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martes, 3 de septiembre de 2013

Lo que se esconde en lo que no puedes ver

Cuando se levantó de la siesta, se notaba muy cansada, es verdad que últimamente estaba cansada a todas horas, desde que conoció a Sergio salia todas las tardes a correr, y sin darse cuenta ese año había bajado considerablemente de peso, la talla 34 comenzaba a quedarle ancha,y ella era una chica de curvas, pero se miraba al espejo,y Susan solo veía una antiestética barriga.

- No entiendo como le puedo gustar a Sergio, el es demasiado hombre para mi y yo, ni siquiera puedo perder esta maldita barriga.

- Susan.

- ¿Qué mama?

- ¿Tú has comido hoy?

- Sí comí antes...

- Vale.

Lo cierto era que esa mañana no había desayunado, ni comido a media mañana, porque estuvo hablando con Sergio y cuando llego la hora del almuerzo con el disgusto, se subió sin comer, eran las 6 de la tarde, y su cuerpo aún no daba señales d hambre y llevaba sin comer desde la tarde anterior. Bajó a la cocina y cogió un yogurt, se sentía un poco mareada, pero ya estaba acostumbrada, le solía pasar cuando se levantaba bruscamente de la cama, se apoyaba en algún sitio y se le pasaba.

Esa tarde tenía mucho que hacer,tenía que ir a Córdoba, Susan era socia junto con su amiga Carmen en una asociación de animales, a menudo daban acogida a perros y gatos abandonados y junto a las compañeros de la asociación se encargaban de buscarles un nuevo hogar donde los quisieran, el problema de Susan era que como a sus padres no les gustaban los animales, llevarlos a casa era una pelea constante, pero su conciencia no la dejaba tranquila si los veía solos en la calle, por lo que había desarrollado técnicas a lo largo de los años para que dejaran quedarse a los pobres animalitos durante un tiempo.

Al principio, optaba por introducirlos en su casa a escondidas, y dejarlos en la planta de arriba. Esa técnica le funcionó durante un tiempo, hasta que un día Susan se tuvo que ir a trabajar, se le olvido que el perro que tenía estaba en la parte de arriba y cuando volvió a casa su madre lo había dejado en la calle, porque se había comido unos zapatos suyos. Por suerte Susan lo encontró y como no la dejaban pasar, pasó una noche junto al animal en la puerta de su casa, hasta que por la madrugada su madre se apiado de ella y la dejó entrar.
Así que descubrió que a su madre ya la tenía convencida así y como su padre nunca se enteraba de nada. No había problema alguno.

De esa manera Susan había encontrado una manera de autorealizarse, y en especial se había volcado en bastantes programas de colaboración en ese último año para sentirse más útil. Y darle un poco de sentido a su vida.

- Mama llévame a la estación de tren que tengo que ir a Córdoba esta tarde que he quedado con una amiga, para ayudarla con la asociación de animales, que han llegado nuevos perros a la casa de acogida y ella sola no puede llevarlos al veterinario.

- Vale.

Cuando Susan se subió al tren se notaba algo ansiosa, y con un cuerpo extraño, siempre se ponía nerviosa cuando tenía que estar con sus animales. Porque les cogía mucho cariño, y era muy gratificante ver como ellos también se lo cogían a ella.

Cuando llego a la estación y vio a Carmen se abrazó a ella.

- Dios Carmen cuanto tiempo.

Susan conoció a Carmen cuando estudiaba en Córdoba, durante el segundo año de su ciclo, Carmen había sido la que se sentaba a su lado, y habían pasado tantas horas juntas, que tenían mucha complicidad. Carmen, había seguido estudiando veterinaria, y Susan la envidiaba mucho, porque en su interior sabía que es era la carrera de sus sueños por excelencia, pero como la nota que exigían esos últimos años era bastante elevada. Sabía muy bien que no podría ser posible, y el sueño tendría que esperar.

- Susan cariño, ¡Te estas quedando en los huesos!

- Anda ya tonta, si tengo una barriga.

- ¿Que dices pava? Anda, anda.

- ¿Que tal están los peques?

- Pues en el albergue a la espera de que vayamos.

- ¿Vamos en tu coche?

- Si, claro.

Se subieron al coche y cuando llegaron al albergue, Sara les estaba esperando, ella era la encargada del recinto, se encargaba de seguir el registro de actividad de los animales y asignarle una tarea a cada voluntario, Susan y Carmen comenzaron a meter a los 4 perros en sus respectivos transportines, y pusieron rumbo al veterinario.

Llegaron a la clínica de la veterinaria que se encargaba de llevarle los casos a la asociación, y el primer elegido para la vacuna fue Budy, era uno de los perros que se había encontrado Susan, el pobre estaba junto a tres de sus hermanos, uno de ellos ya muerto, enterrados en un agujero que estaba tapado por una tabla, cuando Susan escucho el llanto de los pobres no dudo en buscarlos, cuando se encontró con aquella sorpresa, no dudo en ayudarlos. Y en comunicárselo a sus compañeros. El pobre apenas tenía un mes de vida, era un cruce de perro salchicha con chucho, pero era todo alegría y Susan sabía de sobra que aquel pequeño glotón no olvidaría lo que ella hizo aquel día por él, porque cada vez que él la veía se deshacía moviendo la cola, para que ella pudiera ver lo contento que estaba de su visita.

