Por el momento todo parecía perfecto, Susan se había encargado de llevarse refrescos y frutos secos por si le entraba hambre o se cansaba de conducir. No habían pasado ni 40 minutos cuando su móvil comenzó a sonar, al tener activo el gps, necesitaba tenerlo en volumen, y el sonido de los whatsapp la ponían de los nervios, no se atrevía a mirar el móvil, porqué no se veía aún tan diestra como para que esa distracción no le supusiera ningún problema. Pero como el ruido la estaba sacando de quicio, cogió el móvil para ver de quien se trataba.
Para su sorpresa era Hugo, no esperaba tener señales de vida de él hasta que no pasara una semana, pero por lo que parecía, esta vez no pudo resistir tanto tiempo, para volver a fastidiarla.
Cuando vio que le había escrito 12 mensajes y seguía escribiendo, ni siquiera se detuvo a leerlos, escribió como pudo:
- Ahora no puedo hablar, voy conduciendo, cuando llegue te aviso y me dices lo que me tengas que decir.
- ¿Que te has ido? ¿Y con el coche de tu padre? Anda que te ha faltado tiempo, si yo sabía que estabas deseando quitarme del medio, ¿Que te crees que soy tonto? Anda corre y ve a pasártelo bien con tus amiguitas. ¡Pero que sepas, que cuando vuelvas yo no estaré aquí para esperarte!
Ese tono la cabreo muchísimo y no pudo evitar contestarle.
- Mira ese tontito se lo pones a quien te aguante, y no te preocupes que no me tienes que esperar porque no quiero que me esperes ¿Te queda claro? Lo nuestro esta muerto, deja de controlarme, sigue con tu vida, que yo seguiré con la mía.
Hugo le seguía escribiendo sin parar, tenía ese don de la inoportunidad. Cuando Susan levanto la cabeza para mirar de nuevo la carretera, se dio cuenta de que estaba en el carril contrario, dio un volantazo para recuperar su sitio, y sintió que su corazón se le iba a salir por la boca cuando vio aproximarse a ella un camión a toda prisa.
Sus piernas comenzaron a temblar y no era capaz ni de apretar el freno, cuando vio un área de servicio se desvió hacia la derecha para entrar en ella. Cuando llego, solo puso el freno de mano y se bajo del coche, cuando aún estaba arrancado, apoyo sus manos sobre el capó y noto como sus piernas ya no formaban parte de su cuerpo, cayendo en el suelo. Comenzó a llorar desconsolada, aún no era consciente de lo cerca que había estado de la muerte. No le podía echar la culpa a Hugo porque él estaba cabreado y lo único que quería era desahogarse con ella, la culpa era solo suya por haber mirado el teléfono y no haber estado pendiente de la carretera.
Era lo único que le faltaba, en ese momento apago el móvil, pues la voz del gps no dejaba de recalcular posiciones, una mujer que aparentaba tener unos 50 años se le acerco, al ver que estaba tendida en el suelo.
- Pequeña ¿Te encuentras bien?
Susan levanto la cabeza, que la tenía en ese momento escondida entre sus rodillas, y la miró. No era consciente de que su coche seguía arrancado y con las llaves puestas, si alguien hubiera querido robárselo, ella no habría supuesto ningún impedimento en su estado.
- ¿Que te pasa mi niña?
La mujer se agacho y le ofreció un pañuelo.
- Gracias.
- ¿Estás tu sola?
Susan asintió con la cabeza y mientras secaba sus lágrimas.
La mujer le ofreció su mano para que se levantara.
- Ven cariño, apaga el coche y ciérralo, que creo que necesitas tomarte una tila.
- No me gustan las tilas.
- Vaya por dios, pues ya encontraremos algo que te calme.
Y le dedico una sonrisa tan cálida, que Susan paro de llorar y fue capaz de volver a ponerse de pie. Hizo lo que la mujer le había dicho, y se fue con ella a la cafetería del área de servicio.
- Yo soy Carolina, ¿Como te llamas tú?
- Susana.
- Un nombre muy bonito, ¿Quieres tomarte algo?
- Si, una botellita de agua no me vendría mal.
- La pobre, ¿Me puedes contar que es lo que te ha pasado para que te pusieras así?
- He estado apunto de chocarme con un camión, por ir discutiendo con mi ex por teléfono, pero es que no me dejaba escuchar el gps, y sin los datos de internet mi gps no funciona. Me tenía ya desquiciada y he acabado entrando al trapo.
- Los amores, no he visto nada más complicado y a la vez que nos guste tanto que el amor. Lo importante es que no a pasado nada mujer, eso es por algo. ¿Crees en el destino?
- Por el estoy hoy aquí.
- Pues creo que tu destino augura algo grande para ti pequeña, créeme lo he sentido, aún no ha llegado tu hora, así que no te preocupes por lo que podría haber sido, y piensa en lo que tiene que ser. ¿Vas muy lejos?
- En realidad no lo se, solo espero encontrarme a mi misma.
- Con el tiempo estoy segura de que lo conseguirás, hay un dicho que dice: "Más vale tarde que nunca".
- Muchas gracias de verdad.
- No hay de que, considero que en esta vida, deberíamos ayudarnos los unos a los otros, y dejar de caminar por la vida de puntillas, al fin y al cabo si una persona no tiene humanidad y no ofrece su ayuda a los demás es como si no hubiera echo nada útil.
- ¿A que se dedica usted? Por curiosidad.
- Soy médica ¿Porqué lo preguntas hija?
- Porque sinceramente la he visto con tanta humanidad que tenía curiosidad. Ojala de el día de mañana yo pudiera ser así.
- Seguro que si, eso no se trata de querer, simplemente uno lo lleva dentro.
Pasaron unas horas hablando, Susan ya no recordaba tan si quiera el motivo por el que había acabado allí, llamó a su abuela para que no se preocupara y aviso a Ana de que llegaría un poco más tarde, le encantaba hablar con Carolina, y quería aprender todo lo que pudiera de aquella mujer. Ya que en un futuro le gustaría que su profesión girara en torno a la sanidad y aún no tenía muy claro cual sería.
Carolina era un encanto, le dio su numero de teléfono a Susan cuando se despidieron para que se pusieran en contacto y para que Susan le contara como le había ido el viaje.
Después de aquel encuentro fortuito con Carolina sintió que estaba llena de energía positiva y lista para continuar su camino, a donde quiera que este le llevara, tan solo se dejaría llevar, y que pasara lo que tuviera que pasar. No se detendría para sentir miedo de lo que pudiera ser simplemente lucharía por lo que quería que fuera.
Estos pensamientos inundaban su mente mientras conducía, cuando de repente un coche la adelanto. Susan se quedo boquiabierta al ver que era un taxi de Barcelona ¿Acaso el destino le estaba dando señales de que ese era el camino correcto? Susan estaba deseando llegar a casa de Ana para poder llamar a Sergio y contarle la extraña coincidencia. Cuando un coche comenzó a pitarle y tomo conciencia de que estaba en el carril izquierdo y le estaba imposibilitando el paso, cuando se cambio al derecho, comenzó a reírse como una loca, al recordar las palabras de Sergio.
- "MALDITO YOGUI" Y yo que me pensaba que su consejo había sido patético.
Y continuo sonriendo hasta que al fin llego a casa de Ana.
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jueves, 29 de agosto de 2013
Capturando pensamientos
Susan empezó a notar la brisa d la mañana, el sol comenzaba a verse por el este y los pajaritos cantaban saludando al nuevo día. Fue entonces cuando tomo conciencia de que se había quedado dormida en el sillón de su terraza, se tomo unos minutos, para analizar todo lo sucedido en la noche anterior y una idea se le paso por la cabeza.
No le había contado a nadie a excepción de Sergio, que su relación con Hugo había llegado a su fin.
Cogió su teléfono y marco el numero de Ana...
- ¿Si? ¿Que te pasa Susan? No es normal que me llames a las 8 de la mañana, menos mal que me has pillado despierta, si no te mataría.
- ¿Sigue en pie tu invitación?
- ¿Para venir a mi casa? Por supuesto ¿Cuando quieres venir?
- ¿Hoy podría ser?
- ¿Y esa prisa tan repentina?
- Ana...
No la dejo hablar, Ana la interrumpió antes de que pudiera articular palabra alguna.
- ¡Ya no estás con Hugo! ¿Verdad que es eso?
- Si
- Bueno cariño, aquí tienes tu casa, ¿Cómo lo vas a hacer?
- Pues coger el coche de mi padre y me pondré en camino.
- ¿Él te lo ha dejado?
- No, pero como mi familia se ha ido de vacaciones y el coche esta en la cochera, no creo que se de cuenta, de todas maneras le dejare el deposito tal y como estaba, y no tocare nada.
Ana empezó a reírse como una posesa.
- A ti se te han debido perder unos cuantos tornillos de golpe, porque no es normal estos arrebatos jajaja.
- Necesitaba un cambio, y que mejor cambio que este.
- Por mi estupendo ¿Y cuanto tardaras en llegar?
- Pues según el gps tardo 2:50 minutos, ¡Madre mía, si que vives lejos!
- Necesitaba un cambio, y que mejor cambio que este.
- Por mi estupendo ¿Y cuanto tardaras en llegar?
- Pues según el gps tardo 2:50 minutos, ¡Madre mía, si que vives lejos!
- Eso parece, avísame cuando salgas de tu casa, que te has sacado hace muy poco el carnet.
- Lo peor es que apenas lo he cogió, pero no te preocupes que iré tranquilita.
Susan fue a la casa de su abuela, porque sentía remordimientos, una cosa era no decírselo a sus padres, porque sabía de sobra cual iba a ser la respuesta. Y otra muy diferente era no decírselo a su abuela, pues ella la conocía mejor que nadie, y no le podía ocultar nada.
- Lo peor es que apenas lo he cogió, pero no te preocupes que iré tranquilita.
Susan fue a la casa de su abuela, porque sentía remordimientos, una cosa era no decírselo a sus padres, porque sabía de sobra cual iba a ser la respuesta. Y otra muy diferente era no decírselo a su abuela, pues ella la conocía mejor que nadie, y no le podía ocultar nada.
Cuando entro la puerta del patio estaba abierta de par en par, como era la costumbre en su pueblo, y su abuela se encontraba sentada en su patio lleno de macetas de geranios, haciendo corche.
- ¿Ya estas atareada?
- Aquí estoy liada, que quiero hacer una colcha.
- Pues ya tienes tarea.
- ¿Que te pasa?
- ¿A mi? nada.
Su abuela no dejaba de mirar por encima de sus gafas a la aguja y el fino hilo, que se afanaba en enredar entre sus dedos, para acabar formando obras de arte. Susan se quedo sorprendida, si ni siquiera había reparado en mirarla, como es posible que supiera algo.
Clara dejo su tarea por un instante para mirar a su nieta, se quito las gafas con delicadeza y las guardo en el bolsillo de su vestido.
- Mírame.
Susan la obedeció, alzó la cabeza y le dedico una sonrisa.
- ¿Que quieres que me pase abuela?
- No se, pero estoy segura de que tu me lo vas a contar ahora mismo.
- Voy a coger el coche de mi padre, para ir a ver a mi amiga Ana.
- ¿Donde vive Ana?
- En un pueblo al lado de Cáceres, no esta tan lejos no se tardan ni tres horas, y llevo el gps.
- ¿Cómo que no está tan lejos? ¿Y quieres ir con el coche de tu padre? Tú...
Clara se detuvo a mirar el rostro de su nieta y sabía de sobra lo que ocultaba esa sonrisa.
- A mi no me engañas, ¿Porqué te quieres ir tan lejos de repente?
- Porque allí es donde vive mi amiga, la echo mucho de menos, y tengo ganas de estar con ella.
- ¡Ya! Y ahora cuéntame la verdad, que opina Hugo de que te vayas, porque el no te deja ni salir sola a la puerta de la calle.
- Sinceramente me da igual lo que opine Hugo.
- Se de sobra que ya no estas con él. Bueno, solo te diré una cosa, ten cuidado por el camino, no me perdonaría que te pasara algo.
- No te preocupes, conduciré con prudencia.
Clara se levantó, agarró la mano de Susan y le dio un billete de 50€.
- Toma, se que no es mucho, pero no tengo más.
- Abuela, en serio que no hace falta.
- No me seas tonta, el dinero nos viene bien a todo el mundo, así que cógelo y cállate, antes de que me arrepienta.
- ¿Que haría yo sin ti?
Susan le dio un abrazo a su abuela y fue en busca de su coche, para encaminarse en su nueva aventura.
- ¿Ya estas atareada?
- Aquí estoy liada, que quiero hacer una colcha.
- Pues ya tienes tarea.
- ¿Que te pasa?
- ¿A mi? nada.
Su abuela no dejaba de mirar por encima de sus gafas a la aguja y el fino hilo, que se afanaba en enredar entre sus dedos, para acabar formando obras de arte. Susan se quedo sorprendida, si ni siquiera había reparado en mirarla, como es posible que supiera algo.
Clara dejo su tarea por un instante para mirar a su nieta, se quito las gafas con delicadeza y las guardo en el bolsillo de su vestido.
- Mírame.
Susan la obedeció, alzó la cabeza y le dedico una sonrisa.
- ¿Que quieres que me pase abuela?
- No se, pero estoy segura de que tu me lo vas a contar ahora mismo.
- Voy a coger el coche de mi padre, para ir a ver a mi amiga Ana.
- ¿Donde vive Ana?
- En un pueblo al lado de Cáceres, no esta tan lejos no se tardan ni tres horas, y llevo el gps.
- ¿Cómo que no está tan lejos? ¿Y quieres ir con el coche de tu padre? Tú...
Clara se detuvo a mirar el rostro de su nieta y sabía de sobra lo que ocultaba esa sonrisa.
- A mi no me engañas, ¿Porqué te quieres ir tan lejos de repente?
- Porque allí es donde vive mi amiga, la echo mucho de menos, y tengo ganas de estar con ella.
- ¡Ya! Y ahora cuéntame la verdad, que opina Hugo de que te vayas, porque el no te deja ni salir sola a la puerta de la calle.
- Sinceramente me da igual lo que opine Hugo.
- Se de sobra que ya no estas con él. Bueno, solo te diré una cosa, ten cuidado por el camino, no me perdonaría que te pasara algo.
- No te preocupes, conduciré con prudencia.
Clara se levantó, agarró la mano de Susan y le dio un billete de 50€.
- Toma, se que no es mucho, pero no tengo más.
