Al día siguiente Susan se moría de la vergüenza al recordar lo sucedido, la noche anterior. Y se odiaba profundamente por la actitud que tuvo, seguramente Ernesto pensaría que era la persona más rara del mundo.
¿Porqué no puedo ser normal por una maldita vez en mi vida? Hasta lo sencillo para mi es complicado,¡ Esto es una mierda! Solo espero que hoy no aparezca por mi trabajo, porque no se como reaccionar, moriría de la vergüenza y no sabría que explicación darle.
El día pasó con total tranquilidad, Susan no había tenido mucho tiempo de pensar gracias a su trabajo y eso era algo que agradecía, así se mantenía despejada y no pensaba nada más que en las funciones mecánicas que tenía que hacer en el momento.
Cuando salió del trabajo, y dio la vuelta a la esquina de siempre, allí estaba Ernesto como siempre, esperandola.
¡Mierda! ¿Porqué no puede olvidarse de mi y punto?
- ¡Hola!
- Ho...ola
Susan en ese momento solo deseaba esconderse en el hueco más profundo de la tierra y desaparecer allí hasta que se olvidara de lo ocurrido la noche anterior.
- ¿Estás bien Susan?
- Si, no te preocupes, es que no se como explicar...
- No importa, te entiendo.
- ¿Cómo lo vas a entender si no lo entiendo ni yo?
- Digamos que también pase por algo así, y no he sido totalmente sincero contigo.
-¿Ah no?
- No, dentro de una semana tengo que ir a mi país, una de mis hermanas se casa, y es el momento perfecto para reunir a toda la familia, me da rabia porque justamente ahora que te he conocido que me pase esto, sabiendo que tu dentro de poco te iras y que tal vez lo más probable es que no nos volvamos a ver. Me da mucha tristeza.
- ¡Ah!
- Pero espera, aún hay más...
- ¡Pues dime!
- ¿Te acuerdas que te dije que yo estuve viviendo con mi ex, que lo dejamos y tal... Y que luego cuando volvimos la cosa ya no funciono?
- Si
- Pues la cosa no funciono, porqué en el periódo que ella me dejó, yo estuve con otra muchacha y se quedo embarazada, entonces cuando volví con ella yo ya tenía un hijo con otra.
La cara de Susan era de autentica sorpresa.
- Pero si tú eres muy joven ¿Qué edad tiene tu hijo?
- 4 años, eso me paso con 22.
- Bueno no eras tan joven... Pero si que es un poco caótico.
- Entonces, también quiero volver, porque echo de menos a mi hijo. Aunque lo que me apetece es quedarme aquí y conocerte a tí. Porqué ahora que al fin conozco a alguien diferente, me cuesta aceptar que sea por un período tan corto de tiempo.
- ¡Vaya! No se que decir... Me has dejado fuera de juego, demasiada información en tan poco tiempo.
- Si supongo que te he colapsado.
- Si, un poco...
En ese momento comenzó a llover, el cielo llevaba amenazado todo el día con nubes de tormenta, dando poco a poco la bienvenida al otoño, despidiendo así al rezagado verano, que se resistía en irse, era algo tan extraño, en un sitio como aquel no pegaba un día nublado. Todos los días debían ser idílicos y paradisíacos.
Susan comenzó a resguardarse del agua bajo un balcón.
- Susan acompáñame, yo te llevaré, tengo el coche aparcado aquí al lado.
Susan lo siguió sin oponerse, no le apetecía ir andando hasta el apartamento entre otras cosas porque no le apetecía resfriarse.
Cuando estaba subida en el coche Ernesto tomo una ruta diferente a la habitual, Susan no lo vió extraño hasta que empezó a notar que el paisaje que veía no le sonaba de nada.
- ¿Me puedes decir a donde vamos? Porque esto lo has hecho sin consultarme.
- Quiero que conozcas a alguien que te encantara.
- ¿A quién?
- Ya lo veras, no te impacientes si estamos a punto de llegar.
- De acuuuerdooo.
Pasados unos minutos, entraron en un camino de tierra, y a Susan la intriga la estaba desesperando y no soportaba más ese silencio que encerraba tanto misterio.
- Oye, tu no me estarás llevando a un sitio tan alejado de la civilización para matarme y que no encuentren mi cuerpo ¿No?
- De verdad ¿Cómo puedes tener una mente tan macabra?
- ¡Yo que sé! Se ven cosas tan extrañas por la tele. Que solo quería asegurarme.
- Si fuera un psicópata lo último que haría sería decírtelo.
- ¡O quizás me lo dirías para hacerme sentir miedo!
- ¡Calla ya loca! Vaya conversaciones más interesantes que me tienes.
- Mira que si te has ido de tu país por que has cometido algún delito, y yo aquí tan confiada subida a tu coche, al fin y al cabo apenas te conozco.
- Me temo que ese es un riesgo que tendrás que asumir.
Ernesto se quedo mirándola con un gesto risueño en el rostro y le guiño el ojo.
- Solo espero que merezca la pena.
- Estoy seguro que te gustara.
Entonces pasaron por un enorme portón de madera, la oscuridad no deja ver muy bien a Susan por donde estaban, pero se imaginaba que Ernesto la había llevado a su casa.
- ¿Es tu casa?
- Si, pero la sorpresa no es esa.
- ¡Ah, no?
- Baja del coche y acompañame.
En ese momento Ernesto se ouso a su lado, saco un pañuelo de su bolsillo...
- Pero antes... Me asegurare que no veas nada.
- ¿Más sorpresas?
