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lunes, 30 de septiembre de 2013

bajo las estrellas

Lo que Susan no sabía, es que la historia de Sergio, no se quedaría ahí sin más.

Le hubiera gustado ser fuerte, y que la cosa se hubiera quedado ahí, que tan solo fuera una de las personas con las que te cruzas por el camino, te aportan cosas tanto buenas como males y después sin más desaparecen.

Pero si esto hubiera ocurrido así no sería una historia digna de cotar creedme. Pero por aquel entonces se quiso autoconvencer de que ese capítulo estaba cerrado, y simplemente no quería saber nada más, le guardaba un profundo respeto, y lo apreciaba demasiado, le debía tanto que era imposible tenerle algún tipo de rencor.

Por otra parte, en aquel momento de su vida, se podría decir que estaba entretenida, o mejor, que Ernesto la tenía entretenida. Todos los días después de salir del trabajo iba a buscarla, unos días a caballo, otros en coche e incluso en bicicleta, a Susan le encantaba, estaba hecho una caja de sorpresas, nunca se podía esperar con lo que la sorprendería al día siguiente.

Por las mañanas quedaban para desayunar, y hasta que llegara la hora en la que Susan comenzaba a trabajar, Ernesto llevaba a Susan a visitar rincones de su isla y poco a poco, estaba haciéndose su hueco en su corazoncito.

Una noche después de que Susan saliera de trabajar, Ernesto la estaba esperando en la esquina de siempre, pero esta vez con dos bicicletas.

- ¿Y esto?

- Para que no tengas que ir incómoda.

- Muy atento por tu parte. ¿A dónde vamos?

-  Tu solo sigueme...

Y comenzaron a pedalear y a pasear con las bicicletas en la orilla del mar, a Susan le encantaba las cosquillas que el agua que le salpicaba de las ruedas de su bicicleta le hiciera cosquillas en los pies. Cuando levanto la cabeza, vio el cielo más estrellado que jamás había visto, y una luna espectacular que se reflejaba en la inmensa oscuridad del mar.

- ¡Dios! es tan bonito.

- Y aún no has visto nada.

Ernesto le guiño un ojo, que Susan intuyo a ver por la tenue luz de la luna que se reflejaba en su rostro.
¿A dónde la llevaría? Era todo tan extraño, no sabía que quería de ella, ni tan si quiera habían pasado la barrera de amigos, pero Ernesto siempre aparecía en el momento perfecto para darle a Susan el abrazo que necesitaba.

Susan ni si quiera sabía si le gustaba, esa mañana había hablado con Ana para contarle como habían cambiado las cosas y los giros que estaban dando los acontecimientos y el consejo que le dió su amiga fue:

" Sinceramente creo que Sergio es lo mejor que te ha podido pasar, porque ha aparecido en el momento perfecto y la hora precisa, pero no lo conoces, y si él no quiere dar su brazo a torcer e ir a conocerte, disfruta de la vida que ahora eres soltera. Y no tienes porque darle explicaciones a nadie, haz lo que te apetezca en cada momento. Y no te arrepientas de nada después, porque vida solo hay una. Y ya es hora de que tú comiences a disfrutar la tuya".

Así que haciendo caso a los consejos de su amiga se dejaría llevar, y que pasara lo que tuviera que pasar.

Después de un largo camino, llegaron a una pequeña cala en la que la luz de la luna brillaba con más fuerza. 

- Ya hemos llegado, ¡Ven! Te enseñare algo que te encantara.

Esrnesto se acerco a una zodiac que estaba barada en la orilla, sacó una gran linterna y dos trajes de neopreno, dos botellas de oxígeno, dos pares de aletas, y dos gafas para bucear, incluso tenía dos pequeñas linternitas para la cabeza.

- ¿Sabes ya lo que vamos a hacer?

- No me lo puedo creer. Dijo Susan estaba tan emocionada, siempre había querido bucear e incluso se lo había comentado a Ernesto, pero nunca pensó que él tomaría la iniciativa de aquella manera.
Aquella sin duda era la mejor sorpresa que le podían haber dado nunca.

- Hoy es el día perfecto, la luna llena se refleja en el agua e incluso sin estas linternas podriamos ver el fondo.

- ¿Y porque me traes de noche, ahora no habrá tantos peces?

- ¿Eso crees? Entonces espero sorprenderte gratamente. Y se que con lo romántica que tú eres ese ambiente bajo las estrellas te encantaría.

- No te has equivocado.

Ambos se sonrieron y mientras Ernesto ayudaba a Susan a ponerse el equipo, y le daba instrucciones sobre los gestos que debía hacer en caso de que se sintiera angustiada o sufriera algún peligro y tras darle una instrucción rápida por la orilla, donde aún daban pie.

Ambos se introdujeron en el mar, la sensación que tuvo Susan le recordó a la de unas semanas atrás cuando subió al avión, era tanta la adrenalina que desprendía en ese momento que su cara no podía más que mostrar una gran sonrisa.
Era un sentimiento tan inexplicable, que tan solo se podía resumir en las imágenes que se guardaron en su memoria y que jamás podría borrar.
Los animales que vio eran tan increíbles que por un momento tuvo que pellizcarse para ser consciente de que no estaba viendo un documental.


Si algo tenía claro Susan es que esa noche no se le olvidaría jamás, todo lo que estaba viendo era único y la hacia sentirse así única. Que cuando Ernesto le hizo la señal para subir a a superficie, Susan se resistió a abandonar tanta belleza. 

Cuando de nuevo llegaron a la orilla, y Susan se quito el traje, la emoción la embargaba, estaba en ropa interior, y era completamente consciente de que los ojos con los que Ernesto la miraba no eran los de un amigo, se acerco a él, lo abrazó y le dijo al oído:

- ¡Gracias! Es lo más bonito que he visto nunca. 

Y de repente el roce de sus húmedas mejillas, se transformo en calidez, poco a poco iba notando como la boca de Ernesto pasaba de besarle el cuello, la mejilla, hasta que con un reguero de besos sus labios se unieron a los de Susan.

Susan se sintió indefensa ante aquella invasión, no tenía ni idea de como actuar, nunca se había visto en una situación como aquella, y aunque la sensación que le producían sus besos le encantaba se sintió tan incómoda que comenzó a llorar.

- ¿Que hecho mal?

- No, nada, lo siento, no es por ti, es que me siento tan extraña haciendo esto, no me reconozco. No espero que me entiendas, pero he estado toda mi vida con una persona, y se me hace tan extraño besar a otra persona que no sea él. 

Y sin esperar una respuesta por su parte, Susan se vistió, cogió la bicicleta y comenzó a correr como si intentara huir de ella misma y de la vergüenza que acababa de sentir por lo sucedido, no sabía el porque, pero de sus ojos no dejaban d brotar las lagrimas, y le nublaban la vista sin poderla dejar ver el camino.

Ernesto había salido en su busca y ahora estaba a su lado pedaleando sin decir nada, la acompaño hasta su apartamento, Susan entro en el bloque sin mirar hacía atrás y sin despedirse de él, aunque sabía muy bien, que él estaba allí.