- Abuela, en serio que no hace falta.
- No me seas tonta, el dinero nos viene bien a todo el mundo, así que cógelo y cállate, antes de que me arrepienta.
- ¿Que haría yo sin ti?
Susan le dio un abrazo a su abuela y fue en busca de su coche, para encaminarse en su nueva aventura.
Cuando llego a su casa lo primero que hizo fue señalar las zonas, de las ruedas, para saber donde se encontraba aparcado exactamente, debía ser meticulosa, pues sabía de sobra que su padre, lo había dejado todo en orden para darse cuenta con el más mínimo detalle. Antes de arrancarlo se fijo bien en la cantidad que marcaba el deposito de gasolina. Escribió a yogui para tenerlo al tanto del viaje y su consejo fue:
- ¡Recuerda! que tu debes ir por el carril derecho, que cuando yo quiero adelantar y hay un conductor que va muy lento por el izquierdo ¡Me mata!
Aquella revelación hizo que Susan soltara unas sonoras carcajadas.
Por último, antes de ponerse en carretera, se paso por la casa de Amanda, esta se abrazó a Susan, la beso, y le dijo:
- Suerte, me alegro de que al fin hayas sido capaz de buscar tu felicidad.
Y con estas palabras, Susan se puso en marcha y observaba como por el espejo retrovisor su pueblo cada vez se iba haciendo más y más pequeño. Llevaba un año recluida en aquel infierno, y el aire que ahora entraba por su ventana le parecía tan fresco, tan cargado de sueños y esperanzas, que puso la música a todo volumen y se dejo llevar, ahora ya no había miedos ni inseguridades, todo el respeto que le habían infundido hasta ese momento por coger el coche, ya no hacía mella en ella, ahora se sentía cómoda, le gustaba conducir, y saber que la libertad estaba al alcance de su mano.
- ¡Recuerda! que tu debes ir por el carril derecho, que cuando yo quiero adelantar y hay un conductor que va muy lento por el izquierdo ¡Me mata!
Aquella revelación hizo que Susan soltara unas sonoras carcajadas.
Por último, antes de ponerse en carretera, se paso por la casa de Amanda, esta se abrazó a Susan, la beso, y le dijo:
- Suerte, me alegro de que al fin hayas sido capaz de buscar tu felicidad.
Y con estas palabras, Susan se puso en marcha y observaba como por el espejo retrovisor su pueblo cada vez se iba haciendo más y más pequeño. Llevaba un año recluida en aquel infierno, y el aire que ahora entraba por su ventana le parecía tan fresco, tan cargado de sueños y esperanzas, que puso la música a todo volumen y se dejo llevar, ahora ya no había miedos ni inseguridades, todo el respeto que le habían infundido hasta ese momento por coger el coche, ya no hacía mella en ella, ahora se sentía cómoda, le gustaba conducir, y saber que la libertad estaba al alcance de su mano.
Se hizo el silencio
Si hasta ahora estaba desubicada y no sabia que hacer con Hugo ahora ya se había perdido por completo en aquella locura.
Y sabía de sobra que bien no podía acabar solo quería agotar el último ápice de esperanza que le quedaba con Hugo quizás así se daría cuenta de que estaba equivocada y toda la historia con Sergio, no sería nada más que otra anécdota que contar cuando fuera mayor y estuviera feliz o infelizmente casada con Hugo.
Tenía que quedar con el y dejar las cosas claras de una vez por todas.
Cuando vio a Hugo supo que ya no sentía nada y sentía una gran tristeza se apoderó de su ser.
Mientras sacaban a pasear al labrador color chocolate de Hugo Susan se abrazó con fuerza al perro y le dio un beso, quería con locura a aquel animal y sabía de sobra que no lo volvería a ver y lo echaría tanto de menos.
Cuando llegaron a casa de Hugo, Susan se acerco a él y le dio un casto beso en los labios cerrado con fuerza los ojos para no dejar escapar sus lagrimas.
-Susan... Porque me da la impresión de que ese beso sabe a despedida.
Susan no quiso hablar y siguió besándolo con todo su ser intentando que cada beso colmado de recuerdos le devolviera esa chispa que se había apagado, y sin darse cuenta su único pensamiento se centraba en Sergio.
Deseaba tanto que fuera él quién estuviera ahí en ese instante, que una lagrima recorrió su mejilla, se sentía como la peor de las zorras.
Y una solo una frase le rondaba la cabeza: " El corazón tiene razones que la razón desconoce".
Sin darse cuenta se encontraba desnuda en la cama de Hugo, estaba sola, él se estaba vistiendo, Susan se apoyo sobre sus codos, y se quedó mirándolo en silencio, había visto aquella escena tantas veces, sin embargo ahora, no sentía ese deseo de atraparlo y no dejarlo salir de aquella habitación, ahora... se sentía vacía por dentro, lo que acababa de pasar entre ellos carecía de sentido, y de sentimientos, al menos por su parte.
Susan se levanto bruscamente y comenzó a vestirse. Hugo se giro para mirarla, y con una voz muy suave y delicada le dijo:
-Susan, te noto muy distante.
-No se lo que me pasa, pero necesito un cambio. Llévame a mi casa por favor.
-¿Ya estamos otra vez?
Hugo cogió las llaves de su coche, se puso su polo gris y salió de la habitación con furia. Susan se tomo su tiempo para recoger su bolso y alguna de sus cosas... Y cuando llego a la puerta de la habitación echo un último vistazo, ahora todo aquello cuanto conocía desaparecería, no volvería a ver más ese cuadro en que a ambos se les veía tan felices, ni aquellos peluches que se encontraban en su estantería, y que Susan le había regalado cada vez que iban a un sitio nuevo, a modo de recordatorio.
Cerro la puerta tras de sí. Y escucho como Hugo le gritaba desde el fondo del pasillo, realmente estaba cabreado, Susan odiaba esa facilidad suya, para cabrearse con tanta rapidez, ojala se le pasara el cabreo tan rápido como a ella. Si hubiera sido otro tipo de persona, todo aquello acabaría bien, y no habría mal entendidos, pero sabía de sobra que lo peor de la tormenta estaba por llegar.
- ¡NO SE QUE ES LO QUE QUIERES DE MI!
- Es lo que siento y no te lo puedo ocultar, ¿Me puedes llevar a mi casa?
- ¿Eso es lo único que te importa?
- De momento no te puedo decir otra cosa, lo siento.
Mientras ambos se montaban en el coche Hugo no podía parar de alzar la voz, y Susan se estaba sintiendo incomoda, porque estaban en medio de la calle, y la gente comenzaba a mirarlos, cerró la puerta dándole un fuerte golpe, deseando quedarse sorda en aquel instante para no tener que escuchar la sarta de sandeces que sabía que se avecinaban.
- Esto es todo una mentira, me has estado engañando todos estos años, no se como tienes la poca vergüenza de seguir mirándome a la cara, todo en ti es una mentira, y ahora dudo que realmente algún día me quisieras tanto como decías.
Susan ante aquellos reproches no pudo más, y explotó.
- ¿Eres tonto? No te consiento que me hables así, y menos que pongas en duda lo que he sentido por ti, eso me demuestra mucho el tipo de persona en el que te has convertido. No eres ni por asomo la sombra de aquel chico vivaracho y alegre del que me enamore, ahora eres un maldito ogro, que solo busca lo malo de la gente.
Sabes mi abuela decía: "Quien busca el mal en el corazón de la gente, merece el castigo de encontrarlo".
Y contigo mi paciencia a llegado a su limite.
- Tu y tus palabritas, déjate ya de tonterías. ¿Vendrás a verme mañana?
- ¿Encima quieres que venga a verte yo? Sabes de sobra que mis padres no están en casa ¿porque no vienes tú?
-Porqué no me apetece que sea yo siempre el que tenga que ir a tu casa.
- ¿PERDONA? ¿Quién estaba en casa de quien hace un momento? Si te da miedo quedarte a solas conmigo dímelo pero yo paso de tener que estar en tu casa siempre sin hacer nada y bajo la atenta mirada de tu madre.
- Estoy tan cansado de ti. Y de que te pienses que siempre que estamos a solas tenemos que hacer lo mismo.
- ¿En serio? Hacía más de un mes que no me tocabas, y yo ya opto por no decirte nada, no se de que te quejas, Si ya ni siquiera se el tiempo que hace que no pasamos una tarde solos, con intimidad incluida.
- Es que no se cuantas veces te tengo que explicar que no soy como los demás.
- Créeme se de sobra que no eres como los demás me ha quedado bastante claro durante estos años, y me he acostumbrado a tus defectos, a tus virtudes y a tus rarezas, pero aún no puedo entender como una persona de tu edad tiene que andar dando tantas explicaciones a su madre para estar con su novia. ¡No haces nada malo! Y lo que más me jode de todo esto es que se de sobra que no quieres venir a verme esta semana porque no sabes como explicarle a tu madre que estoy sola en casa, esta relación es un asco, siempre tenemos que estar pendiente de los demás. Y eso ha sido desde el principio y será hasta el fin.
- Yo ya te lo he dejado claro. Especula lo que te de la gana.
- No estoy dando palos de ciego, se muy bien de lo que hablo así que no me trates con esa indiferencia. Yo ya te he dicho que no voy a estar bajo el escrutinio de nadie estando mi casa sola, así que si tu no vienes teniendo coche, yo no le voy a pedir el favor a nadie para que me lleve a verte. Ya estoy cansada de tener que hacerte caso incondicionalmente.
En ese momento habían llegado a casa de Susan y ella desesperada se bajo del coche, abrió la puerta de su casa, y entró a toda prisa deseando que Hugo se quedara en su coche y se fuera de una vez por todas.
- Me enervas. No soy tu perro para tener que ir siempre corriendo detrás tuya.
- Yo siento que no te importo una mierda, así que si no vienes a verme aquí se quedo todo. Mejor aún no te molestes en venir, porque sinceramente no me apetece verte.
En ese momento Susan vio el cielo abierto, sin darse cuenta lo que estaba esperando acababa de llegar, esa era la señal, mientras pensaba en su siguiente movimiento, observó en silencio a Hugo mientras se quitaba la alianza y se la arrojaba, acto seguido hizo lo mismo con el reloj que Susan le había regalado esas navidades. Susan abrió los ojos con incredulidad ¡No soportaba más a ese niñato arrogante dentro de su casa!
-Toma esto es tuyo, y no lo quiero.
- ¿TE PARECE BONITO LO QUE ACABAS DE HACER? Eso me demuestra tu madurez. Sal ahora mismo de mi casa, ya estoy cansada de tus numeritos, y esta vez no voy a ceder a tus amenazas ni a tus chantajes, quieres que se acabe todo, pues bien. SE ACABO.
Hugo salió de la casa de Susan más enojado que nunca, Susan se asomó por la ventana y vio alejarse una vez más su coche en el horizonte, y al fin respiro aliviada.
Ahora se sentía mal por él, ¿Cómo era posible que cualquier comienzo con él acabara siempre así? No era la primera vez que vivía una escena como aquella, sabía de sobra que tras ese enfado estarían unos días sin dar señales de vida hasta que alguno de los dos diera su brazo a torcer, pero esta vez era completamente diferente. Susan se mantendría firme en su decisión y no daría un paso hacía atrás ni para coger impulso.
Susan se sentó en su sofá y respiro aliviada, al fin y al cabo el nunca cambiaría y se acababa de librar de una condena, sabía que el se merecía a una buena mujer, pero sin lugar a dudas esa mujer no era ella, habían compartido muchos años de sus vidas juntos, y poseía en su mente, miles de recuerdos que jamás nadie borraría.
Había sido su primer amor, pero el tiempo se encargó de borrar todo lo bueno que habitaba en él, dejando tan solo un amargo pesimismo. Susan sabía que parte de su corazón, se había perdido aquella noche, y su inocencia también viajaba con él, ya no volvería a ser la misma.
Pero a medida que pensaba aquello e intentaba llorar, por lo culpable que se sentía, otro sentimiento no la dejaba derramar ni una sola lagrima. Ahora era libre. Miro la alianza y el reloj que Hugo había tirado con desdén sobre el sofá, los recogió y se tomo su tiempo para escuchar sus propios pensamientos.
Jamás se había sentido así y poco a poco la felicidad iba creciendo en su interior, encendió la radio y en ese momento sonaba Princesas de Pereza, aumento el volumen todo lo que pudo y se puso a bailar y a cantar como una loca, hasta que quedo exhausta.
Cuando miró su teléfono para ver quién la reclamaba vio unos mensajes de Sergio.
Cogió el móvil y lo llamo:
- Yogui, definitivamente soy libre.
- ¿Y estas bien?
- Sinceramente, se que soy una cabrona al decir esto, pero me siento mejor que nunca.
- Me alegro.
- Te dejo, que voy a hacer unas cosillas.
- Vale un besito enana.
-Muak.
Colgó el teléfono, volvió a darle voz a la radio y cuando se cansó de dar saltos subió a su azotea para contemplar las estrellas, y allí bajo aquel manto de estrellas Susan se sintió completa y por primera vez en mucho tiempo realmente feliz.
martes, 27 de agosto de 2013
Algo inusual
Era él, sin truco ni cartón... él estaba detrás de esa pantalla y le dedicaba una amplia sonrisa que derritió por completo a Susan y a su fachada de chica dura.
- La vida esta para hacer locuras recuerdas.
- Tu si que estas loco.
- Por ti.
- Eso me suena, que poco original eres.
- Quizás, pero las palabras, ya sabes... ¿Y tu que es lo que sientes?
- Yo creo que te quiero, y me da igual que esta palabra se la pueda llevar el viento, porque es lo que siento.
- yo también te quiero.
- ¿Qué? Lo siento pero mi quedarse ciega y no llevo las gafas para leer lo que escribes.
- Que te quiero tontita.
Susan seguía haciendo gestos indicándole que no oía ni veía nada, mientras miraba como Sergio se reía, y se agachaba para coger algo en ese instante se puso su móvil en la oreja, y el teléfono de Susan comenzó a sonar.
Susan descolgó la llamada y se puso el móvil en el oído el mensaje era claro y conciso y su voz inundo todo su ser, derribando todas sus barreras.
- TE QUIERO.
Y acto seguido colgó, Sergio cruzo sus brazos y apoyo sus codos sobre la mesa donde tenía su ordenador mientras observaba en silencio y con una amplia sonrisa como Susan se había quedado petrificada.
