así se llamaba por lo que pudo leer en su móvil, el teléfono sonó una, dos, y a la tercera una voz femenina, respondió vociferando.

- ¡Te he dicho que no me llamaras más, estoy en el trabajo, y no me apetece continuar la discusión de esta mañana! ¡Ya estoy cansada!

- Paula

La voz de Susan, detuvo instantáneamente el monólogo de Paula.

- Perdona ¿Quién es? ¿Y que hace usted con el móvil de mi prometido?

-Mire Paula, mi nombre es Susan, y su prometido me ha dado su móvil para que la llamara a usted, y decirle que acaba de sufrir un accidente.

- ¡Oh, Dios mio!

- Pero tranquilicese, el está bien, solo tiene una pequeña herida en la pierna, no se preocupe en breve vendrá la ambulancia, y le curaran la herida, pero quería informarla yo de antemano, por si estaba cerca de aquí y pudiera acompañarlo usted.

- ¿Pero que ha pasado?¿Dónde está?

- Se ha caído de su moto, y se encuentra junto al parque de la ciudad de los niños. Mire le paso con el para que se quede más tranquila ¿De acuerdo?

- Vale, ¡Muchas gracias!

Susan le pasó el teléfono a Alex, que parecía estar más preocupado, por tener que hablar con ella, que por lo que le pasaba.

Susan mientras seguía taponando su herida, y pidiendo que la gente tapara con sus abrigos a Alex, pues con la perdida de sangre, la temperatura de su cuerpo descendía, y no quería que sufriera de hipotermia.

En unos minutos llegó la ambulancia, y comenzaron a asistir a Alex, Susan le preguntó por el nombre del hospital al que lo llevarían,  y se quedó esperando a la prometida de Alex allí, para poder decírselo.

Cuando subieron a Alex a la camilla, su cara era tan blanca, que era cuestión de segundos que se desmallara, la cantidad de sangre que había perdido, era demasiada, y al entrar en la ambulancia lo primero que hicieron, fue una transfusión sanguínea.

Los sanitarios le preguntaron a Susan, sobre lo sucedido, y le dieron las gracias por su ayuda, acto seguido, cerraron las puertas de la ambulancia y se lo llevaron a toda prisa.

A los pocos minutos, la gente comenzó a disolverse, y Paula llegó exaltada, su expresión denotaba una creciente preocupación, sus ojos eran dos regueros de lágrimas, Susan no la conocía, pero al verla supo que era ella. Se acercó de inmediato hacia ella:

- ¿Eres Paula?

-¡Sí!

- Soy Susan.

- ¡Oh! Susan, por favor dime donde se han llevado a Alex.

Susan le dio el nombre del hospital, y acto seguido le pidió su número de teléfono para estar en contacto con ella y saber de Alex, uno de los hombres que había a su lado se acercó y le dio las llaves de la moto a Paula, el hombre, se había ofrecido a hablar con la policía, para testificar lo ocurrido. Paula se lo agradeció de todo corazón pues tenía unas ganas enormes de encontrar a Alex, y no le apetecía perder más el tiempo allí.

- Muchas gracias Susan, de verdad, eres un primor.

- No se merecen mujer.

- Te prometo,que en cuanto sepa algo te aviso.

- No te preocupes, y ¡Suerte!

Paula, se fue a toda prisa de allí, y Susan, se quedó unos minutos más allí conmocionada, por todos los hechos que habían acontecido en un momento, pensando en lo rápido que había cambiado todo en una décima de segundo,ella pasó de ir a dar un paseo a tener que asistir a Alex.

Bajo su mirada y la detuvo en sus manos, las que ahora estaban cubiertas de sangre, al igual que su ropa, y las que aún estaban agarrando con fuerza su pañuelo empapado en la misma sangre que la cubría a ella por completo. Al ver aquella imagen, su cuerpo se estremeció, sus piernas comenzaron a temblar, y de repente todo se volvió negro.






jueves, 31 de octubre de 2013

Una tentación vanidosa

Esa noche, al tumbarse en su cama, su mente comenzó a cavilar, a divagar en el mundo que a ella le encantaba perderse, a buscar para querer encontrarse en la frontera difusa de la imaginación y la realidad.

