Susan empezó a notar la brisa d la mañana, el sol comenzaba a verse por el este y los pajaritos cantaban saludando al nuevo día. Fue entonces cuando tomo conciencia de que se había quedado dormida en el sillón de su terraza, se tomo unos minutos, para analizar todo lo sucedido en la noche anterior y una idea se le paso por la cabeza.
No le había contado a nadie a excepción de Sergio, que su relación con Hugo había llegado a su fin.
Cogió su teléfono y marco el numero de Ana...
- ¿Si? ¿Que te pasa Susan? No es normal que me llames a las 8 de la mañana, menos mal que me has pillado despierta, si no te mataría.
- ¿Sigue en pie tu invitación?
- ¿Para venir a mi casa? Por supuesto ¿Cuando quieres venir?
- ¿Hoy podría ser?
- ¿Y esa prisa tan repentina?
- Ana...
No la dejo hablar, Ana la interrumpió antes de que pudiera articular palabra alguna.
- ¡Ya no estás con Hugo! ¿Verdad que es eso?
- Si
- Bueno cariño, aquí tienes tu casa, ¿Cómo lo vas a hacer?
- Pues coger el coche de mi padre y me pondré en camino.
- ¿Él te lo ha dejado?
- No, pero como mi familia se ha ido de vacaciones y el coche esta en la cochera, no creo que se de cuenta, de todas maneras le dejare el deposito tal y como estaba, y no tocare nada.
Ana empezó a reírse como una posesa.
- A ti se te han debido perder unos cuantos tornillos de golpe, porque no es normal estos arrebatos jajaja.
- Necesitaba un cambio, y que mejor cambio que este.
- Por mi estupendo ¿Y cuanto tardaras en llegar?
- Pues según el gps tardo 2:50 minutos, ¡Madre mía, si que vives lejos!
- Necesitaba un cambio, y que mejor cambio que este.
- Por mi estupendo ¿Y cuanto tardaras en llegar?
- Pues según el gps tardo 2:50 minutos, ¡Madre mía, si que vives lejos!
- Eso parece, avísame cuando salgas de tu casa, que te has sacado hace muy poco el carnet.
- Lo peor es que apenas lo he cogió, pero no te preocupes que iré tranquilita.
Susan fue a la casa de su abuela, porque sentía remordimientos, una cosa era no decírselo a sus padres, porque sabía de sobra cual iba a ser la respuesta. Y otra muy diferente era no decírselo a su abuela, pues ella la conocía mejor que nadie, y no le podía ocultar nada.
- Lo peor es que apenas lo he cogió, pero no te preocupes que iré tranquilita.
Susan fue a la casa de su abuela, porque sentía remordimientos, una cosa era no decírselo a sus padres, porque sabía de sobra cual iba a ser la respuesta. Y otra muy diferente era no decírselo a su abuela, pues ella la conocía mejor que nadie, y no le podía ocultar nada.
Cuando entro la puerta del patio estaba abierta de par en par, como era la costumbre en su pueblo, y su abuela se encontraba sentada en su patio lleno de macetas de geranios, haciendo corche.
- ¿Ya estas atareada?
- Aquí estoy liada, que quiero hacer una colcha.
- Pues ya tienes tarea.
- ¿Que te pasa?
- ¿A mi? nada.
Su abuela no dejaba de mirar por encima de sus gafas a la aguja y el fino hilo, que se afanaba en enredar entre sus dedos, para acabar formando obras de arte. Susan se quedo sorprendida, si ni siquiera había reparado en mirarla, como es posible que supiera algo.
Clara dejo su tarea por un instante para mirar a su nieta, se quito las gafas con delicadeza y las guardo en el bolsillo de su vestido.
- Mírame.
Susan la obedeció, alzó la cabeza y le dedico una sonrisa.
- ¿Que quieres que me pase abuela?
- No se, pero estoy segura de que tu me lo vas a contar ahora mismo.
- Voy a coger el coche de mi padre, para ir a ver a mi amiga Ana.
- ¿Donde vive Ana?
- En un pueblo al lado de Cáceres, no esta tan lejos no se tardan ni tres horas, y llevo el gps.
- ¿Cómo que no está tan lejos? ¿Y quieres ir con el coche de tu padre? Tú...
Clara se detuvo a mirar el rostro de su nieta y sabía de sobra lo que ocultaba esa sonrisa.
- A mi no me engañas, ¿Porqué te quieres ir tan lejos de repente?
- Porque allí es donde vive mi amiga, la echo mucho de menos, y tengo ganas de estar con ella.
- ¡Ya! Y ahora cuéntame la verdad, que opina Hugo de que te vayas, porque el no te deja ni salir sola a la puerta de la calle.
- Sinceramente me da igual lo que opine Hugo.
- Se de sobra que ya no estas con él. Bueno, solo te diré una cosa, ten cuidado por el camino, no me perdonaría que te pasara algo.
- No te preocupes, conduciré con prudencia.
Clara se levantó, agarró la mano de Susan y le dio un billete de 50€.
- Toma, se que no es mucho, pero no tengo más.
- Abuela, en serio que no hace falta.