Ella aún seguía mirando la pantalla de su teléfono, incapaz de levantar la mirada y dirigirla hacia el ordenador.
Paso así unos minutos, hasta que fue consciente de que Sergio la miraba con una dulzura enternecedora.
- ¿De verdad sientes eso por mi?
El asintió con la cabeza.
- ¿Sabes lo que eso significa?
Él se encogió de hombros, y cuando ella iba a seguir hablando puso su dedo indice sobre sus labios, entonces Susan comprendió que ya sobraban las palabras, ambos se despidieron entre sonrisas con un movimiento de mano.
Esa noche Susan soñó que Sergio dormía a su lado y lo podía abrazar con tanta fuerza, que ninguna distancia podía interponerse entre ellos.
- ¿Esa es mi enana?
Susan no podía dejar de tocarse reiteradas veces el pelo, tan pronto se hacía una coleta, como se dejaba el pelo suelto, que intentaba hacerse una trenza, no podía parar.
- Si soy yo Yogui.
- Deja quieto ese pelo, que estas preciosa.
Susan se puso más roja que un invernadero de tomates.
- Cualquiera diría por tu conducta repetitiva que te pongo nerviosa.
Al decir esa frase, su sonrisa de niño pícaro, la hizo reaccionar, siempre tenía una malsana obsesión por mirar la boca de las personas con las que hablaba y al ver esa pequeña separación entre sus paletas le resulto adorable, y pensó ese es el fallo que no dejan ver las fotos, y supo que era ese el motivo de que siempre saliera tan serio en las fotos.
- ¿Tú? Harían falta muchos hombres para ponerme realmente nerviosa. El pelo me lo toco porque aquí hace mucha calor, y sinceramente estaba en ropa interior y con las ventanas abiertas, pero si tengo que encender la luz y vestirme para hablar contigo, tengo que cerrar las ventanas, entonces me aso.
Sergio comenzó a reírse.
- Mi enana tiene salidas para todo.
Un ruido se sintió en la casa de Sergio, el giró la cabeza y miro de nuevo a su cam para hacerle un gesto de silencio a Susan, cogió de una estantería que estaba situada a su derecha unos auriculares y los conecto al portátil. Acto seguido comenzó a escribirle:
- Acaba de llegar mi padre enana así que mi comunicación tendrá que ser escrita, pero tu puedes hablar cuanto quieras.
- Así que me vas a dejar hablando sola...
- Mucho me temo que sí, mi padre es de la vieja escuela y no entendería lo que hay entre nosotros.
- Am, ¿Y que es lo que hay entre nosotros?
Susan se mordió el labio con picardía sabiendo que había abierto la jaula de los leones.
Sergio le respondió con una sonrisa de sorna y esquivo la pregunta...
- Ese vestido rojo que llevas te sienta muy bien.
- Pero si no has visto como me queda, solo has visto una parte.
- Pues que mejor momento que este para enseñármelo.
Susan se levanto de su cama y dio una vuelta sobre si misma y andando por su habitación a modo de burla como si estuviera en una pasarela.
- ¿Te gusta la colección de menaje-hogar de hace unos cuantos años?
- Sinceramente creo que te verías preciosa con cualquier cosa que te pusieras.
- Deja de adularme que me haces sentirme realmente incomoda, y mi cara arde.
En ese momento el tirante del sujetador de Susan se deslizo sobre su brazo. Y vio como la cara de Sergio cambiaba por completo y sus pupilas se dilataban.
- ¿Que te pasa?
Él no habló, solo se limitó a señalar su brazo cuando Susan ladeo su mirada hacia la izquierda, vio como el tirante de su sujetador había descendido inocentemente por su brazo, y desconocía lo que aquella inofensiva acción acababa de despertar en Sergio.
Cuando fue a colocarlo de nuevo en su sitio, él la detuvo.
- ¡No lo hagas!
- Creí que no podías hablar.
- Y no puedo. Continúo escribiéndole. Pero retornar ese tirante a tu hombro sería un crimen, si yo estuviera a tu lado, te besaría el hombro y descendería hasta donde se encuentra para tirar de él con mi boca.
Susan noto como un ferviente calor se apoderaba de ella y se asentaba en concreto en una parte de su cuerpo.
Resoplo e hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban para seguir hablándole y no rendirse entre aquellos brazos que se encontraban a tantos kilómetros de distancia.
- No deberías decirme eso, soy una mujer comprometida, ¿Recuerdas?
- Si, lo siento, pero es que físicamente eres impresionante no te imaginaba así, y la carne es débil, francamente esta distancia me esta matando, porque si te tuviera aquí...
- ¿Qué?
- Créeme, todo sería muy distinto.
- De verdad ¿Crees que no me podría resistir a tus encantos? Necesito conocer bien a esa persona antes de acostarme con ella, porque me da mucha vergüenza enseñar mi cuerpo.
- Pues no entiendo el motivo.
Susan notaba como Sergio se la estaba comiendo con la mirada.
- Por favor no hagas eso.
- ¿Hacer qué?
- No te hagas el inocente conmigo que no te pega.
- Mmm por lo menos veo que no eres tan inocente como me haces creer.
- A ver, yo también tengo necesidades, y se perfectamente cuando alguien me esta comiendo con la mirada.
- Ojala pudiera comerte de otra forma en este momento.
- ¿Te has propuesto que hoy me de algo? No estoy acostumbrada a que me digan esas cosas y realmente me dejas fuera de juego. Pero como sigas así me vas a obligar a contestarte.
- Contesta sin miedo...
- ¿Me estás desafiando?
- Puede...
En ese momento ambos habían perdido la vergüenza y la distancia que los separaba era una minucia que apenas se apreciaba, estaban jugando a un juego en el que sabían que acabarían quemándose y sin embargo no les importaban, seguían lanzándose indirectas, infinitas sonrisas y sus miradas encerraban tantos deseos de pasión y lujuria, que las horas se deshacían entre sus dedos, sin que el tiempo importara, eran tan cómplices que nada podía estropear aquel momento.
Sergio desataba partes de Susan que ella desconocía que tenía, el fomentaba su locura y la dejaba desinivirse a su antojo y a ella le encantaba aquel tortuoso juego. En el que se estaba dejando llevar.
- Me encanta hablar contigo gambita, pero se nos hace de día una vez más...
- Lo se, me he divertido mucho.
- Y yo.
- Yogui
- ¿Qué?
- No se si debería decirte esto, o si s que definitivamente me he vuelto loca, de atar.
- Dilo enana no tengas miedo.
- Creo que estoy sintiendo algo más por ti.
- A mi me pasa lo mismo desde el primer día que hablamos, sentí algo diferente, y es que no puedo dejar de hablar contigo, me atraes tanto... Y has despertado en mi algo inusual, que no se como llamarlo, la verdad es que has roto mis esquemas, y no esperaba que esto me fuera a pasar nunca, y menos con alguien de tu edad.
- ¿Ahora mi edad es un problema?
- No ha supuesto nunca un problema, pero es todo difícil porque tu aún tienes que abrirte camino, y yo prácticamente tengo mi vida resuelta.
- ¡Pero si aún vives con tu padre! jajaja
- Lo se, pero eso cambiara dentro de poco, ¿Crees que podrías cambiar la ciudad en la que estudiar?
- Mucho me temo que este año es imposible porque ya he echado las prescripciones y mi destino se quedará en Andalucía. ¿Tan serio te lo estás planteando?
- Ya te he dicho que nunca había sentido algo así, y no creo que este tren pase mucas veces en la vida, y no me apetece tener que esperar otros 27 años a que pase uno similar.
- Que bonito te ha quedado eso, pero irme allí, sería una locura.
- La vida esta para hacer locuras recuerdas.
- Tu si que estas loco.
- Por ti.
- Eso me suena, que poco original eres.
- Quizás, pero las palabras, ya sabes... ¿Y tu que es lo que sientes?
- Yo creo que te quiero, y me da igual que esta palabra se la pueda llevar el viento, porque es lo que siento.
- yo también te quiero.
- ¿Qué? Lo siento pero mi quedarse ciega y no llevo las gafas para leer lo que escribes.
- Que te quiero tontita.
Susan seguía haciendo gestos indicándole que no oía ni veía nada, mientras miraba como Sergio se reía, y se agachaba para coger algo en ese instante se puso su móvil en la oreja, y el teléfono de Susan comenzó a sonar.
Susan descolgó la llamada y se puso el móvil en el oído el mensaje era claro y conciso y su voz inundo todo su ser, derribando todas sus barreras.
- TE QUIERO.
Y acto seguido colgó, Sergio cruzo sus brazos y apoyo sus codos sobre la mesa donde tenía su ordenador mientras observaba en silencio y con una amplia sonrisa como Susan se había quedado petrificada.
Ella aún seguía mirando la pantalla de su teléfono, incapaz de levantar la mirada y dirigirla hacia el ordenador.
Paso así unos minutos, hasta que fue consciente de que Sergio la miraba con una dulzura enternecedora.
- ¿De verdad sientes eso por mi?
El asintió con la cabeza.
- ¿Sabes lo que eso significa?
Él se encogió de hombros, y cuando ella iba a seguir hablando puso su dedo indice sobre sus labios, entonces Susan comprendió que ya sobraban las palabras, ambos se despidieron entre sonrisas con un movimiento de mano.
Esa noche Susan soñó que Sergio dormía a su lado y lo podía abrazar con tanta fuerza, que ninguna distancia podía interponerse entre ellos.
Lo que se esconde tras las dudas
- Amanda realmente me voy a volver loca de seguir así, no tengo ni idea de camino escoger, estoy haciendo una lista con los pros y los contras y se que no sirve de nada porque mi elección la tengo clara. Pero mi problema es que no soy capaz de dar ese maldito paso que me separa de mi felicidad.
- A mi me da mucha pena Hugo, creo que no se lo merece, pero se de sobra que por mucho que te diga lo contrario, tu elección no es él, ¿verdad?
Susan no quiso contestar esa pregunta, por miedo a que alguien que no fuera ella misma y su subconsciente pudiera escuchar la triste verdad. Simplemente se escudo, manteniendo la mirada perdida en el suelo.
- Yo lo único que quiero es ser feliz, y no tener que fingir ser otra persona, quiero tener mis propios gustos y estar con alguien que realmente los comparta.
- He visto esa sonrisa que pones cuando hablas con él, y créeme se de sobra quién es el elegido, y no voy a ser yo la que te diga como tienes que hacer las cosas, porque sinceramente creo que soy la menos indicada y por muchos consejos que te de al final, acabaras haciendo lo que tu sientas, yo solo te puedo ofrecer mi incondicional apoyo Susi, yo siempre te voy a querer hagas lo que hagas.
Susan se abrazó a Amanda en un mar de lagrimas.
- Yo si que te quiero a ti cariño ojala pudiera tener una relación como la tuya.
- Va, no me seas tonta que tampoco es para tanto, simplemente es que tu aún no has encontrado al hombre indicado...
- ¡Oh...! Puede ser que quizás este apostando simplemente por el caballo equivocado.
- ¡Animo!
Susan se separo de Amanda y seco con el dorso de su mano sus lagrimas.
La vida al fin y al cabo se trata de eso, de tomar decisiones, a veces tomamos las correctas, y otras veces simplemente nos equivocamos, pero esta claro que el que no arriesga, no gana.
Susan posó su mirada sobre la mesa, donde se encontraba su móvil, y en ese instante el teléfono comenzó a sonar, se acerco para ver de quien se trataba, y cuando vio que era Sergio su cara cambió por completo.
- ¿Es él?
- Si, voy a contestar Amanda.
- Adelante.
Miranda le dio un beso en la mejilla y salió de la casa de Susan dejándola sola.
- Buenos días Gambita ¿Que tal estás hoy?
- Bien, ahora con la mente un poco más clara.
- Hoy te note distante, y tampoco quise meterme donde no me llaman...
- No te preocupes... Tú sabes es por el mismo tema de siempre.
- ¿No es fácil? Lo suponía.
- Mi elección ya esta hecha.
- Creo que me da miedo preguntarte.
- Pues, no temas que yo no me como a nadie.
- Si, eso lo se, pero ahora siento miedo...
- ¿Porqué?
- Porque quizás esta sea la última vez que puedo oír tu voz.
El corazón de Susan se estremeció y todos los bellos de su cuerpo se pusieron de punta, lo amaba, esa sensación extraña entre el frío y el calor que recorría todo su cuerpo la delataba.
- Pues... No tienes nada de lo que temer, aún no te conozco, pero desde que hablo contigo... me siento diferente, con ganas de tirarme al abismo, hacer puenting, paracaídas...
- Estas loca.
- Si, por ti.
En ese momento su corazón se detuvo y dejó de respirar, Sergio había enmudecido y ella sentía que se había precipitado, y ahora no había manera de arreglarlo, ya estaba dicho, ya daba igual el miedo, lo que tuviera que pasar iba a pasar en aquel preciso momento, sin más demoras ni más sufrimiento.
- No quiero que no estés segura de lo que dices...
- Créeme si te lo he dicho, es porque lo siento así, y si me equivoco, pues asumiré mi culpa.
- Todo esto es tan nuevo para mí que no se como debería sentirme.
-Siente lo que estés dispuesto a sentir y vive sin tener que arrepentirte de algo que por miedo no quisiste hacer.
- Es muy bonito eso que me dices enana, pero es que aún no sabes ni la mitad de lo que deberías saber sobre mi.
- Tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo, solo te pido que no me hagas esperar mucho.
- Ojala pudiera estar en este instante a tu lado.
- Mira por la ventana.
- ¿Para qué?
- Hazme caso.
- De acuerdo, ya estoy...
- ¿Que ves?
- Veo la luna.
- Yo también la veo, ahora lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos e imaginar que yo estoy ahí a tu lado apoyando mi cabeza sobre tu hombro.
- Si estuvieras aquí, te besaría como nunca te han besado.
- Yo te abrazaría y detendría el tiempo en ese mismo momento.
- Eres una mujer maravillosa Susana. Necesito verte, conecta tu skype.
- Voy, un momento.
Susan colgó el teléfono y cogió su portátil a toda prisa.
Cuando lo encendió escribió a Sergio para que la llamara porque ella aún no estaba muy segura de como funcionaba skype, y de repente una ventanita ocupo la parte central de su pantalla.
Fue entonces cuando los nervios se adueñaron de su calma, no lo podía creer al fin lo vería realmente, se quedo dubitativa al ver el botón verde de descolgar porque un súbito pánico recorría cada una de las conexiones interneuronales de su ya atormentado cerebro...
