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sábado, 30 de noviembre de 2013

Tiempo

El mundo para sus ojos había cambiado, que tenía aquella chiquilla que lo hacía comportarse como un irreverente adolescente, no sentía nada más que deseos de provocarla, y hacerla sonrojarse.
Le encantaba ese toque de timidez tan dulce e irresistible que invitaba a su lado oscuro a ser irreverente.

Esa mirada burlona, que ocultaba sus ojos, en bajo el sonido de su risa, era como una irrefrenable atracción sobre natural, sentía como si ahora ella fuera su centro de gravedad.

Su dulzura y belleza le recordaban a Audrey, era demasiado bella para ser tan dulce y demasiado dulce para darse cuenta de lo preciosa que era.







Apenas había pasado con ella una hora, y el deseo de la curiosidad por saber más de aquella dulce mujer, se había instaurado perenne, en su cabeza.

Sin entender el cómo, ni el porqué... Quizás una serie de factores multicausales estaban influyendo en su descarriado e irreverente comportamiento, como podía tan si quiera osar a atreverse a pensar en aquella chiquilla, que posiblemente solo tuviera 18 años, el iba a cumplir 33, por poco doblaba su edad.

Esto no lo único que conseguía era hacerle pensar que la crisis de los precuarenta, ya estaba haciendo mella en él, por eso se fijaba en las niñas. Aunque había que reconocer que para tener esa edad, lo había dejado asombrado, seguramente ella estudiara algo relacionado con el tema y por eso sabía sobre ello.

Sin darse cuenta su sistema autónomo decidió actuar por cuenta propia, como siempre.
Cogió el móvil de Paula, para mirar sus contactos, y apuntó en el suyo el número de Susan. Sin pensar en las consecuencias que podía acarrear aquella situación.

- ¿Qué haces?

- He apuntado el número de Susan, quiero saber si puedo hacer algo por ella, es lo mínimo, si no fuera por ella...

- Te entiendo, la niña es un primor, a la pobre le has tenido que dar un susto... Igual que a mí.

- Lo siento

Acto seguido Paula se acercó a él dándole un casto beso en los labios.

- Pensé que después de la pelea de esta mañana, quizás no nos volviéramos a ver más... Pero si la vida te ha dado otra oportunidad, creo que debe ser por algo.

Alex miró para otro lado, no le apetecía tener esta conversación, porque sabía de sobra que si continuaba por ese camino, al final acabaría recordando el motivo de la pelea y volvería a salir a la luz.

Y como no era ni el momento, ni el lugar adecuado. Decidió evitar esa conversación cambiando sutilmente  de tema.

-Estoy cansado cariño, si no te importa voy a descansar un rato, que hoy ha sido un día muy duro.

-¿Quieres que me quede?

- No te molestes, si tu también tienes que estar bastante cansada, vete a casa y no te preocupes por mí, ¿Dónde voy a estar más cuidado que aquí? Y de todas formas mañana seguramente me den el alta, así que no tienes nada por lo que preocuparte.

-De acuerdo, pero si necesitas algo, ¡Llámame!

- Lo haré, no te preocupes.

Y ambos se despidieron con un recatado beso en los labios. Era curioso ver como todo podía cambiar en tan poco tiempo, esta mañana ambos estaban decididos a dejar su historia, y acabar con esa farsa y ahora, sin embargo, era como si el contador se hubiera puesto a 0. Era un inepto si no se sentía agradecido con ella por todo lo que había hecho por él. Pero eso no cambiaba lo que sentía.

Su relación se había apagado, Alex ya no se sentía nada atraído por Paula, había comenzado a hablar con otras mujeres, e incluso a fijarse en ellas de una manera diferente...

La historia con Paula hasta la fecha era bonita; ellos se conocieron en la facultad, y sin darse cuenta lo que empezó como una inocente amistad, se fue tornando en un peculiar cariño, y sin darse cuenta se enamoraron. A Alex le encantaba Paula porque estimulaba su imaginación y creatividad, juntos formaban un gran equipo, nunca discutían y aunque compartían unos ideales que se diferían, sabían compaginar sin problemas sus aficiones.

Pero cuando se fueron a vivir juntos, todo eso cambió por completo, el trabajo ocupaba gran parte de la vida de Alex, apenas podía dedicarle tiempo suficiente a Paula, porque sus proyectos de investigación requerían que pasara mucho tiempo fuera del país. Por lo que él aún no se planteaba la idea de formar una familia más estable, y acabar atándose a los convencionalismos que impuso en su día la sociedad, la sola idea lo agobiaba, el se sentía demasiado joven para tener hijos y dejar de viajar, para acabar dando clases en la universidad a fin de buscar esa tranquilidad y acomodamiento.

