A medida que el tiempo iba pasando Susan tenía la incipiente necesidad de conocer en persona a Yogui, había imaginado infinidad de veces y de mil maneras distintas como sería su encuentro con él, aunque no quería que pasara estando ella aún con Hugo, porque si bien era un hecho innegable de que con el paso de los días cada vez le gustaba más aquel desconocido con el que hablaba a través de una pantalla, jamás por nada del mundo le haría daño a Hugo.
Aunque irremediablemente sin quererlo y sin darse cuenta se lo estaba haciendo, pués esa distancia que la acercaba cada día más a Sergio, la separaba cada día más de Hugo era irremediable, y ojalá hubiera podido hacer algo para que las cosas fueran diferentes, pero el daño ya estaba hecho.
Esa noche no había podido ver a Sergio por Skype por problemas técnicos, simplemente su ordenador había decidido darse de baja, así que lo llamo por teléfono y pasaron horas hablando de todo y de nada, contando historias pasadas e imaginando historias futuras, era todo tan bonito que Susan no quería despertar de aquel sueño ni por todo el oro del mundo.
Pero una llamada entrante la hizo bajar a la realidad.
- Sergio te voy a dejar que me están llamando ¿Vale?
- ¿Es él verdad?
- Sí
- De acuerdo.
La voz de Sergio había tomado un tono lúgubre, y Susan noto como le costaba tragar, se le había hecho un nudo en la garganta y por su bien y el de los dos tenía que acabar con aquella farsa, no era justo pedirle a Sergio que aguantara y viviera en una mentira sin más. Ella sabía muy bien lo que quería, pero una vez más su ya debilitada fortaleza se lo impedía, no era de ese tipo de mujeres valientes que hacen las cosas sin más, sin importarles nada más que ellas mismas, y en ese instante nadie podía imaginar lo mucho que deseaba ser así, ser mala por una vez en su vida, egoísta y pasota.
Pero la realidad era otra muy distinta...
- Dime
- ¿Cómo esta mi niña?
- ¿Tienes fiebre?
- Jajaja ¡No! ¿Porqué? ¿Es que acaso no puedo ser cariñoso contigo?
- No se, es que me extraña la verdad, hace siglos que no te referías a mi de forma cariñosa.
- Bueno, las cosas cambian, más vale tarde que nunca.
¡MIERDA! La voz interior de Susan no podía dejar de chillar como una histérica encolerizada, ¿Porqué justo ahora maldito cabernícola? ¡Tantos años juntos y cuando le ves realmente las orejas al lobo decides cambiar! ¡ES TARDE! ¡ES MUY TARDE! ¡YA NO SOY LA MISMA, NO LO VES! Toda una vida pidiéndome que cambiara y cambiando mis gustos por tí y ¿Ahora que me he cansado decides estar pendiente mía?¡Maldito hipócrita!
Cuando se calmo, pensó ¿A quién pretendo engañar? Es lógico que se comporte así, era como mirarse en un espejo, y reconocía esos síntomas perfectamente, él estaba locamente enamorada de ella, y sin embargo ella no podía responderle de la misma manera, que él se merecía, el destino es un niño cruel que esta sentado con su lupa bajo la luz del sol, acechando a alguna pobre hormiguita que se cruce en su camino. ¡CAMARERO SÍRVAME UNA DOBLE RACIÓN DE CULPABILIDAD!
Ojalá pudiera hacer algo para abrirle los ojos de una vez y que se de cuenta de que yo no lo merezco, que no somos para nada iguales, y los que hubo un día entre nosotros, se esfumó y de ese amor solo queda un recuerdo.
De la mejilla de Susan comenzaron a brotar lagrimas silenciosas, esas que proceden de lo más profundo de tu ser y que nadie puede notarlas, mientras tanto ella seguía hablando con Hugo con total tranquilidad, aunque su rostro fuera un mar de lágrimas.
- ¿Te apetece hacer algo mañana gordita?
- Pués no lo se la verdad es que me da igual, tengo que ir a hablar con una mujer, a ver si me ofrece un trabajo, pero la tarde creo que la tengo libre.
- A bueno, no pasa nada, si no lo dejamos para otro día, es que quiero llevarte a un sitio.
- ¿A si? ¿A dónde?
- Ya te lo enseñare por fotos, me han hablado muy bien de él, y se que a ti que te encanta la naturaleza te gustara.
- Ahora tengo curiosidad por favor enséñamelo.
- Bueno, anda.
En ese momento le mando una foto de unas cascadas preciosas, y de un río con un agua cristalina que nada tenía que envidiar a los parajes naturales que Susan estaba acostumbrada a ver en National Geogrphic.
- ¡Guau! ¿Dónde esta esto?
- Es un pueblecito de Sevilla que forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, y tiene unos paisajes impresionantes, como has podido comprobar.
- ¡Am! Me suena, la verdad es que creo que mis padres intentaron ir una vez allí y no lo encontraron y mis tíos fueron pero me dijeron que las cascadas se habían secado...
