El día había llegado, cogió su maleta de mano, se subió al coche y puso rumbo a Sevilla. Dentro de una hora llegaría al aeropuerto, su avión salia a las 18:00h y ya estaba impaciente, tenía esa horrible sensación de que se le olvidaba algo, revisó una vez más su maleta y su bolso... Todo parecía en orden.
Cuando llevaba media hora de camino se acordó de que con el ajetreo se había olvidado despedirse de su abuela Julia.
Solo espero que no le pase nada en mi ausencia, ¿Te imaginas que ya no me pueda despedir de ella?- Pensó Susan.- ¡Por dios! Que cosas más macabras me da por pensar, la abuela es mayor, pero a parte de su problema con el azúcar no tiene nada más.
Susan pasó el resto del camino observando el paisaje que aparecía por la ventanilla, mientras sus padres sacaban diversos temas de debate, ella llevaba el pensamiento fijado en una persona, en esa persona que la hacia despertarse cada día con una sonrisa, y que le ponía nombre a sus canciones. Estaba a un paso de saber lo que el destino estaba preparando para ella.
Pero por supuesto lo que más le preocupaba en ese momento era saber como se las iba a apañar para desenvolverse y encontrar el trabajo que tanto necesitaba, para cambiar su vida por completo.
Cuando llegaron al aeropuerto Susan avisto la preocupación en el rostro de su padre, se acerco a él e hizo algo muy inusual en ella. Le dio un abrazo y le dijo:
- Se que estás preocupado por mi, y se de sobra que no confías en que pueda conseguirlo, pero ten fe en mi, es lo único que te pido, lo inútil sería no intentarlo. Al menos no me rindo, ¿No puedes valorar eso?
- Me da miedo que ahora que has dado un cambio tan drástico a tu vida, quieras probar sensaciones nuevas y te de por...
- ¡Papa no e preocupes, te prometo que no voy a drogarme si eso todo lo que te preocupa! ¿Cuando me has visto a mi hacer algo como los demás?
- Eso es cierto, tu tienes tu propio mundo, y confío en que sepas lo que es bueno para ti, yo se que no se expresarte mi cariño como a ti te gustaría, pero tampoco se hacer las cosas de otra forma, eso no implica que no me preocupe por ti.
- Lo se, al fin y al cabo eres mi padre, y aunque a veces me hayas dicho cosas horribles, se que en el fondo de tu corazoncito me tienes algo de cariño.
Susan miró a su madre que le estaba sonriendo con lagrimas en los ojos.
- ¡Por dios mama! ¡Que no me voy a ir a otro país! Tan solo estoy a una hora y pico de distancia, no es para ponerse así.
- Si pero con un gran charco de por medio.
- Anda que no estáis los dos raros... Nunca os había visto así.
Y los tres comenzaron a reírse, Susan miró una vez más la pantalla que le indicaba su puerta de embarque, se despidió de sus padres, cogió la maleta y billete en mano desapareció en aquel laberinto. Nunca había estado en aquella situación sola, pero si algo sabia con seguridad era que preguntando se llega a Roma, sin embargo optó por la opción de seguir a las masas.
Tras una hora de espera en aquella sala, las azafatas les informaron que tendrían que andar un poco hasta la pista donde se encontraba el avión. Y a las 17:00 p.m todas las personas que había en aquella sala que tuvieron que salir al calor de la tarde sevillana en pleno agosto, a Susan todo aquello le resultaba gracioso, aunque iba quejándose como el resto de los pasajeros, ver a las azafatas guiándolos como si se trataran d párbulos le resultaba bastante cómico.
Cuando al fin puso un pie en las escaleras que conducían hasta la puerta de entrada al avión no lo podía creer, se estaba emocionando, era la tercera vez en su vida que se subía a un avión, y de las dos primeras apenas se acordaba, porque hacía tanto tiempo, que sus recuerdos la habían abandonado, cuando le enseño el billete al desgarbado azafato, tomo por fin su asiento al lado de la ventanilla. No quería perderse ni un detalle, era una experiencia tan excitante, que la adrenalina que en ese momento recorría el cuerpo de Susan le pedía dar saltos, pero la estaba reprimiendo por no montar el espectáculo en el sitio que se encontraban. Se despidió de Sergio antes de apagar el teléfono, el pobre tenía que tener una paciencia increíble, ya que Susan no había dejado de enseñarle foto por foto en el sitio que se encontraba.
Cuando el avión comenzó a moverse y Susan vio como se separaba del suelo, poso a poco se iban acercando cada vez más a las nubes, una lágrima surco su mejilla, dio un gran suspiro y pensó a esto tiene que saber la libertad. Por primera vez en su vida estaba llorando de felicidad. Cuando se quito la pequeña lagrima de la mejilla con su dedo índice, se quedo observándola, como cuando un niño mira algo por primera vez, y sonrió.
La mujer que estaba a su lado la miraba con un gesto raro, seguramente que pensara que Susan estaba loca, o que en aquel momento había superado su miedo a volar.
Pero lo cierto es que Susan había superado un miedo aún mayor, ya no tenía miedo a quedarse sola, ahora estaba sintiendo lo que era ser libre, y aunque apenas había comenzado su viaje. Sabía que la ayudaría a superarse como persona y a ser alguien mejor, de esta manera estaría un paso más cerca de la persona en la que se quería convertir en un futuro.
Pasó el resto del viaje escuchando música y memorizando cada uno de los paisajes que atisbaba con cada sonido que escuchaba, para que jamás pudiera olvidarse de aquel precioso momento.
Era curioso pensar que para lo que algunos era un mero viaje hacia sus vacaciones, una reunión de negocios o tal vez cualquier otra cosa para ella era una puerta hacía otro mundo, un mundo que le demostraría como era realmente ella misma.
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