Y eso era algo que Paula no entendía y l reprochaba día tras día, de ahí el motivo de sus infinitas discusiones, de sus reproches y de ese ambiente constante de crispación, ya nada era como antes, los dos habían cambiado, él no recordaba la última vez que estuvo bromeando y riendo despreocupadamente con Paula, porque eso hace mucho tiempo que se marcho.

Paula adopto un tono de acritud y despotismo, que laceraba a Alex, con cada pequeño gesto, era una situación insostenible, y en definitiva. Su amor se acabo.

Sin darse cuenta Alex había permanecido tan ensimismado en sus pensamientos, que no fue consciente de la hora que era, solo sentía que a su apesadumbrado cuerpo, le apetecía descansar.

Miró la hora en el reloj que había colgado en la pared, las 00:30 - Quizás aún no sea demasiado tarde, es estudiante, seguramente se acostará más tarde. - Pensó.

- Buenas noches Susan, por lo que se ve mañana me darán el alta, así que volveré a casita, si no es mucha molestia me gustaría quedar contigo la semana que viene, que seguramente habré recuperado mi movilidad, para invitarte a un café, como ya te comente esta tarde, es lo mínimo que puedo hacer por ti, ya que me siento en deuda contigo, además estoy en desventaja, tu sabes a lo que me dedico y tu para mí sigues siendo toda una incógnita, la cual he de decir que considero bastante interesante. Un saludo Alex.

Al enviar el mensaje, miró su última hora de conexión, era hacía unos pocos minutos. Alex encendió la televisión, mientras esperaba la contestación y sin darse cuenta fue preso del profundo sueño.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Cómo explicar lo inexplicable

Al salir de allí corriendo, necesitaba frenar aquellos pensamientos que inundaban su mente, no quería pensar.
 En ese momento era lo único que no debía hacer, ya había tenido esa sensación antes o al menos eso creía,  si seguía prestándole una atención innecesaria a su meditabunda ilusión, acabaría de la misma manera, inevitablemente una vez más.

Saco su ipod y sintonizo aleatoriamente una cadena de radio, ya estaba cansada de escuchar siempre la misma música, ahora mismo no necesitaba un control innecesario sobre sus gustos, dejándose guiar por la comercialización de la industria.

¡Nada! No había nada que se reflejara con lo que quería sentir. Así que sacó su móvil, entro en youtube y escribió una palabra al azar.

- ¡Esto era lo que estaba buscando!

 En ese momento una melodía de piano comenzaba a tocar y se introdujo en su pensamiento sacando todo lo demás, expresándose por sí sola, todo lo que hasta el momento tenía en su cabeza fue desapareciendo, como si cada nueva nota pudiera caracterizarse con cada pensamiento.







Sin duda aquella melodía quería formar parte de ella, acrecentando en su interior la sensación de paz y devolviéndole esa ansiada tranquilidad, que brillaba por su ausencia.

Cuando acabo la música supo que todo lo que andaba buscando estaba en esas notas,"Escuchar lo que estoy pensando" era el nombre de la canción y Susan supo que se encontraba en el momento y en el lugar adecuado para que algo tan simple pudiera expresar de una manera tan sencilla y bonita, lo que ni ella atisbaba a entender.

El mundo esta compuesto por casualidades que surgen sin más, momentos que sin darnos cuenta preceden a otros que lo cambian tu vida por completo. Otros momentos, sin embargo, tienen la fuerza por sí mismos para conseguirlo.

Mientras caminaba al amparo sola por la calle, sus manos comenzaron a enfriarse, las metió en los bolsillos al amparo del calor que tanto necesitaba, curiosamente ese calor avivaba sus pensamientos y la dejaba poner en orden su caos.

 Susan siempre se mostraba reacia a creer en lo desconocido, por ejemplo nunca había creído en la existencia de un solo ser omnipotente, como el creador del universo y de todo lo que la rodeaba, ella se centraba más bien en hechos probables, y más al alcance de la ciencia. Le gustaba leer sobre temas, que a la mayoría le resultaban un tanto ilusorios y poco creíbles, por eso lo mantenía en secreto. En una sociedad que aún lucha por su progresivo desarrollo, en el que la gran mayoría aún se deja guiar por las cadenas del convencionalismo, salirse de la norma es objeto de incomprensión, siempre ha sido así y siempre lo sera. 
Esta al alcance de muy pocos descubrir la realidad que encierran los secretos, de poder demostrar que creencia es la correcta, porque cada ser humano tiene derecho a tener la suya propia, sin tener que dejarse influir por lo correcto. 

