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martes, 27 de agosto de 2013

Lo que se esconde tras las dudas

- Amanda realmente me voy a volver loca de seguir así, no tengo ni idea de camino escoger, estoy haciendo una lista con los pros y los contras y se que no sirve de nada porque mi elección la tengo clara. Pero mi problema es que no soy capaz de dar ese maldito paso que me separa de mi felicidad.

- A mi me da mucha pena Hugo, creo que no se lo merece, pero se de sobra que por mucho que te diga lo contrario, tu elección no es él, ¿verdad?

Susan no quiso contestar esa pregunta, por miedo a que alguien que no fuera ella misma y su subconsciente pudiera escuchar la triste verdad. Simplemente se escudo, manteniendo la mirada perdida en el suelo.

- Yo lo único que quiero es ser feliz, y no tener que fingir ser otra persona, quiero tener mis propios gustos y estar con alguien que realmente los comparta.

- He visto esa sonrisa que pones cuando hablas con él, y créeme se de sobra quién es el elegido, y no voy a ser yo la que te diga como tienes que hacer las cosas, porque sinceramente creo que soy la menos indicada y por muchos consejos que te de al final, acabaras haciendo lo que tu sientas, yo solo te puedo ofrecer mi incondicional apoyo Susi, yo siempre te voy a querer hagas lo que hagas.

Susan se abrazó a Amanda en un mar de lagrimas.

- Yo si que te quiero a ti cariño ojala pudiera tener una relación como la tuya.

- Va, no me seas tonta que tampoco es para tanto, simplemente es que tu aún no has encontrado al hombre indicado...

- ¡Oh...! Puede ser que quizás este apostando simplemente por el caballo equivocado.

- ¡Animo!

Susan se separo de Amanda y seco con el dorso de su mano sus lagrimas.
La vida al fin y al cabo se trata de eso, de tomar decisiones, a veces tomamos las correctas, y otras veces simplemente nos equivocamos, pero esta claro que el que no arriesga, no gana.

Susan posó su mirada sobre la mesa, donde se encontraba su móvil, y en ese instante el teléfono comenzó a sonar, se acerco para ver de quien se trataba, y cuando vio que era Sergio su cara cambió por completo.

- ¿Es él?

- Si, voy a contestar Amanda.

- Adelante.

Miranda le dio un beso en la mejilla y salió de la casa de Susan dejándola sola.

- Buenos días Gambita ¿Que tal estás hoy?
- Bien, ahora con la mente un poco más clara.
- Hoy te note distante, y tampoco quise meterme donde no me llaman...
- No te preocupes... Tú sabes es por el mismo tema de siempre.
- ¿No es fácil? Lo suponía.
- Mi elección ya esta hecha.
- Creo que me da miedo preguntarte.
- Pues, no temas que yo no me como a nadie.
- Si, eso lo se, pero ahora siento miedo...
- ¿Porqué?
- Porque quizás esta sea la última vez que puedo oír tu voz.

El corazón de Susan se estremeció y todos los bellos de su cuerpo se pusieron de punta, lo amaba, esa sensación extraña entre el frío y el calor que recorría todo su cuerpo la delataba.

- Pues... No tienes nada de lo que temer, aún no te conozco, pero desde que hablo contigo... me siento diferente, con ganas de tirarme al abismo, hacer puenting, paracaídas...
- Estas loca.
- Si, por ti.

En ese momento su corazón se detuvo y dejó de respirar, Sergio había enmudecido y ella sentía que se había precipitado, y ahora no había manera de arreglarlo, ya estaba dicho, ya daba igual el miedo, lo que tuviera que pasar iba a pasar en aquel preciso momento, sin más demoras ni más sufrimiento.

- No quiero que no estés segura de lo que dices...
- Créeme si te lo he dicho, es porque lo siento así, y si me equivoco, pues asumiré mi culpa.
- Todo esto es tan nuevo para mí que no se como debería sentirme.
-Siente lo que estés dispuesto a sentir y vive sin tener que arrepentirte de algo que por miedo no quisiste hacer.
- Es muy bonito eso que me dices enana, pero es que aún no sabes ni la mitad de lo que deberías saber sobre mi.
- Tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo, solo te pido que no me hagas esperar mucho.
- Ojala pudiera estar en este instante a tu lado.
- Mira por la ventana.
- ¿Para qué?
- Hazme caso.
- De acuerdo, ya estoy...
- ¿Que ves?
- Veo la luna.
- Yo también la veo, ahora lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos e imaginar que yo estoy ahí a tu lado apoyando mi cabeza sobre tu hombro.
- Si estuvieras aquí, te besaría como nunca te han besado.
- Yo te abrazaría y detendría el tiempo en ese mismo momento.
- Eres una mujer maravillosa Susana. Necesito verte, conecta tu skype.
- Voy, un momento.

Susan colgó el teléfono y cogió su portátil a toda prisa.
Cuando lo encendió escribió a Sergio para que la llamara porque ella aún no estaba muy segura de como funcionaba skype, y de repente una ventanita ocupo la parte central de su pantalla.
Fue entonces cuando los nervios se adueñaron de su calma, no lo podía creer al fin lo vería realmente, se quedo dubitativa al ver el botón verde de descolgar porque un súbito pánico recorría cada una de las conexiones interneuronales de su ya atormentado cerebro...
¿Y si no le gusto?
Su mano se había quedado petrificada y era incapaz de reaccionar.

- ¿Porqué no me lo coges?

Ese mensaje de Sergio la devolvió a la realidad.

- Perdona es que no me ha funcionado bien la conexión, inténtalo de nuevo.

Sergio volvió a llamarla y sin más demoras ella descolgó la llamada, necesitaba ver al hombre que era participe de su renacer.






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