- No me seas tonta, el dinero nos viene bien a todo el mundo, así que cógelo y cállate, antes de que me arrepienta.
- ¿Que haría yo sin ti?
Susan le dio un abrazo a su abuela y fue en busca de su coche, para encaminarse en su nueva aventura.
- ¿Ya estas atareada?
- Aquí estoy liada, que quiero hacer una colcha.
- Pues ya tienes tarea.
- ¿Que te pasa?
- ¿A mi? nada.
Su abuela no dejaba de mirar por encima de sus gafas a la aguja y el fino hilo, que se afanaba en enredar entre sus dedos, para acabar formando obras de arte. Susan se quedo sorprendida, si ni siquiera había reparado en mirarla, como es posible que supiera algo.
Clara dejo su tarea por un instante para mirar a su nieta, se quito las gafas con delicadeza y las guardo en el bolsillo de su vestido.
- Mírame.
Susan la obedeció, alzó la cabeza y le dedico una sonrisa.
- ¿Que quieres que me pase abuela?
- No se, pero estoy segura de que tu me lo vas a contar ahora mismo.
- Voy a coger el coche de mi padre, para ir a ver a mi amiga Ana.
- ¿Donde vive Ana?
- En un pueblo al lado de Cáceres, no esta tan lejos no se tardan ni tres horas, y llevo el gps.
- ¿Cómo que no está tan lejos? ¿Y quieres ir con el coche de tu padre? Tú...
Clara se detuvo a mirar el rostro de su nieta y sabía de sobra lo que ocultaba esa sonrisa.
- A mi no me engañas, ¿Porqué te quieres ir tan lejos de repente?
- Porque allí es donde vive mi amiga, la echo mucho de menos, y tengo ganas de estar con ella.
- ¡Ya! Y ahora cuéntame la verdad, que opina Hugo de que te vayas, porque el no te deja ni salir sola a la puerta de la calle.
- Sinceramente me da igual lo que opine Hugo.
- Se de sobra que ya no estas con él. Bueno, solo te diré una cosa, ten cuidado por el camino, no me perdonaría que te pasara algo.
- No te preocupes, conduciré con prudencia.
Clara se levantó, agarró la mano de Susan y le dio un billete de 50€.
- Toma, se que no es mucho, pero no tengo más.
- Abuela, en serio que no hace falta.
- No me seas tonta, el dinero nos viene bien a todo el mundo, así que cógelo y cállate, antes de que me arrepienta.
- ¿Que haría yo sin ti?
Susan le dio un abrazo a su abuela y fue en busca de su coche, para encaminarse en su nueva aventura.
Cuando llego a su casa lo primero que hizo fue señalar las zonas, de las ruedas, para saber donde se encontraba aparcado exactamente, debía ser meticulosa, pues sabía de sobra que su padre, lo había dejado todo en orden para darse cuenta con el más mínimo detalle. Antes de arrancarlo se fijo bien en la cantidad que marcaba el deposito de gasolina. Escribió a yogui para tenerlo al tanto del viaje y su consejo fue:
- ¡Recuerda! que tu debes ir por el carril derecho, que cuando yo quiero adelantar y hay un conductor que va muy lento por el izquierdo ¡Me mata!
Aquella revelación hizo que Susan soltara unas sonoras carcajadas.
Por último, antes de ponerse en carretera, se paso por la casa de Amanda, esta se abrazó a Susan, la beso, y le dijo:
- Suerte, me alegro de que al fin hayas sido capaz de buscar tu felicidad.
Y con estas palabras, Susan se puso en marcha y observaba como por el espejo retrovisor su pueblo cada vez se iba haciendo más y más pequeño. Llevaba un año recluida en aquel infierno, y el aire que ahora entraba por su ventana le parecía tan fresco, tan cargado de sueños y esperanzas, que puso la música a todo volumen y se dejo llevar, ahora ya no había miedos ni inseguridades, todo el respeto que le habían infundido hasta ese momento por coger el coche, ya no hacía mella en ella, ahora se sentía cómoda, le gustaba conducir, y saber que la libertad estaba al alcance de su mano.
- ¡Recuerda! que tu debes ir por el carril derecho, que cuando yo quiero adelantar y hay un conductor que va muy lento por el izquierdo ¡Me mata!
Aquella revelación hizo que Susan soltara unas sonoras carcajadas.
Por último, antes de ponerse en carretera, se paso por la casa de Amanda, esta se abrazó a Susan, la beso, y le dijo:
- Suerte, me alegro de que al fin hayas sido capaz de buscar tu felicidad.
Y con estas palabras, Susan se puso en marcha y observaba como por el espejo retrovisor su pueblo cada vez se iba haciendo más y más pequeño. Llevaba un año recluida en aquel infierno, y el aire que ahora entraba por su ventana le parecía tan fresco, tan cargado de sueños y esperanzas, que puso la música a todo volumen y se dejo llevar, ahora ya no había miedos ni inseguridades, todo el respeto que le habían infundido hasta ese momento por coger el coche, ya no hacía mella en ella, ahora se sentía cómoda, le gustaba conducir, y saber que la libertad estaba al alcance de su mano.
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