Y lo que más le fascinaba de todo era darse cuenta que sentir aquello, era autodescubrirse a sí misma, y que la música era la gran culpable de sus momentos de reflexión, de muchas de las aclaraciones, de su toma de decisiones en cuanto aparecía un cruce de caminos con una insalvable decisión inmediata,lo más que tenía que hacer era buscar la música que la hiciera reflexionar en el camino correcto.

Susan añoraba el deseo de aquello que no fue y pudo a ver sido, le encantaría haber tenido un don, como aquellos genios, que podían plasmar todo lo que pensaban a través de las notas de su piano, para hacer llegar al mundo sus sentimientos.



                           


De esta manera podría mandar un mensaje implícito, llamando a la ansiada calma.









La teoría del caos

Si Susan hubiera sido remotamente consciente de lo que pasaría cuando entrara en aquella habitación probablemente, no hubiera cruzado aquel límite, no habría pasado de aquella linea imaginaria que marcaba la diferencia entre la realidad y la ficción, en la que acabaría viéndose inmersa.
Su vida hasta entonces, estaba girando en torno a la teoría del caos, cada pequeño paso que daba en este frágil presente, advertía a cambios colosales de su futuro próximo. 

"La inconsciencia es la mejor de las conciencias"

Y actuando sobre lo desconocido guiándose por su sentido de la responsabilidad, llamó a aquella puerta entreabierta.

- ¡Adelante!

Al oír aquella voz, Susan no estaba segura si era él, o se había equivocado de habitación. Aunque todo aquello sucediera hacia unas pocas horas, no había prestado atención a como era aquel hombre, con tanta confusión, apenas tenía un recuerdo nítido de su cara.

Al entrar en la habitación Susan fijo su mirada en aquel hombre que estaba tumbado en una cama, mirando la televisión sin interés aparente, Susan se quedo en su rincón expectante, esperando una señal, se sentía tan culpable, al verlo allí tan frágil y vulnerable aquel hombre estaba en aquella situación por ella. No era justo que pensara que era su culpa, pero, en cierto modo era la realidad.

Alex se quedo mirando en silencio a Susan mientras observaba como esta, mantenía su cabeza alicaída y su mirada parecía centrarse en las baldosas desgastadas del suelo del hospital, como si buscara alguna solución a sus atormentados pensamientos allí abajo.

- ¿Buscas algo?

Susan recupero la consciencia que había perdido por un instante, para enfrentarse a la realidad, dejando atrás sus pensamientos.

- Lo siento, estaba...

- Es tu mundo, ¡Si, desde este angulo se apreciaba bastante bien!

Susan sintió una punzada de pudor, no conocía de nada a aquel hombre y ya se aventuraba a mofarse de ella.

- ¿Puedo pasar?

- Sí, claro ¿No, estarías esperando a que te diera permiso?

- Es de mala educación entrar en los sitios sin antes preguntar.

- Pero creí que la pregunta venía ya implícita en la llamada a la puerta.

Aquel hombre la estaba dejando fuera de juego y apenas la conocía, iba a ser difícil mantener una conversación con él sin intentar estar a la defensiva.

- Estas habitaciones por lo general suelen ser de dos personas, no es muy común que haya una sola persona, como en este caso, y es más yo aún no se si eres tú la persona a la que he venido a ver, por eso es mejor mantener una distancia prudencial hasta que la persona te vuelve a dar su permiso.

-En ese caso, ¿Que te impide hacerlo? Porque aún no me has preguntado quién soy.

Aquel hombre estaba exasperando a Susan, aquel tonillo irrisorio que empleaba para dirigirse a Susan la sacaba de quicio.

- ¿Eres Alex?

- Sí, soy yo.

-¿Sabes quién soy?

- No, no me suena de nada tu cara.

- Yo soy...

Alex comenzó a reírse.

- Claro que se quien eres, Paula me dijo que vendrías y no se me olvida una cara que he visto tan relativamente poco...

- Vaya, veo que estás de muy buen humor, ¡Me alegro!

- Yo siempre, por cierto ¡Gracias por todo! Siento haberme quedado contigo.

-Bueno al menos estás bien.

- Si, bueno a excepción de esto...

Alex se quitó a sabana que cubría su pierna, que ahora estaba completamente vendada.

- Susan siento haberte asustado esta mañana, te has portado muy bien conmigo.

- ¡Oh! No tiene importancia, no te podía haber dejado allí tirado hombre, es lo normal en esos casos.

- Cualquier otra chiquilla se hubiera desmallado al ver tanta sangre o hubiera corrido despavorida.

- Bueno, supongo que llevo ese instinto por dentro, solo intento ayudar nada más.

- Siento lo de tu pañuelo...

- ¿Qué?

