Intentó levantarse de allí, aquella situación le resultaba demasiado incómoda, miró a aquel hombre y le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella, intentando incorporarse para salir de allí cuanto antes y poder darse su ansiada ducha.
- ¿Quieres que te acompañe a casa?
- No gracias señor, es muy amable por su parte, pero ya me encuentro bien.
Cuando llegó a su piso, sus compañeras ya estaban despiertas, y estaba desayunando.
Al oír el ruido de la puerta Clara y Esther se asomaron para ver que era lo que pasaba, puesto que no estaban acostumbradas a que Susan se despertara tan temprano.
Al ver la imagen tan desgarradora que transmitía Susan, llena de sangre, se llevaron las manos a la cabeza, y de inmediato instaron a Susan a que contara lo sucedido.
Susan al recordarlo rompió a llorar, era demasiada la tensión contenida en ella. De inmediato ambas se acercaron para abrazarla, intentando consolar sus atormentados recuerdos.
Era un cúmulo de cosas, que realmente Susan no sabía ni que sentía.
Al salir de la ducha, Susan llamó a su madre, para contarle lo que acababa de ocurrirle, esos hechos de los que acababa de ser participe, pues sentía en ese momento que la vida era como un leve suspiro, corta y breve.
Y que en cualquier momento, en un abrir y cerrar de ojos, todo su mundo podía cambiar por completo.
Era por eso que necesitaba estar en paz con ella misma, era ya hora de atar sus cabos sueltos, y tomarse lo ocurrido como una oportunidad.
Al descolgar el teléfono su madre la recibió con sorpresa, hacía tiempo que Susan no daba señales de vida.
Prefería simplemente estar sola, a estar martirizada por alguien que no sabía valorarla.
Pero sin darse cuenta, Susan estaba sometiendo a más gente de la pertinente en ese castigo, no era justo, pero sin duda alguna era el error más asequible que estaba dispuesta a tolerar.
Cuando habló con su madre, el tono de ansiedad que denotaba su voz, le demostraba sin lugar a dudas, que la situación en su hogar no atisbaba mejoras, no era necesario que ella lo expusiera, pues conocía de sobra sus formas de hablar, cuando se sentía cohibida y cuando deprimida, y era evidente que en ese momento sufría una combinación de ambas.
- Susana ¿Cuando vas a venir a visitarnos?
- Cuando esté preparada mamá, sabes de sobra que se necesita mucho control y serenidad para soportar esa situación en la que tú te ves sumida día tras día. Y créeme ahora mismo, carezco de ambas. Anímicamente ahora estoy estable, me siento bien, así que me da miedo llegar allí y enfrentarme cara a cara con mis recuerdos. Temo que sumergirme en ellos y caer en el agujero negro, del que decidí escapar. Entonces, todo lo avanzado hasta ahora, no serviría de nada.
- Pero, te echamos de menos, desde que te fuiste a Mallorca llevo meses sin asar tiempo contigo, ¡Por favor! Sabes que nunca me he entrometido en tus decisiones, es más yo las he apoyado en todo momento, porque no quiero que te ocurra lo mismo que a mi, pues creo que tienes capacidad, e ímpetu para poder llegar a conseguir tu objetivo en la vida, y sabes que por ello tienes todo mi respeto y apoyo. Pero te pido que no olvides, que en esta vida, también es importante la familia.
- Sabes que desde pequeña, tuve que aprender a la fuerza a ser independiente, y a no tener que depender de la familia, porque siempre ha existido la manzana podrida, que se empeñaba en mostrarme la cruda realidad. No me juzgues por mostrarme con frialdad, es lo que aprendí.
Era cierto, que de un tiempo a esta parte, desde que Susan puso fin a la relación con Hugo, todo lo que giraba a su alrededor también se desvinculó de ella. Pues había dejado de tener sentido seguir con aquella historia, y lo más sencillo, era desligarse de todo y de todos. En ello también incluía a su familia, porque inevitablemente, su padre, ya no se sabía si era por molestar o por que lo pensaba de verdad, no dejaba de recordarle lo sola que se encontraba, y que no volvería a conocer a nadie como él.
Lo único que suponía para Susan recordar aquella etapa de su vida, era remover unos recuerdos dolorosos, para los que aún no estaba preparada.
Lo único que conseguía Susan con aquella historia, era volverse débil, frágil y vacía... Al recordar como se sentía en aquellos momentos.
- De acuerdo... este fin de semana iré a veros. Todo sea por hacerte feliz.
- ¡Así me gusta!
- Bueno, tengo que dejarte...
- ¡Cuídate!¡Besitos!
- Eso haré ¡Adiós mamá!
Al colgar el teléfono... Miró su agenda, buscando el nombre de Paula, para preguntarle sobre el estado de salud de Alex.
- Paula, soy Susan, la chica que socorrió esta mañana a Alex ¿Que tal se encuentra?
No habían pasado ni dos minutos, cuando Susan recibió un mensaje de respuesta.
- ¡Hola Susan! Muchas gracias por tu ayuda, de verdad, no te imaginas lo agradecidos que estamos.
Alex, ahora mismo esta realizándose una serie de pruebas, para verificar que los daños sufridos durante su caída, son solamente superficiales. Así que por el momento estará en observación.
- ¿Te importaría que me pasara a verlo más tarde?
- ¡Oh! Claro, sin problema, pero no queremos causarte más molestias.
- No hay molestia alguna créeme.
-¡Muchas gracias! Eres un ángel.
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