Ese fin de semana lo paso con Ana y Edu, en verdad se lo había pasado bien, pero estar todo el día con ellos dos, no era lo que precisamente necesitaba, porque lo único que hacía con aquello era darse cuenta de lo que le faltaba a ella.
Habría dado cuanto tenía por haber estado allí con Sergio, para no sentirse tan sola, porque aunque físicamente no lo estuviera, su mente le decía todo lo contrario.
Acababa de separarse de la persona que la hacía sentirse así, y la otra persona que le hacía sentir mil y una cosa más se encontraba a tanta distancia en aquel momento, que solo le parecía una ilusión de su enajenada mente, que solo buscaba alguien por quien seguir ilusionándose día tras día.
No quería convertirse en una de aquellas mujeres que no era capaz de vivir sin un hombre, quería ser independiente y descubrir lo que significaba ser soltera, pero si sus amigas estaban emparejadas, aquello era un poco complicado.
Y si su corazón en ese instante estaba poniendo rumbo a Barcelona, era más complicado aún.
Cuando se despidió de Ana y de Edu y de nuevo se subió a su coche, noto como el respaldar del asiento le molestaba un poco, lo veía más alejado, pero no se atrevía a tocarlo por miedo a que su padre se diera cuenta de que había cogido su coche, así que tras despedirse una vez más de ellos, encendió la radio y emprendió su camino de vuelta a casa, habían sido unos días de vacaciones para desconectar de todo y de todos, despejar su mente y escuchar los consejos de su amiga.
Pero lamentablemente lo bueno dura poco y como el lunes tenía que continuar su trabajo y sus padres también volverían, no podía demorarse más allí.
Su destino la estaba esperando.
Por el camino iba pensando, en como se las arreglaría al año siguiente, para poder continuar sus estudios, un buen amigo de la familia, siempre le había hablado bien a Susan de Mallorca, y más de una vez, le había dicho que fuera a buscar trabajo allí, que si sabía defenderse con el inglés no tendría problema para encontrar trabajo, ya que ella tenía buena presencia.
Creo que me estoy volviendo loca definitivamente ¿Que voy a hacer ya en Mallorca? La temporada de verano se esta acabando ya, estamos a mediados de agosto, no tiene mucho sentido, pero por otra parte, aquí en este pueblo perdido de la mano de la madre naturaleza, ya he comprobado la oferta de empleo que se otorga a alguien como yo. Debo consultar esta idea para comprobar lo que opinan los demás, necesito un cambio de aires, estar sola por un tiempo, no me vendría nada mal.
Susan siguió con su monologo interior, hasta que llego a la puerta de su cochera, aparco el coche en las marcas que había preparado cuando se fue, dejo las llaves en el sitio donde las dejo su padre, y observo con orgullo su obra, era el crimen perfecto. Abrió el coche una vez más para cerciorarse que no se olvidaba nada dentro, y sin querer le pego un cabezazo al retrovisor.
- ¡MIERDA! ¿Y ahora esto como estaba? Ya decía yo que lo había echo demasiado bien.
Miró la aguja de la gasolina y le quedaba una rallita para estar exactamente donde la dejo su padre.
- Bueno, mañana madrugare, para ir a la gasolinera a rellenar ese hueco que le falta. Solo espero haber dejado el retrovisor tal y como estaba, aunque con los nervios...
Cuando entró a su casa su móvil comenzó a sonar, la estaba llamando un numero que ella no tenía guardado en su agenda.
- ¿Diga?
- Susan soy Marcos.
(Marcos era el mejor amigo de Hugo, era muy simpático pero demasiado camorrista para el gusto de Susan, siempre le andaba llenando la cabeza de pajaritos a Hugo, pero ambos se querían con locura, y a Susan le encantaba saber que al menos Hugo no estaba solo).
- Dime Marcos ¿Que pasa? ¿Le ha pasado algo a Hugo?
- No, no, es solo que estaba haciendo limpieza en su habitación y no quiere nada tuyo, ¿Estás en casa, para que pueda llevártelo?
- ¡Que fuerte! Dile que no quiero nada de eso, que yo se lo regale a él, así que es suyo.
- Ya se lo he dicho, pero me ha dicho que si no lo quieres que lo tire, y hombre la verdad es que la xbox me gustaría quedármela, pero el me lo prohíbe.
- Jajaja anda tráemelo.
- De acuerdo, dentro de unos minutos estaré allí.
Susan se puso a hablar por teléfono con Sergio, cuando Marcos le pito a Susan, señal para que saliera de su casa.
- Sergio ahora te llamo, que ha llegado la mercancía.
- De acuerdo enanita, que no te camelen.
- Descuida, solo quiero información sobre lo ocurrido.
Cuando Susan abrió la puerta Marcos estaba abriendo el maletero, que estaba lleno de cosas de Hugo.
- Vaya, tantos años dan para mucho ¡Eh! ¡No entiendo porque hace esto!
- Yo tampoco la verdad, pero dice que así se le hace más fácil olvidarte.
- No creo que por quitar del medio todos los peluches, cuadros y cosas que le regale me vaya a olvidar antes. Me parece una actitud muy inmadura por su parte y una falta de respeto hacía mi.