- Tú como no, si no le ponías alguna pega...
- No, lo siento, no lo he echo con mala intención, era un comentario sin maldad.
- Pues habrán estado en otro sitio.
- Pues no lo se luego le preguntare...
- A mi me han dicho, que por mucho que la gente opine, no se secan las cascadas.
-¡Am!
- ¿Bueno te apetece ir?
- La verdad es que sí.
- Dicen que en el pueblo de al lado hay una playa artificial.
- En verdad muchas veces nos empeñamos en ir lejos, cuando las cosas que tenemos cerca nuestra son preciosas y ni si quiera lo sabíamos.
- Bueno pués podríamos ir mañana o el martes.
- Me parece bien.
- También me gustaría llevarte al Castillo de la Guarda que se que tienes muchas ganas de visitarlo. Lo que pasa es que ahora con este calor y mi coche que no tiene aire acondicionado, sería un suplicio.
- La verdad es que un poco, si.
- Es que he pensado, que ya que este verano no vamos a tener vacaciones, al menos podíamos visitar monumentos de nuestros alrededores.
En toda su relación lo más lejos que habían ido había sido a Huelva a veranear, el trayecto siempre era el mismo de su casa a la de Susan y alguna vez, que ella lo había acompañado cuando él se iba a estudiar a Sevilla, pero los recorridos una vez allí, se reducían del supermercado a su piso, no se había empeñado ni una sola vez en llevarla al cine, con lo mucho que sabía que a ella le encantaba.
Pero eso sí, las iglesias se las habían recorrido todas, y sobre todo cuando se acercaba la época de semana santa, Susan le tenía autentico pavor a esa fecha, porque año tras año le imponían venerar a una imagen que para ella no era más que un simple trozo de madera, pero por no destrozarle el corazón a Hugo fingía en la medida de lo posible que aquello le podía gustar un ápice. Cuando la verdad es que lo odiaba con toda su alma, ella creía en la ciencia y por nada del mundo toleraría que ninguna religión la dominara y mucho menos le impusiera lo que tendría que hacer.
En esa forma de pensar se parecía tanto a Sergio, con él sentía que no tenía que fingir, le decía las cosas tal y como las pensaba, era... Era ella misma, y eso era un privilegio que le habían arrebatado hacia ya mucho tiempo, tanto, que ya no recordaba ni como era ella en realidad, vivía siguiendo un guion constante regidas por unas reglas y unas normas que consideraba una tontería, pero que no se quería saltar por miedo a las represalias.
Quizás era cierto que lo único que necesitaba Hugo para darse cuenta que en una relación hay que hacer cosas que ambos decidan, era un susto. Pero lamentablemente... Su barco ya había zarpado.
- Me encantaría.
- Y a mí, siento no haber podido estar contigo tanto como debería este verano. Pero...
- No hace falta que me des explicaciones Hugo, en serio. Ya nada de eso importa. Voy a dormir si no te importa.
- ¡Am! ¿Y eso como es que hoy no quieres hablar más?
- Porque no me apetece estoy cansada.
- ¡Claro como no soy una de tus amiguitas, me queda bastante claro que no quieres perder el tiempo conmigo!
- No empieces.
- Hombre todas las noches quejándote de que no hablamos y ahora...
- Ahora como TÚ quieres hay que seguir hablando ¿Ta das cuenta?
- Eso échame las culpas a mi, da igual ya estoy acostumbrado.
- Sabes, paso...
Y acto seguido colgó el teléfono no le apetecía para nada discutir y sabia de sobra como acabaría aquella conversación.
Su móvil sonó una vez más señal de que le había llegado un whatsapp, lo miró y era de Hugo.
- Tú antes no eras así.
- El tiempo cambia a las personas, buenas noches.
Y con ello dió por terminada la conversación, abrió el apalabrados y comenzó a hablarle a Sergio.
Sus mejillas aún estaban pegadas por el llanto, estaba tan cansada, y sabía de sobra que aquello no era sano, no podía pasarse el día llorando.
- Gambita, no me siento cómodo en esta situación la verdad, no puedes pretender colgarme a mi para hablar con tu novio y que yo este tan tranquilo.
- Pero es que yo jamás te he mentido, y te he dicho en cada momento lo que hay. ¡Es que no es fácil! ¿Acaso crees que a mi no me gustaría poder dejarlo sin más?
- Lo se, pero entiéndeme.
- Créeme aunque yo no este en tu situación te entiendo, entiendo la de ambos y por eso se que me tengo que decidir cuanto antes, por vosotros y por mi bien.
-Siento tener que hacerte esto, tu estabas tan bien con tu vida, y yo llegue para volvértela patas arriba.
- No vuelvas a decir eso, lo creas o no eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Marco su número de teléfono y lo llamo al instante, necesiaba oír su voz, esa voz grave de hombre que inundaba todos sus sentidos y le devolvia la calma que tanto ansiaba tener, hacía que todos sus problemas se disiparan y la transportaba al único lugar donde le gustaría estar en medio de todo ese caos.
Junto a él.
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