Centrándose sin querer en aquella noche, en la noche que lo cambió todo, era curioso ver como las cientos de noches que la habían precedido, carecían de importancia, pasaban desapercibidas, siendo prácticamente ajenas a sus recuerdos, careciendo de importancia. Como si se tratara de uno más de los elementos inertes que constituyen un paisaje, para un viandante el conjunto de los elementos que conforman el paisaje tiene un sentido, una belleza característica, pero si va con prisa y no se detiene a mirar con demora la totalidad de su contenido, al cabo de un tiempo habrá olvidado esos elementos que pasaron desapercibidos y solo se quedara con las cosas que verdaderamente le llamaron la atención.

Para Susan ahora es como si todo el tiempo que hubiese transcurrido desde que lo conoció fuera como la vista rápida de ese paisaje, sin capacidad de recordar algo que no lo pudiera relacionar.
Esto la consumía, la irritaba, quería ser fuerte, no solo una tonta más que se quedaba enclaustrada en la típica escena de un amor frustrado.

Una frase inundó su pensamiento:

"Nada merece más la pena que el instante que tenemos delante, el siguiente que nos otorgue la vida, solo nosotros tenemos  la oportunidad de hacerlo diferente."

Con ese pensamiento desconecto su mente y decidió que ya era hora de mermar esos impulsos, si no quería que su propia mente generara por sí sola la teoría del caos.

Se había embarcado en otra causa perdida, por el mero hecho de sentir el placer que residía en lo prohibido, en ese momento la descarga de adrenalina que recorría su cuerpo al saber que ella era el objeto de deseo de alguien deseado por todas, y que tendría una gran repercusión que lo ocurrido dentro de aquel despacho saliera de el, suscitaba en ella un placer ajeno a aquellas personas acostumbradas al amor convencional.

Sabia de sobra que no era una situación a la que la gente reaccionaría con aceptación, si no que pondrían el grito en el cielo siendo el objeto de toda crítica, y eso en parte la divertía. Porque hacia tan solo unos meses, ella había sido de esas personas que para hacer más interesante su vida, comentaba sobre lo extravagantes que eran la de los demás.

Sin embargo, ahora se sentía tan orgullosa de si misma por poder crear ella misma esas locuras. Que solo por el hecho de alimentar su vanidad le apetecía seguir jugando con aquel fuego.






sábado, 26 de octubre de 2013

La causalidad no es una casualidad.

¿Cuántas veces hemos soñado con cambiar algo en nuestras vidas? Muchas veces soñamos con dar un paso atrás en el tiempo y cambiar nuestra historia. Pero tener la capacidad de hacer eso está totalmente fuera de nuestro alcance.

Todo sería demasiado sencillo si nos refugiáramos en el pasado, exprimiendo cada momento para poder alcanzar la perfección de cada uno de los actos que acaecieron y consolidaron nuestras vidas. Tejiendo un mundo perfecto cuyos pilares estarían compuestos por nuestras erratas. Todo estaría al alcance de nuestras expectativas, enajenando a nuestra mente, con las distorsiones de una cruel realidad.

De esta manera el futuro dejaría de importarnos, obligándonos a centrar nuestra mente en un único objetivo:  perfeccionar nuestro pasado.

¿Qué sentido tendría entonces? ¿Qué contaríamos? ¿Qué viviríamos?

Todo cuanto conocemos carecería de sentido, porque si bien una cosa es cierta, es que el ser humano, necesita que exista ese remanente de inquietud, esa incertidumbre, que acontece en nuestro ser cuando el desconcierto de los hechos indómitos que aún están por llegar, nos desvelan.

Si algo tenía claro Susan es que de nada serviría perder más tiempo pensando en lo que pudo haber sido y no fue, esa pequeña posibilidad de conseguido serlo, se perdió kilómetros atrás, en el desconsuelo de sus noches en vela, en sus miles de pensamientos con un único deseo. Ese deseo que se había cristalizado en lo más profundo de su corazón, y que por más tiempo que pasara, ella guardaría por siempre en su mente. Eso era lo que debía cambiar,  Susan  no dejaría que aquella casualidad que fue el ávido de sus más fervientes fantasías,  hiciera más mella en ella.

