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jueves, 29 de agosto de 2013

Se hizo el silencio

Si hasta ahora estaba desubicada y no sabia que hacer con Hugo ahora ya se había perdido por completo en aquella locura.

Y sabía de sobra que bien no podía acabar solo quería agotar el último ápice de esperanza que le quedaba con Hugo quizás así se daría cuenta de que estaba equivocada y toda la historia con Sergio, no sería nada más que otra anécdota que contar cuando fuera mayor y estuviera feliz o infelizmente casada con Hugo.
Tenía que quedar con el y dejar las cosas claras de una vez por todas.

Cuando vio a Hugo supo que ya no sentía nada y sentía una gran tristeza se apoderó de su ser.
Mientras sacaban a pasear al labrador color chocolate de Hugo Susan se abrazó con fuerza al perro y le dio un beso, quería con locura a aquel animal y sabía de sobra que no lo volvería a ver y lo echaría tanto de menos.

Cuando llegaron a casa de Hugo, Susan se acerco a él y le dio un casto beso en los labios cerrado con fuerza  los ojos para no dejar escapar sus lagrimas.

-Susan... Porque me da la impresión de que ese beso sabe a despedida.

Susan no quiso hablar y siguió besándolo con todo su ser intentando que cada beso colmado de recuerdos le devolviera esa chispa que se había apagado, y sin darse cuenta su único pensamiento se centraba en Sergio.
Deseaba tanto que fuera él quién estuviera ahí en ese instante, que una lagrima recorrió su mejilla, se sentía como la peor de las zorras.


Y una solo una frase le rondaba la cabeza: " El corazón tiene razones que la razón desconoce".

Sin darse cuenta se encontraba desnuda en la cama de Hugo, estaba sola, él se estaba vistiendo, Susan se apoyo sobre sus codos, y se quedó mirándolo en silencio, había visto aquella escena tantas veces, sin embargo ahora, no sentía ese deseo de atraparlo y no dejarlo salir de aquella habitación, ahora... se sentía vacía por dentro, lo que acababa de pasar entre ellos carecía de sentido, y de sentimientos, al menos por su parte.


Susan se levanto bruscamente y comenzó a vestirse. Hugo se giro para mirarla, y con una voz muy suave y delicada le dijo:

-Susan, te noto muy distante.

-No se lo que me pasa, pero necesito un cambio. Llévame a mi casa por favor.

-¿Ya estamos otra vez?

Hugo cogió las llaves de su coche, se puso su polo gris y salió de la habitación con furia. Susan se tomo su tiempo para recoger su bolso y alguna de sus cosas... Y cuando llego a la puerta de la habitación echo un último vistazo, ahora todo aquello cuanto conocía desaparecería, no volvería a ver más ese cuadro en que a ambos se les veía tan felices, ni aquellos peluches que se encontraban en su estantería, y que Susan le había regalado cada vez que iban a un sitio nuevo, a modo de recordatorio. 

Cerro la puerta tras de sí. Y escucho como Hugo le gritaba desde el fondo del pasillo, realmente estaba cabreado, Susan odiaba esa facilidad suya, para cabrearse con tanta rapidez, ojala se le pasara el cabreo tan rápido como a ella. Si hubiera sido otro tipo de persona, todo aquello acabaría bien, y no habría mal entendidos, pero sabía de sobra que lo peor de la tormenta estaba por llegar.

- ¡NO SE QUE ES LO QUE QUIERES DE MI!

- Es lo que siento y no te lo puedo ocultar, ¿Me puedes llevar a mi casa?

- ¿Eso es lo único que te importa?

- De momento no te puedo decir otra cosa, lo siento.

Mientras ambos se montaban en el coche Hugo no podía parar de alzar la voz, y Susan se estaba sintiendo incomoda, porque estaban en medio de la calle, y la gente comenzaba a mirarlos, cerró la puerta dándole un fuerte golpe, deseando quedarse sorda en aquel instante para no tener que escuchar la sarta de sandeces que sabía que se avecinaban.

- Esto es todo una mentira, me has estado engañando todos estos años,  no se como tienes la poca vergüenza de seguir mirándome a la cara, todo en ti es una mentira, y ahora dudo que realmente algún día me quisieras tanto como decías.

Susan ante aquellos reproches no pudo más, y explotó.

- ¿Eres tonto? No te consiento que me hables así, y menos que pongas en duda lo que he sentido por ti, eso me demuestra mucho el tipo de persona en el que te has convertido. No eres ni por asomo la sombra de aquel chico vivaracho y alegre del que me enamore, ahora eres un maldito ogro, que solo busca lo malo de la gente.
Sabes mi abuela decía: "Quien busca el mal en el corazón de la gente, merece el castigo de encontrarlo".
Y contigo mi paciencia a llegado a su limite.

- Tu y tus palabritas, déjate ya de tonterías. ¿Vendrás a verme mañana?

- ¿Encima quieres que venga a verte yo? Sabes de sobra que mis padres no están en casa ¿porque no vienes tú?

-Porqué no me apetece que sea yo  siempre el que tenga que ir a tu casa.

- ¿PERDONA? ¿Quién estaba en casa de quien hace un momento? Si te da miedo quedarte a solas conmigo dímelo  pero yo paso de tener que estar en tu casa siempre sin hacer nada y bajo la atenta mirada de tu madre.

