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sábado, 28 de septiembre de 2013

tu presencia es lo que falta

Mi móvil comienza a vibrar y hace que deje de llorar, miro la pantalla y es Sergio, me encanta hablar con él como bien sabréis, y creedme me consuela, pero en este momento el afecto que necesito, más que de palabras es de calor, necesito un abrazo.

Cuelgo su llamada y reviso mis mensajes, me parece increíble que Hugo, no de señales de vidas, hace apenas una semana no me dejaba en paz, pidiéndome que volviera, diciéndome que volviéramos a hablar, y que irme a Mallorca había sido una locura pero que me entendía.

Y ahora el muy miserable no es capaz de decirme nada, no me esperaba esto de él, porque es en este momento cuando lo necesito, y él lo sabe.  Si tanto como presume que me conoce, sabrá como me siento, y que todo lo que necesito en este momento, solo puede dármelo él.

En ese momento fui consciente de que lo nuestro había muerto por completo, porque jamás podría perdonarle que me dejara sola, hasta ese instante, había albergado la esperanza de que fuera a buscarme, y por mucho que quisiera a Sergio, si el hubiera venido a buscarme, sabía de sobra que es porque el era el hombre de mi vida, no hay más muestra de amor, que crucen el mar para buscarte.

Pero como siempre, esas cosas solo pasan en las películas, y el por mucho que quiera, no depende de lo que su mente quiera, si no de lo que su madre le deje hacer.

Así que sera mejor así.

Respire hondo buscando mi serenidad, puse mi cara sobre mis piernas y me agarre con fuerza mis cabellos, ahora húmedos por esa brisa marina. Y acepte la realidad. Era Sergio el que estaba ahí, en el que en este momento se estaba preocupando por mí.

Así que cogí de nuevo el teléfono y marque su número.

-¡Enana! Me tienes preocupado, ¿Estás bien? Lo último que supe de ti es que ibas a coger el coche para perderte y ya no has dado más señales de vida y han pasado 5 horas.

En ese momento Susan dejó de oír la voz de su monologo interior, y afronto lo que era la cruda realidad, y aunque no le apetecía hablar con nadie que no fuera ella misma, sabía que Sergio se merecía una explicación. Y su voz, le devolvió su calma y la fortaleza para continuar articulando palabras.

- Hola Sergio, no te preocupes Sergio estoy bien.

- ¿Dónde estás?

- No lo se, en un lugar hermoso, pero la verdad es que me gustaría que pudieras estar aquí conmigo, para disfrutar los dos de esta belleza.

- ¡Oh! Pequeña necesitan un abrazo, siento tanto no poder estar ahí para dártelo.

- Mi pequeño yogui en el fondo tiene su corazoncito.

- Pues claro tontita, ¿Acaso no lo sabes?

- Algo me han dicho...

- ¿Que voy a hacer contigo?

- No lo se, lo único que se, es que necesito tenerte cerca, quiero que vengas a verme, y si tu no puedes, lo haré yo. Ya estoy cansada de esta insoportable distancia. Es la hora de tomar decisiones, así que si mañana no consigo el trabajo, que es lo más probable, teniendo en cuenta la cantidad de personas que e han dicho que en estas fechas es imposible. Y dado mi escaso conocimiento del inglés, me queda poca fe a la que agarrarme. Así que si no lo consigo la semana que viene me saco un billete y voy a verte.

- No se que decirte, me encanta que seas ta decidida.

- En esta vida hay que tomar decisiones, unas veces son acertadas, y otras veces, bueno, digamos que se pueden mejorar.

- ¿Porqué motivo no vivirás más cerca?

- Porque si viviera más cerca no sería tan dramático, y no se consideraría una historia digna de ser contada en un buen libro.

- Algún día estoy seguro de que lo escribirás.

- Eso espero.

- Yo espero ser el protagonista.

- Eso no lo tengo tan claro.

- ¿A no?

- Bueno, ya se vera, depende de como de portes.

- Estás recuperando el humor, eso es buena señal.

- Estoy viendo el atardecer en un sitio increíble, y sabes lo que se me pasa por la cabeza...

-¿Qué?

- Que dentro de unos años, cuando realmente estemos juntos, volvamos a este preciso lugar, a ver el atardecer, y cuando ambos estemos sentados contemplando la puesta de sol, me dejes apoyar mi cabeza en tu hombro.

- Eres increíblemente romántica, por mucho que te guste hacerte la dura.

- Sera porque te quiero.

En ese momento se hizo el silencio, durante unos segundos, hasta que...

- Gambita, en este momento no puedes ni imaginarte las ganas que tengo de besarte.




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