Cuando llegó a la puerta del apartamento comenzó a tocarse los bolsillos para sacar la llave.

- ¡No!¡No! ¡NO PUEDE SER! Se me han perdido las llaves, seguramente se me habrán caido en la playa.

Miró el reloj... ¡Mierda! Las 5 de la mañana, José me matará solo espero que no me pregunte que donde he estado hasta estas horas, porque estoy llena de arena y mi pelo esta empapado.

¡Dios! Como es posible que hace un momento fuera la más feliz del mundo y ahora este metida en este marrón.

Mantuvo la respiración y llamó a la puerta. Por suerte José se había dejado las llaves puestas por detrás y pensó que Susan no podía abrir por su culpa, y por el sueño que tenía ni tan si quiera se percato del aspecto que tenía Susan, por suerte para ella.

Susan corrió para ducharse y deshacerse de toda aquella arena. Y cuando al fin se metió en la cama cerró los ojos. Y no quiso pensar más en lo sucedido, por que se sentía abochornada por su actitud.








Buscando respuestas

Al cabo de dos semanas Susan ya era una empleada más, en ese tiempo, se había dando cuenta de la poca idea que tenía de idiomas, y se sentía tan torpe,que le daba vergüenza intentarlo, así que camuflaba su ignorancia bajo el saber de sus compañeros.


Ya era una más en aquel sitio del que estaba formando parte, el trabajo era duro y las jornadas de 13 h se hacían interminables, sobre todo porqué no tenía ningún día libre, pero su mente estaba fijada en un único objetivo.



El premio final que le permitiría el empujón que tanto necesitaba.



El jefe era una persona muy exigente y tenía cara de pocos amigos, cuando él entraba en el restaurante la acritud se palpaba en el ambiente. Los camareros se dejaban de hacer bromas entre ellos y trabajan bajo la tensión de su minuciosa mirada, no era sencillo aguantarlo pero por suerte para Susan, con ella hasta el momento había sido cordial.


Sin embargo, este horario no le permitía hablar apenas con Sergio, el horario de llamadas de ambos era restringido, y las horas en las que podían hablar, lo que le apetecía a ambos era poder dormir, más que otra cosa.

La relación entre ambos cada vez se iba enfriando más y más Susan lo notaba, y sabía de sobra, que de seguir así no llegarían a ninguna parte, por lo que día tras día, se iba autoconvenciendo de que aquella relación era una locura, que no tenía ni pies ni cabeza y no acabaría bien.


Intentaba comportarse como Sergio y ser más distante pero le costaba mucho trabajo lograrlo.



No podía comportarse de manera indiferente cuando veía unos de sus mensajes, y aunque el hubiera pasado horas sin contestarle ella sentía la necesidad de hacerlo al instante.


Las conversaciones cada vez eran más trascendentales, ya no se palpaba esa afinidad que los caracterizaba y los hacía especiales.

Ahora simplemente era una conversación más con un amigo al que te has acostumbrado a tener.

Al sentir aquello Susan se fue escudando cada vez más en Ernesto, el chico era amable, guapo, compartía sus gustos por el cine, la música y los animales. Cuando le dijo que su padre era veterinario en su país se la gano por completo. Pero aún así aunque quedara con el porque no tenía a nadie más en aquel lugar y se sintiera sola. Su corazón seguía pensando en Sergio.

Fueron muchas las mañanas y las noches que pasó junto a Ernesto, el la hacía sentirse cómoda y eso le encantaba, él le había hablado de su ex y ella le hablaba de Sergio. Susan sabía que aquello no estaba bien, que Ernesto no la miraba de la misma manera que ella a él.
Pero prefería mantenerse en silencio y seguir teniendo su compañía.

Fue entonces cuando comenzó a hablar más con él y a sentir algo diferente. Incluso a pensar que lo de Sergio había sido un mero capricho. Al fin y al cabo le había pedido infinidad de veces que fuera a verla, y él aún no se había dignado a contestarle, siempre le pedía tiempo. Le decía que estaba muy ocupado con su trabajo, e incluso la ilusionaba con la idea de que cuando ella volviera a Andalucía y tuviera piso, le haría entonces la visita y recorrerían así juntos la comunidad autónoma, ya que él nunca había estado allí.

Mensajes muy ilusionadores que poco a poco fueron haciendo trizas el corazón de Susan, no entendía porqué una persona que hasta la fecha había sido tan sincera con ella, y a la que creía una de las más importantes de su vida. Ahora se comportaba de aquella manera con ella ¿Qué había cambiado? 


Se había dado cuenta de que ella no era más que una pobre niña tonta con pájaros en la cabeza y que jamás llegaría a ninguna parte con ella.


Era lo que creía Susan y la cabreaba de sobremanera tener que andarse con conjeturas y pararse a analizar sus frases. Porqué para ella toda la edad que demostraba su d.n.i estaba dejando mucho que desear en su manera de comportarse.

¿Era mucho pedir que tan solo le diera una explicación? 


Ella sólo quería saber que era lo que había cambiado.



Y le reprochaba falta de valentía por su parte no coger un avión e ir a verla, porque era tan solo una hora lo que los separaba.



Si tanta curiosidad tuviera por verla como decía habría prescindido de tantas excusas y habría dado el paso.
Pero viendo que el milagro no se producía Susan se armó de valor y habló con él. Aún en su mente estaba presente la última conversación telefónica que ambos habían mantenido la semana anterior, era una de esas típicas conversaciones, que la persona que estuviera al lado de Susan y la oyera pensaría que no estaba en sus cabales. Pero ambos disfrutaban hablando y especulando sobre cual podría ser el origen del universo y del ser humano y les daba igual lo que pensarán los demás, porque a ellos les encantaba estar locos.
Cuando cogió el teléfono escribió una frase clara y concisa:

- " Esto no puede ser".

Sergio, el eterno ausente que tardaba una media de una hora para contestar a sus mensajes, respondió al instante.

-¿Qué ocurre?

- Lo sabes tan bien como yo, por favor no juegues conmigo. Sabes que no vamos  a llegar a más que entre nosotros nunca va a haber nada que no sea... Esta relación a través de una pantalla.

-La verdad, es que esto se me esta haciendo grande.

-Lo se, y lo que me jode es que no me lo digas. Que lo tenga que adivinar yo por tu actitud. Creo que es mejor que seamos amigos y ya esta, que nos hablemos cuando nos apetezca y que no existan rencores, ni obligaciones entre nosotros.

-Lo siento enana, yo no quiero hacerte daño pero...

- Es lo que hay, en cierto modo me lo esperaba. No podía esperar otra cosa de una persona que no ha tenido nunca novia, aprecias tu libertad y yo lo respeto.


Tu elección a sido esa y yo estoy de acuerdo, simplemente no me haces daño porque ya me la esperaba, tenía hecho el cuerpo, no te preocupes.


- ya sabes que para lo que quieras estaré aquí.

- Yo también, adiós.

Y Susan apagó el móvil sin querer leer su despedida, le parecía demasiado triste e injusta, en ese momento lo odiaba tanto, por ser tan cobarde y por no querer apostar por ella. Que al llegar al trabajo comenzó a comer de manera indiscriminada.