- Estoy tan cansado de ti. Y de que te pienses que siempre que estamos a solas tenemos que hacer lo mismo.

- ¿En serio? Hacía más de un mes que no me tocabas, y yo ya opto por no decirte nada, no se de que te quejas, Si ya ni siquiera se el tiempo que hace que no pasamos una tarde solos, con intimidad incluida.

-  Es que no se cuantas veces te tengo que explicar que no soy como los demás.

-  Créeme se de sobra que no eres como los demás me ha quedado bastante claro durante estos años, y me he acostumbrado a tus defectos, a tus virtudes y a tus rarezas, pero aún no puedo entender como una persona de tu edad tiene que andar dando tantas explicaciones a su madre para estar con su novia. ¡No haces nada malo! Y lo que más me jode de todo esto es que se de sobra que no quieres venir a verme esta semana porque no sabes como explicarle a tu madre que estoy sola en casa, esta relación es un asco, siempre tenemos que estar pendiente de los demás. Y eso ha sido desde el principio y será hasta el fin.

- Yo ya te lo he dejado claro. Especula lo que te de la gana.

- No estoy dando palos de ciego, se muy bien de lo que hablo así que no me trates con esa indiferencia. Yo ya te he dicho que no voy a estar bajo el escrutinio de nadie estando mi casa sola, así que si tu no vienes teniendo coche, yo no le voy a pedir el favor a nadie para que me lleve a verte. Ya estoy cansada de tener que hacerte caso incondicionalmente.


En ese momento habían llegado a casa de Susan y ella desesperada se bajo del coche, abrió la puerta de su casa, y entró a toda prisa deseando que Hugo se quedara en su coche y se fuera de una vez por todas.

- Me enervas. No soy tu perro para tener que ir siempre corriendo detrás tuya.
- Yo siento que no te importo una mierda, así que si no vienes a verme aquí se quedo todo. Mejor aún no te molestes en venir, porque sinceramente no me apetece verte.


En ese momento Susan vio el cielo abierto, sin darse cuenta lo que estaba esperando acababa de llegar, esa era la señal, mientras pensaba en su siguiente movimiento, observó en silencio a Hugo mientras se quitaba la alianza y se la arrojaba, acto seguido hizo lo mismo con el reloj que Susan le había regalado esas navidades. Susan abrió los ojos con incredulidad ¡No soportaba más a ese niñato arrogante dentro de su casa! 

-Toma esto es tuyo, y no lo quiero.

- ¿TE PARECE BONITO LO QUE ACABAS DE HACER? Eso me demuestra tu madurez. Sal ahora mismo de mi casa, ya estoy cansada de tus numeritos, y esta vez no voy a ceder a tus amenazas ni a tus chantajes, quieres que se acabe todo, pues bien. SE ACABO.


Hugo salió de la casa de Susan más enojado que nunca, Susan se asomó por la ventana y vio alejarse una vez más su coche en el horizonte, y al fin respiro aliviada.

Ahora se sentía mal por él, ¿Cómo era posible que cualquier comienzo con él acabara siempre así? No era la primera vez que vivía una escena como aquella, sabía de sobra que tras ese enfado estarían unos días sin dar señales de vida hasta que alguno de los dos diera su brazo a torcer, pero esta vez era completamente diferente. Susan se mantendría firme en su decisión y no daría un paso hacía atrás ni para coger impulso.

Susan se sentó en su sofá y respiro aliviada, al fin y al cabo el nunca cambiaría y se acababa de librar de una condena, sabía que el se merecía a una buena mujer, pero sin lugar a dudas esa mujer no era ella, habían compartido muchos años de sus vidas juntos, y poseía en su mente, miles de recuerdos que jamás nadie borraría.



Había sido su primer amor, pero el tiempo se encargó de borrar todo lo bueno que habitaba en él, dejando tan solo un amargo pesimismo. Susan sabía que parte de su corazón, se había perdido aquella noche, y su inocencia también viajaba con él, ya no volvería a ser la misma.

Pero a medida que pensaba aquello e intentaba llorar, por lo culpable que se sentía, otro sentimiento no la dejaba derramar ni una sola lagrima. Ahora era libre. Miro la alianza y el reloj que Hugo había tirado con desdén  sobre el sofá, los recogió y se tomo su tiempo para escuchar sus propios pensamientos.


Jamás se había sentido así y poco a poco la felicidad iba creciendo en su interior, encendió la radio y en ese momento sonaba Princesas de Pereza, aumento el volumen todo lo que pudo y se puso a bailar y a cantar como una loca, hasta que quedo exhausta.

Cuando miró su teléfono para ver quién la reclamaba vio unos mensajes de Sergio.

Cogió el móvil y lo llamo:

- Yogui, definitivamente soy libre.

- ¿Y estas bien?

- Sinceramente, se que soy una cabrona al decir esto, pero me siento mejor que nunca.

- Me alegro.

- Te dejo, que voy a hacer unas cosillas.

- Vale un besito enana.

-Muak.

Colgó el teléfono, volvió a darle voz a la radio y cuando se cansó de dar saltos subió a su azotea para contemplar las estrellas, y allí bajo aquel manto de estrellas Susan se sintió completa y por primera vez en mucho tiempo realmente feliz.

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