- Llevabas un pañuelo muy bonito, que has usado para taparme la herida, y se ha quedado hecho un desastre.

- No te preocupes, esas cosas pasan.

- Me siento en deuda contigo, esta mañana, por poco te atropello, te he dado un susto espantoso, por tu ropa deportiva imagino que he impedido que fueras a hacer ejercicio y encima he estropeado tu pañuelo favorito ¡SOY LO PEOR!

- No dramatices hombre, que tampoco es para tanto.

- ¡ Lo se! solo estaba metiéndome en el papel, porque todo esto parece de película.

Al oír esto Susan no podía dejar de reír, definitivamente aquel hombre estaba loco.

- El golpe ha debido de afectar a tu cordura ¿Te lo han mirado?

- No te preocupes, si esto viene de fabrica.

- ¿Sabes que el gobierno da pagas para la gente en tu estado?

De repente el tono de burla de Alex se volvió seco:

- ¿No tienes vergüenza? Mira que reírte de mí de esa manera, ¡Ni que estar aquí enclaustrado con la pierna inútil fuera decisión propia!

- Lo... si..ento, no quería...

Sus palabras se vieron interrumpidas por una sonora carcajada.

- Eres tan inocente.

Susan se puso enrojecida por la ira, era horrible como aquel hombre jugaba con sus sentimientos a su  antojo y la avergonzara continuamente.

- Eres un...

- Un hombre increíble, lo se.

- No era esa la palabra que estaba buscando precisamente. Mas bien, odioso, ¡Dime que no eres payaso en tu tiempo libre!

- ¿Me estás insultando?

- No, solo te he preguntado a lo que te dedicas.

- Aunque te lo explicara no lo entenderías.

- Quizás te sorprenda, no me subestimes, solo porque te has reído de mi aprovechando que no conozco tu carácter.

- ¿Sueles mirar al cielo?

- ¿Que clase de pregunta es esa? Todo el mundo lo hace, que yo sepa.

- Hombre, cuando te he visto hoy, estabas ensimismada mirando las baldosas.

Susan sintió como sus mejillas ardían, y no sabía si era por la vergüenza de que aquel ser la hubiera visto en su mundo paralelo, o por el continuo bombardeo que él hacía sobre su persona.

- Eres odioso ¿Lo sabías?

- Me lo dicen muy a menudo.  ¿Sabes lo que son las estrellas?

Susan ya ni tan si quiera se limito a contestar, simplemente le dedico una mirada reprobatoria, que llevaba un mensaje implícito a voces.

- Supongo por esa mirada que quieres matarme, y que sabes lo que son... Bueno pues mi trabajo en parte esta dedicado a ellas.

- ¿Me estás diciendo, que eres astrónomo?

- Por lo que veo sabes de lo que se trata, creía que con tu edad solo entendías del whatsapp.

- Pero que...

- Perdona que te corte tu momento de indignación pero acabare de contestarte a tu pregunta. No soy astrónomo. Más bien soy físico. 

- ¿Te estás riendo de mí? 

- No, esta vez te prometo que no.

- Bueno aún no se lo que valen tus promesas, pero no tenes pinta de físico.

- Si no me crees, puedes preguntarle a Paula cuando vuelva.

- No es necesario creo que haré la comprobación por mi misma.

- Por curiosidad, si eres lo que dices ser ¿Que sabes sobre la energía oscura?

- Mmmm ¿Eso salía en la guerra de las galaxias?

- Sabía que era un farol.

- La energía oscura es la que está presente en todo el espacio, produciendo una presión que tiende a acelerar la expansión del Universo, resultando en una fuerza gravitacional repulsiva. Después del descubrimiento del bosón de Higgs, la ciencia se está centrando en descubrir el ¿Porqué? De esta energía, porque hasta ahora es la más desconocida. Y se estima que el universo esta compuesto en un 68,3% de ella, por lo que claramente nos lleva a la conclusión de que lo mejor aún esta por conocer.

- ¡WOW! Me has dejado sorprendida, y no creo que sea una casualidad que entiendas sobre el tema, así que tendré que creerte.

En aquel momento Susan tenía la sensación de estar delante de una persona con una mente prodigiosa, aunque aparentemente no lo denotaba, era demasiado joven, la imagen que ella tenía en su cabeza sobre las personas que entendían sobre temas así era otra que difería bastante de la que tenía frente a ella, en aquel momento.


- ¡Bah! Sabía que me ibas a preguntar eso, así que me lo prepare antes de venir, no te creas que se tanto. Lo que me sorprende es que lo sepas tú.

- Que te pensabas que solo los viejos con pajarita sabían de esos temas.