- Si esta llevaba días esperandola, y deseaba que ocurriera con todas mis fuerzas antes de marcharme porque quería ver tu cara al descubrirla.
En ese momento el olor que pudo percibir Susan era el de una cuadra, y supo donde estaba. Fue entonces cuando Ernesto le quitó la venda, y vió delante suya al potro más bonito que jamás había visto era rubio con un rombo blanco en la frente y la pata delantera derecha, de color blanco como si llevara un calcetín, o hubiera metido la pata en un bote de pintura.
- ¡OH DIOS MÍO!
- ¿Te gusta?
- Si alguna vez en mi vida quisiera tener un caballo, este sería el de mis sueños, que preciosidad.
¡ME ACABO DE ENAMORAR!
- Jajaja Sabía que dirías eso, nació anoche, en cuanto volví, tuve que llamar al veterinario para que me ayudara, porqué la cosa se complico un poco.
- ¡Oh, me hubiera gustado tanto poder verlo!
- Ya... pero...
- Si mejor no recordarlo. ¿Qué es hijo de mama y Silver?
- Si.
- Es increible me encantan los caballos de este color.
- No se porqué, pero lo sabía.
- ¿A si? ¿Porqué? ¿Tanto me conoces?
- Porque tu eres inusual, y no sueles tener los mismos gustos que el resto de la gente, era de esperar que si un caballo te gustaba, tenía que ser el que no vieras normalmente, uno tan especial como tú.
- Es muy bonito eso que has dicho.
Susan agacho la cabeza y se acercó al potro para tocarlo, era tan suave y delicado, que nada más entrar en contacto con él quiso abrazarlo y no separarse de él jamás.
- ¿Tiene nombre?
- Aún no, estaba esperando a que tú se lo pusieras.
- ¿Has visto la película Spirit, el corcel indomable?
- No, no me suena.
- Es de dibujos, pues bueno, es igual que él. Y haciendo honor al resto de los nombres él no puede ser menos.
- Me gusta Spirit.
- Pues eso pequeñin te llamarás Spirit ¿Te gusta cariño mio el nombre?
Susan no podía dejar de habar con Spirit, de tocarlo y besarle, no quería separarse de él. Para ella eso era el amor.
- Si te quedaras junto a mi, podría ser tuyo.
- No me digas eso Ernesto, no es justo sabes lo mucho que me gustan los animales, es jugar sucio, además, a mi ya me han cogido para estudiar enfermería muy a mi pesar.
- Por eso quédate conmigo, estudia aquí otra cosa, algo que te guste más.
- Lo siento, no puede ser, yo a ti apenas te conozco y ya cometí una locura así y créeme ahora pago las consecuencias estudiando algo que no me gusta. Si algo he aprendido este año, es que yo y mi futuro somos lo primero. Lo siento, pero ahora no puedo pensar en nadie que no sea en mi. ¿Me entiendes?
- Mucho me temo que si.
En ese momento, Ernesto agarró a Susan de la cintura y la atrajo hacia él con fuerza, no dejandole escapatoria, besándola con tanta fuerza y pasión, que Susan no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar.
Cuando acabó ese ardiente beso, Susan quería más sus labios anhelaban los de él. Y él como si le estuviera leyendo la mente, la cogió de la mano y la arrastró con él bajo la lluvia.
- Creo que no es el mejor momento para enseñarte mi casa. Y siento que te estés mojando, ahora me sentiré culpable y tendré que hacer algo por esa ropa que ahora mismo se encuentra tan pegada a tu cuerpo.
La sonrisa burlona y picaresca de Ernesto, hizo que Susan entrara en calor bajo aquel manto de lluvia, no había bello de su cuerpo por el que no hubiera pasado esa descarga de electricidad que le había transmitido su mirada.
La situación se le había ido de las manos, pero prefería no pensar en ello, solo quería dejarse llevar.
Cuando entro en su casa, Ernesto se abalanzó sobre ella, empujándola contra la pared, Susan en ese momento se sintió indefensa, pero le gustaba la manera salvaje que tenía Ernesto de hacer las cosas.
Él comenzó a desnudarla, y ella no opuso resistencia, y comenzó a deshacerse de la ropa de él.
Él comenzó a desnudarla, y ella no opuso resistencia, y comenzó a deshacerse de la ropa de él.
- ¿Quieres que paremos Susan? De verdad no quiero presionarte. Solo quiero que tu marques el ritmo y decidas lo que va a ocurrir, porque no quiero que te arrepientas.
En ese momento Susan lo cogió de la mano y lo llevó hasta el sofá. Lo miró a los ojos y cuando el le devolvió la sonrisa, lo empujo, dejando que cayera sobre el. En ese momento, era Susan la dueña de la situación y sabia exactamente lo que quería y como lo quería.
Así que se subió a horcajadas sobre él y le susurro al oído:
- Estoy preparada, y esta noche seré toda tuya.
Y allí ajenos de todo lo que ocurría fuera del espacio que compartían ellos dos, unidos el uno por el otro, pasaron la noche haciendo el amor.
En ese momento Susan lo cogió de la mano y lo llevó hasta el sofá. Lo miró a los ojos y cuando el le devolvió la sonrisa, lo empujo, dejando que cayera sobre el. En ese momento, era Susan la dueña de la situación y sabia exactamente lo que quería y como lo quería.
Así que se subió a horcajadas sobre él y le susurro al oído:
- Estoy preparada, y esta noche seré toda tuya.
Y allí ajenos de todo lo que ocurría fuera del espacio que compartían ellos dos, unidos el uno por el otro, pasaron la noche haciendo el amor.
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