Lo que Susan no sabía, es que la historia de Sergio, no se quedaría ahí sin más.
Le hubiera gustado ser fuerte, y que la cosa se hubiera quedado ahí, que tan solo fuera una de las personas con las que te cruzas por el camino, te aportan cosas tanto buenas como males y después sin más desaparecen.
Pero si esto hubiera ocurrido así no sería una historia digna de cotar creedme. Pero por aquel entonces se quiso autoconvencer de que ese capítulo estaba cerrado, y simplemente no quería saber nada más, le guardaba un profundo respeto, y lo apreciaba demasiado, le debía tanto que era imposible tenerle algún tipo de rencor.
Por otra parte, en aquel momento de su vida, se podría decir que estaba entretenida, o mejor, que Ernesto la tenía entretenida. Todos los días después de salir del trabajo iba a buscarla, unos días a caballo, otros en coche e incluso en bicicleta, a Susan le encantaba, estaba hecho una caja de sorpresas, nunca se podía esperar con lo que la sorprendería al día siguiente.
Por las mañanas quedaban para desayunar, y hasta que llegara la hora en la que Susan comenzaba a trabajar, Ernesto llevaba a Susan a visitar rincones de su isla y poco a poco, estaba haciéndose su hueco en su corazoncito.
Una noche después de que Susan saliera de trabajar, Ernesto la estaba esperando en la esquina de siempre, pero esta vez con dos bicicletas.
- ¿Y esto?
- Para que no tengas que ir incómoda.
- Muy atento por tu parte. ¿A dónde vamos?
- Tu solo sigueme...
Y comenzaron a pedalear y a pasear con las bicicletas en la orilla del mar, a Susan le encantaba las cosquillas que el agua que le salpicaba de las ruedas de su bicicleta le hiciera cosquillas en los pies. Cuando levanto la cabeza, vio el cielo más estrellado que jamás había visto, y una luna espectacular que se reflejaba en la inmensa oscuridad del mar.
- ¡Dios! es tan bonito.
- Y aún no has visto nada.
Ernesto le guiño un ojo, que Susan intuyo a ver por la tenue luz de la luna que se reflejaba en su rostro.
¿A dónde la llevaría? Era todo tan extraño, no sabía que quería de ella, ni tan si quiera habían pasado la barrera de amigos, pero Ernesto siempre aparecía en el momento perfecto para darle a Susan el abrazo que necesitaba.
Susan ni si quiera sabía si le gustaba, esa mañana había hablado con Ana para contarle como habían cambiado las cosas y los giros que estaban dando los acontecimientos y el consejo que le dió su amiga fue:
" Sinceramente creo que Sergio es lo mejor que te ha podido pasar, porque ha aparecido en el momento perfecto y la hora precisa, pero no lo conoces, y si él no quiere dar su brazo a torcer e ir a conocerte, disfruta de la vida que ahora eres soltera. Y no tienes porque darle explicaciones a nadie, haz lo que te apetezca en cada momento. Y no te arrepientas de nada después, porque vida solo hay una. Y ya es hora de que tú comiences a disfrutar la tuya".
Así que haciendo caso a los consejos de su amiga se dejaría llevar, y que pasara lo que tuviera que pasar.
Después de un largo camino, llegaron a una pequeña cala en la que la luz de la luna brillaba con más fuerza.
- Ya hemos llegado, ¡Ven! Te enseñare algo que te encantara.
Esrnesto se acerco a una zodiac que estaba barada en la orilla, sacó una gran linterna y dos trajes de neopreno, dos botellas de oxígeno, dos pares de aletas, y dos gafas para bucear, incluso tenía dos pequeñas linternitas para la cabeza.
- ¿Sabes ya lo que vamos a hacer?
- No me lo puedo creer. Dijo Susan estaba tan emocionada, siempre había querido bucear e incluso se lo había comentado a Ernesto, pero nunca pensó que él tomaría la iniciativa de aquella manera.
Aquella sin duda era la mejor sorpresa que le podían haber dado nunca.
