Llegó la hora de salir de allí, Susan sabia de sobra donde estaría Ernesto, y salió en su busca. Pero cuando llegó a la esquina, no había nadie.
¿Dónde está? - Se preguntó Susan.
Comenzó a buscarlo por la calle, mirando hacia un lado y otro de la calle. Y en el momento que estaba cogiendo su móvil para llamarlo, escucho unos cascos de caballo, se giró bruscamente para verlo, pero para su decepción no se trataba de él.
La desesperación comenzó a hacer mella en ella, y lo llamó, pero él no le cogía el teléfono.
Cuando estaba pagando su frustración con el teléfono, el hombre que conducía el coche de caballos, se detuvo ante ella.
- ¿La llevo a alguna parte señorita?
- No gracias.
- ¿Qué hace aquí sola, a estás horas?
A Susan le hubiera gustado contestar, ¡Metase en sus asuntos! ¿A caso le pregunto yo por su vida? Pero decidió ser más cordial. Y no dejarse llevar por la rabia que tenía en ese momento, y pagarla con ese pobre hombre.
- Estoy esperando a que me recojan.
- Que casualidad, a mi me han encargado que recoja a alguien.
Los ojos de Susan se abrieron como platos, el cochero al ver su cara de sorpresa comenzó a reírse.
- ¿Es usted Susan?
- Si, ¿Cómo sabe mi nombre?
Él no contestó a su pregunta, simplemente se limitó a sonreirle.
- Creo que debe mirar la parte de atrás del carro.
Susan, estaba perpleja ¿Qué tramaba Ernesto? Cada vez que pensaba que no podía sorprenderla de una manera distinta se superaba, y mira que le tenía dicho que no le gustaba nada subirse a un coche de caballos. Al mirar la parte de atrás había una pequeña cajita de bombones con un sobre. No pudo esperar ni un segundo a abrirlo y leer su contenido. Tanto misterio podía con ella.
"Querida Susan, como habrás comprobado,
no iba a dejar que esta noche, simplemente
fuera una más. Aunque sabes que contigo
eso es simplemente imposible.
Por eso he mandado a alguien en tu busca,
y como se lo que opinas al respecto de subir
en el coche de caballos, e he preparado una
sorpresa menos evidente, y que espero que te
guste...
pd: Mira debajo del asiento."
Inmediatamente lo hizo y debajo del asiento encontró un casco rosa palo con la estrella de converse dibujado en el lateral, era precioso.
- ¡No me lo puedo creer! ¿Dónde está la moto?
- Es simple, busca una que vaya a juego con el casco.
Después de haber buscado a su alrededor, rápidamente se detuvo, estaba a su izquierda a unos 200 metros de ella, era una vespa rosa del mismo color que el casco y con la tapicería beige, era simplemente perfecta. Aunque no estaba muy acorde con su estilo, y su ropa de camarera.
- ¡Definitivamente se ha vuelto loco! ¿Usted tiene las llaves?
- Si.
Se sacó del bolsillo de su chaleco negro las llaves y se las entregó a Susan.
- ¿Y donde se supone que tengo que ir?
- Las instrucciones están en la vespa. Y ahora m tengo que marchar, un placer señorita.
- Gracias e igualmente.
Susan se quedo mirando las llaves, mientras aquel homre y su aire de misterio se iban de allí dejando la calle sola.
No estoy segura de saber conducir esto, solo lo hice una vez y hace un par de años de ello, espero que sea como montar en bici.
Al acercarse a la vespa, se percató de que había una nota pegada en el asiento.
" Susana ha llegado la hora de jugar.
Quiero que te dirijas a la rotonda de la
silla, sabrás cual es porque hemos pasado
cientos de veces, deberás tomar la segunda
salida, sigue recto y sabrás donde parar.
pd: ¡No me odies! Ten cuidado ;)"
Definitivamente se ha vuelto loco, y ha tenido mucho tiempo libre, me pregunto desde cuando estaría planeando esto. ¿Dónde debo parar? Si no tengo ni idea de donde voy, solo espero no perderme, porque me queda poca batería en el móvil.
Arrancó su vespa y puso rumbo a lo desconocido...
Cuando salió de la rotonda por donde él le había indicado, comenzó a agudizar sus sentidos, había pasado muchas veces por allí con Ernesto, pero nunca se habían detenido en ningún restaurante de por allí.
Entonces lo vio "El Mosquito" sin duda debía de ser allí, ese sitio era un pub cool, que había llamado la atención de Susan porque su nombre hacía referencia a la mayor parte de la fauna autóctona, pues desde que estaba allí los mosquitos, se cebaban con ella.
Era por eso que siempre que veía ese sitio le llamaba la atención, pero hasta la fecha nunca había entrado, siempre decía, algún día tengo que entrar, pero nunca lo hacía.
Así que Ernesto había decidido por ella que esa fuera la noche indicada.
Aparcó la vespa en la puerta del local. Se quitó el casco y se paró a mirarse en el retrovisor.
¡Maldita sea, no me esperaba para nada que me trajese aquí, menos mal que me maquille antes de salir del trabajo! Aunque mi ropa... Deja mucho que desear.
Estuvo unos minutos, junto a la puerta, sin querer entrar por vergüenza, cuando una de las relaciones públicas del local se acercó a ella.
- ¿Eres Susan?
- Si, ¿Cómo...?
La muchacha no la dejo hablar, directamente tomó su brazo y comenzó a guiarla, sin parar de hablar...
- Mi nombre es Marta, Ernesto me avisó de que vendrías así, y como el sabia que te sentirías incomoda, me pidió que te diera una cosa, acompáñame...
Cuando Susan entró a lo que parecía que era un palco privado donde se veía todo el local, vio encima de uno de los sofás dos cajas.
- Espero que ahí encuentres todo lo que necesitas y sea de tu gusto, conozco a Ernesto desde hace tiempo, y me ha pedido el favor de que te trajera algo de maquillaje también, porque dijo que así te sentirías más cómoda, está en el cuarto de baño que esta a tu derecha.
- ¿También tiene baño?
- Por supuesto es la zona vip, y por tanto tiene que tener lo mejor, para los mejores.
- Esto es grandísimo, y el local es muy bonito por dentro.
- Si verdad, los jefes se tomaron las molestias necesarias para que la gente que entrara aquí se sorprendiera, y no lo viera simplemente como un pub chilao más.
- Pues dile de mi parte, que lo han conseguido.
- Gracias, si necesitas algo más estaré fuera. Avísame cuando acabes.
Susan abrió la caja grande primero. En ella había un vestido largo de coctel precioso, era de color rojo, con poco escote y con corte de barco, tal y como a ella le gustaba, bajo el pecho; tenía una pequeña moña de pedrería que recogía con unos finos pliegues el vestido por la zona del abdomen.
Y para finalizar, acababa con una raja desde un poco más arriba de la rodilla hasta los pies.
Era perfecto. Sencillo y elegante a la vez, ni en sus mejores sueños, habría podido describir un vestido mejor que ese. Y lo curioso es que lo había elegido él.
Al abrir la otra caja se encontró con unos zapatos de tacón de color negro, que seguían la estética de su vestido y combinaban a la perfección, con un leve toque de brillo.
Al ponerse todo aquello, Susan se soltó el pelo, y se miró al espejo, ni ella misma creía lo que estaba viendo, nunca había estado tan elegante, cogió la pequeña caja que había en el lavabo, la abrió y vio muchas pinturas, pero se limitó a coger tan solo un pintalabios rojo.
Cuando se pintó los labios, volvió a mirarse en su conjunto, estaba irreconocible. Tanto que incluso le daba vergüenza salir de allí de aquella manera, iba más bien vestida para una boda. Y se sentía muy rara.
Mientras estaba dubitativa, entre si salir de allí o no, Marta llamó a la puerta.
- ¿Estás lista ya?
- Creo que sí...
En ese momento la puerta de la sala se abrió y entró Ernesto, más guapo que nunca, no lo había visto con traje y aquella imagen la sorprendió gratamente, dejando a Susan boquiabierta y fuera de juego.
La camisa blanca resaltaba su tono de piel, la corbata azul marino, hacía juego con sus oscuros ojos, y su pelo que siempre andaba alborotado ahora estaba tan bien recogido, que definitivamente parecía otra persona totalmente distinta.
- ¡VAYA! Sabia que ese vestido te quedaría bien, pero realmente estas...
- ¡Gracias! Tu también estás diferente, acostumbrada a verte desaliñado...
Ambos se sonrieron, era una situación un poco incómoda, Susan no se sentía ella misma con esa ropa, aunque le quedara tan bien, para su gusto era demasiado.