Ahora Susan estaba tumbada en la cama pensando en todo lo que había ocurrido aquel verano, la cantidad de hechos inexplicables, que en cuestión de meses habían puesto patas arriba todo su mundo, alojando un profundo desconcierto en su ser ¡Quería saber quién era! Y sentía la impresión de que aquella persona en la que se había convertido era una desconocida.
Había cedido ante la lujuria, se había sumido bajo una capa de desconcierto e incertidumbre y casualmente, ahora era cuando sentía que no estaba perdida. Ahora sabia que estaba viva.

Aquel desasosiego que se había apoderado de ella meses atrás, ahora era como una brisa cálida del verano, solo un leve recuerdo, que podía sentir a veces en sus sueños, nunca se debe mirar hacía atrás... Y eso era algo que sabia muy bien.

Por eso no le disgustaba sentirse la protagonista de una vida llena de apasionantes locuras, si el fin de esta era vivirla.

Estos vaivenes, no eran más que el fruto de su anterior represión, y estaba segura, que llegado el momento recuperaría el rumbo que necesitaba. Pero ahora su vida había sufrido un terremoto del que ella era el epicentro, todo lo construido hasta el momento, se había destruido, y ya era hora de comenzar a construir una nueva vida. Empezando por los cimientos, dejando atrás sus desquebrajados sentimientos.

Ya era hora de centrarse en el presente, esta era la historia que tenía que contar, su historia, la base que formaban ahora esas ruinas, le aportaban la fortaleza necesaria para continuar, y buscar su felicidad en cada resquicio de su mente, ahora sus pensamientos ya no albergaban nada negativo que la hiciera retroceder, si no todo lo contrario.

Tenía un objetivo claro, sabía que quería ser alguien para recordar, y no solo una leve marioneta más de esta vida, que pasaba por ella sin pena ni gloria, dejando que otros movieran los hilos de su vida por ella.

Para ello en su mente no dejaba de retumbar una de las frases que marcaron un antes y un después para ella: " Lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la eternidad".

Y su creciente y renovada fe encontraría sin duda ese hecho que lo cambiaría todo, esa partícula divina, que constituiría el fundamento de su nueva vida, y de ese futuro imaginario al que anhelaba incluso antes de conocerlo.

 Hasta ahora Sergio había sido el protagonista indiscutible de su historia, la única persona que consiguió ver en ella, algo inhóspito y desconocido para los demás. Incluso para ella misma, toda forma de gratitud hacia él, era insuficiente. Él había cooperado guiando el camino que llevaba su barca a la deriva. Él doto de luz su sendero, para que fuera más plausible su camino.

Jamás podría desearle nada malo, no podía reprocharle nada, ella sabía como era y estaba avisada de ante mano. Embarcarse en ese coche que se encaminaba hacía el precipicio fue decisión de ella. Para él solo sería una más, sin embargo,  para ella, él era una pieza fundamental que había cambiado las reglas del juego, liberándola de esas molestas cadenas, que irrumpió sin avisar, y logró hacerse indispensable, en un período de tiempo tan corto, que solo era comparable  al recorrido de una hoja en otoño.  Ese ínfimo instante de tiempo, en el que se apaga su vida por completo, quedando inútil para siempre y deslizándose desde lo más alto, hasta su fin, en el suelo de la acera.

Fue bonito mientras duró, pero ahora solo era un leve recuerdo más, que se resistía a abandonarla.
Sergio volvía a hablar con ella, rompiendo sus esquemas, deshaciendo aquella maraña de hilos de su enrevesada vida, haciéndola sonreír con el mero hecho de acordarse de ella.

Para Susan eso era más importante que cualquier otra cosa, significaba que era importante para alguien, aunque sus sentimientos no fueran correspondidos, no importaba, jamás cedería ante ellos, ni volvería a debilitarse por su culpa, si no todo lo contrario. Ellos debían ayudarla a ser más fuerte.

Las conversaciones banales, que mantenía con Sergio la ayudaban a abstraerse y mantener engañada a la razón, era como un placebo para sus sentidos, conformando al resto de su ser.

Quizás estaba desvariando, pero ella tenía pleno convencimiento en que el roce hace el cariño, y si se mantenía firme en su posición, quizás el abriría los ojos y se daría cuenta de lo afortunado que era, por tenerla a su lado.

Aunque ese deseo permanecería dormido, aún, con miedo a despertar, o ser descubierto, Susan se lo debía a ella misma, y sabía que era lo mejor. La cura para todos sus males era olvidar.

Pero todos sabemos, que no siempre, ¡Querer es poder!

