Esa noche, al tumbarse en su cama, su mente comenzó a cavilar, a divagar en el mundo que a ella le encantaba perderse, a buscar para querer encontrarse en la frontera difusa de la imaginación y la realidad.
Centrándose sin querer en aquella noche, en la noche que lo cambió todo, era curioso ver como las cientos de noches que la habían precedido, carecían de importancia, pasaban desapercibidas, siendo prácticamente ajenas a sus recuerdos, careciendo de importancia. Como si se tratara de uno más de los elementos inertes que constituyen un paisaje, para un viandante el conjunto de los elementos que conforman el paisaje tiene un sentido, una belleza característica, pero si va con prisa y no se detiene a mirar con demora la totalidad de su contenido, al cabo de un tiempo habrá olvidado esos elementos que pasaron desapercibidos y solo se quedara con las cosas que verdaderamente le llamaron la atención.
Para Susan ahora es como si todo el tiempo que hubiese transcurrido desde que lo conoció fuera como la vista rápida de ese paisaje, sin capacidad de recordar algo que no lo pudiera relacionar.
Esto la consumía, la irritaba, quería ser fuerte, no solo una tonta más que se quedaba enclaustrada en la típica escena de un amor frustrado.
Una frase inundó su pensamiento:
"Nada merece más la pena que el instante que tenemos delante, el siguiente que nos otorgue la vida, solo nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo diferente."
Con ese pensamiento desconecto su mente y decidió que ya era hora de mermar esos impulsos, si no quería que su propia mente generara por sí sola la teoría del caos.
Se había embarcado en otra causa perdida, por el mero hecho de sentir el placer que residía en lo prohibido, en ese momento la descarga de adrenalina que recorría su cuerpo al saber que ella era el objeto de deseo de alguien deseado por todas, y que tendría una gran repercusión que lo ocurrido dentro de aquel despacho saliera de el, suscitaba en ella un placer ajeno a aquellas personas acostumbradas al amor convencional.
Sabia de sobra que no era una situación a la que la gente reaccionaría con aceptación, si no que pondrían el grito en el cielo siendo el objeto de toda crítica, y eso en parte la divertía. Porque hacia tan solo unos meses, ella había sido de esas personas que para hacer más interesante su vida, comentaba sobre lo extravagantes que eran la de los demás.
Sin embargo, ahora se sentía tan orgullosa de si misma por poder crear ella misma esas locuras. Que solo por el hecho de alimentar su vanidad le apetecía seguir jugando con aquel fuego.
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