Susan abrió los ojos desorientada, no sabía muy bien donde estaba, cuando miró a su derecha vio a Ernesto plácidamente dormido.
No se acordaba en que momento de la noche habían llegado a la cama, solo sabia que había sido una locura, que no le importaría volver a repetir.
Se levantó de la cama y fue al cuarto de baño para lavarse la cara, cuando se miró al espejo, quiso no haberlo hecho, sus pelos estaban totalmente descontrolados, cualquiera podría adivinar lo que había pasado esa noche nada más ver su aspecto. Entró de nuevo a la habitación de Ernesto, sin hacer ruido, no quería despertarlo, cogió una camisa suya y se la puso a modo de vestido, hasta que localizara su ropa.
Cuando llegó al salón donde se encontraba su ropa y la de él tirada por cualquier parte, la recogió, aún estaba mojada, abrió la puerta de la calle para ver el tiempo que hacia fuera, y para su sorpresa el cielo estaba totalmente despejado. No había ni una sola nube, después de todo lo que había llovido la noche anterior, la calma había vuelto.
Tendió su ropa con la esperanza de que se secara antes de que llegara la hora de irse a trabajar.
Cuando levantó la cabeza y vio las cuadras, no pudo evitar la tentación de acercarse a ver al pequeño Spirit, al acercarse vio como el pequeño estaba mamando, presenciar aquella escena era todo un regalo de la madre naturaleza, Susan no podía entender como había gente a la que le gustaba hacer daño a aquellos animales.
Solo pensarlo hizo que una lagrima corriera por su mejilla. Fue entonces cuando Ernesto la rodeo con sus brazos por la espalda y apoyo su barbilla en su hombreo.
- ¡Buenos días preciosa! ¿Has dormido bien?
- Si.
Susan se giro y poso un dulce beso sobre su mejilla.
- Te sienta muy bien mi camisa, luces tan sexy.
- Espero que no te importe, es que mi ropa aún seguía mojada.
- Para nada, a ti te sienta mucho mejor que a mi. Es una preciosidad ¿Verdad? - Dijo mientras miraba a su pequeño potro.
Creo que es hora que salgan de aquí, vamos a soltarlos.
En el momento que Ernesto le abrió la puerta Spirit se acercó a Susan, olfateándola tímidamente, y ella comenzó a acariciarlo, era tan suave, y tan bonito, cuando su madre paso por su lado el pequeño se olvido de la presencia de Susan y corrió tras ella.
- ¡Pero bueno! ¿Tú también me abandonas?
Ernesto comenzó a reírse.
- ¿Quién te ha abandonado a ti preciosidad?
- Lo curioso es que no me abandonan, solo me dejan ir...
- Estoy seguro de que no siempre sera así.
- Creeme siempre es así.
- Susan me vas a llamar loco, pero yo no te quiero dejar ir, vente conmigo.
- ¿A dónde?
- A Cuba
- ¿Estás loco? No te conozco apenas.
- Pero yo siento que eres especial. Y lo poco que conozco de ti me encanta, y cada vez que te conozco más, más me gustas.
- Me estas regalando el oído, y créeme no soy fácil de impresionar.
- No pretendo mentirte, te estoy diciendo la verdad ¿Nunca te ha pasado que conoces a alguien y sientes que con esa persona todo es diferente? ¿Qué podrían pasar mil cosas que con otras nunca llegarían a pasar y que podrías hacer cualquier locura si te lo pidiera?
- Si. El problema, es que ahora mismo yo no puedo corresponderte como te mereces. Y me incomoda que tu puedas sentir eso por mi, y yo sin embargo...
- No me importa, te esperare, se que necesitas tu tiempo.
- No quiero que nadie me espere Ernesto. Hazte a la idea, yo quiero estar sola. No necesitar a nadie, valerme por mi misma y aclarar mis ideas. Lo siento, se que puede parecerte duro esto que estoy diciéndote, pero créeme, es mejor así.
- Por lo menos eres sincera.
- Si, por desgracia es un defecto que tengo, ya he dañado a mucha gente por no ir con la verdad por delante y me he cansado. Prefiero ser dura de primeras a ir alargando esto, que tu sientas algo más y yo no te pueda corresponder.
- Me dan igual que no puedas sentirlo, yo lo sentiré por los dos, yo te cuidare.
- Pero yo no quiero eso ¿No lo entiendes? Lo bonito del amor, es que sea mutuo. No quiero vivir en una mentira.
- Pero para mi no lo sería.
- Pero con que yo lo sienta así, ya sería una mentira, lo siento, pero no puedo corresponderte.
- Quizás lo que necesitas es tiempo.
- Créeme, he sentido eso que tu has dicho antes, y por experiencia se, que cuando una persona es para tí lo sientes desde el primer momento, ese algo especial, esa química inexplicable, si jamás la hubiera conocido eso, ahora mismo no me lo pensaría y aceptaría tu oferta. Porque sinceramente es lo que siempre he querido, alguien que lo diera todo por mí, que fuera romántico y detallista conmigo y que encima me tratara como una reina. Pero... ahora ya es tarde, quiero una cosa totalmente diferente.
- Quieres a otra persona ¿Verdad?
- Mucho me temo que si.
- Ojala yo pudiera hacer algo para que eso no fuera así.
- Y ojala yo pudiera sacármelo de la cabeza y amarte como me pides, pero la vida tiene un curioso sentido del humor.
- ¿Y que propones entonces?
- No sé
Susan se encogió de hombros, se dio la vuelta para ver donde se encontraba el pequeño Spirit, y teniendo a Ernesto a sus espaldas le dijo:
- Sabes yo siempre he querido algo que no he tenido, creo que a todo el mundo le pasa lo mismo.
De pequeña veía las películas en la que los padres abrazaban a sus hijas y las querían y lloraba, porque nunca he tenido eso, y quería saber lo que sentía. No me malinterpretes, he tenido una abuela que vale millones y la que daría su vida por mí se la pidiera, pero sin embargo siempre he luchado para que mi padre viera como soy realmente, y él lo único en lo que se empeñaba era en criticarme, en menospreciarme y en tirar por tierra lo poco que yo conseguía menosprecieandome y haciéndome sentir que lo que yo hacía no valía nada. Fue entonces cuando aprendí que si quería algo tendría que luchar por ello, que nadie me iba a regalar nada, y que de lo que él me dijera que hiciera, lo que yo en realidad debía hacer, era todo lo contrario.
Luego conocí a mi chico y bueno todo parecía ir de color de rosa, en cierto modo me volqué tanto en él e influenciar, porque nunca había sentido ese sentimiento que él me transmitía, y nunca habían tenido autoridad sobre mi, porque yo era un espíritu libre desde pequeña, él me enseño miles de cosas incluyendo a amar, y lo que es sentirse amado y representaba para mí la figura paterna que mi padre nunca había querido representar.
Entonces con el paso del tiempo, entendí que tampoco era eso lo que necesitaba, que no podía estar siempre luchando por algo que por naturaleza era mio, y echaba de menos mi libertad, era lo que más anhelaba y deseaba tener, y gracias a Sergio la conseguí, vine aquí y soy una persona totalmente diferente a la que era, ahora siempre río y soy feliz, porqué soy libre, y ahora que he conseguido mi propósito, y tengo trabajo, creo que nada me puede frenar, y sinceramente. Esto lo que me ha conseguido es volverme más egoísta, pensar en mí, y darme cuenta del pánico que le tengo a empezar una relación, porque lo que yo quiero realmente es ser libre.
Y bueno se puede decir que esta soy yo, puedes amarme pero no pretendas que yo haga lo mismo, porque mi corazón está en otra parte.
- Y sería muy egoísta por mi parte pedirte que me amaras.
- Entonces, lo único que te puedo proponer, es que sigamos como hasta ahora, que disfrutemos del momento que nos esta tocando vivir y que no pensemos en lo que puede pasar mañana, porque eso solo el destino lo decidirá, y quién sabe, ¡Quizás dentro de unos años, nuestros caminos vuelvan a cruzarse y yo al fin me sienta preparada!
Ernesto la cogió del brazo y la atrajo hacia sí, y sin dejar que ella se diera la vuelta le susurro al oído.
- Ya que no puedo tenerte, al menos haré que no me olvides nunca.
El cuerpo de Susan se estremeció por la calidez que denotaban sus palabras, se dio la vuelta y se fundieron en un apasionado beso, que encerraba tantos sentimientos como miedos.
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