Entre risas Alex le pregunto:

- No se, ¡Dímelo tú! Porque estoy seguro que no esperabas que yo supiera sobre el tema. 

Susan se quedo sin palabras, aquel hombre le parecía tan interesante que se quedo sin saber que decir, por miedo a que juzgara su desconocimiento.


- Yo no se sobre el tema la verdad, simplemente leo por curiosidad.

- La curiosidad es el principio de todo Susan, no te subestimes.

En ese momento entró en la habitación Paula, interrumpiendo aquella aura que se había creado entre ambos.
Susan se levantó para saludarla y recibir gratamente sus agradecimientos, miró volvió a mirar a Alex, y vio su sonrisa de satisfacción en la mirada.

En ese momento comprendió que había llegado la hora de irse de allí, aquel hombre la estaba poniendo demasiado nerviosa.

- Bueno ha sido un placer, pero me tengo que ir ya, ¡Se me hace tarde, y aún tengo muchas cosas que hacer!

- ¡Vaya! ¿Tan pronto? apenas he tenido tiempo de agradecértelo ¿Alex que le has hecho a la pobre? Se que puede ser muy bocazas de vez en cuando, pero no se lo tomes en cuenta.

- No te preocupes no ha sido él, es que tengo prisa.

- Bueno pues muchas gracias de todos modos. 

Alex le sonrió y le dijo:

- Ha sido un placer Susan, me gustaría poder compensarte esto de verdad.

- No es necesario en serio.

- Insisto, me gustaría poder volver a disfrutar de tu compañía.

Susan enrojeció, agacho su cabeza y comenzó a andar.

- No es necesario, ¡Cuídate! ¡Adiós!

Y salió corriendo de allí.


martes, 5 de noviembre de 2013

Pisando los talones del pasado

Intentó levantarse de allí, aquella situación le resultaba demasiado incómoda, miró a aquel hombre y le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella, intentando incorporarse para salir de allí cuanto antes y poder darse su ansiada ducha.

- ¿Quieres que te acompañe a casa?

- No gracias señor, es muy amable por su parte, pero ya me encuentro bien.

Cuando llegó a su piso, sus compañeras ya estaban despiertas, y estaba desayunando.

Al oír el ruido de la puerta Clara y Esther se asomaron para ver que era lo que pasaba, puesto que no estaban acostumbradas a que Susan se despertara tan temprano.

Al ver la imagen tan desgarradora que transmitía Susan, llena de sangre, se llevaron las manos  a la cabeza, y de inmediato instaron a Susan a que contara lo sucedido.

Susan al recordarlo rompió a llorar, era demasiada la tensión contenida en ella. De inmediato ambas se acercaron para abrazarla, intentando consolar sus atormentados recuerdos.

Era un cúmulo de cosas, que realmente Susan no sabía ni que sentía.

Al salir de la ducha, Susan llamó a su madre, para contarle lo que acababa de ocurrirle, esos hechos de los que acababa de ser participe, pues sentía en ese momento que la vida era como un leve suspiro, corta y breve.

Y que en cualquier momento, en un abrir y cerrar de ojos, todo su mundo podía cambiar por completo.

Era por eso que necesitaba estar en paz con ella misma, era ya hora de atar sus cabos sueltos, y tomarse lo ocurrido como una oportunidad.

Al descolgar el teléfono su madre la recibió con sorpresa, hacía tiempo que Susan no daba señales de vida.

Prefería simplemente estar sola, a estar martirizada por alguien que no sabía valorarla.
Pero sin darse cuenta, Susan estaba sometiendo a más gente de la pertinente en ese castigo, no era justo, pero sin duda alguna era el error más asequible que estaba dispuesta a tolerar.

Cuando habló con su madre, el tono de ansiedad que denotaba su voz, le demostraba sin lugar a dudas, que la situación en su hogar no atisbaba mejoras, no era necesario que ella lo expusiera, pues conocía de sobra sus formas de hablar, cuando se sentía cohibida y cuando deprimida, y era evidente que en ese momento sufría una combinación de ambas.

- Susana ¿Cuando vas a venir a visitarnos?

- Cuando esté preparada mamá, sabes de sobra que se necesita mucho control y serenidad para soportar esa situación en la que tú te ves sumida día tras día. Y créeme ahora mismo, carezco de ambas. Anímicamente ahora estoy estable, me siento bien, así que me da miedo llegar allí y enfrentarme cara a cara con mis recuerdos. Temo que sumergirme en ellos y caer en el agujero negro, del que decidí escapar. Entonces, todo lo avanzado hasta ahora, no serviría de nada.