Cuando acabo la jornada y se comió su cena seguía teniendo hambre y seguía comiendo, la ansiedad se apoderó por completo de ella, no quería llorar.



Sólo quería un buen dulce de chocolate en el que poder ahogar sus penas. Sin pensar en nada ni en nadie más.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Primer día

La alarma de su despertador sonó, eran las 17:00 h, se puso el que a partir de ahora sería su uniforme, se peinó y maquilló para causar buena impresión en su primer día. 
Y aunque faltaba una hora para comenzar su trabajo y tan solo se tardaban 30 minutos en llegar decidió salir con tiempo, para ir con tranquilidad. 

Cuando iba andando abstraída escuchando su música, por la orilla del lago que rodeaba toda localidad. Empezó a oír a lo lejos el ruido que hacían los cascos de un caballo al entrar en contacto con el asfalto. Susan a cada paso que daba iba notando ese ruido más cerca de ella, no era de extrañar que hubiera carros de caballos, por aquellas zonas se estilaba mucho, como si de una constante feria se tratara. Siempre estaban llenos de turistas, que paseaban felices por aquellas calles, arrastrados por aquellos pobres caballos.

A Susan le parecía una crueldad, hacer que esos pobres animales cargaran durante horas con aquellos obesos turistas.

En ese momento Susan oyó los pasos justo al lado de ella se giró por curiosidad, en ese momento cayó en la cuenta de que esa cara le resultaba algo familiar.

- ¡Perdone señorita! ¿Le gustaría que la llevara a dar un paseo?

-No gracias tengo prisa... Tu cara me suena mucho. ¿Te conozco verdad?

- Quizás si piensas en mi con ropa de deporte refrescaras tu memoria, Susan.

A Susan se le refrescó la memoria al instante, era el muchacho de la playa, el cubano del otro día, en ese momento su cara enrojeció, no podía recordar su nombre, era tan mala para los nombres, que no sabía como lidiar aquella incómoda situación.

- Si te recuerdo, estabas sentado el otro día conmigo en la pasarela.

- Sabía que tendrías buena memoria, por lo que puedo apreciar del logo de tu camiseta has encontrado trabajo.

- Si, he tenido suerte.

- Se notaba que querías cambiar tu estrella, y me alegro de que lo hayas conseguido. Creo que conozco ese sitio ¿Te llevo?

- No e ofendas pero:
1- No me subo con desconocidos.
2- Considero una forma cruel de tratar a este pobre animalito.

- ¿A quién a mi Silver? 

- Susan se detuvo en seco, ¿Que le has puesto el nombre del caballo del Llanero solitario?

- ¿Lo conoces?

- Por supuesto, no me consideraría una buena cinéfila si no lo conociera.

Ernesto se detuvo, bajo del carruaje y llamó a Susan.

- ¡Ven! Mira tócalo.

- Te lo agradezco, pero la verdad es que lo veo tan grande que me da un poco de reparo acercarme. 

- No te preocupes, es muy dócil y esta acostumbrado a que lo toquen los "guiris".

Ernesto le tendió su mano, y Susan acerco la suya, en ese momento Ernesto agarró la mano de Susan y la puso sobre la cabeza de Silver, mientras le susurraba al oído: Silver, esta chica cree que te maltrato, ¿Verdad que eso no es cierto amigo?
Al escuchar esa frase Silver meneó la cabeza, a modo de negación, y Susan que estaba ensimismada acariciándolo, no se lo esperaba y se asustó, soltando un pequeño chillido. 

Ernesto al ver su reacción comenzó a reír. ¿De que te has asustado?

- Muy gracioso cubanito. Por lo que veo estas acostumbrado a utilizar este truco.

- Silver, es más que un amigo para mí, créeme jamás le haría nada que lo perjudicara, se que no todo el mundo hace lo mismo con ellos, pero no todos somos iguales, al fin y al cabo en este mundo tiene que haber de todo.
Este es otro de los motivos por los que no puedo volver a casa, no me gustaría dejar solo a Silver, a Tornado y a mamá.

- Me gustan esos nombres, imagino que tornado será negro ¿No?

- Estás en lo cierto. Como podrás ver tengo más de uno para compensar la carga. Me gusta tener a mis pequeños bien cuidados, cuando los conocí créeme que la historia no era así.

- ¿Vas a convencerme de que eres buen samaritano?

Ernesto le dedico una sonrisa a Susan, y acortando la distancia entre los dos, se agacho hasta dejar su boca a la altura del oído de Susan y le susurro:

- A ti no te tengo que convencer de nada, como bien has dicho tu antes, solo soy un desconocido para ti, ¿Recuerdas?

El bello de la nuca de Susan comenzó a erizarse. Su voz... Susan se sintió tan incómoda, que comenzó a retroceder, para alejarse de su presencia, sin darse cuenta de que detrás de ella se encontraba el lago, cuando quiso darse cuenta, uno de sus pies, ya no estaba en contacto con el suelo, y justo cuando comenzaba a perder el equilibrio, Ernesto la agarró del brazo y tiró de ella con fuerza. Por inercia Susan cayó encima de su pecho y ambos acabaron en el suelo.

En esa fracción de segundo en la que había sucedido todo aquello Susan no había sido realmente consciente de la catástrofe que había estado apunto de ocurrir, y en su primer día. 

Cuando abrió los ojos y vio que estaba tumbada en el suelo encima de aquel hombre tan atractivo, el pudor y los nervios se apoderaron de ella, y como ocurría siempre en esos casos. Susan comenzó a reírse con esa risa nerviosa y contagiosa que la hacía llorar. 

La cara de Ernesto, hasta ese momento era de preocupación pero cuando la vio reírse de aquella manera se unió a ella, de manera que la parejita estaban tumbados en el suelo de la acera riéndose sin parar, ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor, Silver los miraba extrañado seguramente estaría pensando que era un par de tontos.

Susan se incorporó y con la ayuda de Ernesto se levantó.

- ¿Te has hecho daño Susan?

- No no te preocupes. ¡Creo que tu no puedes decir lo mismo!

- Por mí no te preocupes, estoy bien.

Susan agacho la cabeza y al ver que se había manchado los pantalones negros, comenzó a sacudírselos. 

- Gracias, por no dejar que me cayera, habría sido...

- De nada, ha sido un acto reflejo, aunque la verdad es que no me habría molestado, verte mojadita y con tu ego por los suelos.

- ¿Perdona? ¿Y por culpa de quién habría sido? Créeme. antes de caer, te hubiera arrastrado conmigo.

- ¿Tú crees que podrías conmigo?

- Por supuesto ¿Qué te crees?

- ¡Aún estamos a tiempo de hacer la prueba! 

Ernesto se abalanzó sobre Susan y la cargó sobre su hombro, pillando totalmente desprevenida a Susan.

- ¡No! ¡Por favor! ¡Suéltame, no quiero llegar tarde a mi primer día de trabajo!

- Bueno, en ese caso, seré bueno.

