Hoy Susan se había despertado antes de que sonará su despertador.
Era un día diferente al resto, hoy sería el último día que viera a Ernesto, y la verdad es que no le apetecía nada.
Cuando él se fuera, Susan por obligación tendría que volver a esa realidad que había estado evitando tanto.
Otro punto a destacar es que no sería una despedida sin más, antes irían de excursión en barco y era por eso, por lo que estaba tan ansiosa, tenía tantas ganas de subir en barco que apenas tenía tiempo para pensar en lo que pasaría después.
Se levantó de la cama, intentando no hacer ruido para que Ernesto no notara su ausencia, fue hasta la cocina y allí comenzó a hacer el desayuno, le apetecía tener un detalle con él, al fin y al cabo el había sido su punto de apoyo en todo aquel tiempo. Gracias a él había conseguido olvidarse de todos y vivir su vida.
Mientras Susan estaba inmersa en sus pensamientos no advirtió la presencia de Ernesto tras ella y la sorprendió, cuando dio la vuelta, y se lo encontró en silencio apoyado en el resquicio de la puerta. Dejando caer las tostadas al suelo del susto.
- ¡DIOS! ¡Que susto! ¿Que haces ahí tan callado?
- Observarte, ¿Y tú que haces?
- El desayuno, bueno... Eso era lo que intentaba antes de que las tostadas se me cayeran al suelo.
- No te preocupes, si quieres hago yo otras.
-No, no te molestes, quería hacerlo yo.
- ¿Porqué?
- No se, me apetecía...
Ernesto le dedico una sonrisa cargada de deseo, se acerco a ella mientras estaba de espaldas, y comenzó a rodearle con sus brazos la cintura. Apoyó su cabeza en los hombros de Susan y le susurró al oído:
- ¿Me echaras de menos?
Susan no quiso darse la vuelta, y seguía haciendo el café como si nada.
- Si, la verdad es que sí, y me dará mucha pena tener que despedirme de ti.
- Vente conmigo.
- Sabes que no puedo, ¿Tú volverás pronto?
- Mucho me temo que cuando yo vuelva, tu ya no estarás aquí.
Susan no pudo evitar poner cara de decepción, en el fondo esperaba que él no hubiera tenido en cuenta su opinión, y que hubiera sacado un billete de vuelta, para despedirse de ella.
- ¿Porqué pones esa cara? Fuiste tú la que me dijiste que no querías nada más que esto.
-Ya, pero las cosas cambian, en el fondo te he cogido cariño. Y no me apetece nada tener que despedirme de ti, e imaginar que nunca más volveré a verte, porque he pasado un verano increíble, y haciendo cosas que hasta el momento eran inimaginables para mí, y la mayoría han sido gracias a ti.
- ¡Quién sabe...! Quizás cuando estés estudiando, iré a hacerte una visita por Andalucía...
- Si seguimos en contacto, no me importaría.
- Tú no eres la misma que estuvo hablando conmigo hace unos días...
- Ya ves, las cosas cambian.
- Pero ya es un poco tarde para poder quedarme, y no te imaginas la rabia que me da. ¡Maldita sea Susan! A veces pienso que las mujeres sois de un mundo aparte, y ni tan si quiera vosotras mismas sabéis lo que queréis.
- ME PUEDES EXPLICAR ¿PORQUÉ TE PONES ASÍ?
- Porqué me encantaría estar todo el tiempo del mundo contigo, porque para mí tu eres especial, y nunca he conocido una persona como tú.
- No me conoces lo suficiente para hablar así de mi.
- Por eso mismo quiero seguir conociéndote, o al menos tener la oportunidad.
- Yo te lo agradezco de verdad, pero sinceramente se que yo no soy lo que buscas, ahora mismo, me comporto de una manera diferente, porqué estoy en un mundo totalmente diferente al mio, y lo único que quiero es llevarme la mejor parte de cada situación, sin tener que discutir con nadie ni nada por el estilo.
- Yo se lo que me dejas que sepa, y no creo que seas tan mala como pretendes que crea para que me aleje de ti.
- Bueno, lo mejor que podemos hacer es desayunar, e ir a la excursión que como sigamos hablando se nos pasará la hora.
Acabada la conversación, comenzaron a desayunar en silencio, Susan odiaba esas situaciones en tensión, así que comenzó a hablar sobre su último viaje en barco así limaron asperezas y se dispusieron a disfrutar del que sería su último día juntos.
