¡Mírame! Soy yo la que va al volante de ese polo de color gris, parada delante del semáforo esperando a que cambie de color, mientras me quedo pendiente en un punto fijo, y en ese momento pasa por delante mía una niña pequeña de unos 5 años, su pelo es de color castaño y esta cortado a media melena, y se mece a cada paso que da la pequeña, igual que su vestido de tirantes rosa, su cara luce una sonrisa tan bonita que me da envidia no poder sentirme así en este momento, de repente se queda mirando a mi coche, tiene unos ojos verdes tan cándidos e inocentes, que cuesta pensar que dentro de unos años no ira de la mano del que parece ser su padre. Preferirá otras compañías y ojala que consiga ser igual de feliz.
A menudo me gusta divagar, quedarme mirando a alguien y pensar en como será su vida, y como si de un personaje de algún libro o una extraña y absurda película se tratara, imagino como es su vida, basándome en su ropa, sus gestos y la expresión de su rostro. Por lo general sus vidas siempre son más felices que la mía.
Imagino que si un psicoanalista quisiera analizarme diría que es porque envidiamos aquello que no tenemos, y también porque en estos días en los que me encuentro melancólica, es el único consuelo que me queda, si yo no puedo ser feliz, que al menos alguien lo sea.
Me encantaría poder chasquear los dedos y cambiar de vida en este instante, pero luego pienso, que creo que es mejor que las cosas sigan tal y como están, más vale malo conocido...
Y al fin y al cabo nadie sabe lo que se esconde tras la vida de otra persona, solo son suposiciones y conjeturas, soy la típica persona que le encanta crear castillos en el aire, y perderse en sus pensamientos, al menos ahí me siento cómoda y se cual es mi lugar.
El semáforo se pone en verde, piso el acelerador y salgo de allí, hoy no tengo rumbo, solo quiero que la carretera me guié, hasta el punto donde posiblemente se me acabe la gasolina.
No es posible que me estén pasando tantas cosas en un período tan corto de tiempo, una lagrima corre por mi mejilla, y su humedad me incomoda, me deshago de ella como si fuera un clinex usado y subo el volumen de la radio.
Voy por la carretera y estoy rodeada de mar, no se donde estoy, solo se que estoy lejos de casa, y probablemente me encuentre en un camino del cual no sepa volver.
¿Cuál es mi sitio en el mundo?
En ese momento veo un faro a lo lejos, y la belleza del paisaje me hace detenerme, en este preciso momento es aquí donde quiero estar, no me preguntes porqué, solo se que lo se.
La playa no es como las que estoy acostumbrada a frecuentar, es de piedras, y ahora entiendo que las chanclas que llevo no son las más adecuadas para ese lugar, aquí parece que el tiempo se detiene, unas pequeñas barcazas están paradas cerca de la orilla, el sol brilla incesante sobre ellas, haciendo de este un paisaje tan idílico, digno de ser plasmado en un lienzo.
En esta pequeña cala hay muy poca gente y todos hablan un idioma extraño para mi, por su parecido al francés, deduzco que es mallorquín, por lo que este sitio no suele ser frecuentado por muchos turistas, por eso mantiene su belleza tan intacta.
Continuo mi camino hacia la izquierda, y lo veo, el motivo por el que me he detenido en este lugar y no en otro.
Es algo tan increíble, que lo que siento en este momento al ponerme sobre la pasarela es inexplicable; melancolía, nostalgia, felicidad, anhelo, libertad... tantas cosas. Que tengo que determe ahí en esa pequeña pasarela que antes conducía hacía ese pequeño islote donde esta el faro, imagino que el paso del tiempo y el oleaje la habrán destruido, supongo que es como la vida de una persona, solo se mantienen en pie, los que son fuertes y tienen ganas de seguir luchando, como este trozo de piedra en el que estoy sentada.
Este paisaje me recuerda a la portada del libro de Federico Moccia, " Perdona si te llamo amor".
Supongo que ese ha sido el motivo por el que he decidido quedarme aquí, una vez más la fuerza del amor es la que me hace detenerme.
Y me pregunto si a mi alguna vez me pasara eso, pero sin llegar a la necesidad de considerar que la persona con la que quieres compartir tu vida es una más de tus posesiones, simplemente alguien que te hace feliz y con quien quieres compartir esta sensación de libertad.
¿Porqué estoy así? Quién sabe... Lo único que se yo, es que hoy mi madre me ha dado la noticia de que mi abuela, de la cual no me despedí, mientras le estaba dando de comer a sus gallinas ha sufrido un accidente cerebro vascular, ahora mismo esta en coma. Los médicos les han informado de que ya no hay solución, y que en cuestión de horas su vida desaparecerá...
Esto me ha hecho plantearme, lo que imagino que todas las personas que están en mi lugar se plantean, lo rápido que cambian las cosas, y lo poco que podemos hacer para evitarlas.
Mi lugar ahora mismo sería al lado de mi familia y no sola aquí en medio de la nada, sin nadie en quien apoyarme, sin un hombro que me consuele, y esa maldita culpa rondándome la cabeza.
Hubiera cogido un vuelo esa misma tarde, pero el dinero no me lo permite, por desgracia estamos en temporada alta, y mañana tengo una entrevista de trabajo, y tal y como me han dicho mis tíos y mi padre, allí tengo poco que hacer.
En estos momentos echo tanto de menos a Hugo, él era el que sabía consolarme como nadie, uno de sus cálidos abrazos, me hacía sentirme la mujer más querida del mundo, olvidando todos los problemas, y creyendo que allí entre sus brazos nada malo podía pasarme.
Y sin embargo, ahora estoy completamente sola, sin nada ni nadie, me vine persiguiendo una estrella fugaz... Y esa estrella poco a poco va desapareciendo.
Me abrazo a mis rodillas mientras dejo que la húmeda brisa arremoline mi pelo, en este momento me da igual todo. Y rompo desconsolada a llorar.
Ese pensamiento que me atormento cuando iba de camino al aeropuerto se ha hecho realidad ya ahora jamás podré despedirme de ella.
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