Y dejó caer con delicadeza a Susan de nuevo en el suelo. Cuando ella se sintió segura sobre el suelo, se lanzó hacia el para darle un tortazo en el brazo, a modo de castigo.

- ¡No vuelvas a hacer eso nunca más! ¿Me oyes? ¡Ah! ¡Y por si mi tono no lo ha dejado lo bastante claro, era una amenaza!

Ernesto comenzó a reírse.

- Era solamente una broma mujer, ya veo que tienes carácter. ¿A que hora entras a trabajar?

- A las 19:00h

Susan miró el reloj de su muñeca...

- ¡Mierda! Solo queda un cuarto de hora, no si al final con la tontería llegare tarde.

- No te preocupes mujer si quieres puedo llevarte.

usan se quedo mirando al pobre caballo, y al dilema moral que le suponía acceder a aquella oferta, pero al volver a mirar a su muñeca, no le quedo más remedio que acceder. Aún estaba muy lejos de su destino, quizás si fuera corriendo lo conseguiría, pero no quería llegar sudada.

- Esta bien, aceptare... ¡Pero solo por esta vez, que conste que mi opinión sigue siendo la misma!

Ernesto se subió al carro, cogió las riendas y le tendió la mano a Susan, y en el justo momento en que ella iba a agarrarle la mano, el se la quitó y la puso sobre su barbilla, a modo de pensador, diciendo:

- Aunque si no quieres...

- Vamos no seas tonto.

- ¿Ya te da igual montarte con un desconocido? Hay... Susan ¿Qué pensarían tus padres de ti si se enteraran?

- Que eres el hombre más afortunado del mundo, por el mero hecho de dejarte estar en ese carro conmigo.

- ¡MODESTIA BÁJATE QUE SUBE SUSAN!

- Mejor, así habrá más espacio para todos.

- ¿Tienes respuesta para todo?

- Eso intento, por favor ahora...

- Si venga, ¡Sube! De lo contrario no podría perdonármelo.

Una vez se subió al carro Susan sonrió para sí.

- ¿De que te ríes?

- No me estaba riendo, solo he sonreído al recordar algo.

- Bueno y ¿De que se trata?

- Menudo curioso que estás hecho. Me reía, porque de pequeña, siempre quise subir en uno de estos, veía a las parejas subidas aquí, y pensaba que era un gesto muy romántico y bonito, como muy de cuento de hadas. 

- Pues como ha cambiado el cuento ¿No? ¿Cuándo decidió la princesita romper las cadenas y volverse una activista de la lucha animal?

- Exactamente no lo se, supongo que cuando entré en la asociación y fui consciente de lo cruel que era la gente con los más indefensos, y supongo que fue entonces cuando abrí los ojos.

- La gente es cruel por naturaleza, es nuestro instinto de supervivencia, el fuerte siempre quiere dominar al débil.

- Pero, ¿Bajo que precio?

- Ya yo te comprendo, a mis pequeños los acogí, en verdad no es que los comprará, simplemente, tenía unos ahorros y llevaba tres años aquí el trabajo me iba bien, y ganaba bastante, así que decidí buscar alguna casita acogedora, en las afueras, para evitar estar siempre rodeado de trafico y de el mundanal ruido. Y unas de las casas que vi fue donde estaban ellos tres, los pobres estaban caquexicos y deshidratados, la propiedad se la habían embargado al dueño, y el los había dejado allí a su suerte. La casa la verdad es que no era de mi agrado, era demasiado vieja, y necesitaba bastantes arreglos, pero tenía bastante terreno sin edificar, donde poder tener animales, y una vez que los vi, no pude cerrar los ojos y dejarlos allí. Durante un tiempo pensé en llamar a una protectora, e incluso lo intente, pero estaban todas colapsadas. Así que decidí quedármelos y dedicarles mi tiempo. Comencé ha arreglar la casa, con mis ahorros, les hice unas cuadras y para poder dedicarles más tiempo y estar con ellos, decidí cambiar de trabajo. Uno de los clientes para los que trabajábamos, se había dejado el carro en el taller y como no lo podía pagar. Le ofrecí una cantidad razonable a mi jefe, me saque la licencia, y aquí me tienes.
El veterinario me dijo que era importante que estos pequeños hicieran ejercicio, porque eran jóvenes y necesitaban quemar energías, así que lo vi claro.

- Vaya...

- No te lo esperabas ¡Eh!

- La verdad es que no.

- Ya te dije que yo si cuidaba de ellos.

- Ojalá hubiera más gente como tú.

- Y como tu también, ¡Oye! ¿Sabes a la hora que acabas?

- La verdad es que no.

- Si quieres puedo venir a recogerte, también tengo coche.

- La verdad te lo agradezco, pero ya he quedado con alguien.

- ¿Tu novio?

- ¡Oh no por dios! Si hubiera tenido agua bendita te la hubiera tirado al oír esa palabra. Un amigo.

- ¡Ah! Bueno, pues que tengas suerte, ya nos veremos.

Susan se bajo del carro y en ese momento como le llego la inspiración, Ernesto, se llamaba Ernesto.

- Muchas gracias Ernesto, si no llega a ser por ti y por ti, no habría llegado a tiempo.

El le guiño el ojo y con una grata sonrisa le dijo:

- Pensé que no te sabias mi nombre. Ha sido un placer, ojala todos los días tuviera pasajeras tan entretenidas como tú.

Susan le sonrió y se despidió de él, para entrar en el local y ponerse en marcha, el trabajo la esperaba.











sábado, 28 de septiembre de 2013

Esperanza

Cuando cerró la puerta y se puso en marcha a su nuevo destino, miró su móvil, era Sergio deseándole suerte.

¿Se podía ser más atento?

- Estoy muy nerviosa, solo espero dejar de lado mi timidez, y poder venderme bien.

- Ya verás como esta vez si tienes suerte.

- Y si no, pues nos veremos pronto, ese es el lado positivo, pensándolo bien, casi que prefiero que no me cojan.

- No seas tontita gambita, conocernos puede esperar un poco más. Piensa en tu futuro porque yo puedo desaparecer en cualquier momento, y que te vuelva a pasar otra vez lo mismo.

- No te preocupes, no volveré a cometer ese error ;)

- Así me gusta ¡Buena chica!

- Aprendo rápido.

- Eso es lo que más me gusta de tí, y lo mejor es que siempre tienes ganas de aprender jeje

-  Ya lo sabes.

- Cuéntame cuando salgas de la entrevista lo que te dice ¿vale?

- No te preocupes que tendrás noticias mías dentro de poco :) (No te libraras de mí tan fácilmente) jajaja

- ¡Esta niña! muak!! Mucha suerte gambita.

- Gracias.

Después de la despedida volvió a ponerse los auriculares y en ese momento sonó: "Color esperanza" de Diego torres, mientras no dejaba de caminar, la letra de su canción no paso desapercibida. Se quedo analizándola palabra por palabra, como si alguien le estuviera mandando un mensaje.
(Para Susan estaba claro que cada momento de su vida tenía una canción determinada, había gente que no lo entendía, cuando ella decía que le encantaba ponerle música a su vida, porque para ella su vida era como una película y simplemente el destino iba eligiendo en determinados momentos la banda sonora que la componía).

