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sábado, 2 de noviembre de 2013

Una fracción de segundo

Susan abrió los ojos, aún no había amanecido, pero se encontraba inquieta no le apetecía estar más tiempo en la cama, camino por el gran pasillo hasta la cocina, y al entrar se detuvo ante el frigorífico.

Miro por la ventana y pensó: Hoy es uno de esos días perfectos para hacer algo de deporte.

Volvió a su habitación para vestirse y coger su ipad.

Cuando salió a la calle, el aire frío de la mañana entro en contacto con sus mejillas, y recapacitó sobre si aquella era una buena idea... Pero no quiso replantearse más la posibilidad de volver al acogedor calor que aún encerraban sus sabanas, a estas horas de la mañana, en los que el sol solo era una leve intuición.

Emprendió su marcha, sin tener claro el rumbo, ni tan si quiera era consciente de la resistencia que de la que estaba prevista ahora, llevaba tanto sin hacer deporte, que aquel esfuerzo iba a ser un suplicio, sin lugar a duda.

Su meta aquella mañana era hacer una hora de ejercicio, pero se vio frustrada, cuando al cruzar un paso de cebra, un motorista despistado no se había percatado de su presencia.

Susan había mirado varias veces, pero cuando estaba cruzando, se percató que el ruido de la moto se aproximaba cada vez más a ella, y cuando giró su cabeza, para comprobar la situación, apenas tuvo tiempo para reaccionar y apartarse. Por suerte, cuando iba por la calle no se ponía los dos auriculares porque no se fiaba. y pudo anticiparse, retirándose del paso.

El motorista, sin embargo, no tuvo tanta suerte y cuando vio que Susan estaba tan cerca, intento retirarse de su camino, con la mala suerte de que con ese giro tan brusco, perdió la estabilidad, y acabo cayéndose de bruces al frío suelo del asfalto.

Susan no sabía que hacer, todo su cuerpo se había quedado paralizado, congelado. Su corazón estaba tan agitado que parecía que luchaba por salir de su pecho.
Sin dudarlo, corrió a socorrerlo...

Abrió la visera de su casco negro, y vio que sus ojos estaban cerrados.

- ¡Mierda! ¡Señor! ¿Está bien?

Susan sabia por sus cursos de primeros auxilios que lo primero que debía hacer en esos casos, era hablar con la persona, para ver si se encontraba consciente.

Tras unos segundos que a Susan se le hicieron eternos, el hombre abrió los ojos. Susan miró hacia al cielo y dio gracias.

- ¿Se encuentra bien?

- Si, ¿Que ha pasado?

- Acaba de caerse de la moto.

- ¡Dios mio! 

El hombre giró a ambos lados la cabeza para buscar su moto,y cuando al fin la encontró, intento levantarse para recogerla, pero del esfuerzo se mareo y Susan tuvo que recogerlo antes de que cayera de nuevo.

- Señor, no es bueno que se incorpore tan bruscamente...

En ese momento la gente que pasaba, se paraba curiosa, intentando ayudar y uno de los hombres se ofreció a recoger la moto, quitándola del transito, dejando pasar así, a los coches que comenzaban a amontonarse.

 - ¿Cómo se llama señor?

- Me llamo Alex.

Su cara comenzó a palidecer cada vez más, y Susan se percató de que algo no iba bien, hizo un repaso rápido con la mirada, y advirtió de inmediato cual era el problema.

Su pierna derecha estaba ensangrentada y un hilo de sangre corría a través de ella. Pero la herida no era visible. Así que Susan hizo lo que sabía hacer en aquellos casos:

- Muy bien Alex, mi nombre es Susan, siento que nos hayamos tenido que conocer en estas circunstancias, pero ya hablaremos más tarde sobre eso...
Ahora quiero que te sientes sobre la acera, y dejes que revise tu herida.

- ¿Qué herida?

- La de tu pierna de derecha. ¿No te sientes mareado?

- Si, un poco.

Susan metió los dedos en el agujero de su pantalón y lo rasgo, para ver de donde procedía aquella sangre. Cuando lo hizo vio una herida, de unos 10 cm, era un corte limpio pero profundo, la cantidad de sangre, sugestiono, y puso a prueba la capacidad de reacción de Susan, pues nunca había visto algo así.

En esa fracción de segundo, supo que tenía que reaccionar rápido taponando la herida, de lo contrario, la cantidad de sangre que estaba perdiendo lo haría desmayarse.

- Bueno Alex, no te preocupes, esto tiene fácil solución, por suerte ha sido un corte limpio, lo que pasa es que la sangre es muy escandalosa, así que no quiero que te asustes. ¿Te duele algún otro sitio?

-No, creo que no.

Diciendo esto, Susan se quito el pañuelo, que llevaba en el cuello y tapono con el la herida, intentando que Alex perdiera la menor cantidad de sangre posible, hasta que llegara una ambulancia.

