Vistas de página en total

sábado, 28 de septiembre de 2013

Esperanza

Cuando cerró la puerta y se puso en marcha a su nuevo destino, miró su móvil, era Sergio deseándole suerte.

¿Se podía ser más atento?

- Estoy muy nerviosa, solo espero dejar de lado mi timidez, y poder venderme bien.

- Ya verás como esta vez si tienes suerte.

- Y si no, pues nos veremos pronto, ese es el lado positivo, pensándolo bien, casi que prefiero que no me cojan.

- No seas tontita gambita, conocernos puede esperar un poco más. Piensa en tu futuro porque yo puedo desaparecer en cualquier momento, y que te vuelva a pasar otra vez lo mismo.

- No te preocupes, no volveré a cometer ese error ;)

- Así me gusta ¡Buena chica!

- Aprendo rápido.

- Eso es lo que más me gusta de tí, y lo mejor es que siempre tienes ganas de aprender jeje

-  Ya lo sabes.

- Cuéntame cuando salgas de la entrevista lo que te dice ¿vale?

- No te preocupes que tendrás noticias mías dentro de poco :) (No te libraras de mí tan fácilmente) jajaja

- ¡Esta niña! muak!! Mucha suerte gambita.

- Gracias.

Después de la despedida volvió a ponerse los auriculares y en ese momento sonó: "Color esperanza" de Diego torres, mientras no dejaba de caminar, la letra de su canción no paso desapercibida. Se quedo analizándola palabra por palabra, como si alguien le estuviera mandando un mensaje.
(Para Susan estaba claro que cada momento de su vida tenía una canción determinada, había gente que no lo entendía, cuando ella decía que le encantaba ponerle música a su vida, porque para ella su vida era como una película y simplemente el destino iba eligiendo en determinados momentos la banda sonora que la componía).

"Se que hay en tus ojos con solo mirar, que estas cansado de andar y de andar, y caminar, girando siempre en un lugar.
Se que las ventanas se pueden abrir, cambiar el aire depende de ti y ayudara. Vale la pena una vez más.
Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos a fuera. Pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón.
Es mejor perderse que nunca embarcar, mejor tentarse a dejar de intentar, aunque ya ves que no es tan fácil empezar.
¡Sé! Que lo imposible se puede lograr, que la tristeza algún día se ira. Y así sera, la vida cambia y cambiara.
Sentirás que el alma vuela, por cantar una vez más..."

Mientras estaba absorta escuchando las grandes verdades y el mensaje que trasmitía la canción una frase capto toda su atención.

"Vale más poder brillar que solo que solo buscar ver el sol".

En ese momento supo que lo conseguiría, que ella estaba allí por algún motivo y que en ese momento el mundo y su vida serían como ella quisiera.

Sacó de su bolsillo el papel donde ponía la dirección del local al que debía dirigirse. Alzó la vista y lo vio, comenzó a ralentizar el ritmo de sus pasos, notaba como su corazón se aceleraba a cada paso que daba. Se paro en seco antes de entrar en el local, inspiro profundamente y manteniendo la respiración puso un pie dentro. 

Cuando entró reconoció al instante a la muchacha rubia que le había recomendado aquel sitio, no recordaba su nombre, pero estaba convencida de que había sido para ella como un ángel que le había guiado el camino, había tratado muy bien a Susan y le indicó todas las cosas que necesitaba saber, sobre todo le aconsejo que no dejara de sonreirle, ya que su bonita sonrisa seguramente lo cautivaría.

 Se dirigió hacia ella, la saludo y le pregunto por el jefe, cuando le dijo que era el hombre que estaba sentado en la terraza del local. Dirigió su mirada hacía allí. Había dos hombres allí.

Uno de ellos era moreno, unos 56 años su pelo no tenía canas, seguramente se lo teñiría, llevaba gafas de sol, y era delgado, llevaba una camisa a rallas azul y blanca y unos pantalones chinos blancos, en su mano derecha tenía un puro. 

En ese momento Susan pensó que era un señorito, típico hombre que había tenido suerte en los negocios, que se habría casado un par de veces y probablemente ahora iría detrás de cualquier niñita que lo quisiera por su dinero.

El otro sin embargo, daba miedo, era de aspecto robusto, estaba claro por su enorme barriga que tenía un problema de peso, y aunque estaba sentado, se notaba que era un hombre alto, tenía el pelo canoso y unos ojos azules, que le recordaban a alguien. Estaba riéndose, y le transmitió un poco más de confianza que el otro. Su aspecto era más acorde al de un hombre de su edad, llevaba una camisa de cuadros rojos y unos pantalones color beige.
Al fijarse bien en su cara supo que esas facciones ya las había visto antes, el jueves pasado, cuando estuvo aquí para darles su curriculum, la muchacha rubia que la atendió, tenía su cara, probablemente sería de su familia. Aunque la forma de referirse a él cuando habló no se lo pareció. Más bien le había parecido la gerente.

