Susan se limitaba a comer, trabajar y dormir. Todo por ese orden, la situación era muy aburrida y desesperante, los días se hacían eternos y en las noches su único consuelo era la comida. Su apetito era voraz.
Su aumento de peso estaba comenzando a ser tema de conversación, sobre todo en su trabajo, en el fondo Susan pensaba que era normal. Hasta la fecha su alimentación era bastante escasa, apenas tenía apetito y hacia bastante deporte, sin embargo, desde que había comenzado a trabajar, no hacía ejercicio, y siempre estaba hambrienta, su alimentación era pésima, porque pasaba muchas horas en el restaurante y casi siempre la comida que ponían era pasta, o fritura.
Si a eso le sumaba la cantidad de helado que ingería para calmar su apetito, era muy normal que su peso variara considerablemente.
Había momentos en los que ella se veía igual, incluso mejor que antes. aunque en las últimas noches era consciente de que su apetito la obligaba a levantarse de la cama, pues no podía conciliar el sueño teniendo hambre y necesitaba seguir comiendo. Lo peor era que no podía dejar de comer hasta que acababa con todos los dulces que estaban a su alcance.
Esto la hacía sentirse culpable y volver a encontrarse cara a cara con sus miedos. Esto comenzaba a causarle grandes problemas, que la sumían en la desesperación, pues era muy consciente de sus actos, e intentaba luchar contra esos pensamientos negativos, pero su mente podía con su fuerza de voluntad y al final siempre acababa resolviendo los problemas en el mismo sitio... El baño.
Esto la hacía sentirse la peor persona del mundo porque sabía que tenía un problema al que debía enfrentarse, quería controlarse, pero su fuerza de voluntad era ínfima a comparación, con su insaciable apetito. Su mente una vez más ganaba la lucha.
Había entrado en un circulo vicioso del que luchaba con todas sus fuerzas escapar. Pero la situación se le escapaba de las manos.
Cualquier comentario sobre su aspecto la hacía sentirse mal y menospreciada, no quería hablar de ello con nadie, porque en parte no tenía a nadie a quien contárselo.
Esto repercutía en su humor, aunque en su trabajo intentaba comportarse indiferente. Y aparentar ser la persona más feliz del mundo.
Aunque algunos de sus compañeros de trabajo empezaban a sospechar que algo extraño pasaba, sobre todo cuando siempre que la buscaban Susan salia del baño.
No era de extrañar que la gente que trabajaba en la hostelería consumiera drogas para mantenerse, ágil y despiertos durante tantas horas. Aunque el problema de Susan fuera bastante distinto, los rumores sobre su persona comenzaron a circular, ella había negado hasta la saciedad cuando le preguntaban por el consumo de drogas, porque era lo cierto. La molestaba que nadie la creyera, pero prefería que pensaran eso de ella a contar la verdad. Y que la vieran como una enferma.
El día de su regreso a casa se acercaba, eso, entre otras cosas la hacía sentirse más ansiosa aún, este año estrenaba el curso con una nueva vida, una nueva identidad, y unas nuevas ganas de luchar. Llevaba dos años sin saber lo que era sentirse presionada y agobiada con los exámenes, sin relacionarse con compañeros de clase, sin tener que hacer trabajos y quedarse estudiando hasta las tantas y lo echaba de menos.
Su mundo estaba a punto de ser tal y como ella quería, ahora estaba un paso más cerca, y lo había conseguido por sí misma.
Cada vez le quedaba menos tiempo, y tenía que dejar atados los cabos sueltos que ahora habían aparecido en su conducta, y que hasta ahora había estado obviando.
En su trabajo, la situación se tensaba, a medida que se iba acabando la temporada de verano, la gente escaseaba y el dinero que se hacia en caja hasta entonces, no se veía no de lejos.
Esto suponía un enfado constante del jefe y un ambiente de trabajo más hostil si cabía.
Cuando llegó el día de su cumpleaños Susan se levantó, y pensó que acababa de dejar atrás uno de los años más pésimos de su vida, tenía ganas ya de deshacerse de el. Y empezar una nueva etapa.
Se encontraba melancólica porque estaba lejos de casa, por esas fechas deseaba estar celebrándolo con sus amigas, pero la realidad es que tenía que pasarse 14 horas trabajando y eso no era plato de buen gusto. Aunque el lado positivo era que su contrato expiraría en un par de días.
Miró los mensajes de felicitación de sus amigos en las redes sociales y decidió dejar el teléfono de lado para comenzar a trabajar.
El día lucía precioso y mientras estaba sirviendo mesas, no podía dejar de imaginarse siendo la protagonista de aquel paisaje.
Lo que la apenaba más era saber que dentro de unos días se marcharía de allí y no podría volver a disfrutar de aquel paisaje.
Puede que aquel no fuera el mejor trabajo del mundo, pero sin duda no trabajaría jamás en un sitio con aquellas vistas.
Mientras estaba abstraída en sus pensamientos, vio que una mano se movía enérgicamente ante su cara y volvió al mundo.
- ¡Perdone es que estaba distraída mirando las nubes!
- Ya la he visto, ¿Me podría traer una cuchara?
- Si, sin problemas.
Cuando volvió a la mesa que le había pedido el cubierto, el hombre la miró y le sonrió.
