El mundo para sus ojos había cambiado, que tenía aquella chiquilla que lo hacía comportarse como un irreverente adolescente, no sentía nada más que deseos de provocarla, y hacerla sonrojarse.
Le encantaba ese toque de timidez tan dulce e irresistible que invitaba a su lado oscuro a ser irreverente.
Esa mirada burlona, que ocultaba sus ojos, en bajo el sonido de su risa, era como una irrefrenable atracción sobre natural, sentía como si ahora ella fuera su centro de gravedad.
Su dulzura y belleza le recordaban a Audrey, era demasiado bella para ser tan dulce y demasiado dulce para darse cuenta de lo preciosa que era.
Apenas había pasado con ella una hora, y el deseo de la curiosidad por saber más de aquella dulce mujer, se había instaurado perenne, en su cabeza.
Sin entender el cómo, ni el porqué... Quizás una serie de factores multicausales estaban influyendo en su descarriado e irreverente comportamiento, como podía tan si quiera osar a atreverse a pensar en aquella chiquilla, que posiblemente solo tuviera 18 años, el iba a cumplir 33, por poco doblaba su edad.
Esto no lo único que conseguía era hacerle pensar que la crisis de los precuarenta, ya estaba haciendo mella en él, por eso se fijaba en las niñas. Aunque había que reconocer que para tener esa edad, lo había dejado asombrado, seguramente ella estudiara algo relacionado con el tema y por eso sabía sobre ello.
Sin darse cuenta su sistema autónomo decidió actuar por cuenta propia, como siempre.
Cogió el móvil de Paula, para mirar sus contactos, y apuntó en el suyo el número de Susan. Sin pensar en las consecuencias que podía acarrear aquella situación.
- ¿Qué haces?
- He apuntado el número de Susan, quiero saber si puedo hacer algo por ella, es lo mínimo, si no fuera por ella...
- Te entiendo, la niña es un primor, a la pobre le has tenido que dar un susto... Igual que a mí.
- Lo siento
Acto seguido Paula se acercó a él dándole un casto beso en los labios.
- Pensé que después de la pelea de esta mañana, quizás no nos volviéramos a ver más... Pero si la vida te ha dado otra oportunidad, creo que debe ser por algo.
Alex miró para otro lado, no le apetecía tener esta conversación, porque sabía de sobra que si continuaba por ese camino, al final acabaría recordando el motivo de la pelea y volvería a salir a la luz.
Y como no era ni el momento, ni el lugar adecuado. Decidió evitar esa conversación cambiando sutilmente de tema.
-Estoy cansado cariño, si no te importa voy a descansar un rato, que hoy ha sido un día muy duro.
-¿Quieres que me quede?
- No te molestes, si tu también tienes que estar bastante cansada, vete a casa y no te preocupes por mí, ¿Dónde voy a estar más cuidado que aquí? Y de todas formas mañana seguramente me den el alta, así que no tienes nada por lo que preocuparte.
-De acuerdo, pero si necesitas algo, ¡Llámame!
- Lo haré, no te preocupes.
Y ambos se despidieron con un recatado beso en los labios. Era curioso ver como todo podía cambiar en tan poco tiempo, esta mañana ambos estaban decididos a dejar su historia, y acabar con esa farsa y ahora, sin embargo, era como si el contador se hubiera puesto a 0. Era un inepto si no se sentía agradecido con ella por todo lo que había hecho por él. Pero eso no cambiaba lo que sentía.
Su relación se había apagado, Alex ya no se sentía nada atraído por Paula, había comenzado a hablar con otras mujeres, e incluso a fijarse en ellas de una manera diferente...
La historia con Paula hasta la fecha era bonita; ellos se conocieron en la facultad, y sin darse cuenta lo que empezó como una inocente amistad, se fue tornando en un peculiar cariño, y sin darse cuenta se enamoraron. A Alex le encantaba Paula porque estimulaba su imaginación y creatividad, juntos formaban un gran equipo, nunca discutían y aunque compartían unos ideales que se diferían, sabían compaginar sin problemas sus aficiones.
Pero cuando se fueron a vivir juntos, todo eso cambió por completo, el trabajo ocupaba gran parte de la vida de Alex, apenas podía dedicarle tiempo suficiente a Paula, porque sus proyectos de investigación requerían que pasara mucho tiempo fuera del país. Por lo que él aún no se planteaba la idea de formar una familia más estable, y acabar atándose a los convencionalismos que impuso en su día la sociedad, la sola idea lo agobiaba, el se sentía demasiado joven para tener hijos y dejar de viajar, para acabar dando clases en la universidad a fin de buscar esa tranquilidad y acomodamiento.
Y eso era algo que Paula no entendía y l reprochaba día tras día, de ahí el motivo de sus infinitas discusiones, de sus reproches y de ese ambiente constante de crispación, ya nada era como antes, los dos habían cambiado, él no recordaba la última vez que estuvo bromeando y riendo despreocupadamente con Paula, porque eso hace mucho tiempo que se marcho.
Paula adopto un tono de acritud y despotismo, que laceraba a Alex, con cada pequeño gesto, era una situación insostenible, y en definitiva. Su amor se acabo.
Sin darse cuenta Alex había permanecido tan ensimismado en sus pensamientos, que no fue consciente de la hora que era, solo sentía que a su apesadumbrado cuerpo, le apetecía descansar.
Miró la hora en el reloj que había colgado en la pared, las 00:30 - Quizás aún no sea demasiado tarde, es estudiante, seguramente se acostará más tarde. - Pensó.
- Buenas noches Susan, por lo que se ve mañana me darán el alta, así que volveré a casita, si no es mucha molestia me gustaría quedar contigo la semana que viene, que seguramente habré recuperado mi movilidad, para invitarte a un café, como ya te comente esta tarde, es lo mínimo que puedo hacer por ti, ya que me siento en deuda contigo, además estoy en desventaja, tu sabes a lo que me dedico y tu para mí sigues siendo toda una incógnita, la cual he de decir que considero bastante interesante. Un saludo Alex.
Al enviar el mensaje, miró su última hora de conexión, era hacía unos pocos minutos. Alex encendió la televisión, mientras esperaba la contestación y sin darse cuenta fue preso del profundo sueño.
