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sábado, 3 de agosto de 2013

Cazando sonrisas

"Quédate con la persona que cada día te enseñe motivos diferentes para lucir tu sonrisa".

Esa frase se había quedado grabada en la mene de Susan, era curioso como el tiempo lo cambia todo, ahora sentía que debía empezar de cero una vez más, se encontraba sola en una pequeña ciudad, lejos de su familia y de todo cuanto conocía, estaba en Jaén, y de esa ciudad lo único que conocía es que estaba rodeada de olivos y a su amiga Esther, que también estudiaba allí, ella había sido la encargada de encontrarle la habitación y enseñarle por donde debía moverse en la universidad.
Al menos Susan no estaba sola. Pero de Esther os hablare más tarde...

¿Recordáis el sms de Sergio? Bien os lo leeré.

- ¿Todo bien Gambita? Hace mucho que no se de ti.
- No hace tanto llegue hace tan solo dos días.
- Lo se, pero como siempre hablas tanto...
- Ya pero es que he estad ocupada, ya sabes la mudanza y eso...
- ¿Te gusta aquello?

En ese momento Susan quiso decirle ¡me gusta tú, haber si te enteras de una vez! Pero no se veía capacitada para asustarlo, quería hablar con él un poco más, aunque sabía de sobra que ya no podía ser lo que hubo una vez entre ellos se esfumo...
Ella no sabía muy bien a quien echarle la culpa porque sinceramente sabía que era de ambos.
¿Qué sería de su vida sin dificultades? ¡No te lo podían poner fácil!

- Bueno no es como Córdoba, es una ciudad algo más triste, y también es que después de haber estado viendo los paisajes que he visto en Mallorca pues... la cosa varía un poco.
- Ya me imagino, bueno gambita te dejo, que estoy trabajando. Un beso.
- Un beso yogui :)

Mirando aquellos mensajes su mente se remontó al día en que se pusieron esos apodos...

Susan había comenzado a trabajar en el restaurante, llevaba ya un par de días allí y no le disgustaba la manera de trabajo, si bien su jefe era algo estricto, ella sabía que era la mejor manera en la que alguien te puede enseñar.

Después de haberse peleado aquel fatídico día con Hugo, por la tarde había ido a buscarla, Susan había intentado por todos los medios que se olvidara de ella, que la dejara en paz de una vez por todas, que la odiara, y que comprendiera que nunca más iba a ser su sumisa, que las cosas habían cambiado y no podía seguir tomándola por una tonta, pero sus planes dieron al traste cuando lo vio llorar.

¿Que pasaba? Nunca en toda su relación había visto a Hugo llorar, y eso le partió el corazón, ella estaba enamorada de otro hombre, y se sentía tan culpable por ello, sabía de sobra que las cosas con Hugo jamás volverían a ser igual, básicamente porque sus peleas, para ella ya carecían de sentido, eran un motivo más para demostrarle y darle la razón de que Hugo no merecía la pena. Estaba tan cansada de tener que revivir siempre la misma situación, que lo único que le apetecía era ponerle fin.

Pero no podía, no podía dejarlo y menos así, se veía tan destrozado, igual que un niño pequeño al que se le había roto su muñeco preferido.

- Te noto rara Susan, tu antes no eras así.
- Claro que no, antes era yo la que siempre estaba llorando, y yendo detrás tuya para que me perdonaras Hugo, pero sabes ¡Qué!, que nada de lo que hice merece tu perdón, y menos esto, es solo un trabajo, y ya estoy cansada de que las decisiones más importantes de mi vida las tengas que tomar tu por mí. Estoy muy agobiada y me siento asfixiada en esta relación ¿No lo ves?
- Te prometo que puedo cambiar, se que necesitas irte de aquí, pues vayámonos juntos.
- El problema es que no creo que puedas cambiar Hugo, nadie cambia, y menos por otra persona, yo he comprendido eso a las malas. Yo no puedo ser la persona que tu quieres que sea, simplemente porque no soy esa persona que tu tienes en mente. Nuestras aspiraciones son totalmente diferentes. A mi me encantaría vivir fuera de este país conocer mundo, y a ti sin embargo te encantaría poder seguir viviendo aquí cerca de tu familia.
- Eso no es cierto, tu has cambiado antes no pensabas así.
- Hugo, no te engañes, yo siempre he pensado así solo que no te lo decía tan claro, y tu simplemente escuchabas lo que te interesaba.
- Yo no quiero perderte Susan, haría lo que hiciera falta por ti, sabes de sobra que eres el amor de mi vida, y no me imagino una vida vida que no sea a tu lado, y eso para mi antes era algo impensable, jamás pensé que podía llegar a querer a nadie como e quiero a ti y que no fuera mi madre. Tu me conoces mejor que nadie y sabes de sobra que no puedes hacerme esto, no lo soportaría. Ahora miro hacía atrás y siempre me has apoyado en los buenos y en los malos momentos, simplemente no concibo la idea de estar sin ti Susan, quiero que vivamos juntos y olvidarnos tanto de tu familia como de la mía, me da igual lo que digan, por ti estoy dispuesto a hacer lo que sea, no me dejes por favor.