- Es bonito ¿Verdad?
- Si.
- Debe ser una soñadora si le gusta mirar a las nubes.
Susan se limitó a sonreirle y a proseguir con su trabajo.
Cuando entró en el local, miró de nuevo su teléfono y vio un mensaje que no se esperaba.
-Hugo: Se que quizás sea la última persona que esperabas que hoy te felicitara, pero para mi hoy no es un día más, me hubiera gustado poder a tu lado para felicitarte, pero las circunstancias son otras. Te deseo lo mejor, y que seas muy feliz y consigas lograr tus sueños.
Susan notó como su cuerpo iba entrando en calor, aquel mensaje la había puesto muy nerviosa y solo quería gritarle a alguien. No era justo que después de no dar señales de vida cuando paso lo de su abuela, que ahora se dignara a hablarle, era intolerable. Estaba tan indignada que quería decírselo a toda costa.
- La verdad es que no esperaba noticias tuyas, y menos después de que falleciera mi abuela, y no te dignaras a hablarme, ahora no se con que derecho te crees que puedes venir a hablarme.
- No te hable porque tú me dijiste que no lo hiciera. No quiero molestarte de verdad, solo quería saber de ti y felicitarte nada más, son muchos años, como para olvidarme de este día.
- Sigo sin entender porque ese día no te dignaste y hoy si, pero vamos que te deseo lo mejor y que encuentres la felicidad. Adiós.
Él siguió escribiendo, pero Susan no podía seguir mirando los mensajes, Susan sentía como si por cada mensaje que llegaba a su móvil, alguien le asestara una puñalada. Así que lo mejor que pudo hacer fue apagar el móvil.
Para aliviar ese dolor que sentía, hubiera preferido caerse en un barril solo con alcohol, pero el momento no se lo permitía así que tomó otra opción, fue a la cocina y le pidió a la cocinera que le hiciera un crêpe lo necesitaba bien cargado de chocolate y a poder ser con helado. Lo necesitaba con urgencia y lo devoró a escondidas sin que nadie la viera, y lo peor es que le había sabido a poco. Necesitaba más, su apetito estaba descontrolado por completo.
Al sentir que la impotencia se apoderaba de ella, empezó a hiperventilar, había tenido esa sensación antes, notaba como una fuerza oprimía su pecho y no la dejaba respirar, la estaba asfixiando cada vez más y más, y esa sensación agobiante se estaba apoderando de ella, necesitaba alejarse de cualquiera, quería estar sola. No podía dejar que nadie la viera así.
Corrió a esconderse en el cuarto de baño, abrió el grifo del lavabo y comenzó a enjuagarse la cara, pero el contraste del agua fría, hizo que su cuerpo se estremeciera ante las nauseas.
Siempre le pasaba lo mismo, estaba acostumbrada a esa sensación, en el último año había sufrido muchos ataques, y ahora, sentía como le flaqueaban las fuerzas, lo único que le apetecía en aquel instante era ponerse a llorar desconsoladamente, hasta que aquella sensación de opresión desapareciera por el agotamiento.
Pero no podía, no ahora, no hoy, no permitiría que nadie la viera así. Se lavó la cara y mirándose al espejo se sereno y se dijo a si misma ¡Basta, esta etapa está cerrada ya! A partir de ahora voy a ser fuerte y no dejaré que nada ni nadie me hunda.
Salió del baño, con apariencia tranquila, cogió una bandeja y se dispuso a salir a la terraza, para servir la mesa que le pertenecía.
Cuando se llevó una de las sorpresas de su vida, toda la terraza del local, comenzó a cantarle "Happy birthday" Susan no podía creer de lo que estaba siendo protagonista.
Cristina había hablado con todos los clientes, y les dio una bengala a todos, para que cuando Susan saliera viera el espectáculo, era impresionante, cuando las terrazas de los locales contiguos también cantaban y la aplaudían.
Susan no sabía donde meterse en ese momento, el cúmulo de sensaciones que recorrieron su cuerpo eran tan indescriptibles, que cuando vio aparecer a cristina y a su jefa salir de entre los clientes con una tarta en las manos llena de velas. Rompió a llorar.
Nunca le habían dado una sorpresa así y la emoción pudo con ella.
Desde aquel momento nada pudo estropearle el día, hasta las nubes se habían tornado de otro color.
Nunca olvidaría ese atardecer, estaba cargado de magia, aquella sorpresa había recargado sus fuezas e invitaba a Susan a seguir hacia delante y disfrutar de los días que le quedaban.
Susan se secó las lágrimas y se abrazó a ellas, sin poder decir nada.
Susan cogió dos botellas de champan y comenzó a invitar a los clientes, y ellos comenzaron a hablar con Susan y a felicitarla personalmente, algunos le daban la mano y le regalaban propinas, monedas de sus respectivos países...
Nunca podía haberse esperado algo así. Ese día no podía dejar de reír y de llorar, sin duda no lo podría haber soñado nunca, si el año anterior alguien le hubiera dicho que dentro de un año, iba a estar sola celebrando a tantos kilómetros de casa su cumpleaños, con decenas de desconocidos cantándole, y felicitándole, habría dicho que era imposible.
La vida puede cambiar en un solo suspiro Susan, nunca lo olvides.


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