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jueves, 10 de octubre de 2013

Última noche

Al fin llegó el día que tanto tiempo había estado esperando, "SU ÚLTIMO DÍA". Atrás quedaban ya los días en los que las horas se hacían interminables, y el reloj se negaba a continuar avanzando. Ahora apenas faltaban unas horas para conseguir su libertad y la felicidad la embriagaba, al pensar que al día siguiente por esas horas, ya estaría en el aeropuerto.

Ese día decidió que iba a ser memorable y por suerte para ella, su jefe se encontraba mal y no había podido aparecer en todo el día por el local, así que ese día ellos eran sus propios encargados, su hija se pasaría a cerrar la caja, el resto del tiempo serían ellos sus propios jefes.

Por lo que la música que se oía en el local era por petición de los trabajadores, los chupitos rondaban por las mesas, y los camareros incluso se permitían el lujo de brindar con los clientes. 

Al caer la noche la poca vergüenza que le quedaba a Susan la había perdido, ahora bailaba salsa con su relaciones públicas, como si realmente lo que estuvieran haciendo esa noche no fuera un trabajo, si no más bien un juego. Los clientes se divertían con ellos, y sin darse cuenta, su terraza a diferencia de la del resto de los locales estaba llena.

Todos los turistas que pasaban alrededor querían formar parte de aquella fiesta. Y entraban curiosos.

Cristina que era a más centrada de todos ellos, y llevaba más años trabajando allí, y hasta que llegara la jefa ella era la chica de confianza.
 No estaba muy segura de lo que estaban haciendo y se mostraba rehacía a todo aquel espectáculo, reñía a los camareros por beber en el trabajo, por poner la música tan alta, por bailar entre ellos... Y cuando los dio por causas perdidas, porque su autoridad no los asustaba.

Se sentó dentro del local para ver la recaudación y se sorprendió al ver que aquella táctica había atraído a tanta gente esa noche, que la recaudación había mejorado considerablemente. Por lo que mantendrían al jefe contento esa noche.

Mientras tanto, Susan seguía disfrutando de la noche, la música que se escuchaba ahora era la de Estopa, porque a ella le encantaba ese grupo, y era algo diferente por allí. Lo que consiguió que todos sus compañeros de trabajo se pusieran a cantar las canciones, e incluso que se motivaran los camareros de las terrazas contiguas a la suya. 

En todo aquel tiempo, Susan había entablado relación con muchos de los camareros de los alrededores, y se divertía mucho con las locuras de cada uno de ellos.

La terraza de la izquierda tenía un equipo de trabajo de unos 6 camareros, y tres de ellos competían entre ellos por conquistar a Susan, desde que se habían dado cuenta de que Ernesto no pasaba por las noches a recogerla, todas las noches intentaban llamar su atención de mil maneras distintas.

Una de las noches, se habían puesto a recoger su terraza, subieron el volumen de la música y con los cojines de las sillas se pusieron a bailar intentando hacer una especie de baile sensual para Susan y el más loco de ellos cogió una caja de cartón, y la pintó como el robot del videoclip de LMFAO "Party Rock" y se puso a imitar sus pasos de baile gritando su nombre.

Susan al ver aquella escena que le resultaba tan patética no podía dejar de reír, la imaginación de aquellos hombres no tenía límites.

Y esa noche al enterarse que era la última vez que verían a Susan traspasaron las lineas fronterizas de su local para ponerse en la puerta de su local para pedirle su número de teléfono. Susan comenzó a reírse pero se negó en rotundo,  dos de ellos ante el rechazo se fueron cabizbajos pero el que se había disfrazado de robot, enmudeció, se puso de rodillas y comenzó a tirarle flechitas como si de cupido se tratase. 

Susan no podía reír más al ver aquella escena, era tan surrealista, que al ver que no se cansaba decidió coger una de las flechitas imaginarias, partirla con la pierna y lanzarla al suelo.

Al hacer eso el muchacho la miró, y se llevó las manos a la cara gesticulando como si estuviera llorando, después se llevó las manos al corazón, miró a Susan, volvió a señalar su corazón y con su dedo índice dibujo una grieta en él y acto seguido, se arrojó al suelo.