¿Y si no le gusto?
Su mano se había quedado petrificada y era incapaz de reaccionar.
- ¿Porqué no me lo coges?
Ese mensaje de Sergio la devolvió a la realidad.
- Perdona es que no me ha funcionado bien la conexión, inténtalo de nuevo.
Sergio volvió a llamarla y sin más demoras ella descolgó la llamada, necesitaba ver al hombre que era participe de su renacer.
- A mi me da mucha pena Hugo, creo que no se lo merece, pero se de sobra que por mucho que te diga lo contrario, tu elección no es él, ¿verdad?
Susan no quiso contestar esa pregunta, por miedo a que alguien que no fuera ella misma y su subconsciente pudiera escuchar la triste verdad. Simplemente se escudo, manteniendo la mirada perdida en el suelo.
- Yo lo único que quiero es ser feliz, y no tener que fingir ser otra persona, quiero tener mis propios gustos y estar con alguien que realmente los comparta.
- He visto esa sonrisa que pones cuando hablas con él, y créeme se de sobra quién es el elegido, y no voy a ser yo la que te diga como tienes que hacer las cosas, porque sinceramente creo que soy la menos indicada y por muchos consejos que te de al final, acabaras haciendo lo que tu sientas, yo solo te puedo ofrecer mi incondicional apoyo Susi, yo siempre te voy a querer hagas lo que hagas.
Susan se abrazó a Amanda en un mar de lagrimas.
- Yo si que te quiero a ti cariño ojala pudiera tener una relación como la tuya.
- Va, no me seas tonta que tampoco es para tanto, simplemente es que tu aún no has encontrado al hombre indicado...
- ¡Oh...! Puede ser que quizás este apostando simplemente por el caballo equivocado.
- ¡Animo!
Susan se separo de Amanda y seco con el dorso de su mano sus lagrimas.
La vida al fin y al cabo se trata de eso, de tomar decisiones, a veces tomamos las correctas, y otras veces simplemente nos equivocamos, pero esta claro que el que no arriesga, no gana.
Susan posó su mirada sobre la mesa, donde se encontraba su móvil, y en ese instante el teléfono comenzó a sonar, se acerco para ver de quien se trataba, y cuando vio que era Sergio su cara cambió por completo.
- ¿Es él?
- Si, voy a contestar Amanda.
- Adelante.
Miranda le dio un beso en la mejilla y salió de la casa de Susan dejándola sola.
- Buenos días Gambita ¿Que tal estás hoy?
- Bien, ahora con la mente un poco más clara.
- Hoy te note distante, y tampoco quise meterme donde no me llaman...
- No te preocupes... Tú sabes es por el mismo tema de siempre.
- ¿No es fácil? Lo suponía.
- Mi elección ya esta hecha.
- Creo que me da miedo preguntarte.
- Pues, no temas que yo no me como a nadie.
- Si, eso lo se, pero ahora siento miedo...
- ¿Porqué?
- Porque quizás esta sea la última vez que puedo oír tu voz.
El corazón de Susan se estremeció y todos los bellos de su cuerpo se pusieron de punta, lo amaba, esa sensación extraña entre el frío y el calor que recorría todo su cuerpo la delataba.
- Pues... No tienes nada de lo que temer, aún no te conozco, pero desde que hablo contigo... me siento diferente, con ganas de tirarme al abismo, hacer puenting, paracaídas...
- Estas loca.
- Si, por ti.
En ese momento su corazón se detuvo y dejó de respirar, Sergio había enmudecido y ella sentía que se había precipitado, y ahora no había manera de arreglarlo, ya estaba dicho, ya daba igual el miedo, lo que tuviera que pasar iba a pasar en aquel preciso momento, sin más demoras ni más sufrimiento.
- No quiero que no estés segura de lo que dices...
- Créeme si te lo he dicho, es porque lo siento así, y si me equivoco, pues asumiré mi culpa.
- Todo esto es tan nuevo para mí que no se como debería sentirme.
-Siente lo que estés dispuesto a sentir y vive sin tener que arrepentirte de algo que por miedo no quisiste hacer.
- Es muy bonito eso que me dices enana, pero es que aún no sabes ni la mitad de lo que deberías saber sobre mi.
- Tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo, solo te pido que no me hagas esperar mucho.
- Ojala pudiera estar en este instante a tu lado.
- Mira por la ventana.
- ¿Para qué?
- Hazme caso.
- De acuerdo, ya estoy...
- ¿Que ves?
- Veo la luna.
- Yo también la veo, ahora lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos e imaginar que yo estoy ahí a tu lado apoyando mi cabeza sobre tu hombro.
- Si estuvieras aquí, te besaría como nunca te han besado.
- Yo te abrazaría y detendría el tiempo en ese mismo momento.
- Eres una mujer maravillosa Susana. Necesito verte, conecta tu skype.
- Voy, un momento.
Susan colgó el teléfono y cogió su portátil a toda prisa.
Cuando lo encendió escribió a Sergio para que la llamara porque ella aún no estaba muy segura de como funcionaba skype, y de repente una ventanita ocupo la parte central de su pantalla.
Fue entonces cuando los nervios se adueñaron de su calma, no lo podía creer al fin lo vería realmente, se quedo dubitativa al ver el botón verde de descolgar porque un súbito pánico recorría cada una de las conexiones interneuronales de su ya atormentado cerebro...
¿Y si no le gusto?
Su mano se había quedado petrificada y era incapaz de reaccionar.
- ¿Porqué no me lo coges?
Ese mensaje de Sergio la devolvió a la realidad.
- Perdona es que no me ha funcionado bien la conexión, inténtalo de nuevo.
Sergio volvió a llamarla y sin más demoras ella descolgó la llamada, necesitaba ver al hombre que era participe de su renacer.
jueves, 8 de agosto de 2013
Un deseo
Susan sentía cada vez más que no tenía fuerzas para seguir ocultando lo que sentía su corazón.
Y cada vez se le hacía más difícil vivir aquella mentira, ahora cada vez que quedaba con Hugo este siempre la llevaba a sitios muy bonitos, y estaban volviendo a establecer lazos con sus amigos, ahora se comportaban como... Como una pareja normal a Susan le encantaba poder relacionarse con más gente, poder enterarse de lo que ocurría fuera de su burbuja y poder abstraerse, no obstante seguía sintiéndose agobiada, necesitaba aire, y ese aire fresco solo lo podía tener si ponía tierra de por medio entre ella y Hugo, para poder aclararse.
Esa tarde estuvieron en la piscina con sus amigos, y mientras Hugo conducía para llevar a Susan a su casa, ella solo quería que aquel tiempo a solas acabara para poder hablar con Sergio. Por el camino Hugo iba haciendo planes de su futuro no muy lejano con Susan, planes con los que ella había soñado tan solo una semana y media antes de toda aquella locura...
- Me ha encantado la tarde de hoy gordita, hay que ver de las cosas que nos hemos enterado hoy ¡Eh! ¿Cómo te lo has pasado tú?
- Muy bien la verdad, es que echaba de menos hablar con las chicas.
- Lo se, es que hemos estado un tiempo alejados del mundo.
¿Un tiempo? pensó Susan hacía al menos tres años que no quedábamos con toda nuestra pandilla, ahora nuestras salidas con ellos se resumían a la fiesta de noche buena o fin de año, y el último año ni eso, Hugo se estaba volviendo cada vez más huraño, y tan solo consentía quedar con Clara y Fernando, Susan se lo pasaba muy bien con ellos y el año anterior Hugo hasta había consentido ir de vacaciones con ellos.
Pero estos últimos meses se habían separado hasta de ellos, Susan hablaba todos los días con Clara pero no era lo mismo, porque a Clara no le podía contar ciertas cosas, como las que le estaban ocurriendo últimamente, el primero de los motivos era porque no lo entendería y el segundo era porque sabía de sobra que acabaría contándoselo a Fernando, porque siempre cuando las parejas se estancan y llevan tantos años juntos, para evadir a la monotonía acaban hablando de los demás, era algo que Susan sabía por propia experiencia. Así que con ella ponía un filtro a la información. No obstante le encantaba estar con ella porque era la única de sus amigas que había acabado los estudios y estaba parada en su casa sin poder trabajar, porque con los tiempos que corrían encontrar trabajo era como ver llover en el desierto.
- ¿En que piensas Susan?
- En nada, intentaba mantener la mente en blanco mientras miraba los campos de girasoles.
- Ojalá este año te den plaza en Sevilla, para poder irnos a vivir juntos.
- ¿Lo dices en serio? Sería una locura ¿No lo crees? Y además tu madre...
- Mi madre me da igual.
- ¿Desde cuando?
- Desde que intento ser feliz, y solo puedo ser feliz a tu lado, a mi madre la tendré siempre, y por mucho que le choque me acabara perdonando, para eso es mi madre.
- Es que es ese el eterno problema Hugo, es que no hay nada que perdonar, es que no vamos a hacer nada malo, solo queremos dar un paso más en nuestra relación.
- Por eso mismo haré lo que yo quiera hacer.
- Es que las cosas no son así, yo estoy cansada de esta perpetua lucha, yo no intento quitarle su hijo a nadie, y no estoy dispuesta a tener que agachar la cabeza, cada vez que ella entre en nuestra casa. Es una guerra inútil, que ella se empeña en mantener.
- ¿Y que le puedo hacer yo? Sabes perfectamente como son las cosas.
- Si lo se, por eso se que hasta que tu no te impongas y le dejes las cosas claras, esto no avanzara y seguirá estancado, porque tu harás lo que ella te pide y por consiguiente como yo haré lo que tu quieras también seré controlada por ella y el circulo de control seguirá siendo el mismo que hasta ahora.
- Siento no ser el tipo de hombre que tu esperas, el que lo dejaría todo por hacer lo que tú quieras, pero te recuerdo que yo tengo obligaciones.
- Lo se Hugo, llevo sabiéndolo mucho tiempo, por eso mismo estoy cansada, necesito estar un tiempo lejos de esto...
- ¿Ya estamos otra vez? Es eso si me quieres dejar dímelo ya y no estés conmigo por pena.
Ojala todo fuera tan fácil -pensó Susan. Pero al mirar hacía Hugo pudo ver como sus ojos comenzaban a estar vidriosos.
- No es eso, es que quiero ir a ver a mi amiga Ana, la necesito a ella y necesito despejarme.
- Muy bien iremos los dos juntos.
- Pero si ni siquiera te cae bien Ana, y además yo quiero pasar unos días con ella.
- ¿Para que para olvidarme?
- No Hugo, para olvidarme de toda mi situación. No todo se tiene que resumir a ti, no eres el ombligo del mundo.
- Me quieres echar de tu vida, peor que a un perro, porque al menos a ellos los quieres.
- ¡Dios mio Hugo! No te estas dando cuenta de que estas sacando las cosas de contexto. Porque me vaya con ella no te voy a olvidar, solo despejare mi mente ¿Es que no lo entiendes?
- No cuentas conmigo en tus planes ¿No lo ves?
- ¡AAAAAAAAA! Me estas desquiciando Hugo maldita sea.
Aquel chillido dejo fuera de serie a Hugo que se puso a llorar como un niño pequeño, al darse cuenta de aquello, Susan lo hizo parar en el arcén y lo abrazó.
- Pero ¿Que demonios te pasa Hugo?
- No quiero que me dejes solo, no puedo soportar que me abandonen otra vez.
Y Susan notó como se derrumbaba en sus brazos, ¿Que estaba haciendo? No lo podía dejar así de aquella manera, en ese momento Susan se olvidó de lo que ella quería una vez más, ahora su prioridad era hacer que Hugo estuviera bien.
- Ven aquí pequeño.
Susan tiró de su brazo y lo atrajo hacia su pecho para consolarlo.
- Ya esta cariño, no pasa nada, yo no quiero dejarte, solo necesitaba un tiempo para estar sola, pero si me necesitas no te preocupes que no me iré de tu lado.
Hugo seguía desconsolado aferrándose a Susan, abrazándola con toda su fuerza, parecía tan débil, siempre había considerado a Hugo como a un hombre intimidante, capaz de conseguir que la gente se estremeciera con una sola mirada, y verlo ahora en aquel estado, y sabiendo que todo era culpa suya le rompía el alma. Solo lo había visto así cuando se murió su padre, ella no quería que volviera a pasar lo mismo, en ese momento sintió como se rompía algo en su interior y Susan rompió a llorar.
Cuando una lagrima cayó sobre la cabeza de Hugo, el paró de llorar alzó la cabeza y observo atónito como Susan lloraba en silencio, con los ojos cerrados.
- ¡Susan! ¿Porqué lloras?
- Me duele verte así, no puedo soportar verte pasándolo tan mal, y saber que yo soy la culpable, me mata en vida.
- No, es que no se que me pasa últimamente, pero estoy muy sensible e irritable.
- Lo se, y lo siento.
- Es que lo que paso la semana pasada, me hizo darme cuenta de que esta vez si que te perdía y me da tanto miedo que sigas conmigo porque en ese momento te di pena.
A Susan le hubiera gustado decirle que tenía toda la razón del mundo y que ahora se daba cuenta de la magnitud de su error, ya que con cada día que pasaba a su lado Hugo sufriría más y más y ella no podía hacer nada, le hubiera gustado decirle que lo quería pero no quería mentirle, no se lo merecía. Y mucho menos ahora.
- ¿Se te ha pasado ya?
- Si un poco.
- ¿Quieres que conduzca yo?
- No, gracias pero creo que aunque me hubiera dado una embolia seguiría conduciendo mejor que tú.
- Gracias, ya sabes para la siguiente vez quien se va a ofrecer para ayudarte...
- Que era una broma tonta.
- Anda llévame a casa.
Cuando llegaron a casa de Susan pasaron unas horas dentro del coche, abrazados y hablando, pero a Susan le daba la sensación de que sus abrazos solo guardaban cariño, el mismo cariño que le podría dar a algún amigo suyo que conociera desde la infancia. Y se recriminaba y reñía por ello, quería sentir algo más con toda su alma, quería volver a enamorarse de aquel arrogante e impetuoso niño de sonrisa picara que ahora luchaba por mantenerse a flote, y no dejar escapar sus lágrimas.