Aquellas palabras la destrozaron en otro momento de su vida quizás hace dos semanas, hubiera pegado saltos de alegría al oírlas, había estado esperando tanto tiempo a que se las dijera, que ahora ya... Ya era demasiado tarde carecían de sentido.
¿PORQUÉ? Porque la usaban como una marioneta, quien era el retorcido que estaba moviendo los hilos de su destino de aquella forma tan cruel.
Siempre le habían dicho que buscara su felicidad pero, ella no podía consentir que su felicidad  hiciera sufrir a otras personas, y menos a Hugo, ella lo quería con toda su alma, siempre había sido y sería el hombre de su vida, quien se lo había enseñado todo, quien le enseño a soñar, y a poder volar sin despegar los pies del suelo.
Pero ¡Maldito sea él y su palabrería! ¿Porqué le decía todo aquello ahora? Ahora que veía que la situación se le estaba escapando como el agua entre los dedos.

Siempre le había dicho que el amor era como las flores había que regarlo día tras día y él se había empeñado asta la fecha en mirar como lentamente las flores se iban secando, ahora simplemente, ya era tarde.

Susan miró por la ventanilla del coche, se había echo de noche, ya no sabía ni el tiempo que hacía que él había llegado y estaban discutiendo, en ese momento una lágrima se deslizo por su mejilla, tan solo una lágrima, ella cerro los ojos con fuerza e intento reprimir su angustia.

En ese momento le hubiera encantado decirle a Hugo, no puede ser, ya no te quiero, estoy enamorada de otra persona. Y de esa manera hubiera puesto fin a toda aquella farsa, pero le tenía demasiado miedo, y su relación no merecía acabar así, sabía que lo menos doloroso que hubiera recibido de él en ese momento hubiera sido una bofetada. Así que se mordió la lengua hasta el punto de hacerse daño, y siguió siendo la cobarde que hasta el momento había sido y simplemente no dijo nada.

- ¿Que te pasa Susan? ¿Porqué estás tan callada?

Hugo le cogió la cabeza obligandola a mirarlo y ella se lanzo sobre su cuello abrazándolo, y con la voz entrecortada le dijo:

- No soy buena para ti, déjame irme.
- Pero que tonterias dices Susan, no conozco a nadie que sea mejor que tú.
- ¿Porqué me dices eso ahora? Y siempre cuando te llamo te portas tan condescendiente conmigo y me tratas con la punta del pie, siempre estamos discutiendo y lo sabes.
- Si lo se, y lo siento, últimamente estoy muy estresado ya sabes que las cosas en casa no van demasiado bien y mi madre...
- Pero es que yo no tengo la culpa, y no lo puedes pagar siempre conmigo, porque odio que solo pueda estar bien el día que tu lo estés, porque las cosas no son así.
- Lo se y lo siento créeme.
- Pero es que las cosas no se arreglan con un lo siento, ¿Sabes lo mal que me haces sentirme?¿Sabes que llevo un mes llorando por los rincones como un alma en pena?
- Susan, yo...
- Da igual, supongo que aquí nada va a cambiar y el día que yo explote se ira todo a la mierda conmigo, estoy muy cansada de tener que discutir con mi padre, contigo y encima saber que para tu madre soy solo una zorra que pretende quitarle a su hijo, estoy muy cansada de verdad. Lo único que pido es algo de paz. Tener una pareja sin tener que competir con su madre, poder continuar con mis estudios sin tener que discutir con mi padre, no se vamos lo que hace las personas normales.
- Susan sabes de sobra que nosotros dos no vivimos circunstancias normales.
- Lo se, y por eso estoy ya cansada de que todo lo que nos rodea sea negativo, y que tu siempre antepongas todo lo demás a mi.
- ¿Me estas pidiendo que elija entre mi madre y tú?
- ¡Escúchame! Jamás, jamás en la vida permitiría que me eligieras a mi antes que a tu madre ¿Me oyes? Ella te dio la vida, te crió y a tenido que luchar mucho para que hoy seas la persona que eres. A mi simplemente me encontraste en el camino, y soy una persona con la que quieres compartir tu vida.
Pero tampoco toleraré a partir de ahora que nadie me pisotee ¿Lo entiendes? Yo valgo más que todo eso, y paso de tener que luchar por ti. Tu ya eres demasiado grandecito para saber lo que te conviene, lo único que te pido es mi sitio. Necesito tranquilidad, cesar tantas discusiones y peleas, yo solo quiero que me hagas feliz. ¿Es tan difícil?

En ese momento Hugo la cogió de los hombros, para separarla de él. La miro a los ojos y le dijo:

- Prometo que te haré feliz Susan, quiero ser el hombre que te mereces. Aquella persona de la que te enamoraste.

Esa noche ambos estuvieron recordando anécdotas de su vida en común, riendo como dos adolescentes de nuevo, besándose entre sonrisas, hasta que a Hugo le sonó el móvil y Susan volvió a la triste realidad.

- Susan era mi madre...
- Lo se, tienes que irte.
- Si, mañana te veo, y prometo llevarte a la piscina.
- De acuerdo cariño.

Se despidieron con un casto beso en los labios, Susan salió del coche y se sentó en el porche de su casa hasta que lo vio perderse en la lejanía.
¿A quién pretendo engañar? Ya he vivido esto antes, y se de sobra que no va a funcionar, él debería haberse quedado conmigo esta noche, y no haber desaparecido cuando su madre lo reclamaba, ¡Por el amor de Dios! Tiene 23 años, cuando va a hacer lo que a él le apetece, hasta que no se libere de esas malditas cadenas, no se dará cuenta de lo que es vivir.

Esa noche cuando habló con Sergio le contó la verdad y el por su parte le dijo que no podía meterse, y que aunque supiera que Hugo jamás la haría feliz, la decisión era de Susan no de él. Así que dejaría de interponerse en su camino. Por lo que decidieron dejar de hablarse.




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