Bajaron al local para disfrutar de la noche y bailar un rato, Marta ya se había ido y los había dejado solos.
Para Susan la forma que tenía Ernesto de mirarla la divertía, era como pasearse cerca de caimanes hambrientos, sabia que en cualquier momento correría el riesgo de que la devorara y no solo con la mirada.
Pero era un riesgo que estaba dispuesta a asumir. Ese pensamiento, hizo que Susan sintiera un ardiente fervor, y tuviera la necesidad de acercarse a la barra para pedir de su copa.
- ¿Está noche te apetece beber?
- Para eso hemos venido no.
La sonrisa de Ernesto lo delataba.
- Si, claro...
- ¿Te apetece algo?
- ¡No te preocupes invito yo!
- De eso nada, después de todo lo que has organizado y el vestido... Estoy segura de que es lo mínimo que puedo hacer.
- No es nada, solo quería que tuvieras un buen recuerdo de mi.
- Dime la verdad, ¿Cómo eres realmente? Porque no existe el hombre perfecto, y sinceramente tú con estas cosas te estás acercando bastante.
- Yo soy como me ves.
- Algún fallo tendrás que tener.
- No, no solo tengo uno, yo diría que son más bien, muchos.
- ¿Y a que esperas para enseñármelos?
- En otro momento mejor, no me apetece desperdiciar nuestra última noche.
- Si es la última, entonces no habrá otro momento...
- En ese caso correré el riesgo de que tan solo te quedes con lo mejor de mi.
- Eso es hacer trampa.
Susan le dedico una sonrisa pícara a Ernesto, y él respondió a la provocación acortando cada vez más la distancia entre ambos, la tensión se palpaba en el ambiente y aún no se habían dado ni un simple beso, y Susan moría de ganas porque lo hiciera. Él sin embargo, se estaba haciendo de rogar, acortando la distancia lentamente, como si estuviera aplicándole la peor de las torturas.
Al fin cuando sus labios estaban próximos a los de ella y sintió como el calor de sus manos traspasaba la fina tela de su vestido, ella cerró los ojos, y entreabrió sus labios, esperando la misma respuesta de su parte.
Cuando una voz masculina la abstrajo del motivo de su deseo, alguien había llamado a Ernesto. Él se dio la vuelta para saludarlo y comenzaron a hablar. Por lo que parecía eran amigos. Ya que él parecía haberse olvidado de Susan, ella decidió beber, y hacer un repaso general del local, y las personas que había en el. Evitando así escuchar la conversación de Ernesto, ya que como no se había dignado a presentarle a su amigo, se sentía ajena a esa conversación.
Susan comenzó a aburrirse y sacó su teléfono para hablar con Ana, de soslayo vio como Ernesto había acabado su copa y estaba invitando a su amigo a otra, estaba claro que se tenía que despedir de todo el mundo, pero a Susan no le parecía bien que la dejara olvidada de aquella forma.
- Ana, me estoy aburriendo, ¿Crees que se avergüenza de mi?
- No seas tonta, ¿Porqué dices eso?
- Es que no entiendo porque no me presenta a nadie, al parecer han llegado dos conocidos más de él, y sigue hablando con ellos, y no se acuerda de con quien a venido.
- Es normal que se quiera despedir de todo el mundo...
- Ya si hasta ahí yo lo entiendo.
- Quizás es que no tiene costumbre de hacer presentaciones, yo que se.
Susan decidió inspeccionar el local por su cuenta, y buscar de paso un baño, estaba segura que Ernesto no notaría su ausencia, así que no le apetecía ni decírselo.
En ese momento, uno de los camareros se acercó a Susan para preguntarle si quería otra copa.
-No gracias.
- Que pena a esta iba a invitar yo.
- Se lo agradezco, bueno en ese caso me sabe mal hacerle el feo.
- Me encantan las mujeres agradecidas. ¿Ha venido sola?
- Eso parece ¿Verdad?
- Si, bueno al menos esa impresión me ha dado. No la veo acompañada de nadie.
- Pues la verdad es que si venía acompañada, pero mi acompañante ha preferido otra compañía esta noche.
- Es una pena, yo le aseguro que si tuviera una mujer como tú a mi lado no la dejaría escapar.
- Bueno, eso decís todos, luego con el tiempo os entra la amnesia y no hay nada que hacer.
- ¿Lleva mucho tiempo con él?