"Se que hay en tus ojos con solo mirar, que estas cansado de andar y de andar, y caminar, girando siempre en un lugar.
Se que las ventanas se pueden abrir, cambiar el aire depende de ti y ayudara. Vale la pena una vez más.
Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos a fuera. Pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón.
Es mejor perderse que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar, aunque ya ves que no es tan fácil empezar.
¡Sé! Que lo imposible se puede lograr, que la tristeza algún día se ira. Y así sera, la vida cambia y cambiara.
Sentirás que el alma vuela, por cantar una vez más..."

Mientras estaba absorta escuchando las grandes verdades y el mensaje que trasmitía la canción una frase capto toda su atención.

"Vale más poder brillar que solo que solo buscar ver el sol".

En ese momento supo que lo conseguiría, que ella estaba allí por algún motivo y que en ese momento el mundo y su vida serían como ella quisiera.

Sacó de su bolsillo el papel donde ponía la dirección del local al que debía dirigirse. Alzó la vista y lo vio, comenzó a ralentizar el ritmo de sus pasos, notaba como su corazón se aceleraba a cada paso que daba. Se paro en seco antes de entrar en el local, inspiro profundamente y manteniendo la respiración puso un pie dentro. 

Cuando entró reconoció al instante a la muchacha rubia que le había recomendado aquel sitio, no recordaba su nombre, pero estaba convencida de que había sido para ella como un ángel que le había guiado el camino, había tratado muy bien a Susan y le indicó todas las cosas que necesitaba saber, sobre todo le aconsejo que no dejara de sonreirle, ya que su bonita sonrisa seguramente lo cautivaría.

 Se dirigió hacia ella, la saludo y le pregunto por el jefe, cuando le dijo que era el hombre que estaba sentado en la terraza del local. Dirigió su mirada hacía allí. Había dos hombres allí.

Uno de ellos era moreno, unos 56 años su pelo no tenía canas, seguramente se lo teñiría, llevaba gafas de sol, y era delgado, llevaba una camisa a rallas azul y blanca y unos pantalones chinos blancos, en su mano derecha tenía un puro. 

En ese momento Susan pensó que era un señorito, típico hombre que había tenido suerte en los negocios, que se habría casado un par de veces y probablemente ahora iría detrás de cualquier niñita que lo quisiera por su dinero.

El otro sin embargo, daba miedo, era de aspecto robusto, estaba claro por su enorme barriga que tenía un problema de peso, y aunque estaba sentado, se notaba que era un hombre alto, tenía el pelo canoso y unos ojos azules, que le recordaban a alguien. Estaba riéndose, y le transmitió un poco más de confianza que el otro. Su aspecto era más acorde al de un hombre de su edad, llevaba una camisa de cuadros rojos y unos pantalones color beige.
Al fijarse bien en su cara supo que esas facciones ya las había visto antes, el jueves pasado, cuando estuvo aquí para darles su curriculum, la muchacha rubia que la atendió, tenía su cara, probablemente sería de su familia. Aunque la forma de referirse a él cuando habló no se lo pareció. Más bien le había parecido la gerente.

- ¿Es el de la camisa roja de cuadros?

- Si, es él. ¡Acércate!

- Pero está hablando con ese hombre, sería d mala educación interrumpirles ¿No?

- Bueno no te preocupes, le diré que has venido.

Susan se quedo apoyada en la barra, mirando como hablaban sobre ella, y como aquel hombre se le quedaba mirando.

En ese momento la muchacha le hizo una señal con la mano para que se acercara, cuando se cruzaron por el camino ella le dijo al oído: ¡Suerte!

Susan le sonrió, esa sonrisa albergaba nerviosismo, pánico y un gracias implícito en ella.

Cuando llegó a la mesa saludo a los dos hombres y se presentó, entonces el que era el jefe le ofreció asiento y comenzó a interrogarla. Susan sabía que en ese momento su cara debía estar como la camisa de aquel hombre, pero estaba dispuesta a que los nervios no la traicionaran.

- Bueno Susana y cuéntame ¿Que quieres trabajar?

- ¡Por supuesto, a eso he venido!

- Se te ve decidida (los dos hombres comenzaron a reírse y Susan les enseño una agradable sonrisa)
y... Cuéntame, ¿Tienes edad para trabajar?

A Susan le pillo de sorpresa aquella pregunta, era cierto, que en entrevistas anteriores, le habían preguntado ¿Cuando comienzas el instituto? Porque pensaban que tenía unos 16 años, pero si aquel hombre le preguntaba eso, es que debería parecer aún más pequeña. Y eso que se había tomado la molestia de maquillarse.

Susan comenzó a reírse a carcajadas.

- Por curiosidad señor, ¿Que edad cree que tengo?

- Unos 14 años.

Susan puso cara de asombro.

- Pues no se como tomármelo, porque tengo unos 7 más.

- Ahora era el hombre el que estaba sorprendido.

- ¡Vaya! Pues te conservas muy bien.

- Gracias, supongo...

- ¿Has trabajado antes?

- Si.

- ¿Dónde? 

- Pues en Córdoba en...

El hombre la interrumpió.

- ¿Eres cordobesa?

- Si, ¿No se nota en mi acento?

- Por supuesto,  un acento así no pasa de desapercibido. Una de nuestras cocineras es sevillana, ya decía yo que eras muy guapa, ahora todo encaja.

Los dos hombres comenzaron a reír haciéndose bromas mutuamente y Susan empezó a sentirse incomoda, odiaba que le hicieran cumplidos.

- Bueno, vamos a lo importante, ¿Sábes hablar inglés?

- Pues la verdad, es que de inglés se lo que te enseñan en la escuela, para que mentirnos.

- Bueno por lo menos eres sincera, ¿Y crees que sabrás defenderte si te piden algo?

- Hombre eso creo que sí.

- ¿Y tienes ganas de trabajar?

- Por supuesto.

- Muy bien, pues te espero esta tarde a las 7. Te tendré una semana de prueba y si me gusta como trabajas ya acordaremos el sueldo, las propinas son aparte.

Susan se quedo atónita, ni en sus mejores sueños se podría haber imaginado que fuera a ser tan fácil.

- Y... ¿Como tengo que venir vestida?

- ¡Am! Ahora que Lola te de unas camisetas de nuestro bar.  Y el pantalón que sea negro.

- Muchas gracias. Esta tarde nos vemos.

- Se puntual.

La felicidad que mostraba la cara de Susana era notable, no podía ocultar su sonrisa, cuando le dieron la camiseta, lo primero que hizo fue hacerle una foto y enviársela a Sergio.

- Yogui lo he conseguido.

Acto seguido llamó a su madre y como era de esperar, no le cogió el teléfono, así que llamó a su abuela. Para comunicarle la buena noticia.

En ese momento Susan iba sin darse cuenta pegando saltos de alegría, y su voz al contarle la noticia a su abuela era un poco más alta de lo normal, no podía contener la ilusión, como si del mejor trabajo del mundo se tratase. 

