Al cabo de dos semanas Susan ya era una empleada más, en ese tiempo, se había dando cuenta de la poca idea que tenía de idiomas, y se sentía tan torpe,que le daba vergüenza intentarlo, así que camuflaba su ignorancia bajo el saber de sus compañeros.
Ya era una más en aquel sitio del que estaba formando parte, el trabajo era duro y las jornadas de 13 h se hacían interminables, sobre todo porqué no tenía ningún día libre, pero su mente estaba fijada en un único objetivo.
El premio final que le permitiría el empujón que tanto necesitaba.
El jefe era una persona muy exigente y tenía cara de pocos amigos, cuando él entraba en el restaurante la acritud se palpaba en el ambiente. Los camareros se dejaban de hacer bromas entre ellos y trabajan bajo la tensión de su minuciosa mirada, no era sencillo aguantarlo pero por suerte para Susan, con ella hasta el momento había sido cordial.
Sin embargo, este horario no le permitía hablar apenas con Sergio, el horario de llamadas de ambos era restringido, y las horas en las que podían hablar, lo que le apetecía a ambos era poder dormir, más que otra cosa.
La relación entre ambos cada vez se iba enfriando más y más Susan lo notaba, y sabía de sobra, que de seguir así no llegarían a ninguna parte, por lo que día tras día, se iba autoconvenciendo de que aquella relación era una locura, que no tenía ni pies ni cabeza y no acabaría bien.
Intentaba comportarse como Sergio y ser más distante pero le costaba mucho trabajo lograrlo.
No podía comportarse de manera indiferente cuando veía unos de sus mensajes, y aunque el hubiera pasado horas sin contestarle ella sentía la necesidad de hacerlo al instante.
Las conversaciones cada vez eran más trascendentales, ya no se palpaba esa afinidad que los caracterizaba y los hacía especiales.
Ahora simplemente era una conversación más con un amigo al que te has acostumbrado a tener.
Al sentir aquello Susan se fue escudando cada vez más en Ernesto, el chico era amable, guapo, compartía sus gustos por el cine, la música y los animales. Cuando le dijo que su padre era veterinario en su país se la gano por completo. Pero aún así aunque quedara con el porque no tenía a nadie más en aquel lugar y se sintiera sola. Su corazón seguía pensando en Sergio.
Fueron muchas las mañanas y las noches que pasó junto a Ernesto, el la hacía sentirse cómoda y eso le encantaba, él le había hablado de su ex y ella le hablaba de Sergio. Susan sabía que aquello no estaba bien, que Ernesto no la miraba de la misma manera que ella a él.
Pero prefería mantenerse en silencio y seguir teniendo su compañía.
Fue entonces cuando comenzó a hablar más con él y a sentir algo diferente. Incluso a pensar que lo de Sergio había sido un mero capricho. Al fin y al cabo le había pedido infinidad de veces que fuera a verla, y él aún no se había dignado a contestarle, siempre le pedía tiempo. Le decía que estaba muy ocupado con su trabajo, e incluso la ilusionaba con la idea de que cuando ella volviera a Andalucía y tuviera piso, le haría entonces la visita y recorrerían así juntos la comunidad autónoma, ya que él nunca había estado allí.
Mensajes muy ilusionadores que poco a poco fueron haciendo trizas el corazón de Susan, no entendía porqué una persona que hasta la fecha había sido tan sincera con ella, y a la que creía una de las más importantes de su vida. Ahora se comportaba de aquella manera con ella ¿Qué había cambiado?
Se había dado cuenta de que ella no era más que una pobre niña tonta con pájaros en la cabeza y que jamás llegaría a ninguna parte con ella.
Era lo que creía Susan y la cabreaba de sobremanera tener que andarse con conjeturas y pararse a analizar sus frases. Porqué para ella toda la edad que demostraba su d.n.i estaba dejando mucho que desear en su manera de comportarse.
¿Era mucho pedir que tan solo le diera una explicación?
Ella sólo quería saber que era lo que había cambiado.
Y le reprochaba falta de valentía por su parte no coger un avión e ir a verla, porque era tan solo una hora lo que los separaba.
Si tanta curiosidad tuviera por verla como decía habría prescindido de tantas excusas y habría dado el paso.
Pero viendo que el milagro no se producía Susan se armó de valor y habló con él. Aún en su mente estaba presente la última conversación telefónica que ambos habían mantenido la semana anterior, era una de esas típicas conversaciones, que la persona que estuviera al lado de Susan y la oyera pensaría que no estaba en sus cabales. Pero ambos disfrutaban hablando y especulando sobre cual podría ser el origen del universo y del ser humano y les daba igual lo que pensarán los demás, porque a ellos les encantaba estar locos.
Cuando cogió el teléfono escribió una frase clara y concisa:
- " Esto no puede ser".
Sergio, el eterno ausente que tardaba una media de una hora para contestar a sus mensajes, respondió al instante.
-¿Qué ocurre?
- Lo sabes tan bien como yo, por favor no juegues conmigo. Sabes que no vamos a llegar a más que entre nosotros nunca va a haber nada que no sea... Esta relación a través de una pantalla.
-La verdad, es que esto se me esta haciendo grande.
-Lo se, y lo que me jode es que no me lo digas. Que lo tenga que adivinar yo por tu actitud. Creo que es mejor que seamos amigos y ya esta, que nos hablemos cuando nos apetezca y que no existan rencores, ni obligaciones entre nosotros.
-Lo siento enana, yo no quiero hacerte daño pero...
- Es lo que hay, en cierto modo me lo esperaba. No podía esperar otra cosa de una persona que no ha tenido nunca novia, aprecias tu libertad y yo lo respeto.
Tu elección a sido esa y yo estoy de acuerdo, simplemente no me haces daño porque ya me la esperaba, tenía hecho el cuerpo, no te preocupes.
- ya sabes que para lo que quieras estaré aquí.
- Yo también, adiós.
Y Susan apagó el móvil sin querer leer su despedida, le parecía demasiado triste e injusta, en ese momento lo odiaba tanto, por ser tan cobarde y por no querer apostar por ella. Que al llegar al trabajo comenzó a comer de manera indiscriminada.
Cuando acabo la jornada y se comió su cena seguía teniendo hambre y seguía comiendo, la ansiedad se apoderó por completo de ella, no quería llorar.
Sólo quería un buen dulce de chocolate en el que poder ahogar sus penas. Sin pensar en nada ni en nadie más.
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