- Hoy es el día perfecto, la luna llena se refleja en el agua e incluso sin estas linternas podriamos ver el fondo.
- ¿Y porque me traes de noche, ahora no habrá tantos peces?
- ¿Eso crees? Entonces espero sorprenderte gratamente. Y se que con lo romántica que tú eres ese ambiente bajo las estrellas te encantaría.
- No te has equivocado.
Ambos se sonrieron y mientras Ernesto ayudaba a Susan a ponerse el equipo, y le daba instrucciones sobre los gestos que debía hacer en caso de que se sintiera angustiada o sufriera algún peligro y tras darle una instrucción rápida por la orilla, donde aún daban pie.
Ambos se introdujeron en el mar, la sensación que tuvo Susan le recordó a la de unas semanas atrás cuando subió al avión, era tanta la adrenalina que desprendía en ese momento que su cara no podía más que mostrar una gran sonrisa.
Era un sentimiento tan inexplicable, que tan solo se podía resumir en las imágenes que se guardaron en su memoria y que jamás podría borrar.
Los animales que vio eran tan increíbles que por un momento tuvo que pellizcarse para ser consciente de que no estaba viendo un documental.
Si algo tenía claro Susan es que esa noche no se le olvidaría jamás, todo lo que estaba viendo era único y la hacia sentirse así única. Que cuando Ernesto le hizo la señal para subir a a superficie, Susan se resistió a abandonar tanta belleza.
Cuando de nuevo llegaron a la orilla, y Susan se quito el traje, la emoción la embargaba, estaba en ropa interior, y era completamente consciente de que los ojos con los que Ernesto la miraba no eran los de un amigo, se acerco a él, lo abrazó y le dijo al oído:
- ¡Gracias! Es lo más bonito que he visto nunca.
Y de repente el roce de sus húmedas mejillas, se transformo en calidez, poco a poco iba notando como la boca de Ernesto pasaba de besarle el cuello, la mejilla, hasta que con un reguero de besos sus labios se unieron a los de Susan.
Susan se sintió indefensa ante aquella invasión, no tenía ni idea de como actuar, nunca se había visto en una situación como aquella, y aunque la sensación que le producían sus besos le encantaba se sintió tan incómoda que comenzó a llorar.
- ¿Que hecho mal?
- No, nada, lo siento, no es por ti, es que me siento tan extraña haciendo esto, no me reconozco. No espero que me entiendas, pero he estado toda mi vida con una persona, y se me hace tan extraño besar a otra persona que no sea él.
Y sin esperar una respuesta por su parte, Susan se vistió, cogió la bicicleta y comenzó a correr como si intentara huir de ella misma y de la vergüenza que acababa de sentir por lo sucedido, no sabía el porque, pero de sus ojos no dejaban d brotar las lagrimas, y le nublaban la vista sin poderla dejar ver el camino.
Ernesto había salido en su busca y ahora estaba a su lado pedaleando sin decir nada, la acompaño hasta su apartamento, Susan entro en el bloque sin mirar hacía atrás y sin despedirse de él, aunque sabía muy bien, que él estaba allí.
Cuando llegó a la puerta del apartamento comenzó a tocarse los bolsillos para sacar la llave.
- ¡No!¡No! ¡NO PUEDE SER! Se me han perdido las llaves, seguramente se me habrán caido en la playa.
Miró el reloj... ¡Mierda! Las 5 de la mañana, José me matará solo espero que no me pregunte que donde he estado hasta estas horas, porque estoy llena de arena y mi pelo esta empapado.
¡Dios! Como es posible que hace un momento fuera la más feliz del mundo y ahora este metida en este marrón.
Mantuvo la respiración y llamó a la puerta. Por suerte José se había dejado las llaves puestas por detrás y pensó que Susan no podía abrir por su culpa, y por el sueño que tenía ni tan si quiera se percato del aspecto que tenía Susan, por suerte para ella.
Susan corrió para ducharse y deshacerse de toda aquella arena. Y cuando al fin se metió en la cama cerró los ojos. Y no quiso pensar más en lo sucedido, por que se sentía abochornada por su actitud.
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