- Pero, te echamos de menos, desde que te fuiste a Mallorca llevo meses sin asar tiempo contigo, ¡Por favor! Sabes que nunca me he entrometido en tus decisiones, es más yo las he apoyado en todo momento, porque no quiero que te ocurra lo mismo que a mi, pues creo que tienes capacidad, e ímpetu para poder llegar a conseguir tu objetivo en la vida, y sabes que por ello tienes todo mi respeto y apoyo. Pero te pido que no olvides, que en esta vida, también es importante la familia.

- Sabes que desde pequeña, tuve que aprender a la fuerza a ser independiente, y a no tener que depender de la familia, porque siempre ha existido la manzana podrida, que se empeñaba en mostrarme la cruda realidad. No me juzgues por mostrarme con frialdad, es lo que aprendí.

 Era cierto, que de un tiempo a esta parte, desde que Susan puso fin a la relación con Hugo, todo lo que giraba a su alrededor también se desvinculó de ella. Pues había dejado de tener sentido seguir con aquella historia, y lo más sencillo, era desligarse de todo y de todos. En ello también incluía a su familia, porque inevitablemente, su padre, ya no se sabía si era por molestar o por que lo pensaba de verdad, no dejaba de recordarle lo sola que se encontraba,  y que no volvería a conocer a nadie como él.
Lo único que suponía para Susan recordar aquella etapa de su vida, era remover unos recuerdos dolorosos, para los que aún no estaba preparada.

Lo único que conseguía Susan con aquella historia, era volverse débil, frágil y vacía... Al recordar como se sentía en aquellos momentos.

- De acuerdo... este fin de semana iré a veros. Todo sea por hacerte feliz.

- ¡Así me gusta!

- Bueno, tengo que dejarte...

- ¡Cuídate!¡Besitos!

- Eso haré ¡Adiós mamá!

Al colgar el teléfono... Miró su agenda, buscando el nombre de Paula, para preguntarle sobre el estado de salud de Alex.

- Paula, soy Susan, la chica que socorrió esta mañana a Alex ¿Que tal se encuentra?

No habían pasado ni dos minutos, cuando Susan recibió un mensaje de respuesta.

- ¡Hola Susan! Muchas gracias por tu ayuda, de verdad, no te imaginas lo agradecidos que estamos.
Alex, ahora mismo esta realizándose una serie de pruebas, para verificar que los daños sufridos durante su caída, son solamente superficiales. Así que por el momento estará en observación.

- ¿Te importaría que me pasara a verlo más tarde?

- ¡Oh! Claro, sin problema, pero no queremos causarte más molestias.

- No hay molestia alguna créeme.

-¡Muchas gracias! Eres un ángel.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Caída libre

Aún no había abierto los ojos, pero Susan tenía la sensación de que su cuerpo estaba siendo participe de algo inusual, notaba como su espalda estaba apoyada sobre alguna superficie muy fría. Y poco a poco el resto de sus sentidos se fueron agudizando, y despertando del letargo, era un sitio demasiado ruidoso... Y cuando se aventuró a abrir sus aletargados parpados, no pudo ver más que decenas de miradas pendientes de su reacción, con cara de preocupación.
º
Sus mejillas que permanecían pálidas como la cal, comenzaron a teñirse de un leve rubor, estaba siendo participe de una escena bochornosa, y más para una persona que en un futuro se dedicaría al mundo de la sanidad, perder la consciencia por ver la sangre era algo impensable.

- ¡Por favor, déjenla respirar, dispersaros! 

Susan alzó como pudo su apesadumbrada cabeza, para ver el rostro de la persona que había dicho aquello, y al moverse, fue consciente de que él, la estaba sujetando.

- ¡No te muevas pequeña, no vaya a ser que te vuelvas a marear! ¿Te encuentras ya mejor?

Era una voz tan varonil y a la vez tan dulce, que Susan se sintió protegida, en el cálido calor que le proporcionaban los brazos de aquel desconocido.

- Si, gracias ¿Que es lo que me ha pasado?

- Imagino que de los nervios y al ver tanta sangre tu cuerpo no ha podido más y se ha desvanecido.

-¡Dios mío! ¡Que vergüenza!

- Para nada mujer, estas cosas pasan, por suerte, yo estaba a tu lado, y te he visto palidecer, entonces he sido consciente de lo que te pasaba y al preguntarte para ver como estabas, ya no has podido responderme.

- ¿Me he desmayado?

El hombre solo movió la cabeza, en sentido afirmativo. Susan se miró las manos de nuevo y vio el motivo, por el que estaba allí.



sábado, 2 de noviembre de 2013

Una fracción de segundo

Susan abrió los ojos, aún no había amanecido, pero se encontraba inquieta no le apetecía estar más tiempo en la cama, camino por el gran pasillo hasta la cocina, y al entrar se detuvo ante el frigorífico.