Cansada de que su mente no le diera un respiró se levantó de la cama, buscando un refugió en la calle, el frío viento del otoño, congelaba sus mejillas y refrenaba sus fervientes pensamientos.

Comenzó a andar sin rumbo, sola, deseando encontrar un lugar que la hiciera detenerse, aquel lugar donde se encontraba implícita su paz, como una especie de mensaje subliminal.

Entró en un parque y de repente lo vio.



Aquel banco tenía unas vistas preciosas, pero nadie se detenía a apreciar su belleza, estaba solo ante la multitud, nadie podía interrumpir su ajetreado paso, para dedicarle el tiempo que se merecía y disfrutar junto a el la belleza que impregnaba el lugar.

Susan supo que era a ella  a quién estaba esperando, así que se dirigió hacia el y cuando se sentó, cerró los ojos, dejando que aquel lugar invadiera todos sus sentidos. Inhalo su aroma y recupero su sosiego.



sábado, 12 de octubre de 2013

Me voy pero te juro que mañana volveré

- Tienes que estar con muchas ganas de llegar a casa ¿Verdad Gambita?

Al ver el mensaje, algo comenzó a moverse dentro de Susan, el día de su cumpleaños, había sido muy condescendiente y no daba a Susan pie para mantener una conversación.

Y  hoy era él, el que volvía a buscarla. ¿Cómo era posible que se acordara del día de su vuelo?
Por su actitud Susan pensaba más bien que no le importaba. Aunque ella hubiera dado el paso de quedar como unas personas que simplemente se conocían por el azar. Esperaba una respuesta diferente por su parte, pero sabía que eso no iba a ser así, lo conocía bastante bien, y en ese momento se sentía muy presionado y agobiado con toda aquella situación.

Así que lo mejor era dejar pasar el tiempo, así ella conocería a otra persona que le hiciera olvidar toda aquella locura y el podría seguir viviendo su vida como hasta la fecha.

Pero la realidad es ajena a la idealidad. Si todos creáramos nuestra propia realidad el mundo sería demasiado sencillo y perfecto. Pero acabaríamos aburriendos, porque lo inesperado atrae nuestra curiosidad, incentiva nuestra imaginación y hace que aflore nuestra creatividad, imaginando miles de formas diferentes, de crear una situación perfecta.

Bienvenida a nuestro mundo Susan. Aquí nada ni nadie es perfecto. Solo es nuestra imaginación, la que nos hace ver lo que realmente queremos ver. 

Porque la realidad es que las personas somos impredecibles y no hay explicación alguna para nuestro comportamiento, tan solo nos dejamos llevar por impulsos; egoísmo, deseo, curiosidad, gula, lujuria y otros 100.000 pecados que hacen más atractiva nuestra existencia.

Susan estaba sentada en el asiento del copiloto, de camino al aeropuerto, cuando leyó aquel mensaje, su cara era un poema, se alegraba tanto de que se acordara de ella y la tuviera en cuenta. Que no le importaba la situación, quería creer simplemente que él pensaba en ella como ella lo hacía en él. Aunque la distancia fuera lo que les impidiera estar juntos, si esa llama no se extinguía, seguía habiendo una oportunidad.

- Estoy llegando, y la verdad es que estoy un poco nerviosa, tengo ganas de irme, pero por otra parte no quiero hacerlo.

- Normal, habrás vivido muchas experiencias que hasta ahora eran desconocidas para ti. Y si te llevas buenos recuerdos, siempre cuesta más marcharse.

(No lo sabes tú bien) pensó Susan.

- Bueno me hubiera gustado vivir alguna que otra cosa más, pero no ha podido ser...

- Siempre deseamos lo que no tenemos gambia, es normal.

- Creo que no me has entendido, fíjate si soy sutil, que ni si quiera te das cuenta de cuando te lanzo indirectas.

- En eso siempre has sido la maestra enana, yo solo soy un hombre.

- Al que por cierto aún no conozco.

- Quién sabe... algún día.

- Quién sabe... quizás esta es la última vez que puedas hablar conmigo, porque mi avión se estrelle.

- No tiene gracia enana.

- Era una broma.

- Ya, pera esas cosas no se dicen, que te parecería a ti si te dijera que quizás es la última vez que puedes hablar conmigo, porque quizás me estrelle con el coche.