Y cada vez se le hacía más difícil vivir aquella mentira, ahora cada vez que quedaba con Hugo este siempre la llevaba a sitios muy bonitos, y estaban volviendo a establecer lazos con sus amigos, ahora se comportaban como... Como una pareja normal a Susan le encantaba poder relacionarse con más gente, poder enterarse de lo que ocurría fuera de su burbuja y poder abstraerse, no obstante seguía sintiéndose agobiada, necesitaba aire, y ese aire fresco solo lo podía tener si ponía tierra de por medio entre ella y Hugo, para poder aclararse.
Esa tarde estuvieron en la piscina con sus amigos, y mientras Hugo conducía para llevar a Susan a su casa, ella solo quería que aquel tiempo a solas acabara para poder hablar con Sergio. Por el camino Hugo iba haciendo planes de su futuro no muy lejano con Susan, planes con los que ella había soñado tan solo una semana y media antes de toda aquella locura...
- Me ha encantado la tarde de hoy gordita, hay que ver de las cosas que nos hemos enterado hoy ¡Eh! ¿Cómo te lo has pasado tú?
- Muy bien la verdad, es que echaba de menos hablar con las chicas.
- Lo se, es que hemos estado un tiempo alejados del mundo.
¿Un tiempo? pensó Susan hacía al menos tres años que no quedábamos con toda nuestra pandilla, ahora nuestras salidas con ellos se resumían a la fiesta de noche buena o fin de año, y el último año ni eso, Hugo se estaba volviendo cada vez más huraño, y tan solo consentía quedar con Clara y Fernando, Susan se lo pasaba muy bien con ellos y el año anterior Hugo hasta había consentido ir de vacaciones con ellos.
Pero estos últimos meses se habían separado hasta de ellos, Susan hablaba todos los días con Clara pero no era lo mismo, porque a Clara no le podía contar ciertas cosas, como las que le estaban ocurriendo últimamente, el primero de los motivos era porque no lo entendería y el segundo era porque sabía de sobra que acabaría contándoselo a Fernando, porque siempre cuando las parejas se estancan y llevan tantos años juntos, para evadir a la monotonía acaban hablando de los demás, era algo que Susan sabía por propia experiencia. Así que con ella ponía un filtro a la información. No obstante le encantaba estar con ella porque era la única de sus amigas que había acabado los estudios y estaba parada en su casa sin poder trabajar, porque con los tiempos que corrían encontrar trabajo era como ver llover en el desierto.
- ¿En que piensas Susan?
- En nada, intentaba mantener la mente en blanco mientras miraba los campos de girasoles.
- Ojalá este año te den plaza en Sevilla, para poder irnos a vivir juntos.
- ¿Lo dices en serio? Sería una locura ¿No lo crees? Y además tu madre...
- Mi madre me da igual.
- ¿Desde cuando?
- Desde que intento ser feliz, y solo puedo ser feliz a tu lado, a mi madre la tendré siempre, y por mucho que le choque me acabara perdonando, para eso es mi madre.
- Es que es ese el eterno problema Hugo, es que no hay nada que perdonar, es que no vamos a hacer nada malo, solo queremos dar un paso más en nuestra relación.
- Por eso mismo haré lo que yo quiera hacer.
- Es que las cosas no son así, yo estoy cansada de esta perpetua lucha, yo no intento quitarle su hijo a nadie, y no estoy dispuesta a tener que agachar la cabeza, cada vez que ella entre en nuestra casa. Es una guerra inútil, que ella se empeña en mantener.
- ¿Y que le puedo hacer yo? Sabes perfectamente como son las cosas.
- Si lo se, por eso se que hasta que tu no te impongas y le dejes las cosas claras, esto no avanzara y seguirá estancado, porque tu harás lo que ella te pide y por consiguiente como yo haré lo que tu quieras también seré controlada por ella y el circulo de control seguirá siendo el mismo que hasta ahora.
- Siento no ser el tipo de hombre que tu esperas, el que lo dejaría todo por hacer lo que tú quieras, pero te recuerdo que yo tengo obligaciones.
- Lo se Hugo, llevo sabiéndolo mucho tiempo, por eso mismo estoy cansada, necesito estar un tiempo lejos de esto...
- ¿Ya estamos otra vez? Es eso si me quieres dejar dímelo ya y no estés conmigo por pena.
Ojala todo fuera tan fácil -pensó Susan. Pero al mirar hacía Hugo pudo ver como sus ojos comenzaban a estar vidriosos.
- No es eso, es que quiero ir a ver a mi amiga Ana, la necesito a ella y necesito despejarme.
- Muy bien iremos los dos juntos.
- Pero si ni siquiera te cae bien Ana, y además yo quiero pasar unos días con ella.
- ¿Para que para olvidarme?
- No Hugo, para olvidarme de toda mi situación. No todo se tiene que resumir a ti, no eres el ombligo del mundo.
- Me quieres echar de tu vida, peor que a un perro, porque al menos a ellos los quieres.
- ¡Dios mio Hugo! No te estas dando cuenta de que estas sacando las cosas de contexto. Porque me vaya con ella no te voy a olvidar, solo despejare mi mente ¿Es que no lo entiendes?
- No cuentas conmigo en tus planes ¿No lo ves?
- ¡AAAAAAAAA! Me estas desquiciando Hugo maldita sea.
Aquel chillido dejo fuera de serie a Hugo que se puso a llorar como un niño pequeño, al darse cuenta de aquello, Susan lo hizo parar en el arcén y lo abrazó.
- Pero ¿Que demonios te pasa Hugo?
- No quiero que me dejes solo, no puedo soportar que me abandonen otra vez.
Y Susan notó como se derrumbaba en sus brazos, ¿Que estaba haciendo? No lo podía dejar así de aquella manera, en ese momento Susan se olvidó de lo que ella quería una vez más, ahora su prioridad era hacer que Hugo estuviera bien.
- Ven aquí pequeño.
Susan tiró de su brazo y lo atrajo hacia su pecho para consolarlo.
- Ya esta cariño, no pasa nada, yo no quiero dejarte, solo necesitaba un tiempo para estar sola, pero si me necesitas no te preocupes que no me iré de tu lado.
Hugo seguía desconsolado aferrándose a Susan, abrazándola con toda su fuerza, parecía tan débil, siempre había considerado a Hugo como a un hombre intimidante, capaz de conseguir que la gente se estremeciera con una sola mirada, y verlo ahora en aquel estado, y sabiendo que todo era culpa suya le rompía el alma. Solo lo había visto así cuando se murió su padre, ella no quería que volviera a pasar lo mismo, en ese momento sintió como se rompía algo en su interior y Susan rompió a llorar.
Cuando una lagrima cayó sobre la cabeza de Hugo, el paró de llorar alzó la cabeza y observo atónito como Susan lloraba en silencio, con los ojos cerrados.
- ¡Susan! ¿Porqué lloras?
- Me duele verte así, no puedo soportar verte pasándolo tan mal, y saber que yo soy la culpable, me mata en vida.
- No, es que no se que me pasa últimamente, pero estoy muy sensible e irritable.
- Lo se, y lo siento.
- Es que lo que paso la semana pasada, me hizo darme cuenta de que esta vez si que te perdía y me da tanto miedo que sigas conmigo porque en ese momento te di pena.
A Susan le hubiera gustado decirle que tenía toda la razón del mundo y que ahora se daba cuenta de la magnitud de su error, ya que con cada día que pasaba a su lado Hugo sufriría más y más y ella no podía hacer nada, le hubiera gustado decirle que lo quería pero no quería mentirle, no se lo merecía. Y mucho menos ahora.
- ¿Se te ha pasado ya?
- Si un poco.
- ¿Quieres que conduzca yo?
- No, gracias pero creo que aunque me hubiera dado una embolia seguiría conduciendo mejor que tú.
- Gracias, ya sabes para la siguiente vez quien se va a ofrecer para ayudarte...
- Que era una broma tonta.
- Anda llévame a casa.
Cuando llegaron a casa de Susan pasaron unas horas dentro del coche, abrazados y hablando, pero a Susan le daba la sensación de que sus abrazos solo guardaban cariño, el mismo cariño que le podría dar a algún amigo suyo que conociera desde la infancia. Y se recriminaba y reñía por ello, quería sentir algo más con toda su alma, quería volver a enamorarse de aquel arrogante e impetuoso niño de sonrisa picara que ahora luchaba por mantenerse a flote, y no dejar escapar sus lágrimas.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Especialista en amores imposibles
Susan empezaba hoy con ilusión un nuevo día, comenzaba un trabajo nuevo, lo había encontrado con la ayuda de Amanda y lo mejor de todo es que ambas comenzarían a trabajar juntas, aún no sabían quienes podían ser sus compañeras de grupo, puesto que las habían seleccionado como becarias en un nuevo centro comercial que habían abierto cerca de casa, de momento comenzaban como trabajadoras en prácticas durante dos semanas, y con un poco de suerte quizás habría la posibilidad de una contratación, o al menos eso les habían prometido, el sueldo no era muy bueno debido a que se suponía que ellas no sabían hacer nada y durante ese tiempo, tendrían la posibilidad de aprender.
Cuando Susan recogió en coche a Amanda comenzaron a hablar sobre lo sucedido la noche anterior, Susan estaba envuelta en un mar de dudas, y quería que Amanda la iluminara.
- Susi yo no se que decirte, es una locura la verdad, yo se que Hugo no ha sido el mejor de los caballeros hasta la fecha, pero ¿No crees que se merece otra oportunidad?
- ¿Otra? Por el amor de Dios Ami ¿Cuantas oportunidades le he dado en estos últimos dos años? Esto no funciona, y es tan sencillo verlo que hasta un ciego se daría cuenta.
- Bueno la verdad es que últimamente, la situación ha sido un poco insostenible.
- ¿Un poco? Ami sinceramente, llevaba años sin sentirme viva, ya no me acordaba de lo que era hablar con una persona y olvidarme de todas mis complicaciones. Y sabe Dios que lo intento pero hoy por hoy cuando estoy con Hugo lo único que me apetece es que fuera Sergio, y en cuanto lo pierdo de vista me pongo a hablar con él. Eso es señal de que algo muy bien no va.
- Es que si no pones de tu parte...
- Lo he intentado créeme, pero el día que estuve sin él, fue un suplicio, no puedo seguir así.
- Pero si ni siquiera lo conoces.
- Quizás así se puede llegar a conocer a una persona más que de otra manera, porque se abre más.
- O quizás solo sea una estratagema para camelarse a niñas ingenuas como tú que no han conocido otro mundo en su vida.
- Quizás, pero sabes, ese es un riesgo que estoy dispuesta ha asumir.
- Definitivamente te has vuelto loca. Y a mi lo que más pena me da de esta historia es Hugo, porque claramente se nota que tu ya has tomado tu decisión.
- Así es, pero Hugo, no es razonable, y si fuera de otra manera, no me daría miedo decirle las cosas. Pero como no me lo pone nada fácil, solo intentare que él haga por mi lo que yo no me atrevo.
- ¿Crees que funcionará?
- Espero que así sea.
- No comprendo como te ha podido pasar esto en serio, es que a mi no se me ocurriría nunca hablar con un desconocido.
- ¿Sabes porqué?
- Porque lo veo incoherente y extraño.
- No porque llevas 4 años con tu pareja, y os seguís queriendo, y sabéis saldar la monotonía, ambos compartís una vida, pero a su vez, lejos de esa relación tenéis vuestra propia vida, eso es algo que yo no podré decir nunca, por mucho que me duela admitirlo, mi relación es asfixiante. Y ha llegado un punto en el que el vaso que contenía todas las gotas de mi colmada paciencia ha estallado en mil pedazos, y ahora no hay manera de recomponerlo. Tu mejor que nadie sabes todo lo que me ha pasado, y tu misma me has dicho miles de veces que esto no lleva a ninguna parte que llevo una vida sedentaria de una mujer de 40 años, que no se lo que es vivir, salir de fiesta con mis amigas, besar a otra persona que no sea a Hugo, conocer otros mundos.
- Eso si que es verdad.
- Y sinceramente creo, que a yogui el destino me lo ha puesto en el camino por alguna razón.
- Sin darte cuenta él a conseguido abrirte los ojos, cosa que yo llevo años intentándolo y no lo he conseguido.
- Y lo peor es que a sido sin querer, él lo último que quiere es que yo lo pase mal, y me avisa de que él no me merece. En ningún momento me ha impuesto lo que debo hacer ni siquiera a opinado al respecto, y eso es una señal de madurez, a la que yo no estoy acostumbrada, si no estuviera tan lejos sería todo tan sencillo.
- Eres consciente de que si él no estuviera lejos, le habrías sido infiel a Hugo.
- Eso es algo que nunca llegare a saber, tu bien sabes que a lo largo de estos años, se me han dado muchas oportunidades, y sin embargo, jamás he engañado a Hugo. Y algunos eran mejor partido que él.
- Si, pero antes estabas locamente enamorada de él.
- El problema es que ahora no es de él de quién estás enamorada. Y eso precisamente es lo que me preocupa, porque no quiero que te hagan daño.
- No querer sufrir por amor, es igual que decirle a un bebe que aún se encuentra en el vientre materno ¿Para que vas a nacer? Si total, te vas a morir.
Hay cosas y situaciones en la vida que son inevitables, lo único que debemos hacer es pasar por ellas, y evitar caer de nuevo en la misma piedra.
- Que líos te buscas tu sólita.
- Ojalá no te tengas que ver envueltos nunca en ellos.
- Yo jamás haría algo así.
- Nunca digas de este agua no beberé, porque quizás al final acabas bebiendo antes de la cuenta.
- Tu y tu filosofía, ¿Y eso de yogui?
- ¡Ah! es que nos hemos puesto motes.
- Madre mía Susi me das miedo. ¿Cómo puedes ser tan feliz viviendo en una ilusión?
- A veces los sueños y las ilusiones son los momentos más felices de nuestras vidas, ojalá todos los pudiéramos hacer realidad, así verías lo feliz que se vive.
Al llegar al trabajo se dieron cuenta que el trabajo que les habían prometido era repartiendo propaganda, y aunque no comenzaron con mucha ilusión al menos estaban juntas. Ellas y sus locuras amenizaban la mañana.
El momento del desayuno, era el preferido por Susan, porque podía hablar con Sergio y despertarlo, le encantaba su voz de recién levantado, le resultaba tan sexy.
Y lo que más le gustaba era como Sergio la provocaba y la invitaba a quedarse dormida junto e él, la situación entre ellos, cada vez se caldeaba más, y lo peor era que ambos no podían apaciguarse mutuamente, ese deseo era algo desconocido para Susan, porque se notaba que Sergio poseía mucha más experiencia que Hugo y eso era algo que llamaba mucho la atención.
