- ¿Esa es mi enana?
Susan no podía dejar de tocarse reiteradas veces el pelo, tan pronto se hacía una coleta, como se dejaba el pelo suelto, que intentaba hacerse una trenza, no podía parar.
- Si soy yo Yogui.
- Deja quieto ese pelo, que estas preciosa.
Susan se puso más roja que un invernadero de tomates.
- Cualquiera diría por tu conducta repetitiva que te pongo nerviosa.
Al decir esa frase, su sonrisa de niño pícaro, la hizo reaccionar, siempre tenía una malsana obsesión por mirar la boca de las personas con las que hablaba y al ver esa pequeña separación entre sus paletas le resulto adorable, y pensó ese es el fallo que no dejan ver las fotos, y supo que era ese el motivo de que siempre saliera tan serio en las fotos.
- ¿Tú? Harían falta muchos hombres para ponerme realmente nerviosa. El pelo me lo toco porque aquí hace mucha calor, y sinceramente estaba en ropa interior y con las ventanas abiertas, pero si tengo que encender la luz y vestirme para hablar contigo, tengo que cerrar las ventanas, entonces me aso.
Sergio comenzó a reírse.
- Mi enana tiene salidas para todo.
Un ruido se sintió en la casa de Sergio, el giró la cabeza y miro de nuevo a su cam para hacerle un gesto de silencio a Susan, cogió de una estantería que estaba situada a su derecha unos auriculares y los conecto al portátil. Acto seguido comenzó a escribirle:
- Acaba de llegar mi padre enana así que mi comunicación tendrá que ser escrita, pero tu puedes hablar cuanto quieras.
- Así que me vas a dejar hablando sola...
- Mucho me temo que sí, mi padre es de la vieja escuela y no entendería lo que hay entre nosotros.
- Am, ¿Y que es lo que hay entre nosotros?
Susan se mordió el labio con picardía sabiendo que había abierto la jaula de los leones.
Sergio le respondió con una sonrisa de sorna y esquivo la pregunta...
- Ese vestido rojo que llevas te sienta muy bien.
- Pero si no has visto como me queda, solo has visto una parte.
- Pues que mejor momento que este para enseñármelo.
Susan se levanto de su cama y dio una vuelta sobre si misma y andando por su habitación a modo de burla como si estuviera en una pasarela.
- ¿Te gusta la colección de menaje-hogar de hace unos cuantos años?
- Sinceramente creo que te verías preciosa con cualquier cosa que te pusieras.
- Deja de adularme que me haces sentirme realmente incomoda, y mi cara arde.
En ese momento el tirante del sujetador de Susan se deslizo sobre su brazo. Y vio como la cara de Sergio cambiaba por completo y sus pupilas se dilataban.
- ¿Que te pasa?
Él no habló, solo se limitó a señalar su brazo cuando Susan ladeo su mirada hacia la izquierda, vio como el tirante de su sujetador había descendido inocentemente por su brazo, y desconocía lo que aquella inofensiva acción acababa de despertar en Sergio.
Cuando fue a colocarlo de nuevo en su sitio, él la detuvo.
- ¡No lo hagas!
- Creí que no podías hablar.
- Y no puedo. Continúo escribiéndole. Pero retornar ese tirante a tu hombro sería un crimen, si yo estuviera a tu lado, te besaría el hombro y descendería hasta donde se encuentra para tirar de él con mi boca.
Susan noto como un ferviente calor se apoderaba de ella y se asentaba en concreto en una parte de su cuerpo.
Resoplo e hizo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban para seguir hablándole y no rendirse entre aquellos brazos que se encontraban a tantos kilómetros de distancia.
- No deberías decirme eso, soy una mujer comprometida, ¿Recuerdas?
- Si, lo siento, pero es que físicamente eres impresionante no te imaginaba así, y la carne es débil, francamente esta distancia me esta matando, porque si te tuviera aquí...
- ¿Qué?
- Créeme, todo sería muy distinto.
- De verdad ¿Crees que no me podría resistir a tus encantos? Necesito conocer bien a esa persona antes de acostarme con ella, porque me da mucha vergüenza enseñar mi cuerpo.
- Pues no entiendo el motivo.
Susan notaba como Sergio se la estaba comiendo con la mirada.
- Por favor no hagas eso.
- ¿Hacer qué?
- No te hagas el inocente conmigo que no te pega.
- Mmm por lo menos veo que no eres tan inocente como me haces creer.