Para ella era algo más que eso, era su billete hacía su futuro, por fin podría continuar su educación y ser algo más en esta vida, aunque sabía por experiencia que una carrera, no hacia más inteligente a nadie, pero al menos, la ayudaría a culturizarse más y a aprender cosas nuevas y lo más importante a demostrarle al mundo y sobre todo a su padre, que se equivocaban, y que ella si puede conseguirlo, y sin la ayuda de nadie.








Rompiendo esquemas

Susan, se levantó esa mañana con una actitud diferente, con todo lo ocurrido el día anterior, parecía que hoy el kharma querría que ella tuviera un día diferente, como si se hubiera plantado, y quisiera devolverle la alegría que tanto le hacía falta.

Se levantó y mientras iba por ese corto pasillo camino al baño, sus pensamientos se cargaban de positividad. Cerró la puerta del baño se miró al espejo, y comenzó a hablarse a si misma.

Hoy es un día diferente a los demás, ¿Porqué me siento así? Porqué ya estoy cansada de llorar, de lamentarme, de pensar ¡El porqué de las cosas! Ya es hora de que las cosas cambien, y la única manera de que lo hagan es, el punto de vista desde el que las queramos observar.

Se que ayer posiblemente fuera uno de los peores días de mi vida, pero te prometo que hoy todo eso va a cambiar, tanto si encuentro trabajo, como si me vuelven a cerrar esa puerta otra vez, estoy dispuesta a abrir por mi misma todas las ventanas que hagan falta.

Se puso su ropa deportiva, salió de aquel apartamento antes de despertar a José y a Lisa. No quería causarles más molestias, ayer los pobres habían estados muy preocupados por ella. Y lo único que ella necesitaba y quería era estar sola.

En el momento que cerró la puerta, se puso los cascos y sintonizo "Sueños" de Diego Torres, aquella canción estaba cargada de energía, y siempre la animaba, Susan tenía la sensación de que siempre que la escuchaba le traía suerte.

Así que ese día como la cita con el que podría ser su nuevo jefe sería dentro de un par de horas, pensaba escucharla bastantes veces.

Aunque sabía de sobra que jamás podría llegar a aborrecerla, porque era de esas canciones que pueden explicar momentos concretos de tu vida y sobre todo porque como ya dije le traía suerte, y la llenaba de alegría.

Cuando acabo su deporte matutino y volvió al apartamento, ya estaba sola. Selecciono una nueva lista de canciones en su móvil, le dio todo el volumen que pudo y comenzó a ducharse.

Cuando salió de la ducha y se miró al espejo, se puso de perfil, era increíble pero de repente es como si la venda que llevaba hasta ese entonces en los ojos se le cayera, y viera realmente lo que podían ver los demás. Era cierto que no tenía nada de barriga, que era lo que más le preocupaba, es más estaba excesivamente delgada, y ahora entendía porque se lo decían.

Sus costillas sobresalían de su piel, e incluso afeaban su linda piel. Sus pómulos, clavícula, muñecas, e incluso la cresta ilíaca de sus caderas se le marcaban en exceso.

¿Cuándo ha pasado esto? Había estado tan preocupada porque la gente me viera de una manera diferente a como yo me veo, que no me había dado cuenta de que me estoy consumiendo.

Susan comenzó a vestirse, no le gustaba como le quedaba la ropa, toda era demasiado ancha. Y ella lo único que quería era causar buena impresión. Y no desaprovechar esa oportunidad.

Así que se rizo el pelo y se decidió por el primer conjunto que se había probado. Y se hizo el desayuno.

Hacía ya bastante que no se detenía a hacerse unas tostadas mientras veía algún programa sin sentido en el televisor.

Cuando quedaba media hora para el encuentro. Se puso en camino. 






tu presencia es lo que falta

Mi móvil comienza a vibrar y hace que deje de llorar, miro la pantalla y es Sergio, me encanta hablar con él como bien sabréis, y creedme me consuela, pero en este momento el afecto que necesito, más que de palabras es de calor, necesito un abrazo.

Cuelgo su llamada y reviso mis mensajes, me parece increíble que Hugo, no de señales de vidas, hace apenas una semana no me dejaba en paz, pidiéndome que volviera, diciéndome que volviéramos a hablar, y que irme a Mallorca había sido una locura pero que me entendía.

Y ahora el muy miserable no es capaz de decirme nada, no me esperaba esto de él, porque es en este momento cuando lo necesito, y él lo sabe.  Si tanto como presume que me conoce, sabrá como me siento, y que todo lo que necesito en este momento, solo puede dármelo él.

En ese momento fui consciente de que lo nuestro había muerto por completo, porque jamás podría perdonarle que me dejara sola, hasta ese instante, había albergado la esperanza de que fuera a buscarme, y por mucho que quisiera a Sergio, si el hubiera venido a buscarme, sabía de sobra que es porque el era el hombre de mi vida, no hay más muestra de amor, que crucen el mar para buscarte.

Pero como siempre, esas cosas solo pasan en las películas, y el por mucho que quiera, no depende de lo que su mente quiera, si no de lo que su madre le deje hacer.

Así que sera mejor así.

Respire hondo buscando mi serenidad, puse mi cara sobre mis piernas y me agarre con fuerza mis cabellos, ahora húmedos por esa brisa marina. Y acepte la realidad. Era Sergio el que estaba ahí, en el que en este momento se estaba preocupando por mí.

Así que cogí de nuevo el teléfono y marque su número.

-¡Enana! Me tienes preocupado, ¿Estás bien? Lo último que supe de ti es que ibas a coger el coche para perderte y ya no has dado más señales de vida y han pasado 5 horas.

En ese momento Susan dejó de oír la voz de su monologo interior, y afronto lo que era la cruda realidad, y aunque no le apetecía hablar con nadie que no fuera ella misma, sabía que Sergio se merecía una explicación. Y su voz, le devolvió su calma y la fortaleza para continuar articulando palabras.

- Hola Sergio, no te preocupes Sergio estoy bien.

- ¿Dónde estás?

- No lo se, en un lugar hermoso, pero la verdad es que me gustaría que pudieras estar aquí conmigo, para disfrutar los dos de esta belleza.

- ¡Oh! Pequeña necesitan un abrazo, siento tanto no poder estar ahí para dártelo.

- Mi pequeño yogui en el fondo tiene su corazoncito.

- Pues claro tontita, ¿Acaso no lo sabes?

- Algo me han dicho...

- ¿Que voy a hacer contigo?

- No lo se, lo único que se, es que necesito tenerte cerca, quiero que vengas a verme, y si tu no puedes, lo haré yo. Ya estoy cansada de esta insoportable distancia. Es la hora de tomar decisiones, así que si mañana no consigo el trabajo, que es lo más probable, teniendo en cuenta la cantidad de personas que e han dicho que en estas fechas es imposible. Y dado mi escaso conocimiento del inglés, me queda poca fe a la que agarrarme. Así que si no lo consigo la semana que viene me saco un billete y voy a verte.

- No se que decirte, me encanta que seas ta decidida.

- En esta vida hay que tomar decisiones, unas veces son acertadas, y otras veces, bueno, digamos que se pueden mejorar.