Miro por la ventana y pensó: Hoy es uno de esos días perfectos para hacer algo de deporte.

Volvió a su habitación para vestirse y coger su ipad.

Cuando salió a la calle, el aire frío de la mañana entro en contacto con sus mejillas, y recapacitó sobre si aquella era una buena idea... Pero no quiso replantearse más la posibilidad de volver al acogedor calor que aún encerraban sus sabanas, a estas horas de la mañana, en los que el sol solo era una leve intuición.

Emprendió su marcha, sin tener claro el rumbo, ni tan si quiera era consciente de la resistencia que de la que estaba prevista ahora, llevaba tanto sin hacer deporte, que aquel esfuerzo iba a ser un suplicio, sin lugar a duda.

Su meta aquella mañana era hacer una hora de ejercicio, pero se vio frustrada, cuando al cruzar un paso de cebra, un motorista despistado no se había percatado de su presencia.

Susan había mirado varias veces, pero cuando estaba cruzando, se percató que el ruido de la moto se aproximaba cada vez más a ella, y cuando giró su cabeza, para comprobar la situación, apenas tuvo tiempo para reaccionar y apartarse. Por suerte, cuando iba por la calle no se ponía los dos auriculares porque no se fiaba. y pudo anticiparse, retirándose del paso.

El motorista, sin embargo, no tuvo tanta suerte y cuando vio que Susan estaba tan cerca, intento retirarse de su camino, con la mala suerte de que con ese giro tan brusco, perdió la estabilidad, y acabo cayéndose de bruces al frío suelo del asfalto.

Susan no sabía que hacer, todo su cuerpo se había quedado paralizado, congelado. Su corazón estaba tan agitado que parecía que luchaba por salir de su pecho.
Sin dudarlo, corrió a socorrerlo...

Abrió la visera de su casco negro, y vio que sus ojos estaban cerrados.

- ¡Mierda! ¡Señor! ¿Está bien?

Susan sabia por sus cursos de primeros auxilios que lo primero que debía hacer en esos casos, era hablar con la persona, para ver si se encontraba consciente.

Tras unos segundos que a Susan se le hicieron eternos, el hombre abrió los ojos. Susan miró hacia al cielo y dio gracias.

- ¿Se encuentra bien?

- Si, ¿Que ha pasado?

- Acaba de caerse de la moto.

- ¡Dios mio! 

El hombre giró a ambos lados la cabeza para buscar su moto,y cuando al fin la encontró, intento levantarse para recogerla, pero del esfuerzo se mareo y Susan tuvo que recogerlo antes de que cayera de nuevo.

- Señor, no es bueno que se incorpore tan bruscamente...

En ese momento la gente que pasaba, se paraba curiosa, intentando ayudar y uno de los hombres se ofreció a recoger la moto, quitándola del transito, dejando pasar así, a los coches que comenzaban a amontonarse.

 - ¿Cómo se llama señor?

- Me llamo Alex.

Su cara comenzó a palidecer cada vez más, y Susan se percató de que algo no iba bien, hizo un repaso rápido con la mirada, y advirtió de inmediato cual era el problema.

Su pierna derecha estaba ensangrentada y un hilo de sangre corría a través de ella. Pero la herida no era visible. Así que Susan hizo lo que sabía hacer en aquellos casos:

- Muy bien Alex, mi nombre es Susan, siento que nos hayamos tenido que conocer en estas circunstancias, pero ya hablaremos más tarde sobre eso...
Ahora quiero que te sientes sobre la acera, y dejes que revise tu herida.

- ¿Qué herida?

- La de tu pierna de derecha. ¿No te sientes mareado?

- Si, un poco.

Susan metió los dedos en el agujero de su pantalón y lo rasgo, para ver de donde procedía aquella sangre. Cuando lo hizo vio una herida, de unos 10 cm, era un corte limpio pero profundo, la cantidad de sangre, sugestiono, y puso a prueba la capacidad de reacción de Susan, pues nunca había visto algo así.

En esa fracción de segundo, supo que tenía que reaccionar rápido taponando la herida, de lo contrario, la cantidad de sangre que estaba perdiendo lo haría desmayarse.

- Bueno Alex, no te preocupes, esto tiene fácil solución, por suerte ha sido un corte limpio, lo que pasa es que la sangre es muy escandalosa, así que no quiero que te asustes. ¿Te duele algún otro sitio?

-No, creo que no.

Diciendo esto, Susan se quito el pañuelo, que llevaba en el cuello y tapono con el la herida, intentando que Alex perdiera la menor cantidad de sangre posible, hasta que llegara una ambulancia.