Susan no se podía creer hasta donde llegaba la locura de ese hombre, era inevitable no reírse con él.
Al escuchar su risa, él abrió uno de sus ojos, y sin levantarse del suelo de dijo:

- ¿Cenarás conmigo esta noche?

- Déjame trabajar, por favor te lo pido, eres muy gracioso, me caes muy bien, pero no eres para nada mi tipo, lo siento.

- ¿Tu tipo?

Entonces él se levantó del suelo y comenzó a mirarse de abajo a arriba.

- Pues no se porque dices eso... Soy de estatura media.

(Más bien bajito pensó Susan)

- Tengo un cuerpo robusto, vamos que estoy apretado. (Esto lo dijo tocándose la barriga como si de una embarazada se tratase).

(Más bien gordo, pensó Susan)

- Soy buen partido, de cara se que soy como una persona normal, pero ¡Ojo! Que los hay más feos que yo...

(Y más guapos también pensó Susan)

- Tengo trabajo, en mis ratos libres soy humorista y tengo una gran personalidad.

- Eso no hace falta que me lo jures, y que tienes una gran seguridad en ti mismo, te ves con muy buenos ojos tampoco hace falta que me lo digas.

- No se que más puedo hacer para convencerte...

- Si es que no me tienes que convencer, no ves que no me gustas.

- Eres demasiado exigente y cruel.

- Soy sincera, porque si accediera a quedar contigo sería solo por pena ¿Acaso prefieres eso?

- Por supuesto, si puedo conseguirlo de alguna manera, me da igual de la manera que sea.

- Eres muy gracioso en serio, pero lo siento no va a poder ser, ¡Ríndete!

- Yo jamás me doy por vencido, pero que sepas que tus palabras me han dolido.

- No sera para tanto estoy segura de que conseguirás superarlo antes de que acabe la noche.

- Mira en eso si que tienes razón, ¡Buen viaje cordosiesa!

- ¡Oyéééé!

Y antes de que Susan pudiera responderle desapareció de allí.

Cristina que había estado observando toda aquella escena, y no podía parar de reír al igual que Susan se acerco a ella y le dijo:

- Voy a echar de menos estas locuras que pasan contigo "break hearts" los tienes a todos loquitos.

- Bueno la verdad es que me hacen reír mucho, pero para tener locos a esta clase de gente prefiero estarme quieta.

La camarera de la terraza de la derecha se acercó a ella, el local en el que ella trabaja era de shushi, por tanto la gente que iba a él era más cool. Y se tenían que comportar de manera más distinguida.

- ¡Que envidia me dais! Vosotros si que os lo sabéis pasar bien. Susan es tú última noche aquí ¿No?

- Si, así es.

- La mía también, ¡Así que habrá que celebrarlo!

- Por supuesto.

A medida que la noche iba avanzando la embriaguez de ambas se iba haciendo más evidente. Y Helena (así era como se llamaba la camarera). Se acercaba de manera más confiada a Susan e incluso compartían bromas. Siempre habían tenido un trato cordial hasta la fecha, pero aquella noche estaban de celebración.

Cuando Helena acabó su trabajo se acercó a Susan, pasó el brazo sobre sus hombros y le dijo:

- ¡Acompáñame!

- Pero, estoy trabajando.

- Solo será un momento. Mira, es que estos dos (Señaló a sus compañeros de trabajo) me han dicho que si les traía una muchacha guapa me invitaban a una cerveza, y entonces lo e visto claro y he ido a buscarte.

- ¡Ah! 

Susan en ese momento comenzó a sospechar se giró, buscando con la mirada a Cristina y cuando la vio reírse supuso que ella sabía algo que Susan aún desconocía, así que cuando se libró de aquella situación embarazosa. Se acercó a Cristina para preguntárselo.

- ¡Dime!

- ¿Qué quieres que te diga? (Cristina no podía ocultar su diversión)

- Lo que te hace tanta gracia, se que aquí pasa algo raro, pero no quiero precipitarme ni lanzar falsas acusaciones.

- Que creo que esta noche no solo arrasas con los hombres.

- ¿En serio? Helena es...

Cristina se limitó a afirmar con la cabeza.

- ¿No notabas algo extraño?