Pero sabía de sobra que quién mucho juega con fuego...
Cuando Susan recogió en coche a Amanda comenzaron a hablar sobre lo sucedido la noche anterior, Susan estaba envuelta en un mar de dudas, y quería que Amanda la iluminara.
- Susi yo no se que decirte, es una locura la verdad, yo se que Hugo no ha sido el mejor de los caballeros hasta la fecha, pero ¿No crees que se merece otra oportunidad?
- ¿Otra? Por el amor de Dios Ami ¿Cuantas oportunidades le he dado en estos últimos dos años? Esto no funciona, y es tan sencillo verlo que hasta un ciego se daría cuenta.
- Bueno la verdad es que últimamente, la situación ha sido un poco insostenible.
- ¿Un poco? Ami sinceramente, llevaba años sin sentirme viva, ya no me acordaba de lo que era hablar con una persona y olvidarme de todas mis complicaciones. Y sabe Dios que lo intento pero hoy por hoy cuando estoy con Hugo lo único que me apetece es que fuera Sergio, y en cuanto lo pierdo de vista me pongo a hablar con él. Eso es señal de que algo muy bien no va.
- Es que si no pones de tu parte...
- Lo he intentado créeme, pero el día que estuve sin él, fue un suplicio, no puedo seguir así.
- Pero si ni siquiera lo conoces.
- Quizás así se puede llegar a conocer a una persona más que de otra manera, porque se abre más.
- O quizás solo sea una estratagema para camelarse a niñas ingenuas como tú que no han conocido otro mundo en su vida.
- Quizás, pero sabes, ese es un riesgo que estoy dispuesta ha asumir.
- Definitivamente te has vuelto loca. Y a mi lo que más pena me da de esta historia es Hugo, porque claramente se nota que tu ya has tomado tu decisión.
- Así es, pero Hugo, no es razonable, y si fuera de otra manera, no me daría miedo decirle las cosas. Pero como no me lo pone nada fácil, solo intentare que él haga por mi lo que yo no me atrevo.
- ¿Crees que funcionará?
- Espero que así sea.
- No comprendo como te ha podido pasar esto en serio, es que a mi no se me ocurriría nunca hablar con un desconocido.
- ¿Sabes porqué?
- Porque lo veo incoherente y extraño.
- No porque llevas 4 años con tu pareja, y os seguís queriendo, y sabéis saldar la monotonía, ambos compartís una vida, pero a su vez, lejos de esa relación tenéis vuestra propia vida, eso es algo que yo no podré decir nunca, por mucho que me duela admitirlo, mi relación es asfixiante. Y ha llegado un punto en el que el vaso que contenía todas las gotas de mi colmada paciencia ha estallado en mil pedazos, y ahora no hay manera de recomponerlo. Tu mejor que nadie sabes todo lo que me ha pasado, y tu misma me has dicho miles de veces que esto no lleva a ninguna parte que llevo una vida sedentaria de una mujer de 40 años, que no se lo que es vivir, salir de fiesta con mis amigas, besar a otra persona que no sea a Hugo, conocer otros mundos.
- Eso si que es verdad.
- Y sinceramente creo, que a yogui el destino me lo ha puesto en el camino por alguna razón.
- Sin darte cuenta él a conseguido abrirte los ojos, cosa que yo llevo años intentándolo y no lo he conseguido.
- Y lo peor es que a sido sin querer, él lo último que quiere es que yo lo pase mal, y me avisa de que él no me merece. En ningún momento me ha impuesto lo que debo hacer ni siquiera a opinado al respecto, y eso es una señal de madurez, a la que yo no estoy acostumbrada, si no estuviera tan lejos sería todo tan sencillo.
- Eres consciente de que si él no estuviera lejos, le habrías sido infiel a Hugo.
- Eso es algo que nunca llegare a saber, tu bien sabes que a lo largo de estos años, se me han dado muchas oportunidades, y sin embargo, jamás he engañado a Hugo. Y algunos eran mejor partido que él.
- Si, pero antes estabas locamente enamorada de él.
- El problema es que ahora no es de él de quién estás enamorada. Y eso precisamente es lo que me preocupa, porque no quiero que te hagan daño.
- No querer sufrir por amor, es igual que decirle a un bebe que aún se encuentra en el vientre materno ¿Para que vas a nacer? Si total, te vas a morir.
Hay cosas y situaciones en la vida que son inevitables, lo único que debemos hacer es pasar por ellas, y evitar caer de nuevo en la misma piedra.
- Que líos te buscas tu sólita.
- Ojalá no te tengas que ver envueltos nunca en ellos.
- Yo jamás haría algo así.
- Nunca digas de este agua no beberé, porque quizás al final acabas bebiendo antes de la cuenta.
- Tu y tu filosofía, ¿Y eso de yogui?
- ¡Ah! es que nos hemos puesto motes.
- Madre mía Susi me das miedo. ¿Cómo puedes ser tan feliz viviendo en una ilusión?
- A veces los sueños y las ilusiones son los momentos más felices de nuestras vidas, ojalá todos los pudiéramos hacer realidad, así verías lo feliz que se vive.
Al llegar al trabajo se dieron cuenta que el trabajo que les habían prometido era repartiendo propaganda, y aunque no comenzaron con mucha ilusión al menos estaban juntas. Ellas y sus locuras amenizaban la mañana.
El momento del desayuno, era el preferido por Susan, porque podía hablar con Sergio y despertarlo, le encantaba su voz de recién levantado, le resultaba tan sexy.
Y lo que más le gustaba era como Sergio la provocaba y la invitaba a quedarse dormida junto e él, la situación entre ellos, cada vez se caldeaba más, y lo peor era que ambos no podían apaciguarse mutuamente, ese deseo era algo desconocido para Susan, porque se notaba que Sergio poseía mucha más experiencia que Hugo y eso era algo que llamaba mucho la atención.
Pero sabía de sobra que quién mucho juega con fuego...
Su voz
A medida que el tiempo iba pasando Susan tenía la incipiente necesidad de conocer en persona a Yogui, había imaginado infinidad de veces y de mil maneras distintas como sería su encuentro con él, aunque no quería que pasara estando ella aún con Hugo, porque si bien era un hecho innegable de que con el paso de los días cada vez le gustaba más aquel desconocido con el que hablaba a través de una pantalla, jamás por nada del mundo le haría daño a Hugo.
Aunque irremediablemente sin quererlo y sin darse cuenta se lo estaba haciendo, pués esa distancia que la acercaba cada día más a Sergio, la separaba cada día más de Hugo era irremediable, y ojalá hubiera podido hacer algo para que las cosas fueran diferentes, pero el daño ya estaba hecho.
Esa noche no había podido ver a Sergio por Skype por problemas técnicos, simplemente su ordenador había decidido darse de baja, así que lo llamo por teléfono y pasaron horas hablando de todo y de nada, contando historias pasadas e imaginando historias futuras, era todo tan bonito que Susan no quería despertar de aquel sueño ni por todo el oro del mundo.
Pero una llamada entrante la hizo bajar a la realidad.
- Sergio te voy a dejar que me están llamando ¿Vale?
- ¿Es él verdad?
- Sí
- De acuerdo.
La voz de Sergio había tomado un tono lúgubre, y Susan noto como le costaba tragar, se le había hecho un nudo en la garganta y por su bien y el de los dos tenía que acabar con aquella farsa, no era justo pedirle a Sergio que aguantara y viviera en una mentira sin más. Ella sabía muy bien lo que quería, pero una vez más su ya debilitada fortaleza se lo impedía, no era de ese tipo de mujeres valientes que hacen las cosas sin más, sin importarles nada más que ellas mismas, y en ese instante nadie podía imaginar lo mucho que deseaba ser así, ser mala por una vez en su vida, egoísta y pasota.
Pero la realidad era otra muy distinta...
- Dime
- ¿Cómo esta mi niña?
- ¿Tienes fiebre?
- Jajaja ¡No! ¿Porqué? ¿Es que acaso no puedo ser cariñoso contigo?
- No se, es que me extraña la verdad, hace siglos que no te referías a mi de forma cariñosa.
- Bueno, las cosas cambian, más vale tarde que nunca.
¡MIERDA! La voz interior de Susan no podía dejar de chillar como una histérica encolerizada, ¿Porqué justo ahora maldito cabernícola? ¡Tantos años juntos y cuando le ves realmente las orejas al lobo decides cambiar! ¡ES TARDE! ¡ES MUY TARDE! ¡YA NO SOY LA MISMA, NO LO VES! Toda una vida pidiéndome que cambiara y cambiando mis gustos por tí y ¿Ahora que me he cansado decides estar pendiente mía?¡Maldito hipócrita!
Cuando se calmo, pensó ¿A quién pretendo engañar? Es lógico que se comporte así, era como mirarse en un espejo, y reconocía esos síntomas perfectamente, él estaba locamente enamorada de ella, y sin embargo ella no podía responderle de la misma manera, que él se merecía, el destino es un niño cruel que esta sentado con su lupa bajo la luz del sol, acechando a alguna pobre hormiguita que se cruce en su camino. ¡CAMARERO SÍRVAME UNA DOBLE RACIÓN DE CULPABILIDAD!
Ojalá pudiera hacer algo para abrirle los ojos de una vez y que se de cuenta de que yo no lo merezco, que no somos para nada iguales, y los que hubo un día entre nosotros, se esfumó y de ese amor solo queda un recuerdo.
De la mejilla de Susan comenzaron a brotar lagrimas silenciosas, esas que proceden de lo más profundo de tu ser y que nadie puede notarlas, mientras tanto ella seguía hablando con Hugo con total tranquilidad, aunque su rostro fuera un mar de lágrimas.
- ¿Te apetece hacer algo mañana gordita?
- Pués no lo se la verdad es que me da igual, tengo que ir a hablar con una mujer, a ver si me ofrece un trabajo, pero la tarde creo que la tengo libre.
- A bueno, no pasa nada, si no lo dejamos para otro día, es que quiero llevarte a un sitio.
- ¿A si? ¿A dónde?
- Ya te lo enseñare por fotos, me han hablado muy bien de él, y se que a ti que te encanta la naturaleza te gustara.
- Ahora tengo curiosidad por favor enséñamelo.
- Bueno, anda.
En ese momento le mando una foto de unas cascadas preciosas, y de un río con un agua cristalina que nada tenía que envidiar a los parajes naturales que Susan estaba acostumbrada a ver en National Geogrphic.
- ¡Guau! ¿Dónde esta esto?
- Es un pueblecito de Sevilla que forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, y tiene unos paisajes impresionantes, como has podido comprobar.
- ¡Am! Me suena, la verdad es que creo que mis padres intentaron ir una vez allí y no lo encontraron y mis tíos fueron pero me dijeron que las cascadas se habían secado...
- Tú como no, si no le ponías alguna pega...
- No, lo siento, no lo he echo con mala intención, era un comentario sin maldad.
- Pues habrán estado en otro sitio.
- Pues no lo se luego le preguntare...
- A mi me han dicho, que por mucho que la gente opine, no se secan las cascadas.
-¡Am!
- ¿Bueno te apetece ir?
- La verdad es que sí.
- Dicen que en el pueblo de al lado hay una playa artificial.
- En verdad muchas veces nos empeñamos en ir lejos, cuando las cosas que tenemos cerca nuestra son preciosas y ni si quiera lo sabíamos.
- Bueno pués podríamos ir mañana o el martes.
- Me parece bien.
- También me gustaría llevarte al Castillo de la Guarda que se que tienes muchas ganas de visitarlo. Lo que pasa es que ahora con este calor y mi coche que no tiene aire acondicionado, sería un suplicio.
- La verdad es que un poco, si.
- Es que he pensado, que ya que este verano no vamos a tener vacaciones, al menos podíamos visitar monumentos de nuestros alrededores.
En toda su relación lo más lejos que habían ido había sido a Huelva a veranear, el trayecto siempre era el mismo de su casa a la de Susan y alguna vez, que ella lo había acompañado cuando él se iba a estudiar a Sevilla, pero los recorridos una vez allí, se reducían del supermercado a su piso, no se había empeñado ni una sola vez en llevarla al cine, con lo mucho que sabía que a ella le encantaba.
Pero eso sí, las iglesias se las habían recorrido todas, y sobre todo cuando se acercaba la época de semana santa, Susan le tenía autentico pavor a esa fecha, porque año tras año le imponían venerar a una imagen que para ella no era más que un simple trozo de madera, pero por no destrozarle el corazón a Hugo fingía en la medida de lo posible que aquello le podía gustar un ápice. Cuando la verdad es que lo odiaba con toda su alma, ella creía en la ciencia y por nada del mundo toleraría que ninguna religión la dominara y mucho menos le impusiera lo que tendría que hacer.
En esa forma de pensar se parecía tanto a Sergio, con él sentía que no tenía que fingir, le decía las cosas tal y como las pensaba, era... Era ella misma, y eso era un privilegio que le habían arrebatado hacia ya mucho tiempo, tanto, que ya no recordaba ni como era ella en realidad, vivía siguiendo un guion constante regidas por unas reglas y unas normas que consideraba una tontería, pero que no se quería saltar por miedo a las represalias.
Quizás era cierto que lo único que necesitaba Hugo para darse cuenta que en una relación hay que hacer cosas que ambos decidan, era un susto. Pero lamentablemente... Su barco ya había zarpado.
- Me encantaría.
- Y a mí, siento no haber podido estar contigo tanto como debería este verano. Pero...
- No hace falta que me des explicaciones Hugo, en serio. Ya nada de eso importa. Voy a dormir si no te importa.
- ¡Am! ¿Y eso como es que hoy no quieres hablar más?
- Porque no me apetece estoy cansada.
- ¡Claro como no soy una de tus amiguitas, me queda bastante claro que no quieres perder el tiempo conmigo!
- No empieces.
- Hombre todas las noches quejándote de que no hablamos y ahora...
- Ahora como TÚ quieres hay que seguir hablando ¿Ta das cuenta?
- Eso échame las culpas a mi, da igual ya estoy acostumbrado.
- Sabes, paso...
Y acto seguido colgó el teléfono no le apetecía para nada discutir y sabia de sobra como acabaría aquella conversación.
Su móvil sonó una vez más señal de que le había llegado un whatsapp, lo miró y era de Hugo.
- Tú antes no eras así.
- El tiempo cambia a las personas, buenas noches.
Y con ello dió por terminada la conversación, abrió el apalabrados y comenzó a hablarle a Sergio.