- ¿Es el de la camisa roja de cuadros?

- Si, es él. ¡Acércate!

- Pero está hablando con ese hombre, sería d mala educación interrumpirles ¿No?

- Bueno no te preocupes, le diré que has venido.

Susan se quedo apoyada en la barra, mirando como hablaban sobre ella, y como aquel hombre se le quedaba mirando.

En ese momento la muchacha le hizo una señal con la mano para que se acercara, cuando se cruzaron por el camino ella le dijo al oído: ¡Suerte!

Susan le sonrió, esa sonrisa albergaba nerviosismo, pánico y un gracias implícito en ella.

Cuando llegó a la mesa saludo a los dos hombres y se presentó, entonces el que era el jefe le ofreció asiento y comenzó a interrogarla. Susan sabía que en ese momento su cara debía estar como la camisa de aquel hombre, pero estaba dispuesta a que los nervios no la traicionaran.

- Bueno Susana y cuéntame ¿Que quieres trabajar?

- ¡Por supuesto, a eso he venido!

- Se te ve decidida (los dos hombres comenzaron a reírse y Susan les enseño una agradable sonrisa)
y... Cuéntame, ¿Tienes edad para trabajar?

A Susan le pillo de sorpresa aquella pregunta, era cierto, que en entrevistas anteriores, le habían preguntado ¿Cuando comienzas el instituto? Porque pensaban que tenía unos 16 años, pero si aquel hombre le preguntaba eso, es que debería parecer aún más pequeña. Y eso que se había tomado la molestia de maquillarse.

Susan comenzó a reírse a carcajadas.

- Por curiosidad señor, ¿Que edad cree que tengo?

- Unos 14 años.

Susan puso cara de asombro.

- Pues no se como tomármelo, porque tengo unos 7 más.

- Ahora era el hombre el que estaba sorprendido.

- ¡Vaya! Pues te conservas muy bien.

- Gracias, supongo...

- ¿Has trabajado antes?

- Si.

- ¿Dónde? 

- Pues en Córdoba en...

El hombre la interrumpió.

- ¿Eres cordobesa?

- Si, ¿No se nota en mi acento?

- Por supuesto,  un acento así no pasa de desapercibido. Una de nuestras cocineras es sevillana, ya decía yo que eras muy guapa, ahora todo encaja.

Los dos hombres comenzaron a reír haciéndose bromas mutuamente y Susan empezó a sentirse incomoda, odiaba que le hicieran cumplidos.

- Bueno, vamos a lo importante, ¿Sábes hablar inglés?

- Pues la verdad, es que de inglés se lo que te enseñan en la escuela, para que mentirnos.

- Bueno por lo menos eres sincera, ¿Y crees que sabrás defenderte si te piden algo?

- Hombre eso creo que sí.

- ¿Y tienes ganas de trabajar?

- Por supuesto.

- Muy bien, pues te espero esta tarde a las 7. Te tendré una semana de prueba y si me gusta como trabajas ya acordaremos el sueldo, las propinas son aparte.

Susan se quedo atónita, ni en sus mejores sueños se podría haber imaginado que fuera a ser tan fácil.

- Y... ¿Como tengo que venir vestida?

- ¡Am! Ahora que Lola te de unas camisetas de nuestro bar.  Y el pantalón que sea negro.

- Muchas gracias. Esta tarde nos vemos.

- Se puntual.

La felicidad que mostraba la cara de Susana era notable, no podía ocultar su sonrisa, cuando le dieron la camiseta, lo primero que hizo fue hacerle una foto y enviársela a Sergio.

- Yogui lo he conseguido.

Acto seguido llamó a su madre y como era de esperar, no le cogió el teléfono, así que llamó a su abuela. Para comunicarle la buena noticia.

En ese momento Susan iba sin darse cuenta pegando saltos de alegría, y su voz al contarle la noticia a su abuela era un poco más alta de lo normal, no podía contener la ilusión, como si del mejor trabajo del mundo se tratase. 

Para ella era algo más que eso, era su billete hacía su futuro, por fin podría continuar su educación y ser algo más en esta vida, aunque sabía por experiencia que una carrera, no hacia más inteligente a nadie, pero al menos, la ayudaría a culturizarse más y a aprender cosas nuevas y lo más importante a demostrarle al mundo y sobre todo a su padre, que se equivocaban, y que ella si puede conseguirlo, y sin la ayuda de nadie.








No hay comentarios:

Publicar un comentario