- No me gustaría imaginarlo. No lo digas ni en broma.

- Pues eso.

- Cuando no te hace gracia algo así, supongo que es porque la persona te importa.

- Claro, ¿Acaso piensas que no me importas? Te tengo mucho cariño, eso espero que lo sepas, eres una mujer que merece todo mi respeto y admiración.

- Ya... 

Aquel comentario hizo mella en Susan, no podía decirle esas cosas y luego pasar de ella. Era incomprensible. El miedo era totalmente irracional y fuera de sentido para ella.

- No te noto muy convencida enana.

Tenía que elegir bien las palabras, y ser cautelosa pues sabía de sobra que le encantaba rehuir ciertos temas, y dejar de dar señales de vida.

- Yo no me tengo que convencer de nada, si algo bueno tengo es que no soy tonta, y se perfectamente el camino que toman las cosas. 

- Sabes de sobra que no quiero hacerte daño y es lo mejor.

- Lo se, ojalá algún día seas valiente, o curioso y decidas venir al sur, porque ese día espero conocerte.

- O tu venir al norte.

En ese momento se abrieron un amplio camino de posibilidades para Susan, pedir la plaza en otra universidad al año siguiente no era difícil. O incluso pedir una beca de movilidad internacional, solo había que intentarlo, y tener ganas de hacerlo.

- Quién sabe, quizás eso es más probable que ocurra.

- Tengo que seguir trabajando, avísame cuando subas al avión, por favor.

- De acuerdo.

- Muak!

- Muak.

Tan esclarecedor como siempre, lo mismo que llegaba se iba, era inevitable no sentir curiosidad, si la situación hubiera sido distinta, y hubiera seguido hablando con él como hacía un tiempo atrás. Susan no se habría planteado dos veces ir directamente a Barcelona, pero ya... La situación era otra, no existía eso... 
Se había abierto más bien la puerta de la amistad y ella sentía como la trataba como a una niña pequeña. No como a una persona con la que quieres compartir algo más especial.

Sin darse cuenta José ya había aparcado, estaban dentro del aeropuerto, llegaba la hora de irse.

José le dio dos besos a Susan y la dejó en la puerta de embarque.

- ¿Sabrás llegar?

- No te preocupes ahora preguntaré. Muchas gracias por todo, de verdad.

- De nada, cuídate pequeña, y que tengas suerte. Avísame cuando llegues.

- Eso haré.

Susan enseñó el billete a uno de los vigilantes y soltó su mochila en la cinta transportadora, cuando paso el arco de detección de metales, supo que a partir de ahí el resto del camino lo haría sola. Y su móvil después de un día intenso haciendo fotos, comenzaba a quedarse sin batería.

Cuando llegó a una de las salas de espera, se colocó delante de un panel, para ver en que puerta debería embarcarse, y cuando vio Sevilla, miró su reloj, aún quedaban dos horas. Así que se sentó en uno de los asientos, dejando un hueco vació entre ella y un hombre. Sacó su móvil, para hablar con su madre, y aquel hombre que se parecía a su padre, comenzó a hablarle.

- ¿Has visto a que hora sale el vuelo de Sevilla?

Susan comenzó a reírse.

- ¿De que se ríe?

- Por la casualidad, yo también voy en ese vuelo.

- ¿A sí? Pero bueno, yo realmente no soy de Sevilla.

- Ya me he dado cuenta por su acento. Yo tampoco lo soy, soy de un pueblo de Córdoba.

- Que casualidad yo también. ¿De cuál?

Al comenzar aquella conversación, ambos se dieron cuenta de que sus pueblos estaban juntos, y al seguir hablando resultó que aquel hombre, era un empresario, y que por causas del destino, conocía a uno de los tíos de Susan y por consiguiente a su familia.

Susan no podía creerse en como su mundo se componía de las más extrañas casualidades. Era prácticamente imposible encontrar a alguien así, tan lejos de casa, y ella sin embargo lo había hecho.

El hombre comenzó a hablar con ella y adoptó una actitud paternalista, por lo que podía apreciar Susan, de lo que él le contaba. Su familia era acomodada, y sus hijos, habían tenido sin esfuerzo lo que querían, estaban estudiando una carrera, y sin margen de tiempo, por lo que llevaban más años de la cuenta en ella.