Susan miró a la mujer que se encontraba a su lado y ella supo de inmediato, lo que le estaba pidiendo con la mirada.

- No te preocupes niña, ya ha llamado mi marido a la ambulancia.

- Perfecto, muchas gracias señora.

- Alex, una cosa más, ¿Hay alguien a quien quieres que avise?

- ¡Uff!la verdad es que preferiría que no molestaras a nadie, no hay necesidad...

- Si no lo hago yo ahora, lo harán en el hospital, y probablemente, en ese momento no estés tú delante para corroborar que no te ha pasado nada grave, y el susto de tus familiares será mayor creeme.

- Tienes razón, en ese caso, llama a mi novia, por favor. Yo no sabría como explicarle...

-No te preocupes.

Alex le dio el teléfono a Susan con el número de Paula ya marcado, así se llamaba por lo que pudo leer en su móvil, el teléfono sonó una, dos, y a la tercera una voz femenina, respondió vociferando.

- ¡Te he dicho que no me llamaras más, estoy en el trabajo, y no me apetece continuar la discusión de esta mañana! ¡Ya estoy cansada!

- Paula

La voz de Susan, detuvo instantáneamente el monólogo de Paula.

- Perdona ¿Quién es? ¿Y que hace usted con el móvil de mi prometido?

-Mire Paula, mi nombre es Susan, y su prometido me ha dado su móvil para que la llamara a usted, y decirle que acaba de sufrir un accidente.

- ¡Oh, Dios mio!

- Pero tranquilicese, el está bien, solo tiene una pequeña herida en la pierna, no se preocupe en breve vendrá la ambulancia, y le curaran la herida, pero quería informarla yo de antemano, por si estaba cerca de aquí y pudiera acompañarlo usted.

- ¿Pero que ha pasado?¿Dónde está?

- Se ha caído de su moto, y se encuentra junto al parque de la ciudad de los niños. Mire le paso con el para que se quede más tranquila ¿De acuerdo?

- Vale, ¡Muchas gracias!

Susan le pasó el teléfono a Alex, que parecía estar más preocupado, por tener que hablar con ella, que por lo que le pasaba.

Susan mientras seguía taponando su herida, y pidiendo que la gente tapara con sus abrigos a Alex, pues con la perdida de sangre, la temperatura de su cuerpo descendía, y no quería que sufriera de hipotermia.

En unos minutos llegó la ambulancia, y comenzaron a asistir a Alex, Susan le preguntó por el nombre del hospital al que lo llevarían,  y se quedó esperando a la prometida de Alex allí, para poder decírselo.

Cuando subieron a Alex a la camilla, su cara era tan blanca, que era cuestión de segundos que se desmallara, la cantidad de sangre que había perdido, era demasiada, y al entrar en la ambulancia lo primero que hicieron, fue una transfusión sanguínea.

Los sanitarios le preguntaron a Susan, sobre lo sucedido, y le dieron las gracias por su ayuda, acto seguido, cerraron las puertas de la ambulancia y se lo llevaron a toda prisa.

A los pocos minutos, la gente comenzó a disolverse, y Paula llegó exaltada, su expresión denotaba una creciente preocupación, sus ojos eran dos regueros de lágrimas, Susan no la conocía, pero al verla supo que era ella. Se acercó de inmediato hacia ella:

- ¿Eres Paula?

-¡Sí!

- Soy Susan.

- ¡Oh! Susan, por favor dime donde se han llevado a Alex.

Susan le dio el nombre del hospital, y acto seguido le pidió su número de teléfono para estar en contacto con ella y saber de Alex, uno de los hombres que había a su lado se acercó y le dio las llaves de la moto a Paula, el hombre, se había ofrecido a hablar con la policía, para testificar lo ocurrido. Paula se lo agradeció de todo corazón pues tenía unas ganas enormes de encontrar a Alex, y no le apetecía perder más el tiempo allí.

- Muchas gracias Susan, de verdad, eres un primor.

- No se merecen mujer.

- Te prometo,que en cuanto sepa algo te aviso.

- No te preocupes, y ¡Suerte!

Paula, se fue a toda prisa de allí, y Susan, se quedó unos minutos más allí conmocionada, por todos los hechos que habían acontecido en un momento, pensando en lo rápido que había cambiado todo en una décima de segundo,ella pasó de ir a dar un paseo a tener que asistir a Alex.

Bajo su mirada y la detuvo en sus manos, las que ahora estaban cubiertas de sangre, al igual que su ropa, y las que aún estaban agarrando con fuerza su pañuelo empapado en la misma sangre que la cubría a ella por completo. Al ver aquella imagen, su cuerpo se estremeció, sus piernas comenzaron a temblar, y de repente todo se volvió negro.