La alarma de su despertador sonó, eran las 17:00 h, se puso el que a partir de ahora sería su uniforme, se peinó y maquilló para causar buena impresión en su primer día.
Y aunque faltaba una hora para comenzar su trabajo y tan solo se tardaban 30 minutos en llegar decidió salir con tiempo, para ir con tranquilidad.
Cuando iba andando abstraída escuchando su música, por la orilla del lago que rodeaba toda localidad. Empezó a oír a lo lejos el ruido que hacían los cascos de un caballo al entrar en contacto con el asfalto. Susan a cada paso que daba iba notando ese ruido más cerca de ella, no era de extrañar que hubiera carros de caballos, por aquellas zonas se estilaba mucho, como si de una constante feria se tratara. Siempre estaban llenos de turistas, que paseaban felices por aquellas calles, arrastrados por aquellos pobres caballos.
A Susan le parecía una crueldad, hacer que esos pobres animales cargaran durante horas con aquellos obesos turistas.
En ese momento Susan oyó los pasos justo al lado de ella se giró por curiosidad, en ese momento cayó en la cuenta de que esa cara le resultaba algo familiar.
- ¡Perdone señorita! ¿Le gustaría que la llevara a dar un paseo?
-No gracias tengo prisa... Tu cara me suena mucho. ¿Te conozco verdad?
- Quizás si piensas en mi con ropa de deporte refrescaras tu memoria, Susan.
A Susan se le refrescó la memoria al instante, era el muchacho de la playa, el cubano del otro día, en ese momento su cara enrojeció, no podía recordar su nombre, era tan mala para los nombres, que no sabía como lidiar aquella incómoda situación.
- Si te recuerdo, estabas sentado el otro día conmigo en la pasarela.
- Sabía que tendrías buena memoria, por lo que puedo apreciar del logo de tu camiseta has encontrado trabajo.
- Si, he tenido suerte.
- Se notaba que querías cambiar tu estrella, y me alegro de que lo hayas conseguido. Creo que conozco ese sitio ¿Te llevo?
- No e ofendas pero:
1- No me subo con desconocidos.
2- Considero una forma cruel de tratar a este pobre animalito.
- ¿A quién a mi Silver?
- Susan se detuvo en seco, ¿Que le has puesto el nombre del caballo del Llanero solitario?
- ¿Lo conoces?
- Por supuesto, no me consideraría una buena cinéfila si no lo conociera.
Ernesto se detuvo, bajo del carruaje y llamó a Susan.
- ¡Ven! Mira tócalo.
- Te lo agradezco, pero la verdad es que lo veo tan grande que me da un poco de reparo acercarme.
- No te preocupes, es muy dócil y esta acostumbrado a que lo toquen los "guiris".
Ernesto le tendió su mano, y Susan acerco la suya, en ese momento Ernesto agarró la mano de Susan y la puso sobre la cabeza de Silver, mientras le susurraba al oído: Silver, esta chica cree que te maltrato, ¿Verdad que eso no es cierto amigo?
Al escuchar esa frase Silver meneó la cabeza, a modo de negación, y Susan que estaba ensimismada acariciándolo, no se lo esperaba y se asustó, soltando un pequeño chillido.
Ernesto al ver su reacción comenzó a reír. ¿De que te has asustado?
- Muy gracioso cubanito. Por lo que veo estas acostumbrado a utilizar este truco.
- Silver, es más que un amigo para mí, créeme jamás le haría nada que lo perjudicara, se que no todo el mundo hace lo mismo con ellos, pero no todos somos iguales, al fin y al cabo en este mundo tiene que haber de todo.
Este es otro de los motivos por los que no puedo volver a casa, no me gustaría dejar solo a Silver, a Tornado y a mamá.
- Me gustan esos nombres, imagino que tornado será negro ¿No?
- Estás en lo cierto. Como podrás ver tengo más de uno para compensar la carga. Me gusta tener a mis pequeños bien cuidados, cuando los conocí créeme que la historia no era así.
- ¿Vas a convencerme de que eres buen samaritano?