Susan miró a la mujer que se encontraba a su lado y ella supo de inmediato, lo que le estaba pidiendo con la mirada.

- No te preocupes niña, ya ha llamado mi marido a la ambulancia.

- Perfecto, muchas gracias señora.

- Alex, una cosa más, ¿Hay alguien a quien quieres que avise?

- ¡Uff!la verdad es que preferiría que no molestaras a nadie, no hay necesidad...

- Si no lo hago yo ahora, lo harán en el hospital, y probablemente, en ese momento no estés tú delante para corroborar que no te ha pasado nada grave, y el susto de tus familiares será mayor creeme.

- Tienes razón, en ese caso, llama a mi novia, por favor. Yo no sabría como explicarle...

-No te preocupes.

Alex le dio el teléfono a Susan con el número de Paula ya marcado, así se llamaba por lo que pudo leer en su móvil, el teléfono sonó una, dos, y a la tercera una voz femenina, respondió vociferando.

- ¡Te he dicho que no me llamaras más, estoy en el trabajo, y no me apetece continuar la discusión de esta mañana! ¡Ya estoy cansada!

- Paula

La voz de Susan, detuvo instantáneamente el monólogo de Paula.

- Perdona ¿Quién es? ¿Y que hace usted con el móvil de mi prometido?

-Mire Paula, mi nombre es Susan, y su prometido me ha dado su móvil para que la llamara a usted, y decirle que acaba de sufrir un accidente.

- ¡Oh, Dios mio!

- Pero tranquilicese, el está bien, solo tiene una pequeña herida en la pierna, no se preocupe en breve vendrá la ambulancia, y le curaran la herida, pero quería informarla yo de antemano, por si estaba cerca de aquí y pudiera acompañarlo usted.

- ¿Pero que ha pasado?¿Dónde está?

- Se ha caído de su moto, y se encuentra junto al parque de la ciudad de los niños. Mire le paso con el para que se quede más tranquila ¿De acuerdo?

- Vale, ¡Muchas gracias!

Susan le pasó el teléfono a Alex, que parecía estar más preocupado, por tener que hablar con ella, que por lo que le pasaba.

Susan mientras seguía taponando su herida, y pidiendo que la gente tapara con sus abrigos a Alex, pues con la perdida de sangre, la temperatura de su cuerpo descendía, y no quería que sufriera de hipotermia.

En unos minutos llegó la ambulancia, y comenzaron a asistir a Alex, Susan le preguntó por el nombre del hospital al que lo llevarían,  y se quedó esperando a la prometida de Alex allí, para poder decírselo.

Cuando subieron a Alex a la camilla, su cara era tan blanca, que era cuestión de segundos que se desmallara, la cantidad de sangre que había perdido, era demasiada, y al entrar en la ambulancia lo primero que hicieron, fue una transfusión sanguínea.

Los sanitarios le preguntaron a Susan, sobre lo sucedido, y le dieron las gracias por su ayuda, acto seguido, cerraron las puertas de la ambulancia y se lo llevaron a toda prisa.

A los pocos minutos, la gente comenzó a disolverse, y Paula llegó exaltada, su expresión denotaba una creciente preocupación, sus ojos eran dos regueros de lágrimas, Susan no la conocía, pero al verla supo que era ella. Se acercó de inmediato hacia ella:

- ¿Eres Paula?

-¡Sí!

- Soy Susan.

- ¡Oh! Susan, por favor dime donde se han llevado a Alex.

Susan le dio el nombre del hospital, y acto seguido le pidió su número de teléfono para estar en contacto con ella y saber de Alex, uno de los hombres que había a su lado se acercó y le dio las llaves de la moto a Paula, el hombre, se había ofrecido a hablar con la policía, para testificar lo ocurrido. Paula se lo agradeció de todo corazón pues tenía unas ganas enormes de encontrar a Alex, y no le apetecía perder más el tiempo allí.

- Muchas gracias Susan, de verdad, eres un primor.

- No se merecen mujer.

- Te prometo,que en cuanto sepa algo te aviso.

- No te preocupes, y ¡Suerte!

Paula, se fue a toda prisa de allí, y Susan, se quedó unos minutos más allí conmocionada, por todos los hechos que habían acontecido en un momento, pensando en lo rápido que había cambiado todo en una décima de segundo,ella pasó de ir a dar un paseo a tener que asistir a Alex.

Bajo su mirada y la detuvo en sus manos, las que ahora estaban cubiertas de sangre, al igual que su ropa, y las que aún estaban agarrando con fuerza su pañuelo empapado en la misma sangre que la cubría a ella por completo. Al ver aquella imagen, su cuerpo se estremeció, sus piernas comenzaron a temblar, y de repente todo se volvió negro.






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