Para aquel hombre lo que Susan estaba haciendo, era inimaginable, y digno de una luchadora. Susan, sin embargo, no lo veía para tanto, se había acostumbrado desde pequeña a conseguir las cosas con esfuerzo y a luchar por sí misma, así que pensar en que alguien te lo diera todo sin que requiriera ningún esfuerzo, le daba cierta envidia.

Pasados unos 30 minutos fueron a la cafetería, Juan, la invitó a cenar. Más bien la obligo, porque a ella no le apetecía.

Y después la fue guiando hasta la puerta de embarque, pasada una hora, no tenían noticias de su vuelo, el avión debía salir a las 22:00 y aún no había pasado ninguna azafata por allí para realizar comprobaciones. Y la gente comenzaba a ponerse nerviosa, Susan más bien se desesperaba, porque aunque la charla con Juan era entretenida, le quedaba un 2% de batería, y tenía que avisar a yogui.

A los pocos minutos dos azafatas llegaron a la sala de espera e informaron, de que el avión se retrasaría una hora, la gente comenzó a indignarse, y a increpar a las pobres mujeres, que lo único que estaban haciendo era su trabajo.

Susan viendo que aún le quedaba bastante tiempo por delante, se puso a buscar un enchufe, aviso a Juan, y este se echo a dormir, el pobre se  había levantado muy temprano y apenas había descansado. Así que Susan le dijo que no se preocupara y que descansara.

Mientras ella se conectó a la corriente.

- No te puedes creer lo que ha pasado.

- ¿Que ha pasado?

- Aparte de que mi vuelo se retrasa una hora, he conocido a un hombre que me ha invitado a cenar.

- ¿Cómo? Explícame eso gambita, porque siempre había oído que a las mujeres os invitaban a copas, pero que sin conoceros os inviten a cenar... Ya me contarás como te las ingenias.

- Pues un hombre que he conocido aquí que resulta que es amigo de mi tio, y conoce a mi familia y todo, que casualidad ¡Eh?

- Yo siempre he dicho que el mundo es un pañuelo lleno de mocos, nunca sabes a quién te puedes encontrar. Y por cierto, vaya putada lo del avión.

- Pues sí, visto esto quién sabe, ahora creo hasta en la posibilidad de que algún día hasta nos podamos conocer.

- ¿Acaso lo dudabas?

- Algunas veces, pero imagínate la situación entre nosotros sería super rara porque quizás nos quedemos mirándonos el uno al otro diciendo, ¿De que me sonará a mi esta cara?

- O puede que algún día te montes en mi taxi.

- O que yo te saque sangre, y te diga ¿Yogui? Yo creo que con tan solo eso, ya me reconocerías.

- La verdad es que sí.

- ¿Te diría por casualidad a ti te suena el nombre de gambita?

- Jajajaja inconfundible.

- Yo que se, quizás eso se lo dices a todas.

- Quizás tu también.

- No, utilizo nombres distintos para cada persona, me gusta personalizar a mis víctimas.

- Jajaja ¿Quién parece ahora una asesina en serie?

- Es desde el cariño.

- Que miedo me da tu cariño.

- Exagerado. Bueno, espero estar en la península dentro de unas horas...

(El avión se retrasó dos horas más de lo informado).

Cuando Sergio tuvo que volver al trabajo, Susan volvió con Juan, y él le dijo que si quería para no hacer esperar a sus padre, como la iban a llevar directamente a Jaén, que él la llevaría a su pueblo, pues le pillaba de paso.

Susan, era un poco rehacía pues siempre le habían dicho que no se subiera en el coche de un desconocido, y al fin y al cabo aunque ese hombre conociera a su familia lo era. 

Al ver su cara Juan le pidió el número de sus padres y los llamó para tranquilizarlos.

Cuando después de la odisea, las innumerables peleas, con las personas de la compañía aérea y demás, consiguieron subir al avión.

Susan miró por la ventanilla, la imagen era bien distinta a la que pudo observar hace unos meses, ahora todo estaba oscuro, y la isla se veía iluminada por miles de luces, desde allí arriba, podía reconocer todos los lugares de la isla en los que había estado, y sin duda se llevaría con ella miles de recuerdos inolvidables que permanecerían por siempre en su memoria. 

En ese momento en su mente sonó una canción que llevaba  una promesa implícita en ella. 
"Me voy pero te juro que mañana volveré".