Al subirlo en la mesa para examinarlo Susan sintió que sus fuerzas comenzaban a flaquear. Pero no quiso comentarle nada a Carmen porque pensó que se le pasaría, como pasaba siempre. Pero de pronto cuando la veterinaria estaba poniéndole la vacuna y Susan y Carmen sujetaban a Budy, Susan cerró los ojos, y lo último que oyó antes de caer desplomada sobre la mesa fue a Carmen decir:

- ¡Se esta desmayando!

Unos minutos después Susan abrió los ojos y solo veía puntos negros, estaba tumbada en el suelo de la consulta, con los pies para arriba, y su amiga Carmen le había traído una Coca cola, sabía que era ella por su voz. Porque aún seguía sin ver nada más que manchas.

- ¡Vaya susto me has pegado Susan!

- ¿Es que acaso te da miedo la sangre? - Preguntó la veterinaria.

- Que va, si yo me voy a ser sanitaria, la verdad es que no se que me ha pasado. Creo que me estoy quedando ciega.

A medida que bebía más Coca cola, veía con un poco de más nitidez.

- ¡Anda ya! Habrá sido un bajón de azúcar ¿Se te esta pasando con la Coca cola?

- Si un poco.

Susan se giró y pudo ver entre puntos negros como la veterinaria tenía la cara descompuesta, y Carmen no podía parar de reír.

- Vaya ayuda me he buscado yo...

- No te metas conmigo ¡mala!

- Anda que ya veras que como cuando salgamos de aquí nos estamos riendo de esto. ¿No quieres comer nada?

- No me apetece gracias.

Cuando Susan recuperó fuerzas y acabaron de vacunar a los animales. Carmen la miro muy seria.

- Ahora te voy a hacer una pregunta, y por tu bien espero que seas sincera conmigo.

- Vale.

- ¿Desde cuando no comes?

- Pues no lo se...

- ¿Cómo es posible que no lo sepas?

- Hay no se no me agobies llevo unos días muy ajetreados. Esta tarde me he comido un yogurt.

- Susan, ¿Tienes algún tipo de problema con la comida?

- No se Carmen, pero últimamente no tengo nunca hambre, y como solo me hago algo para comer cuando me entra hambre...

- Me tienes preocupada Susan, has perdido demasiado peso, y tu eres una chica alta, pero por dios ¡Mírate! Si da pena verte, ¿Tu madre no dice nada al respecto? Se que suena fuerte, pero para mi que te estas volviendo anoréxica.

- ¿Que dices loca? Si yo como hasta dulces y todo eso...

- Pero quizás el día que comes un dulce no comes nada más en todo el día ¿Me equivoco?

- Si, yo no soy anoréxica, si que es verdad que cuando me he agobiado mucho por mi peso alguna vez que otra, he vomitado... Pero eso no lo tengo por costumbre porque se que es malo, y yo no quiero ser una enferma.

- Ven, vamos a este bar, y de aquí no me pienso mover hasta que te vea comer algo, lo único que me hace falta es que te desmayes en el tren, y aparezcas en Cádiz.

- No tiene gracia.

- ¿Acaso tu estas viendo que yo me ría?

- Vale ya como, pero no me riñas.

- Prométeme que vas a hacer al menos 3 comidas diarias, quiero ver una foto de cada una de ellas, ¿Me has entendido?

- Si mami, ¿En serio te preocupo tanto?

- Si, da miedo verte, no entiendo como tu familia no se da cuenta.

- No se, son todos muy pasotas.

- Pues ese tema no es para pasar de él, ¡Susan escúchame!, se de sobra que ahora tienes muchos problemas, pero no te escudes en el físico, eso es solo algo efímero, tu salud es lo primero.
Si alguien te ha de querer, te querrá igual con barriga que sin ella. Se que esta sociedad nos vende un prototipo de mujer, pero créeme, tu eres tan bella por dentro como por fuera, así que no te obsesiones, y no dejes que tus problemas puedan contigo. Recupera ese apetito y comete el mundo.

Cuando iba de camino a casa, Susan iba pensando en lo que le había dicho su amiga ¿Tendría razón su amiga? Estaría entrando en aquel estado de anoréxia, y si era así, ¿Cómo era posible que ella no se viera tan delgada? Había estudiado miles de veces ese tema, e incluso había hecho trabajos sobre ello, porque la bulimia y la anorexía eran las enfermedades por excelencia del siglo XXI, y ella por tener esos conocimientos, se creía inmune, pero por desgracia, la mente es un arma poderosa, que en manos de un niño, puede causar estragos.








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