- Lo gracioso es eso, que ni si quiera llevo tiempo con él. Cada vez se deshacen de mi más rápido.
La conversación estaba enfureciendo a Susan y sentía que cada vez tenía más ganas de estallar, pero está vez no sería necesario.
- Sabe, dígale al hombre de la corbata azul marino, cuando pase un rato, que me he ido, que estaba cansada. Muchas gracias por ofrecerme esa copa. Quizás otro día se la acepte.
- De acuerdo señorita.
- Una cosa más, sabría decirme ¿Dónde está Marta?
- ¿La conoce?
- Ha sido ella la que me ha traído aquí.
- Un momento, que voy a avisarla.
Susan miró recelosa, los amigos o conocidos de Ernesto se habían acercado para despedirlo. Y cada vez eran más numerosos. No dejaban de beber y de fumar.
Con lo mucho que odiaba Susan el tabaco al fin sus defectos salían a la luz. Hasta ahora había estado guardando las apariencias, para agradar a Susan, pero ella sabia que la realidad debía ser muy distinta.
- Susan, ¿Ya te vas?
- Si, al parecer no me necesitan. - Dijo Susan mirando para la dirección donde se encontraba Ernesto.
- Entiendo...
- Si me hicieras el favor de darme mi ropa, estoy cansada de llevar este vestido.
- Por supuesto, no te preocupes, ¡Sígueme!
A medida que iban subiendo las escaleras hasta la sala donde habían estado antes, Marta hablaba cada vez más.
- Sabes, no debería extrañarte ese comportamiento, él es así... Lo conozco desde hace tiempo, y primero las hace sentir únicas en el mundo, hasta que se gana su confianza y luego... Simplemente se olvida de ellas. Pero hoy cuando ha venido a contarme que te quería sorprender me a dado una impresión diferente.
- Supongo, que es porque se va mañana.
- Entonces querrá despedirse, su problema es que el alcohol lo pierde, le encanta beber, y olvida todo lo de su alrededor. Por aquí suele venir mucho, por eso conoce a tanta gente de aquí, se solía pasar las horas solo en la barra bebiendo, contándole a todo el mundo que lo había dejado su novia, y camelándose a las guiris.
- Supongo que yo, tan solo soy una tonta más.
- No cariño, no te culpes, eres una mujer, nosotras somos así, nos entregamos siempre para que luego nos dejen tiradas, nos manipulen y nos engañen. Yo si fuera tú aprovechaba la situación y me quedaba con ese precioso vestido y esos zapatos. No todo es malo.
- Visto de esa manera...
- ¡Claro! En esta vida hay que ser práctica, no se aprovechan ellos, pues hagamos nosotras lo mismo.
- Me podrías pedir un taxi y darle a él las llaves de la vespa.
- Por supuesto, no te preocupes. Aquí está tu ropa.
Susan entró a la habitación y comenzó a cambiarse de ropa. Cuando salió Marta la estaba esperando en la puerta.
- Ya he llamado al taxi, Ernesto me ha preguntado por ti, ¿Qué le digo?
- Que se quede con sus amigos,y se despida de ellos, que ha sido un placer conocerlo.
- De acuerdo.
Marta acompañó a Susan hasta el taxi, Susan le dio las gracias, y le entregó la postal a Marta para que se la diera a Ernesto. Susan se subió al taxi y se despidió de ella.
En ese momento Susan recibió un mensaje de Ernesto.
- ¿Porqué te has ido sin decirme nada?
- Tú no eras consciente de mi presencia, que más da, disfruta de la noche con tus amigos un beso.
- Me gustaría verte mañana, se que mi vuelo sale muy temprano, pero si no te importa...
- Lo siento, el tren solo sale una vez.
Y con esa frase puso punto y final a su primer amor de verano, no se arrepentía de lo que había sucedido, porque al fin y al cabo, se lo había pasado bien y había estado entretenida, lo ocurrido solo la había puesto en sobre aviso de que jamás confiara tanto en alguien en tan poco tiempo. Porque cuanto más grande fuera la subida, más rápido sería la bajada.
Con estos pensamientos entró en el apartamento de José, hacia bastante tiempo que no se quedaba a dormir por allí, y solo se comunicaba con la pareja por whatsapp. Ahora tocaba volver a la realidad, así que cogió la caja de bombones que Ernesto le había regalado y comenzó a comer.
Al menos así tendría algo dulce de aquella noche.
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