- ¿Porqué motivo no vivirás más cerca?

- Porque si viviera más cerca no sería tan dramático, y no se consideraría una historia digna de ser contada en un buen libro.

- Algún día estoy seguro de que lo escribirás.

- Eso espero.

- Yo espero ser el protagonista.

- Eso no lo tengo tan claro.

- ¿A no?

- Bueno, ya se vera, depende de como de portes.

- Estás recuperando el humor, eso es buena señal.

- Estoy viendo el atardecer en un sitio increíble, y sabes lo que se me pasa por la cabeza...

-¿Qué?

- Que dentro de unos años, cuando realmente estemos juntos, volvamos a este preciso lugar, a ver el atardecer, y cuando ambos estemos sentados contemplando la puesta de sol, me dejes apoyar mi cabeza en tu hombro.

- Eres increíblemente romántica, por mucho que te guste hacerte la dura.

- Sera porque te quiero.

En ese momento se hizo el silencio, durante unos segundos, hasta que...

- Gambita, en este momento no puedes ni imaginarte las ganas que tengo de besarte.




con noticias de un recuerdo

¡Mírame! Soy yo la que va al volante de ese polo de color gris, parada delante del semáforo esperando a que cambie de color, mientras me quedo pendiente en un punto fijo, y en ese momento pasa por delante mía una niña pequeña de unos 5 años, su pelo es de color castaño y esta cortado a media melena, y se mece a cada paso que da la pequeña, igual que su vestido de tirantes rosa, su cara luce una sonrisa tan bonita que me da envidia no poder sentirme así en este momento, de repente se queda mirando a mi coche, tiene unos ojos verdes tan cándidos e inocentes, que cuesta pensar que dentro de unos años no ira de la mano del que parece ser su padre. Preferirá otras compañías y ojala que consiga ser igual de feliz.

A menudo me gusta divagar, quedarme mirando a alguien y pensar en como será su vida, y como si de un personaje de algún libro o una extraña y absurda película se tratara, imagino como es su vida, basándome en su ropa, sus gestos y la expresión de su rostro. Por lo general sus vidas siempre son más felices que la mía.

Imagino que si un psicoanalista quisiera analizarme diría que es porque envidiamos aquello que no tenemos, y también porque en estos días en los que me encuentro melancólica, es el único consuelo que me queda, si yo no puedo ser feliz, que al menos alguien lo sea.

Me encantaría poder chasquear los dedos y cambiar de vida en este instante, pero luego pienso, que creo que es mejor que las cosas sigan tal y como están, más vale malo conocido...

Y al fin y al cabo nadie sabe lo que se esconde tras la vida de otra persona, solo son suposiciones y conjeturas, soy la típica persona que le encanta crear castillos en el aire, y perderse en sus pensamientos, al menos ahí me siento cómoda y se cual es mi lugar.

El semáforo se pone en verde, piso el acelerador y salgo de allí, hoy no tengo rumbo, solo quiero que la carretera me guié, hasta el punto donde posiblemente se me acabe la gasolina.

No es posible que me estén pasando tantas cosas en un período tan corto de tiempo, una lagrima corre por mi mejilla, y su humedad me incomoda, me deshago de ella como si fuera un clinex usado y subo el volumen de la radio.

Voy por la carretera y estoy rodeada de mar, no se donde estoy, solo se que estoy lejos de casa, y probablemente me encuentre en un camino del cual no sepa volver. 

¿Cuál es mi sitio en el mundo?

En ese momento veo un faro a lo lejos, y la belleza del paisaje me hace detenerme, en este preciso momento es aquí donde quiero estar, no me preguntes porqué, solo se que lo se.

La playa no es como las que estoy acostumbrada a frecuentar, es de piedras, y ahora entiendo que las chanclas que llevo no son las más adecuadas para ese lugar, aquí parece que el tiempo se detiene, unas pequeñas barcazas están paradas cerca de la orilla, el sol brilla incesante sobre ellas, haciendo de este un paisaje tan idílico, digno de ser plasmado en un lienzo.



En esta pequeña cala hay muy poca gente y todos hablan un idioma extraño para mi, por su parecido al francés, deduzco que es mallorquín, por lo que este sitio no suele ser frecuentado por muchos turistas, por eso mantiene su belleza tan intacta.

Continuo mi camino hacia la izquierda, y lo veo, el motivo por el que me he detenido en este lugar y no en otro.


Es algo tan increíble, que lo que siento en este momento al ponerme sobre la pasarela es inexplicable; melancolía, nostalgia, felicidad, anhelo, libertad... tantas cosas. Que tengo que determe ahí en esa pequeña pasarela que antes conducía hacía ese pequeño islote donde esta el faro, imagino que el paso del tiempo y el oleaje la habrán destruido, supongo que es como la vida de una persona, solo se mantienen en pie, los que son fuertes y tienen ganas de seguir luchando, como este trozo de piedra en el que estoy sentada.

Este paisaje me recuerda a la portada del libro de Federico Moccia, " Perdona si te llamo amor".
Supongo que ese ha sido el motivo por el que he decidido quedarme aquí, una vez más la fuerza del amor es la que me hace detenerme.

Y me pregunto si a mi alguna vez me pasara eso, pero sin llegar a la necesidad de considerar que la persona con la que quieres compartir tu vida es una más de tus posesiones, simplemente alguien que te hace feliz y con quien quieres compartir esta sensación de libertad.

¿Porqué estoy así? Quién sabe... Lo único que se yo, es que hoy mi madre me ha dado la noticia de que mi abuela, de la cual no me despedí, mientras le estaba dando de comer a sus gallinas ha sufrido un accidente cerebro vascular, ahora mismo esta en coma. Los médicos les han informado de que ya no hay solución, y que en cuestión de horas su vida desaparecerá...

Esto me ha hecho plantearme, lo que imagino que todas las personas que están en mi lugar se plantean, lo rápido que cambian las cosas, y lo poco que podemos hacer para evitarlas.

Mi lugar ahora mismo sería al lado de mi familia y no sola aquí en medio de la nada, sin nadie en quien apoyarme, sin un hombro que me consuele, y esa maldita culpa rondándome la cabeza.

Hubiera cogido un vuelo esa misma tarde, pero el dinero no me lo permite, por desgracia estamos en temporada alta, y mañana tengo una entrevista de trabajo, y tal y como me han dicho mis tíos y mi padre, allí tengo poco que hacer.

En estos momentos echo tanto de menos a Hugo, él era el que sabía consolarme como nadie, uno de sus cálidos abrazos, me hacía sentirme la mujer más querida del mundo, olvidando todos los problemas, y creyendo que allí entre sus brazos nada malo podía pasarme.

Y sin embargo, ahora estoy completamente sola, sin nada ni nadie, me vine persiguiendo una estrella fugaz... Y esa estrella poco a poco va desapareciendo.

Me abrazo a mis rodillas mientras dejo que la húmeda brisa arremoline mi pelo, en este momento me da igual todo. Y rompo desconsolada a llorar.