- Hombre, ella viste un poco alternativa, y es muy guapa, pero ¡Yo que se! Como hoy en día cada uno se viste como quiere...

- Pues  andate con ojo, porque esas confianzas no son típicas en ella.

- Lo que me faltaba.

- ¿Vas a ir con ella? 

- Porqué no, quizás nos lo estamos imaginando y solo son conjeturas. (No fue así). Además me apetece salir esta noche, y ya que tú no quieres animarte...

- ¿Yo? ¡Que va! Estoy demasiado cansada, y no soy de fiestas.

- Susan (la llamó Helena)

- Dime.

- Yo ya he acabado, me voy al pub de la esquina, cuando acabes pásate por allí.

- De acuerdo.

Cristina al oír la afirmación, no pudo contener la risa.

Cuando llegó la hora de acabar, el su jefe apareció y la llamó para que entrara en su despacho.
¡Al fin era la hora de cobrar! 

- ¡Toma! Tal y como acordamos al final, me ha gustado tu manera de trabajar y he decidido darte 100€ más, lamento todo lo ocurrido entre nosotros, de verdad. Me equivoque contigo. Y me gustaría desearte suerte, y decirte que si el año que viene buscas trabajo, no dudes en llamarme.

Susan no pudo ocultar su emoción, y le dio un abrazo.

- ¡Muchas gracias de verdad! Gracias a usted, voy a poder seguir estudiando y cumplir mi sueño.

- Te lo agradezco, pero no todo el mérito ha sido mio, tu también tienes la culpa.

- Gracias de todo corazón.

- ¡Ya sabes! Si algún día estoy enfermo, espero que tu puedas cuidarme.

- Por supuesto.

- Que tengas buen viaje.

- Cuídese mucho y gracias de nuevo.


Cuando salió de allí se despidió de todos sus compañeros y les dio las gracias de nuevo. Y fue para el pub donde la estaba esperando Helena. 

Al entrar la vio en una de las mesas que había junto a la barra con unos amigos muy de su estilo, en ese momento le dio un poco de reparo y vergüenza acercarse a ellos, pero cuando se disponía a salir de allí, Helena la vio y grito su nombre. Llamando su atención, y obligandola de esa manera a unirse a ellos.


Susan pensaba que aquella situación iba a ser más violenta, y que se sentiría más incomoda, pero para nada fe así, los amigos de Helena eran muy peculiares y cada uno de ellos más divertido que el anterior, hablaban de cualquier tema sin tapujos, y Susan se integraba en las conversaciones sin ningún problema, tanto que incluso se reían con sus bromas. 

También el estado de embriaguez de Susan influía, que cada vez iba siendo menos consciente de lo que pasaba a su alrededor. Y sin darse cuenta se había quedado a solas con Helena, todo el mundo, se había ido marchando y ella no había sido consciente de ello. Hasta que el camarero les dijo que tenía que cerrar el local.

Entonces, ambas salieron de allí y Helena le ofreció invitarla a su casa, pero a Susan no le hacia mucha gracia la idea, y se excuso diciendo que estaba cansada. De manera que ambas comenzaron a andar por la playa, Susan le había dicho a Helena que no era necesario que la acompañara, que ella iría sin problema, pero Helena insistió, el cielo comenzaba a iluminarse, estaba a punto de amanecer.
Y a medida que iban avanzando en sus pasos, Susan se replanteaba más y más lo que acabaría pasando entre ella y Helena.

A lo largo de la noche Helena ya le había dejado bastante claro a Susan cuales eran sus gustos, le había reiterado bastantes veces lo mucho que le gustaba y no dejaba de decirle piropos. Por lo que sabía que Helena aunque tuviera pareja, intentaría algo con ella.
Susan que siempre había tenido curiosidad por saber lo que se sentiría, al estar con una mujer.  Ya había estado tentada en varias  ocasiones durante la noche de encaminarse a comprobarlo. Pero su conciencia la había retenido hasta entonces.
Aún no sabía muy bien porque, quizás fuera el alcohol, sus ojos verdes o el tono sensual de su voz, pero  se sentía muy atraída por Helena, de manera que cuando Helena se acercó a ella, Susan no pudo pararla, y se dejó  llevar perdiéndose en su beso.







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