Sus mejillas aún estaban pegadas por el llanto, estaba tan cansada, y sabía de sobra que aquello no era sano, no podía pasarse el día llorando.
- Gambita, no me siento cómodo en esta situación la verdad, no puedes pretender colgarme a mi para hablar con tu novio y que yo este tan tranquilo.
- Pero es que yo jamás te he mentido, y te he dicho en cada momento lo que hay. ¡Es que no es fácil! ¿Acaso crees que a mi no me gustaría poder dejarlo sin más?
- Lo se, pero entiéndeme.
- Créeme aunque yo no este en tu situación te entiendo, entiendo la de ambos y por eso se que me tengo que decidir cuanto antes, por vosotros y por mi bien.
-Siento tener que hacerte esto, tu estabas tan bien con tu vida, y yo llegue para volvértela patas arriba.
- No vuelvas a decir eso, lo creas o no eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Marco su número de teléfono y lo llamo al instante, necesiaba oír su voz, esa voz grave de hombre que inundaba todos sus sentidos y le devolvia la calma que tanto ansiaba tener, hacía que todos sus problemas se disiparan y la transportaba al único lugar donde le gustaría estar en medio de todo ese caos.
Junto a él.
Aunque irremediablemente sin quererlo y sin darse cuenta se lo estaba haciendo, pués esa distancia que la acercaba cada día más a Sergio, la separaba cada día más de Hugo era irremediable, y ojalá hubiera podido hacer algo para que las cosas fueran diferentes, pero el daño ya estaba hecho.
Esa noche no había podido ver a Sergio por Skype por problemas técnicos, simplemente su ordenador había decidido darse de baja, así que lo llamo por teléfono y pasaron horas hablando de todo y de nada, contando historias pasadas e imaginando historias futuras, era todo tan bonito que Susan no quería despertar de aquel sueño ni por todo el oro del mundo.
Pero una llamada entrante la hizo bajar a la realidad.
- Sergio te voy a dejar que me están llamando ¿Vale?
- ¿Es él verdad?
- Sí
- De acuerdo.
La voz de Sergio había tomado un tono lúgubre, y Susan noto como le costaba tragar, se le había hecho un nudo en la garganta y por su bien y el de los dos tenía que acabar con aquella farsa, no era justo pedirle a Sergio que aguantara y viviera en una mentira sin más. Ella sabía muy bien lo que quería, pero una vez más su ya debilitada fortaleza se lo impedía, no era de ese tipo de mujeres valientes que hacen las cosas sin más, sin importarles nada más que ellas mismas, y en ese instante nadie podía imaginar lo mucho que deseaba ser así, ser mala por una vez en su vida, egoísta y pasota.
Pero la realidad era otra muy distinta...
- Dime
- ¿Cómo esta mi niña?
- ¿Tienes fiebre?
- Jajaja ¡No! ¿Porqué? ¿Es que acaso no puedo ser cariñoso contigo?
- No se, es que me extraña la verdad, hace siglos que no te referías a mi de forma cariñosa.
- Bueno, las cosas cambian, más vale tarde que nunca.
¡MIERDA! La voz interior de Susan no podía dejar de chillar como una histérica encolerizada, ¿Porqué justo ahora maldito cabernícola? ¡Tantos años juntos y cuando le ves realmente las orejas al lobo decides cambiar! ¡ES TARDE! ¡ES MUY TARDE! ¡YA NO SOY LA MISMA, NO LO VES! Toda una vida pidiéndome que cambiara y cambiando mis gustos por tí y ¿Ahora que me he cansado decides estar pendiente mía?¡Maldito hipócrita!
Cuando se calmo, pensó ¿A quién pretendo engañar? Es lógico que se comporte así, era como mirarse en un espejo, y reconocía esos síntomas perfectamente, él estaba locamente enamorada de ella, y sin embargo ella no podía responderle de la misma manera, que él se merecía, el destino es un niño cruel que esta sentado con su lupa bajo la luz del sol, acechando a alguna pobre hormiguita que se cruce en su camino. ¡CAMARERO SÍRVAME UNA DOBLE RACIÓN DE CULPABILIDAD!
Ojalá pudiera hacer algo para abrirle los ojos de una vez y que se de cuenta de que yo no lo merezco, que no somos para nada iguales, y los que hubo un día entre nosotros, se esfumó y de ese amor solo queda un recuerdo.
De la mejilla de Susan comenzaron a brotar lagrimas silenciosas, esas que proceden de lo más profundo de tu ser y que nadie puede notarlas, mientras tanto ella seguía hablando con Hugo con total tranquilidad, aunque su rostro fuera un mar de lágrimas.
- ¿Te apetece hacer algo mañana gordita?
- Pués no lo se la verdad es que me da igual, tengo que ir a hablar con una mujer, a ver si me ofrece un trabajo, pero la tarde creo que la tengo libre.
- A bueno, no pasa nada, si no lo dejamos para otro día, es que quiero llevarte a un sitio.
- ¿A si? ¿A dónde?
- Ya te lo enseñare por fotos, me han hablado muy bien de él, y se que a ti que te encanta la naturaleza te gustara.
- Ahora tengo curiosidad por favor enséñamelo.
- Bueno, anda.
En ese momento le mando una foto de unas cascadas preciosas, y de un río con un agua cristalina que nada tenía que envidiar a los parajes naturales que Susan estaba acostumbrada a ver en National Geogrphic.
- ¡Guau! ¿Dónde esta esto?
- Es un pueblecito de Sevilla que forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, y tiene unos paisajes impresionantes, como has podido comprobar.
- ¡Am! Me suena, la verdad es que creo que mis padres intentaron ir una vez allí y no lo encontraron y mis tíos fueron pero me dijeron que las cascadas se habían secado...
- Tú como no, si no le ponías alguna pega...
- No, lo siento, no lo he echo con mala intención, era un comentario sin maldad.
- Pues habrán estado en otro sitio.
- Pues no lo se luego le preguntare...
- A mi me han dicho, que por mucho que la gente opine, no se secan las cascadas.
-¡Am!
- ¿Bueno te apetece ir?
- La verdad es que sí.
- Dicen que en el pueblo de al lado hay una playa artificial.
- En verdad muchas veces nos empeñamos en ir lejos, cuando las cosas que tenemos cerca nuestra son preciosas y ni si quiera lo sabíamos.
- Bueno pués podríamos ir mañana o el martes.
- Me parece bien.
- También me gustaría llevarte al Castillo de la Guarda que se que tienes muchas ganas de visitarlo. Lo que pasa es que ahora con este calor y mi coche que no tiene aire acondicionado, sería un suplicio.
- La verdad es que un poco, si.
- Es que he pensado, que ya que este verano no vamos a tener vacaciones, al menos podíamos visitar monumentos de nuestros alrededores.
En toda su relación lo más lejos que habían ido había sido a Huelva a veranear, el trayecto siempre era el mismo de su casa a la de Susan y alguna vez, que ella lo había acompañado cuando él se iba a estudiar a Sevilla, pero los recorridos una vez allí, se reducían del supermercado a su piso, no se había empeñado ni una sola vez en llevarla al cine, con lo mucho que sabía que a ella le encantaba.
Pero eso sí, las iglesias se las habían recorrido todas, y sobre todo cuando se acercaba la época de semana santa, Susan le tenía autentico pavor a esa fecha, porque año tras año le imponían venerar a una imagen que para ella no era más que un simple trozo de madera, pero por no destrozarle el corazón a Hugo fingía en la medida de lo posible que aquello le podía gustar un ápice. Cuando la verdad es que lo odiaba con toda su alma, ella creía en la ciencia y por nada del mundo toleraría que ninguna religión la dominara y mucho menos le impusiera lo que tendría que hacer.
En esa forma de pensar se parecía tanto a Sergio, con él sentía que no tenía que fingir, le decía las cosas tal y como las pensaba, era... Era ella misma, y eso era un privilegio que le habían arrebatado hacia ya mucho tiempo, tanto, que ya no recordaba ni como era ella en realidad, vivía siguiendo un guion constante regidas por unas reglas y unas normas que consideraba una tontería, pero que no se quería saltar por miedo a las represalias.
Quizás era cierto que lo único que necesitaba Hugo para darse cuenta que en una relación hay que hacer cosas que ambos decidan, era un susto. Pero lamentablemente... Su barco ya había zarpado.
- Me encantaría.
- Y a mí, siento no haber podido estar contigo tanto como debería este verano. Pero...
- No hace falta que me des explicaciones Hugo, en serio. Ya nada de eso importa. Voy a dormir si no te importa.
- ¡Am! ¿Y eso como es que hoy no quieres hablar más?
- Porque no me apetece estoy cansada.
- ¡Claro como no soy una de tus amiguitas, me queda bastante claro que no quieres perder el tiempo conmigo!
- No empieces.
- Hombre todas las noches quejándote de que no hablamos y ahora...
- Ahora como TÚ quieres hay que seguir hablando ¿Ta das cuenta?
- Eso échame las culpas a mi, da igual ya estoy acostumbrado.
- Sabes, paso...
Y acto seguido colgó el teléfono no le apetecía para nada discutir y sabia de sobra como acabaría aquella conversación.
Su móvil sonó una vez más señal de que le había llegado un whatsapp, lo miró y era de Hugo.
- Tú antes no eras así.
- El tiempo cambia a las personas, buenas noches.
Y con ello dió por terminada la conversación, abrió el apalabrados y comenzó a hablarle a Sergio.
Sus mejillas aún estaban pegadas por el llanto, estaba tan cansada, y sabía de sobra que aquello no era sano, no podía pasarse el día llorando.
- Gambita, no me siento cómodo en esta situación la verdad, no puedes pretender colgarme a mi para hablar con tu novio y que yo este tan tranquilo.
- Pero es que yo jamás te he mentido, y te he dicho en cada momento lo que hay. ¡Es que no es fácil! ¿Acaso crees que a mi no me gustaría poder dejarlo sin más?
- Lo se, pero entiéndeme.
- Créeme aunque yo no este en tu situación te entiendo, entiendo la de ambos y por eso se que me tengo que decidir cuanto antes, por vosotros y por mi bien.
-Siento tener que hacerte esto, tu estabas tan bien con tu vida, y yo llegue para volvértela patas arriba.
- No vuelvas a decir eso, lo creas o no eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Marco su número de teléfono y lo llamo al instante, necesiaba oír su voz, esa voz grave de hombre que inundaba todos sus sentidos y le devolvia la calma que tanto ansiaba tener, hacía que todos sus problemas se disiparan y la transportaba al único lugar donde le gustaría estar en medio de todo ese caos.
Junto a él.
sábado, 3 de agosto de 2013
cazando sonrisas II parte
El día siguiente transcurrió tal y como Hugo le había prometido, fuero juntos a la piscina, salvando el pequeño detalle de que tenían un acompañante adicional, Hugo se desvivía por su prima pequeña, ella tenía 8 años y prácticamente vivía en su casa, porque sus padres siempre estaban fuera por negocios. Para él era como su hermana, teniendo en cuenta que él era hijo único y siempre había querido tener hermanos, la niña era para el una intocable, así que cuando su prima le dijo que quería ir a la piscina con ellos.
Hugo no fue capaz de negarse, llamó a Susan para decirselo, y ella lo más que pudo hacer fue resignarse y poner una voz fingida de alegría.
- "No pasa nada Hugo, da igual"
¡Y una mierda que da igual! Se supone que íbamos a ir los dos solos para "reconciliarnos" y tener nuestro momento a solas y esa niña siempre esta por medio, ¡Y no intentes decirle, Hugo es que quería ir solo contigo! Porque entonces el señorito se cabrea y te pregunta ¿Es que te estorba la niña? Y ya de nuevo entramos en el conflicto de siempre, maldita sea.
En ese momento de monologo interior (a voces) que estaba teniendo Susan su madre entro por l puerta.
- ¿Otra vez igual hija?
- ¡Puf! Hay cosas que nunca cambian, entiéndeme a mi no me molesta pero es que hace 5 meses que no se lo que es pasear sola de la mano de mi novio, la niña siempre se apunta.
- ¿Y su madre no le dice nada?
- ¡Mama! Parece mentira que no la conozcas ya, su madre esta encantada de que tengamos carabina.
La madre de Susan comenzó a reírse, contagiándoselo.
- ¿Sabes? Me resigno, voy a intentar al menos buscar un poco de tranquilidad y ponerme algo morena.
- Que tengas suerte.
Esa mañana Susan, no había dejado de mirar su móvil para ver si había señales de Sergio, pero nada, había borrado hasta la partida de apalabrados.
¿Realmente he elegido bien?
A medida que iba pasando la tarde, su frustración iba aumentando, estaba en la piscina y tenía una terrible sensación de vacío y añoranza, miraba el móvil cada 5 minutos, para ver si Sergio le hablaba y volvía a desconectar los datos, por si lo hacia que no lo pudiera ver Hugo, no tenía ni idea de por que se comportaba así, al fin y al cabo la idea de dejarlo marchar había sido suya, ella había tomado una decisión, pero a medida que pasaban las horas se iba convenciendo , más y más de que había sido la errónea.
Hugo como era normal le prestaba más atención a Laura que a ella, y bueno no se podía quejar porque, al fin y al cabo estaba tranquila, tanto que se durmió en el césped boca arriba mientras leía, y cuando se despertó su piel se había vuelto color carmesí y en su barriga había una preciosa marca blanca con forma de libro (se había quemado hasta la parte superior de las manos). Y como era normal, eso supuso la mofa de Hugo y de Laura.
El resto de la tarde pasó sin incidentes, Hugo la llevó a su casa y allí Susan envuelta en crema de áloe vera casi en su totalidad, no lo pudo resistir más y llegadas las 10 de la noche escribió a Sergio.
- Se que soy la última persona en el mundo que quieres que te hable pero... No puedo resistirlo, me he acostumbrado tanto a ti, que se me hace imposible pasar un solo día sin saber nada de ti.
Pasó 10 minutos contemplando ese mensaje en el whatsapp viendo como el doble stick había aparecido, señal de que Sergio había recibido el mensaje, pero la respuesta no llegaba, era inútil, ¿Que pretendía? Él era un hombre ya, no iba ha estar sometido a los deseos de una niñata, que no sabía lo que quería, por mucha madurez que quisiera aparentar, estaba más indecisa que nunca.
Cuando transcurrió media hora y sus esperanzas de que le contestara ya habían desaparecido su móvil sonó.