Ese pensamiento que me atormento cuando iba de camino al aeropuerto se ha hecho realidad ya ahora jamás podré despedirme de ella.




domingo, 22 de septiembre de 2013

La paz

A la mañana siguiente cuando Susan abrió los ojos, no podía dar crédito de donde estaba, se levantó del sofá cama desorientada, y salió despeinada y en pijama a la miniterraza, para asomarse por la barandilla, el apartamento era minúsculo, aunque a Susan le gustaba llamarlo acogedor, pero aquella miniterraza la llenaba de vida.

Cuando se asomó a la barandilla para mirar a los madrugadores que ponían rumbo a la playa, miró el cielo, el sol comenzaba a intuirse por el este, pero aún era tímido y se resistía a salir. 
No quiso mirar el reloj, simplemente se quedó allí esperando a que amaneciera, para poder ver como detrás de aquella monumental montaña que tenía en frente, el sol se habría paso, e iluminaba toda aquella belleza que tenía ante sus ojos.

Cuando al fin amaneció Susan comenzó a vestirse, intento salir del apartamento sin hacer mucho ruido, y comenzó a correr, esa mañana no sería como las demás, si había algo que ocupaba el corazón de Susan en ese instante, sin duda era el mar, esa mañana le apetecía sentir la arena bajo sus pies, mientras hacía ejercicio y quería disfrutar de la naturaleza.

 Odiaba las aglomeraciones que se formaban en la playa unas horas más tarde, por eso era la hora perfecta, Susan corrió por la orilla de la playa hasta quedar exhausta y cuando no pudo más, se subió al puente de madera, por el que pasarían horas más tarde cientos de turistas, para poder subirse a los barcos, que realizaban excursiones guiadas por las islas.

Cuando llegó al final, vio a un muchacho joven, de unos 24 años moreno de piel tostada, que como ella estaba exhausto por el ejercicio y se había parado en aquel lugar para disfrutar del paisaje. 
Susan permaneció de pie para observar la grandeza y belleza del mar que tenía delante, esas cristalinas aguas de color verde vidrioso dejaban ver todo cuanto ocurría en su interior, Susan nunca había visto un agua tan cristalina, cuando se sentó en el borde de esa pasarela,sacó su móvil y comenzó a hacer fotos.


 El muchacho la miró, y al ver su cara de impresionada le dedicó una sonrisa.

- Buenos días.

Susan se quedo impresionada, la verdad es que no esperaba que en un sitió como aquel, la gente fuera educada y sin conocerte te saludara.

- Buenos días.

- Por lo que puedo ver, creo que es la primera vez que vienes aquí ¿Verdad?

- ¿Tanto se nota?

- El brillo que desprenden tus ojos cuando miras al mar, y ese derroche de felicidad, como cuando un niño ve una chuchería por primera vez, me ha dado una pista.

Susan se sonrojó, e intento mantener a ralla un mechón  de pelo que se le había escapado de la cola, para intentar disimular un poco la vergüenza que sentía en aquel momento.

- ¡Vaya! Si que se ha notado.

- Es normal, recuerdo que yo estaba así la primera vez que llegue aquí.

Ahora el tono de voz de aquel muchacho parecía melancólico, por su acento Susan sabía que no era de la isla, quizás como ella solo vendría por aquí para buscar trabajo.

- ¿No eres de aquí?

- No, (Le dedico una sonrisa tierna a Susan) mi tierra esta bastante lejos, yo soy de Cuba.

- Ya decía yo que me sonaba ese acento.

- Si, como comprenderás me lo dicen mucho, ¿Y tú?

- ¿Yo?

- Si, ¿De dónde eres?

- Bueno, yo soy de Andalucía.

- Una tierra muy bella también.

- Si, sin duda, pero a mi Córdoba le falta el mar para ser perfecta.

-Unas vistas así, no están al alcance de todo el mundo. Pero si las vieras todos los días no sabrías apreciar su belleza.

- ¡No entiendo como se le puede pasar a alguien por alto esta maravilla, aunque este muy acostumbrado a verla, yo podría pasar horas mirando al infinito, al punto donde parece que el mar y el cielo se unen, aquel parece un lugar tan lejano y lleno de paz. Estoy segura de que el cielo tiene que ser algo parecido a esto.

- ¿Te escondes de algo?

- Más bien huyo...

dijo Susan sin apartar la mirada del horizonte.

- Todos huimos alguna vez, no es nada malo.

- Quizás lo que necesito es encontrarme a mi misma, creo que hace mucho tiempo que me perdí.

- Pues creo que has venido al lugar indicado para hacerlo. A mi me encanta venir aquí para meditar, o simplemente no pensar en nada, solo mirar el mar.

-Entonces tu también llevas poco tiempo aquí.

- Más del que me gustaría, vine persiguiendo una estrella fugaz, y cuando abrí los ojos y el paisaje que me rodeaba, me enamore, y es difícil escapar...

- ¿Y porque te quieres marchar entonces?

- No es marcharme lo que quiero, porque esto me encanta, pero si echo de menos a mi familia.

- ¡Te entiendo! Bueno, no mucho, porque en cierto modo, yo vengo huyendo de ella.

- Algún día la verás como no será así. Todo el mundo aprende de sus errores y hasta el burro más terco, da su brazo a torcer.

Aquellas palabras encerraban un tono de melancolía, que era difícil no pasar por alto, pero Susan, no quiso indagar más, solo lo miro, le dedico una sonrisa y decidió volver a mirar al mar.

Pasaron unos minutos en un agradable silencio, que se interrumpía solo con el murmullo de las olas y el canto de alguna gaviota.

Entonces el muchacho se levantó, le tendió la mano a Susan y le dijo:

- Perdona, he sido un desconsiderado, mi nombre es Ernesto, ha sido un placer mantener esta agradable charla contigo...

- Susana- Dijo Susan, estrechándole la mano.

- ¿Tienes pensado quedarte mucho tiempo por aquí Susana?

- Pues la verdad, es que he venido a buscar trabajo, si lo encuentro...

- ¡Uf! Has llegado en una mala fecha, ojala pudiera ofrecerte algo.

- ¡Lo se! No te preocupes.

- Bueno Susana, que tengas mucha suerte en tu búsqueda.

- Gracias.

Ernesto le guiñó el ojo y se fue de allí. 

Ahora si Susan estaba sola ante aquella inmensidad, se sentía tan pequeña, y sin embargo el ruido de aquellas olas rompiendo en la orilla le hacían pensar en los kilómetros que la separaban de casa, en que ahora era ella sola contra el mundo, y que aquí no se podía refugiar en nadie más.
Toda aquella inquietud sin embargo no tenía importancia ahora, no sabía porque, pero lo que unas semanas atrás la traía de cabeza, ahora allí en aquel preciso momento, carecía completamente de sentido.

Solo deseaba sentirse libre, sin la opresión de esas cadenas que tanto la agobiaban, quería ser como uno de esos peces que nadaban despreocupados bajo sus pies, sin pensar en el futuro, solo viviendo el presente.

En aquel preciso instante sus pensamientos cesaron, Susan cerró los ojos y dejó que todas las sensaciones de su alrededor invadieran los sentidos y le devolvieran la paz que ella tanto deseaba.