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jueves, 5 de septiembre de 2013

Aterrizaje con vistas al mar

Cuando se bajo del avión, un autobús los estaba esperando en la pista de aterrizaje para llevarlos hasta la puerta de salida. Encendió su teléfono para llamar a José que era el amigo de sus padres y el encargado de recogerla en el aeropuerto, y llevarla al lugar en el que durante algún tiempo tendría que llamar hogar.

Aquel aeropuerto era enorme a comparación con el de Sevilla, y como no tenía ni idea de donde debía ir, una vez más siguió a los que como ella, llevaban equipaje de mano, cuando se dio cuenta, ya estaba en la calle, llamó a José, y tras unos minutos andando a ciegas por los sitios que él le iba indicando al fin se encontraron.

- ¿Que tal la experiencia pequeña?

- ¡Me encanta volar! ¡Este aeropuerto es muy grande!

- La verdad es que a comparación con el de Sevilla, si que lo es, el día que vayas a Madrid o Barcelona, entonces si que te quedaras sorprendida.

- Bueno, cuéntame ¿A que se ha debido este cambio tan repentino?

- Ya me imagino que te habrán puesto al corriente mis padres sobre lo ocurrido...

- Si, algo me han contado.

- Pues eso, necesitaba un cambio de aires, y un trabajo para poder seguir luchando por mi futuro.

- Esta bien, ¡Ya pensaremos en eso mejor mañana! Hoy quiero enseñarte la belleza del sitio en el que te encuentras ahora mismo.

- ¡Estupendo, tengo mucha curiosidad!

- Pues vamos para el coche.

Al subir al aparcamiento de la cuarta planta José comenzó a buscar su coche, miro la dila de columnas F y se puso a recorrersela de cabo a rabo.

- ¡Que raro!

- ¿Que pasa?

- Mi coche no esta.

- ¿Cómo que no está? ¿Estás seguro que lo has dejado aparcado aquí?

- Si claro, estoy segurísimo, era en la cuarta planta y además en la fila F, si recuerdo perfectamente que este todoterreno estaba aparcado al lado de mi polo. Y ahora sin embargo, el todoterreno sigue en su sitio y al lado esta un aparcamiento vacío, donde debería estar mi coche.

- ¿Quieres que vaya a preguntarle a alguien que trabaja aquí? En estos aparcamientos suele haber cámaras, no han podido llevarse tu coche sin más.

La preocupación de José crecía cada minuto que pasaba y no lo dejaba pensar con claridad. Lo único que se limitaba a hacer era dar vueltas de arriba a bajo por toda la planta de aparcamientos, mientras Susan no podía creer lo que estaba pasando. Se quedo apoyada sobre un coche, sin decir nada, por miedo a que pudiera pagar su ira con ella.

Al cabo de 30 minutos José se acerco a Susan.

- ¡Nada! sigo sin encontrarlo...

- ¿Quieres que vayamos a atención? o ¿Quieres que busquemos en otra planta?

- Si, porque está claro que aquí no esta.

- Anda mira, aquel muchacho, parece que se encarga del parking, porque no  le preguntas a él.

-¡Voy!

José se acercó al muchacho y le pregunto, Susan estaba bastante alejada, por lo que no podía oír con claridad la conversación que estaban manteniendo, pero pudo observar los gestos físicos que hacia José, que pasó de tener los brazos en jarra a echarse las manos a la cabeza, para finalmente relajar sus hombros y rascarse la cabeza de manera despreocupada. Las carcajadas del muchacho que se encargaba del parking y José se hicieron tan sonoras que Susan las podía oír desde su posición.

Cuando José volvió Susan no podía ocultar su intriga.

- ¿Que ha pasado?

- Por lo visto me he equivocado de planta.

- ¿En serio? ¿Y ahora que? ¿Sabes en cuál está?

- No, así que hay que ir buscando una por una hasta dar con él.

- Pero ¿Tu no estabas tan seguro de que estaba aparcado al lado del todoterreno?

- No te rías de mi, que eso ha sido un lapsus.

- Ya veo.

Susan se subió a las escaleras mecánicas sin poder dejar de reír, mira que lo había pensado veces, pero como le daba miedo en ese momento decírselo por miedo a su reacción había optado por buscar el coche y esperar pacientemente.

3 plantas más tarde y una hora de búsqueda después, al fin encontraron el polo de color negro, prácticamente estaba en frente de la puerta, en la posición si había estado acertado José, su fallo es que se había desviado tres plantas. La búsqueda de ese coche se había hecho de rogar. Y cuando Susan estaba perdiendo las esperanzas de  salir de aquel aeropuerto, al fin apareció.

Susan en ese momento no podía parar de reír. Y cuando ambos estaban subidos en el coche, José la miró con un semblante serio y le dijo:

- Por favor, no le cuentes esto a Claudia, mejor le diremos que tu avión se ha retrasado una hora ¿De acuerdo?

Susan al oír aquella súplica no podía parar de reír, y no dejaba de peguntarse como podía un hombre con 30 años ser tan despistado.

- No te preocupes que no le diré nada.

- ¡Me alegro!

De ese modo, arranco el coche y con una sonrisa de niño pequeño se dispuso a salir de aquel aparcamiento.

- ¡Mierda! ¿Tanto hemos tardado?

- Mucho me temo que si.

- La factura del parking es más elevada de lo que me esperaba.

- No me extraña.

- No te rías de mi listilla.

Susan le sacó la lengua y siguió haciendo chistes a su costa.
Cuando salieron de aquel aparcamiento, aún brillaba la luz del sol.

- Bueno Susan, ahora voy a ejercer de guía turística, aunque creo, que mejor vienes con Claudia, y que ella te lo explique con más tiempo, esta es la ciudad de Mallorca, no es muy grande, puede ser más o menos como Córdoba, pero a donde nosotros vamos está a unos 40 minutos de aquí, más o menos.

- ¿Tan lejos? ¡Yo pensé que vivías aquí!

- No, ¡Que va! Yo vivo en un pueblo, pero cuando veas los paisajes y sus playas, te aseguro que te gustará mucho más que la ciudad.

- Vaya, y yo que pensaba que era una isla pequeñita.

- ¡Que va! Si no me equivoco es por extensión la isla más grande que tiene España.

- Vaya, y yo que quería recorrermela en bicicleta.

- ¿En serio?

- ¡No! Era una broma.

- Bueno, como poder se puede, lo que no te aseguro es el tiempo que puedes tardar.

Siguieron hablando de cosas sin importancia, mientras José le enseñaba el paisaje, y le iba explicando la historia de cada lugar.
Ahora realmente era cuando comenzaba la aventura que Susan quería vivir, y teniendo en cuenta que tras haber puesto un pie en aquella isla, ya se había sorprendido, lo que le esperaba ahora, solo podía mejorar.

- Hoy Claudia trabaja hasta tarde, así que ¿Que te parecería se te llevo a una cala que hay por aquí cerca a que veas el atardecer?

- Me encantaría.

- Y si quieres, después nos tomamos unos cócteles en un pub chilao que hay cerca que es sorprendente.

- No me malacostumbres demasiado, que si no, no voy a querer irme.

Cuando Susan se bajo del coche y miró hacía el frente, no sabía como explicar lo que estaba viendo.

Aquella era una de las imágenes más bellas que había visto en su vida, sin lugar a dudas, en ese mismo instante se enamoro de aquel lugar, y supo que iba a resultarle muy difícil irse de allí.










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