- ¡Hola enana! A mi me ha pasado igual, perdona por no haberte contestado antes, pero es que estaba cenando con mi madre.
- Pensé que ya no me hablarías.
- Bueno, me ha costado trabajo, no creas.
- Y a mi.
- Pero Susan, no puedo ser el segundo plato de nadie lo entiendes ¿no?
- Si Sergio por supuesto que te entiendo, y me odio por hacerte sentir así. Pero... no es tan fácil.
- Bueno yo no te puse un límite de tiempo, te dije que cuando estuvieras preparada, yo estaría ahí.
- Es que creo que ya estoy preparada, ahora miro a Hugo y no siento nada, no me sale ni darle un beso. Lo que pasa es que no lo puedo abandonar por las buenas, porque se hundiría ahora mismo me resulta tan frágil.
- La verdad es que no puedo decir que te entiendo, porque nunca he vivido algo parecido, pero se que necesitas tu tiempo y por eso lo mejor es que yo me aleje.
- Por favor, no lo hagas, quédate conmigo, solo te pido algo de tiempo.
- De acuerdo enana, ains que niña me he ido a buscar.
- No sabes el regalito que te llevas jeje :)
- Sin envolver, ¿Que tal tú día?
Esa simple pregunta ya marcaba la diferencia entre él y Hugo, Hugo nunca se lo preguntaba simplemente esperaba a que ella se lo dijera a él y después Susan como le encantaba hablar, acababa contándoselo.
- Te vas a reír de mi.
- ¿Porqué?
- Mira...
En ese momento Susan hizo una foto a su mano enrojecida y se la mandó.
- jajajajajajajaja no me lo puedo creer.
- Parezco el cangrejo de la sirenita.
-jajaja
- Bueno en verdad estoy a rayas porque tengo marcas blancas por todas partes incluso del libro.
- Eres una gambita jajaja ¿Pero a quién se le ocurre no untarse crema, sabiendo lo blanquita que eres?
- Si me unte y del factor 50 pero me quede dormida.
- Jajaja ahora eres mi gambita, mira es que voy a cambiar tu nombre en el contacto del teléfono.
- No seras capaz maldito viejo, eso se escapa a tu inteligencia.
- ¿Qué no? Ya está hecho.
- Maldito viejo verde, no me pongas motes.
- Jajaja y ahora tu estas sufriendo porque no sabes que mote ponerme a mi.
- Como que no, ya verás como lo encuentro.
- Ten cuidado no vayan a hacer cortocircuito las dos neuronas que tienes en la cabeza.
- Ja ja ja que bien te defines por lo que veo ¡Eh!
- No te alteres gambita.
- Tu te callas oso pardo.
- Jajaja ¿Porqué soy un oso?
- Por qué estás lleno de pelos jajaja
- Va tu nombre no es original.
- Que no, déjame que piense en un oso de tu tiempo jajaja
- Sorprendeme.
- ¡Ya lo tengo! Jajaja seras un oso bobalicón, Winny era demasiado dulce así que lo descarto, Balú era demasiado listo para ti, a ti te pega más, el oso Yogui jajajaja
- Jajajaja ¿En serio?
- Ya esta cambiado el nombre del contacto.
- Pero que reencorosa eres gambita.
- Ojo por ojo yogui.
- Y el mundo quedo ciego ;)
- No hagas alusiones a Gandhi para dartelas de inteligente, cuando ambos sabemos que no lo eres Yogui.
- Mira que te ha gustado el nombre jajaja.
- Me encanta.
- Pero que niña más tontita me he ido a buscar.
- ¿Oye hablamos hoy por videollamada?
- Vale, pero esperate que llegue a mi casa, que aún estoy con mi madre.
- De acuerdo te dejo entonces.
- Un besote gambita.
- ¡Muak! Yogui ;p
Cazando sonrisas
"Quédate con la persona que cada día te enseñe motivos diferentes para lucir tu sonrisa".
Esa frase se había quedado grabada en la mene de Susan, era curioso como el tiempo lo cambia todo, ahora sentía que debía empezar de cero una vez más, se encontraba sola en una pequeña ciudad, lejos de su familia y de todo cuanto conocía, estaba en Jaén, y de esa ciudad lo único que conocía es que estaba rodeada de olivos y a su amiga Esther, que también estudiaba allí, ella había sido la encargada de encontrarle la habitación y enseñarle por donde debía moverse en la universidad.
Al menos Susan no estaba sola. Pero de Esther os hablare más tarde...
¿Recordáis el sms de Sergio? Bien os lo leeré.
- ¿Todo bien Gambita? Hace mucho que no se de ti.
- No hace tanto llegue hace tan solo dos días.
- Lo se, pero como siempre hablas tanto...
- Ya pero es que he estad ocupada, ya sabes la mudanza y eso...
- ¿Te gusta aquello?
En ese momento Susan quiso decirle ¡me gusta tú, haber si te enteras de una vez! Pero no se veía capacitada para asustarlo, quería hablar con él un poco más, aunque sabía de sobra que ya no podía ser lo que hubo una vez entre ellos se esfumo...
Ella no sabía muy bien a quien echarle la culpa porque sinceramente sabía que era de ambos.
¿Qué sería de su vida sin dificultades? ¡No te lo podían poner fácil!
- Bueno no es como Córdoba, es una ciudad algo más triste, y también es que después de haber estado viendo los paisajes que he visto en Mallorca pues... la cosa varía un poco.
- Ya me imagino, bueno gambita te dejo, que estoy trabajando. Un beso.
- Un beso yogui :)
Mirando aquellos mensajes su mente se remontó al día en que se pusieron esos apodos...
Susan había comenzado a trabajar en el restaurante, llevaba ya un par de días allí y no le disgustaba la manera de trabajo, si bien su jefe era algo estricto, ella sabía que era la mejor manera en la que alguien te puede enseñar.
Después de haberse peleado aquel fatídico día con Hugo, por la tarde había ido a buscarla, Susan había intentado por todos los medios que se olvidara de ella, que la dejara en paz de una vez por todas, que la odiara, y que comprendiera que nunca más iba a ser su sumisa, que las cosas habían cambiado y no podía seguir tomándola por una tonta, pero sus planes dieron al traste cuando lo vio llorar.
¿Que pasaba? Nunca en toda su relación había visto a Hugo llorar, y eso le partió el corazón, ella estaba enamorada de otro hombre, y se sentía tan culpable por ello, sabía de sobra que las cosas con Hugo jamás volverían a ser igual, básicamente porque sus peleas, para ella ya carecían de sentido, eran un motivo más para demostrarle y darle la razón de que Hugo no merecía la pena. Estaba tan cansada de tener que revivir siempre la misma situación, que lo único que le apetecía era ponerle fin.
Pero no podía, no podía dejarlo y menos así, se veía tan destrozado, igual que un niño pequeño al que se le había roto su muñeco preferido.
- Te noto rara Susan, tu antes no eras así.
- Claro que no, antes era yo la que siempre estaba llorando, y yendo detrás tuya para que me perdonaras Hugo, pero sabes ¡Qué!, que nada de lo que hice merece tu perdón, y menos esto, es solo un trabajo, y ya estoy cansada de que las decisiones más importantes de mi vida las tengas que tomar tu por mí. Estoy muy agobiada y me siento asfixiada en esta relación ¿No lo ves?
- Te prometo que puedo cambiar, se que necesitas irte de aquí, pues vayámonos juntos.
- El problema es que no creo que puedas cambiar Hugo, nadie cambia, y menos por otra persona, yo he comprendido eso a las malas. Yo no puedo ser la persona que tu quieres que sea, simplemente porque no soy esa persona que tu tienes en mente. Nuestras aspiraciones son totalmente diferentes. A mi me encantaría vivir fuera de este país conocer mundo, y a ti sin embargo te encantaría poder seguir viviendo aquí cerca de tu familia.
- Eso no es cierto, tu has cambiado antes no pensabas así.
- Hugo, no te engañes, yo siempre he pensado así solo que no te lo decía tan claro, y tu simplemente escuchabas lo que te interesaba.
- Yo no quiero perderte Susan, haría lo que hiciera falta por ti, sabes de sobra que eres el amor de mi vida, y no me imagino una vida vida que no sea a tu lado, y eso para mi antes era algo impensable, jamás pensé que podía llegar a querer a nadie como e quiero a ti y que no fuera mi madre. Tu me conoces mejor que nadie y sabes de sobra que no puedes hacerme esto, no lo soportaría. Ahora miro hacía atrás y siempre me has apoyado en los buenos y en los malos momentos, simplemente no concibo la idea de estar sin ti Susan, quiero que vivamos juntos y olvidarnos tanto de tu familia como de la mía, me da igual lo que digan, por ti estoy dispuesto a hacer lo que sea, no me dejes por favor.
Aquellas palabras la destrozaron en otro momento de su vida quizás hace dos semanas, hubiera pegado saltos de alegría al oírlas, había estado esperando tanto tiempo a que se las dijera, que ahora ya... Ya era demasiado tarde carecían de sentido.
¿PORQUÉ? Porque la usaban como una marioneta, quien era el retorcido que estaba moviendo los hilos de su destino de aquella forma tan cruel.
Siempre le habían dicho que buscara su felicidad pero, ella no podía consentir que su felicidad hiciera sufrir a otras personas, y menos a Hugo, ella lo quería con toda su alma, siempre había sido y sería el hombre de su vida, quien se lo había enseñado todo, quien le enseño a soñar, y a poder volar sin despegar los pies del suelo.
Pero ¡Maldito sea él y su palabrería! ¿Porqué le decía todo aquello ahora? Ahora que veía que la situación se le estaba escapando como el agua entre los dedos.
Siempre le había dicho que el amor era como las flores había que regarlo día tras día y él se había empeñado asta la fecha en mirar como lentamente las flores se iban secando, ahora simplemente, ya era tarde.
Susan miró por la ventanilla del coche, se había echo de noche, ya no sabía ni el tiempo que hacía que él había llegado y estaban discutiendo, en ese momento una lágrima se deslizo por su mejilla, tan solo una lágrima, ella cerro los ojos con fuerza e intento reprimir su angustia.
En ese momento le hubiera encantado decirle a Hugo, no puede ser, ya no te quiero, estoy enamorada de otra persona. Y de esa manera hubiera puesto fin a toda aquella farsa, pero le tenía demasiado miedo, y su relación no merecía acabar así, sabía que lo menos doloroso que hubiera recibido de él en ese momento hubiera sido una bofetada. Así que se mordió la lengua hasta el punto de hacerse daño, y siguió siendo la cobarde que hasta el momento había sido y simplemente no dijo nada.
- ¿Que te pasa Susan? ¿Porqué estás tan callada?
Hugo le cogió la cabeza obligandola a mirarlo y ella se lanzo sobre su cuello abrazándolo, y con la voz entrecortada le dijo:
- No soy buena para ti, déjame irme.
- Pero que tonterias dices Susan, no conozco a nadie que sea mejor que tú.
- ¿Porqué me dices eso ahora? Y siempre cuando te llamo te portas tan condescendiente conmigo y me tratas con la punta del pie, siempre estamos discutiendo y lo sabes.
- Si lo se, y lo siento, últimamente estoy muy estresado ya sabes que las cosas en casa no van demasiado bien y mi madre...
- Pero es que yo no tengo la culpa, y no lo puedes pagar siempre conmigo, porque odio que solo pueda estar bien el día que tu lo estés, porque las cosas no son así.
- Lo se y lo siento créeme.
- Pero es que las cosas no se arreglan con un lo siento, ¿Sabes lo mal que me haces sentirme?¿Sabes que llevo un mes llorando por los rincones como un alma en pena?
- Susan, yo...
- Da igual, supongo que aquí nada va a cambiar y el día que yo explote se ira todo a la mierda conmigo, estoy muy cansada de tener que discutir con mi padre, contigo y encima saber que para tu madre soy solo una zorra que pretende quitarle a su hijo, estoy muy cansada de verdad. Lo único que pido es algo de paz. Tener una pareja sin tener que competir con su madre, poder continuar con mis estudios sin tener que discutir con mi padre, no se vamos lo que hace las personas normales.
- Susan sabes de sobra que nosotros dos no vivimos circunstancias normales.
- Lo se, y por eso estoy ya cansada de que todo lo que nos rodea sea negativo, y que tu siempre antepongas todo lo demás a mi.
- ¿Me estas pidiendo que elija entre mi madre y tú?
- ¡Escúchame! Jamás, jamás en la vida permitiría que me eligieras a mi antes que a tu madre ¿Me oyes? Ella te dio la vida, te crió y a tenido que luchar mucho para que hoy seas la persona que eres. A mi simplemente me encontraste en el camino, y soy una persona con la que quieres compartir tu vida.
Pero tampoco toleraré a partir de ahora que nadie me pisotee ¿Lo entiendes? Yo valgo más que todo eso, y paso de tener que luchar por ti. Tu ya eres demasiado grandecito para saber lo que te conviene, lo único que te pido es mi sitio. Necesito tranquilidad, cesar tantas discusiones y peleas, yo solo quiero que me hagas feliz. ¿Es tan difícil?
En ese momento Hugo la cogió de los hombros, para separarla de él. La miro a los ojos y le dijo:
- Prometo que te haré feliz Susan, quiero ser el hombre que te mereces. Aquella persona de la que te enamoraste.
Esa noche ambos estuvieron recordando anécdotas de su vida en común, riendo como dos adolescentes de nuevo, besándose entre sonrisas, hasta que a Hugo le sonó el móvil y Susan volvió a la triste realidad.
- Susan era mi madre...
- Lo se, tienes que irte.
- Si, mañana te veo, y prometo llevarte a la piscina.
- De acuerdo cariño.
Se despidieron con un casto beso en los labios, Susan salió del coche y se sentó en el porche de su casa hasta que lo vio perderse en la lejanía.
¿A quién pretendo engañar? Ya he vivido esto antes, y se de sobra que no va a funcionar, él debería haberse quedado conmigo esta noche, y no haber desaparecido cuando su madre lo reclamaba, ¡Por el amor de Dios! Tiene 23 años, cuando va a hacer lo que a él le apetece, hasta que no se libere de esas malditas cadenas, no se dará cuenta de lo que es vivir.
Esa noche cuando habló con Sergio le contó la verdad y el por su parte le dijo que no podía meterse, y que aunque supiera que Hugo jamás la haría feliz, la decisión era de Susan no de él. Así que dejaría de interponerse en su camino. Por lo que decidieron dejar de hablarse.
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