Aún no había abierto los ojos, pero Susan tenía la sensación de que su cuerpo estaba siendo participe de algo inusual, notaba como su espalda estaba apoyada sobre alguna superficie muy fría. Y poco a poco el resto de sus sentidos se fueron agudizando, y despertando del letargo, era un sitio demasiado ruidoso... Y cuando se aventuró a abrir sus aletargados parpados, no pudo ver más que decenas de miradas pendientes de su reacción, con cara de preocupación.
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Sus mejillas que permanecían pálidas como la cal, comenzaron a teñirse de un leve rubor, estaba siendo participe de una escena bochornosa, y más para una persona que en un futuro se dedicaría al mundo de la sanidad, perder la consciencia por ver la sangre era algo impensable.
- ¡Por favor, déjenla respirar, dispersaros!
Susan alzó como pudo su apesadumbrada cabeza, para ver el rostro de la persona que había dicho aquello, y al moverse, fue consciente de que él, la estaba sujetando.
- ¡No te muevas pequeña, no vaya a ser que te vuelvas a marear! ¿Te encuentras ya mejor?
Era una voz tan varonil y a la vez tan dulce, que Susan se sintió protegida, en el cálido calor que le proporcionaban los brazos de aquel desconocido.
- Si, gracias ¿Que es lo que me ha pasado?
- Imagino que de los nervios y al ver tanta sangre tu cuerpo no ha podido más y se ha desvanecido.
-¡Dios mío! ¡Que vergüenza!
- Para nada mujer, estas cosas pasan, por suerte, yo estaba a tu lado, y te he visto palidecer, entonces he sido consciente de lo que te pasaba y al preguntarte para ver como estabas, ya no has podido responderme.
- ¿Me he desmayado?
El hombre solo movió la cabeza, en sentido afirmativo. Susan se miró las manos de nuevo y vio el motivo, por el que estaba allí.
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