Ernesto le dedico una sonrisa a Susan, y acortando la distancia entre los dos, se agacho hasta dejar su boca a la altura del oído de Susan y le susurro:
- A ti no te tengo que convencer de nada, como bien has dicho tu antes, solo soy un desconocido para ti, ¿Recuerdas?
El bello de la nuca de Susan comenzó a erizarse. Su voz... Susan se sintió tan incómoda, que comenzó a retroceder, para alejarse de su presencia, sin darse cuenta de que detrás de ella se encontraba el lago, cuando quiso darse cuenta, uno de sus pies, ya no estaba en contacto con el suelo, y justo cuando comenzaba a perder el equilibrio, Ernesto la agarró del brazo y tiró de ella con fuerza. Por inercia Susan cayó encima de su pecho y ambos acabaron en el suelo.
En esa fracción de segundo en la que había sucedido todo aquello Susan no había sido realmente consciente de la catástrofe que había estado apunto de ocurrir, y en su primer día.
Cuando abrió los ojos y vio que estaba tumbada en el suelo encima de aquel hombre tan atractivo, el pudor y los nervios se apoderaron de ella, y como ocurría siempre en esos casos. Susan comenzó a reírse con esa risa nerviosa y contagiosa que la hacía llorar.
La cara de Ernesto, hasta ese momento era de preocupación pero cuando la vio reírse de aquella manera se unió a ella, de manera que la parejita estaban tumbados en el suelo de la acera riéndose sin parar, ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor, Silver los miraba extrañado seguramente estaría pensando que era un par de tontos.
Susan se incorporó y con la ayuda de Ernesto se levantó.
- ¿Te has hecho daño Susan?
- No no te preocupes. ¡Creo que tu no puedes decir lo mismo!
- Por mí no te preocupes, estoy bien.
Susan agacho la cabeza y al ver que se había manchado los pantalones negros, comenzó a sacudírselos.
- Gracias, por no dejar que me cayera, habría sido...
- De nada, ha sido un acto reflejo, aunque la verdad es que no me habría molestado, verte mojadita y con tu ego por los suelos.
- ¿Perdona? ¿Y por culpa de quién habría sido? Créeme. antes de caer, te hubiera arrastrado conmigo.
- ¿Tú crees que podrías conmigo?
- Por supuesto ¿Qué te crees?
- ¡Aún estamos a tiempo de hacer la prueba!
Ernesto se abalanzó sobre Susan y la cargó sobre su hombro, pillando totalmente desprevenida a Susan.
- ¡No! ¡Por favor! ¡Suéltame, no quiero llegar tarde a mi primer día de trabajo!
- Bueno, en ese caso, seré bueno.
Y dejó caer con delicadeza a Susan de nuevo en el suelo. Cuando ella se sintió segura sobre el suelo, se lanzó hacia el para darle un tortazo en el brazo, a modo de castigo.
- ¡No vuelvas a hacer eso nunca más! ¿Me oyes? ¡Ah! ¡Y por si mi tono no lo ha dejado lo bastante claro, era una amenaza!
Ernesto comenzó a reírse.
- Era solamente una broma mujer, ya veo que tienes carácter. ¿A que hora entras a trabajar?
- A las 19:00h
Susan miró el reloj de su muñeca...
- ¡Mierda! Solo queda un cuarto de hora, no si al final con la tontería llegare tarde.
- No te preocupes mujer si quieres puedo llevarte.
usan se quedo mirando al pobre caballo, y al dilema moral que le suponía acceder a aquella oferta, pero al volver a mirar a su muñeca, no le quedo más remedio que acceder. Aún estaba muy lejos de su destino, quizás si fuera corriendo lo conseguiría, pero no quería llegar sudada.
- Esta bien, aceptare... ¡Pero solo por esta vez, que conste que mi opinión sigue siendo la misma!
Ernesto se subió al carro, cogió las riendas y le tendió la mano a Susan, y en el justo momento en que ella iba a agarrarle la mano, el se la quitó y la puso sobre su barbilla, a modo de pensador, diciendo:
- Aunque si no quieres...
- Vamos no seas tonto.
- ¿Ya te da igual montarte con un desconocido? Hay... Susan ¿Qué pensarían tus padres de ti si se enteraran?
- Que eres el hombre más afortunado del mundo, por el mero hecho de dejarte estar en ese carro conmigo.
- ¡MODESTIA BÁJATE QUE SUBE SUSAN!
- Mejor, así habrá más espacio para todos.
- ¿Tienes respuesta para todo?
- Eso intento, por favor ahora...
- Si venga, ¡Sube! De lo contrario no podría perdonármelo.
Una vez se subió al carro Susan sonrió para sí.
- ¿De que te ríes?
- No me estaba riendo, solo he sonreído al recordar algo.
- Bueno y ¿De que se trata?
- Menudo curioso que estás hecho. Me reía, porque de pequeña, siempre quise subir en uno de estos, veía a las parejas subidas aquí, y pensaba que era un gesto muy romántico y bonito, como muy de cuento de hadas.
- Pues como ha cambiado el cuento ¿No? ¿Cuándo decidió la princesita romper las cadenas y volverse una activista de la lucha animal?
- Exactamente no lo se, supongo que cuando entré en la asociación y fui consciente de lo cruel que era la gente con los más indefensos, y supongo que fue entonces cuando abrí los ojos.
- La gente es cruel por naturaleza, es nuestro instinto de supervivencia, el fuerte siempre quiere dominar al débil.
- Pero, ¿Bajo que precio?
- Ya yo te comprendo, a mis pequeños los acogí, en verdad no es que los comprará, simplemente, tenía unos ahorros y llevaba tres años aquí el trabajo me iba bien, y ganaba bastante, así que decidí buscar alguna casita acogedora, en las afueras, para evitar estar siempre rodeado de trafico y de el mundanal ruido. Y unas de las casas que vi fue donde estaban ellos tres, los pobres estaban caquexicos y deshidratados, la propiedad se la habían embargado al dueño, y el los había dejado allí a su suerte. La casa la verdad es que no era de mi agrado, era demasiado vieja, y necesitaba bastantes arreglos, pero tenía bastante terreno sin edificar, donde poder tener animales, y una vez que los vi, no pude cerrar los ojos y dejarlos allí. Durante un tiempo pensé en llamar a una protectora, e incluso lo intente, pero estaban todas colapsadas. Así que decidí quedármelos y dedicarles mi tiempo. Comencé ha arreglar la casa, con mis ahorros, les hice unas cuadras y para poder dedicarles más tiempo y estar con ellos, decidí cambiar de trabajo. Uno de los clientes para los que trabajábamos, se había dejado el carro en el taller y como no lo podía pagar. Le ofrecí una cantidad razonable a mi jefe, me saque la licencia, y aquí me tienes.
El veterinario me dijo que era importante que estos pequeños hicieran ejercicio, porque eran jóvenes y necesitaban quemar energías, así que lo vi claro.
- Vaya...
- No te lo esperabas ¡Eh!
- La verdad es que no.
- Ya te dije que yo si cuidaba de ellos.
- Ojalá hubiera más gente como tú.
- Y como tu también, ¡Oye! ¿Sabes a la hora que acabas?
- La verdad es que no.
- Si quieres puedo venir a recogerte, también tengo coche.
- La verdad te lo agradezco, pero ya he quedado con alguien.
- ¿Tu novio?
- ¡Oh no por dios! Si hubiera tenido agua bendita te la hubiera tirado al oír esa palabra. Un amigo.
- ¡Ah! Bueno, pues que tengas suerte, ya nos veremos.
Susan se bajo del carro y en ese momento como le llego la inspiración, Ernesto, se llamaba Ernesto.
- Muchas gracias Ernesto, si no llega a ser por ti y por ti, no habría llegado a tiempo.
El le guiño el ojo y con una grata sonrisa le dijo:
- Pensé que no te sabias mi nombre. Ha sido un placer, ojala todos los días tuviera pasajeras tan entretenidas como tú.
Susan le sonrió y se despidió de él, para entrar en el local y ponerse en marcha, el trabajo la esperaba.
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