No tengo la necesidad de estar viendo esto, él lo hace mucho más complicado de lo que en realidad debería ser.
- Ya Susan, pero yo solo soy un mandado, el mensajero.
- Lo se, lo siento, no debo pagar mi frustración contigo.
Susan metió todos los enseres en su casa, mientras Marcos cerraba el maletero y se quedaba apoyado en su coche, en busca de respuestas. Susan odiaba esos momentos de silencio antes de que llegara el tercer grado.
- Y bien, ¿Que ha pasado Susan?
- Marcos, que la llama se apago, ya no es el chico del que me enamore, no hay más. No hay que buscar culpables en esta historia, porque ambos lo somos. Ni mártires porque imagino que cada uno tendremos nuestra parte de razón. ¿Cómo esta él?
- ¡Puff! ¿Cómo quieres que este? ¿Sabes lo que dice que se le hace más difícil de llevar?
- ¿Qué?
- Tener que acostarse y despertarse, sin ver que nadie le da las buenas noches ni los buenos días.
Susan suspiró y notó como su alma abandonaba su cuerpo, necesitaba ser fría y mantenerse firme, sabia de sobra que recuperar su libertad no iba a ser tarea fácil. Pero no se dejaría engañar una vez más, ahora ella sabía la mujer que quería ser. Y que una persona así no tenía un lugar a su lado, conocía de sobra a Hugo y sabía que lo más que serviría volver con él sería para que se comportara durante un mes como Susan quería y al mes siguiente volver a ser como siempre, y echarle en cara todo aquello. Y no estaba dispuesta a que eso volviera a pasar.
- ¿Y porqué no lo supo apreciar cuando lo tenía? ¿Porqué no me contestaba a los mensajes? ¿ O porqué no tomaba el ejemplo y hacía lo mismo que yo? Te lo diré, porque es más cómodo quedarse sentado viendo como los demás realizan todo el trabajo, mientras tu no te ensucias las manos, lo siento, pero yo no puedo más. Me da mucha pena que todo haya tenido que acaba así y que ahora te tengamos a ti, como descarga. Pero no hay nada que hacer. Él ha tenido muchos años para darme el lugar que me correspondía y no ha sido capaz de hacerlo. Siempre ha antepuesto su madre ante todo, pues bueno, ya ha ganado ella.
- La verdad es que su madre se pasa mucho. Y no se debería meter tanto.
- Y él le tenía que haber parado los pies. No todo es culpa de ella, ella al fin y al cabo es una madre y quiere lo mejor para su hijo como todas, pero si no le paras los pies, cada vez la situación va a ir a más, que es lo que ha acabado pasando. Y cuando le ves las orejas al lobo intentas arreglar todo lo ocurrido en estos años en dos semanas, pero ya es tarde.
- Ya yo te entiendo, lo que pasa que es muy duro que te dejen, y el es mi amigo. Yo sinceramente se que vais a volver.
- Tu me entiendes, porque hace relativamente poco que te paso a ti, y has tenido que pasar por todo esto. Te aseguro yo que no puede ser ahora Marcos, quien sabe si quizás dentro de unos años cuando él sea libre, si nuestros caminos se vuelven a cruzar, no te digo yo a ti que no, porque siempre le tendré un cariño especial, y solo le deseo que sea feliz.
- Él quiere lo mismo para ti Susan. Lo que pasa que le duele no poder ser él quien te haga feliz, se ha acostumbrado tanto a ti, que le es imposible pensar que puede continuar solo en el camino.
- Pobrecito, lo quiero mucho de verdad, pero ya es hora que se de cuenta que el también necesita ser libre, y hacer cosas por si mismo. Por favor Marcos, prometeme que si le pasa algo me lo contarás.
- El me ha dicho que no lo haga.
- Lo se de sobra. Pero si soy yo el motivo me gustaría saberlo. No quiero que haga ninguna locura.
- No te preocupes.
Se despidieron, y cuando Susan entró en su casa y vio todas aquellas bolsas, no quiso ni mirar su contenido, era increíble como tantos años cabían en apenas 4 bolsas.
Eso no se lo perdonaría nunca a Hugo, aquel gesto había estado muy feo por su parte, era una manera más de llamar la atención por su parte. Así que Susan que en ese momento estaba encolerizada, cogió su móvil y cuando fue a escribirle un mensaje para pagar su frustración con él. Se dio cuenta de que precisamente eso era lo que él quería poder tener una excusa para hablar con ella, aunque fuera por medio de discusiones. Así que fue muy precisa con sus palabras, par no dar lugar a malos entendidos.
- Ya tengo todos los recuerdos de los que tu te has desecho. No te preocupes que yo sabré apreciarlos. Ahora nada te apega a mi, así que por favor vive tu vida y se muy feliz.
- No podía entrar en mi habitación, todo me recordaba a ti y lo único que hacía era llorar, no me juzgues, por favor entiéndeme.
- No te preocupes, te entiendo y no te guardo rencor.
Hugo siguió escribiéndole mensajes pero Susan que aún seguía encolerizada decidió apagar el móvil e irse a dormir, había sido un día duro y mañana tenía que madrugar para ir a trabajar y no dejar huellas de su crimen.
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