- A ver, yo también tengo necesidades, y se perfectamente cuando alguien me esta comiendo con la mirada.
- Ojala pudiera comerte de otra forma en este momento.
- ¿Te has propuesto que hoy me de algo? No estoy acostumbrada a que me digan esas cosas y realmente me dejas fuera de juego. Pero como sigas así me vas a obligar a contestarte.
- Contesta sin miedo...
- ¿Me estás desafiando?
- Puede...
En ese momento ambos habían perdido la vergüenza y la distancia que los separaba era una minucia que apenas se apreciaba, estaban jugando a un juego en el que sabían que acabarían quemándose y sin embargo no les importaban, seguían lanzándose indirectas, infinitas sonrisas y sus miradas encerraban tantos deseos de pasión y lujuria, que las horas se deshacían entre sus dedos, sin que el tiempo importara, eran tan cómplices que nada podía estropear aquel momento.
Sergio desataba partes de Susan que ella desconocía que tenía, el fomentaba su locura y la dejaba desinivirse a su antojo y a ella le encantaba aquel tortuoso juego. En el que se estaba dejando llevar.
- Me encanta hablar contigo gambita, pero se nos hace de día una vez más...
- Lo se, me he divertido mucho.
- Y yo.
- Yogui
- ¿Qué?
- No se si debería decirte esto, o si s que definitivamente me he vuelto loca, de atar.
- Dilo enana no tengas miedo.
- Creo que estoy sintiendo algo más por ti.
- A mi me pasa lo mismo desde el primer día que hablamos, sentí algo diferente, y es que no puedo dejar de hablar contigo, me atraes tanto... Y has despertado en mi algo inusual, que no se como llamarlo, la verdad es que has roto mis esquemas, y no esperaba que esto me fuera a pasar nunca, y menos con alguien de tu edad.
- ¿Ahora mi edad es un problema?
- No ha supuesto nunca un problema, pero es todo difícil porque tu aún tienes que abrirte camino, y yo prácticamente tengo mi vida resuelta.
- ¡Pero si aún vives con tu padre! jajaja
- Lo se, pero eso cambiara dentro de poco, ¿Crees que podrías cambiar la ciudad en la que estudiar?
- Mucho me temo que este año es imposible porque ya he echado las prescripciones y mi destino se quedará en Andalucía. ¿Tan serio te lo estás planteando?
- Ya te he dicho que nunca había sentido algo así, y no creo que este tren pase mucas veces en la vida, y no me apetece tener que esperar otros 27 años a que pase uno similar.
- Que bonito te ha quedado eso, pero irme allí, sería una locura.
- La vida esta para hacer locuras recuerdas.
- Tu si que estas loco.
- Por ti.
- Eso me suena, que poco original eres.
- Quizás, pero las palabras, ya sabes... ¿Y tu que es lo que sientes?
- Yo creo que te quiero, y me da igual que esta palabra se la pueda llevar el viento, porque es lo que siento.
- yo también te quiero.
- ¿Qué? Lo siento pero mi quedarse ciega y no llevo las gafas para leer lo que escribes.
- Que te quiero tontita.
Susan seguía haciendo gestos indicándole que no oía ni veía nada, mientras miraba como Sergio se reía, y se agachaba para coger algo en ese instante se puso su móvil en la oreja, y el teléfono de Susan comenzó a sonar.
Susan descolgó la llamada y se puso el móvil en el oído el mensaje era claro y conciso y su voz inundo todo su ser, derribando todas sus barreras.
- TE QUIERO.
Y acto seguido colgó, Sergio cruzo sus brazos y apoyo sus codos sobre la mesa donde tenía su ordenador mientras observaba en silencio y con una amplia sonrisa como Susan se había quedado petrificada.
Ella aún seguía mirando la pantalla de su teléfono, incapaz de levantar la mirada y dirigirla hacia el ordenador.
Paso así unos minutos, hasta que fue consciente de que Sergio la miraba con una dulzura enternecedora.
- ¿De verdad sientes eso por mi?
El asintió con la cabeza.
- ¿Sabes lo que eso significa?
Él se encogió de hombros, y cuando ella iba a seguir hablando puso su dedo indice sobre sus labios, entonces Susan comprendió que ya sobraban las palabras, ambos se despidieron entre sonrisas con un movimiento de mano.
Esa noche Susan soñó que Sergio dormía a su lado y lo podía abrazar con tanta fuerza, que ninguna distancia podía interponerse entre ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario