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viernes, 11 de octubre de 2013

Último día

Al despertar aquella mañana no podía creer lo que había sucedido la noche anterior, estaba confusa, porque ahora no sabía que quería, estaba claro que le gustaban los hombres, de echo eso era lo único que tenía claro.

Lo difícil de entender era porqué se había sentido atraída por aquella mujer, paso unos minutos mirando al techo. Intentando buscar respuesta a sus dudas y decidió tomarse las cosas con filosofía. Tan solo le quedaban 5 horas para volver a casa, era su último día y no iba a estar pensando en lo ocurrido.

Helena la había tratado muy bien y comprendió lo desorientada que se encontraba Susan en aquel momento, tras el beso.
Por lo que después de acompañarla a casa le dio su número de teléfono, ella también volvería a Madrid dentro de una semana, y le pidió a Susan un pequeño favor:

- Si algún día te replanteas otras alternativas a las que no estas acostumbrada, avísame ¿Vale? Porqué a mi me gustaría mucho conocerte. ¡Oh , si necesitas ayuda porque estés muy confusa... o lo que sea, cuenta conmigo! Créeme yo he pasado por eso, así que puedo saber lo que sientes.

- ¡Gracias! No te prometo nada, porque la verdad ahora mismo, no creo que este cualificada para tomar ese tipo de decisiones.

- ¿No te ha gustado?

- La verdad es que si, pero no se trata de eso. Es que yo tengo muy claro que a mi no me gustan las mujeres, pero sin embargo, no se porque me siento muy atraída hacia a ti.

- No te preocupes.

- Bueno, dicen que te enamoras de las personas no de su sexo, esta claro que yo no estoy enamorada de ti, pero quizás para la atracción se puede aplicar la misma regla.

- Puede ser.

- Porqué a ti los hombres...

- No, a mi no me gustan.

- Por eso lo digo, porque tu tienes clara tu condición sexual.

- El problema es que yo creía que la sabía, pero siempre he tenido ese morbo, por descubrir que se siente ante una situación desconocida.

- Al menos eres de mente abierta, y no te cierras, quizás es que seas bisexual.

- ¿Tú crees? Bueno si me encuentro a alguna mujer que me atraiga como tú, ya me lo replantearía, si no sabré que solo se ha tratado de ti, y que la curiosidad pudo conmigo.

- Si no, siempre te quedara la opción de llegar hasta el final y descubrir si realmente te gusta o solo te quedas en el morbo.

- Creo que para eso, aún no estoy preparada.

Al recordar la conversación Susan sonrió, era una manera inimaginable de ponerle fin a ese verano. Y nada más de imaginarse la cara que pondría Amanda al enterarse de lo ocurrido, se hecho a reír.

Susan oyó la puerta de la habitación, y de repente salió del mundo de sus pensamientos. Era José, que raro hoy no había ido a trabajar. Aunque si lo pensaba bien, últimamente no lo había visto, así que no sabía nada de él.

- ¿Estás despierta Susan?

- ¡Sí!

- Estás últimas semanas has sido invisible, ya creí que no vivías aquí.

- Quería disfrutar todo lo que pudiera.

- ¡Y estoy seguro de que lo has hecho!

- Sí, se aprovechar el tiempo.

- ¿Te apetece ver lo que e queda de la isla?

- ¿Aún me queda más por ver?

- Estoy seguro de que sí.

- Sorprendeme.

- ¡De acuerdo! Acepto el reto, haz la maleta y prepárate, porque hoy comemos fuera y ya acabamos en el aeropuerto.

Susan se levantó, tras darse una relajante ducha se miró al espejo y se sonrió a si misma, después de dos meses iba a volver a casa, aunque aún quedaba bastante para volver a ver a Amanda, y a Ana, porque llegaría a Sevilla a las 00:00h y sus padres la esperarían, para llevarla directamente a Jaén, pues las clases empezaban al día siguiente, y no podía perder el tiempo.

Acabo de vestirse y hacer la maleta, hoy era su último día en aquella isla y quería sentirse guapa, así que incluso se tomo su tiempo para maquillarse.

- ¡Estoy lista! ¿Nos vamos?

- De acuerdo.

Susan cogió su mochila y el equipaje de mano y antes de salir de aquel apartamento lo miro por última vez, e inspiró profundamente.
¡Ha sido un placer! - Dijo Susan.

Acto seguido cerró la puerta, y salió al aparcamiento donde José la estaba esperando.

- ¿Lista?

- Nací para ello.

- Siempre con sentido del humor. ¿Al final que tal se portó el jefe?

- Bien, me pago más incluso.

- Eso es genial, me alegro.

- Así que hoy a la comida invitaré yo.

- Me acabas de alegrar el día.

- ¿Y a dónde me llevas exactamente?

- ¡Ah! Eso solo lo sabrás cuando estés allí.

A medida que iba conduciendo, José le iba explicando los sitios por los que pasaba, y Susan no podía ocultar la admiración que sentía, los paisajes que veía al subir a la montaña la enamoraban. Y cuando José detuvo el coche en un mirador. Susan reconoció inmediatamente el paisaje.
Aquel paisaje era el que salía en todas las postales de la isla, y aún no había tenido oportunidad de verlo, daba gracias de que al menos ese día podía disfrutar de las vistas.


Al asomarse a la barandilla y ver aquellos acantilados y como las olas se rompían en las rocas, Susan se emocionó, la naturaleza era tan bella e impresionante. Que no podía dejar de pensar lo mucho que aún le quedaba por ver de este mundo. 

Y lo complicada que había sido su vida hasta entonces, quizás porque ella misma se había empeñado que así lo fuera.


Aquella imagen lo resumía todo, unía el cielo y la tierra en un punto del infinito, donde todo acababa siendo azul. Aquella imagen para ella significaba le suponía lo mismo que encontrar la olla de oro al final del arco iris. Hasta entonces había sido inimaginable y no podía evitar tener la sensación de que lo que tenía ante sus ojos se trataba de un sueño.

Al mirar al inmenso mar supo, que su vida, solo había empezado, y que ahora era el momento de comenzar a vivir, a disfrutar y a forjarse su propio camino.

Al lado del mar se sentía tan libre, que supo que el destino quería que eso pasase así, que sintiera lo grande que es el mar, como para empeñarse en vivir encerrado en una pequeña pecera, era hora de expandirse, de abrir su mente, y de conocer y comprender todo aquello que la rodeaba.

Era hora de cambiar.

Sin poder remediarlo comenzó a hacer fotos de todo lo que veía a su paso, quería inmortalizar cada momento, para no olvidar nunca aquel paisaje, y poder transportarse a el, cada vez que mirara su foto. Poder volver a tener las mismas sensaciones que en ese mismo momento sentía, cada vez que mirara las fotos. Poder sentir el aire como jugaba con su cabello, el sonido de las olas, el olor del mar, el calor tan confortable que le aportaba el sol.

Todas aquellas sensaciones que la llevaban a la felicidad.

- ¿Que tas? ¿Te gusta?

- Gustarme es poco.

- Es impresionante ¿Verdad? Ver tanta grandeza delante le hace a uno sentirse muy pequeño.

- Sí, este es un regalo al alcance de pocos.

- ¿Vamos a comer? Después proseguiremos el camino.

- Me parece bien.

- Te voy a llevar a un sitio que se de sobra que te encantará.

- ¿Sí? Estoy deseando verlo.

El restaurante, era de estilo rústico, muy bonito, pero lo mejor de el, eran las vistas, su mesa estaba situada junto a un inmenso ventanal que daba al mar, donde se podían ver como los dos extremos de la bahía intentaban unirse.

Susan se quedo sin palabras, sin duda aquella isla encerraba magia, no era de estraño que tantas personas la eligieran como lugar de vacaciones, y finalmente acabaran viviendo allí, pues ella si pudiera, también lo habría hecho.

Al acabar la comida, se pusieron de nuevo en camino, José quería aprovechar todo el tiempo posible para enseñarle el último rincón de todos. El que finalmente enamoró por completo a Susan. Al salir del coche, le tapó los ojos para evitar que mirara antes de tiempo. Susan comenzó a andar, guiada por él. Y cuando la detuvo al lado de lo que parecía una barandilla, le quitó las manos de los ojos y Susan vio esto:



Se trataba de una pequeña cala, donde el mar se tornaba de un color que Susan solo había visto por la televisión, no podía creer que fuera real, y que en España, hubiera unos sitios tan bellos, ella que siempre había soñado viajar fuera del país, era inconsciente de la riqueza pasajística que poseía este.

Pasear por aquel lugar era fascinante, con solo acercarse a las rocas, el agua era tan transparente que podía ver la variedad de peces que existían en el fondo, sin necesidad de sumergirse.

Más adelante entre las rocas, se apreciaban cuevas y fuertes, e incluso mazmorras. Que a medida que iba subiendo la marea, se quedaban sumergidas por el agua del mar. En aquel sitio se respiraba historia. Solo se imaginarse que cientos de años atrás habían pasado por allí, por el mismo lugar que ella pisaba ahora mismo, personas que habían contribuido a forjar la historia. El bello de su cuerpo se erizaba.

José solo podía sonreír al ver la cara de Susan, sabía que había acertado de pleno con ella, porque Susan era una curiosa por naturaleza, que sabía apreciar la belleza de cualquier pequeño detalle, y por supuesto, aquel lugar estaba lleno de pequeños detalles que lo hacían único.

- ¿Conforme?

Susan cerró los ojos e inspiro, para que sus pulmones se llenaran de aquel rico salitre. Y dejó escapar una lagrima de felicidad.

- Si, sin duda llevare este lugar siempre en mis recuerdos. ¡Gracias por todo!

Susan abrazó a José.

- Me alegro Susan, ha sido un placer tenerte aquí. 

Miró el reloj y dijo:

- Creo que ya va siendo hora de irnos, tu avión te espera.







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