Acabado el desayuno Ernesto le dio las gracias a Susan, y cuando él estaba fregando los platos Susan salió de la casa para despedirse de su pequeño, en estos días Spirit se había acostumbrado a estar con ella y cada vez que ella salía de casa y Spirit la veía, iba corriendo en su busca, y Susan como premio le daba una manzana, era un potrillo tan adorable, que pensar en que esa era la última vez que lo vería, deshizo el corazón de Susan.
Se puso a acariciarlo y cuando los ojos de Spirit encontraron a los de Susan, ella rompió a llorar.
En situaciones así recordaba cuando su padre le decía que era tonta, y que seguro que el día de su muerte, no derramaría ni la mitad de lágrimas, que por uno de sus animales.
La verdad es que los lazos que Susan establecía con los animales, no se podían comparar con nada ni nadie, y como pasa con algunas personas, con algunos animales, sentía aún más esa conexión, en el caso de Spirit, lo estaba viendo crecer desde el primer día, y sentía el amor que el le ofrecía, era un animal único, por eso y para no sufrir más cuando el pequeño se acabo su manzana ella rodeo su cuello con sus brazos y le dio un último beso, y le susurro al oído: ¡Se fuerte cariño, y no dejes que nadie te maltrate, te mereces lo mejor, siempre me acordaré de ti y te llevaré en mis recuerdos pequeño!
Cuando Ernesto salió de su casa, buscó con la mirada a Susan, aunque sabía de sobra donde estaba, al encontrarla, la imagen lo sobrecogió esa chiquilla tenía devoción por los animales, era tan injusto que una persona así no pudiera estudiar para ejercer la profesión de sus sueños por una simple nota. Al ver su indignación, no podía ni imaginar lo que sentiría Susan, él quería animarla para que siguiera persiguiendo su sueño, pero si una cosa tenía clara, es que ella era muy perseverante, y en un futuro próximo lo conseguiría, ya que por el momento aunque el intentara animarla, ella tenía muy claro cual era su destino y no se dejaba influenciar por nadie.
Susan, tuvo la sensación de que alguien la observaba, y se giró, su cara estaba cubierta por dos ríos de lágrimas.
Ernesto al verla así de disgustada se acercó, para consolarla.
- Se lo que sientes por él. Y no quiero verte así, como te dije una vez, él es tuyo, ¡Quedatelo!
- No puedo, soy consciente de la realidad, cuando llegue a casa, no podre dedicarle el tiempo que se merece, yo me iré a estudiar fuera, y no quiero cargar con la responsabilidad a mis padres.
- Pues quizás sea un buen incentivo para que vengas a visitarme...
Susan besó a Ernesto y le dijo:
- Las despedidas forman parte de la vida, y aunque nos duelan, debemos avanzar, para poder vivir nuevas experiencias y crecer. Ahora vámonos al puerto o llegaremos tarde.
Se subieron al coche, y en 10 minutos llegaron al puerto, el barco estaba esperándolos, listo para zarpar, subieron a él y Susan no podía dejar de mirar a su alrededor, si hasta ahora los paisajes que había conocido de la isla habían conquistado su corazón, ver ese color tan intenso de azul en el mar, era una experiencia inexplicable, no podía haber sitio más bello en el mundo, porque aquel lugar ya era el paraíso, y sin poder evitarlo, saco su cámara intentando de inmortalizar, cada milímetro de aquel paisaje, aunque sabía de sobra que aquel lugar jamás podría borrarse de su mente.
Antes de llegar a la cala donde podrían bañarse el paisaje que comenzó a ver le resultó familiar. Le hizo una foto y al verlo en su cámara, recordó que ya había visto ese sitio antes...
Era el faro, su faro, el de "Perdona si te llamo amor" al recordar ese día, entristeció, y cayó en la cuenta de que hacía bastante tiempo que no encendía su móvil, ¿Que sería de Sergio? En el fondo estaba cabreada con él, porque era él con quien le gustaría estar viviendo todo aquello, sin duda alguna. Y lo odiaba por no querer hacerlo.
- ¿Estás bien?
Aquellas palabras, la devolvieron a la realidad, sin darse cuenta Susan había puesto cara de tristeza, y eso llamó la atención de Ernesto.
- Si, todo bien, no te preocupes, es solo que he recordado que ya había estado antes en este lugar.
- Es precioso ¡Verdad!
- Si, sin ninguna duda.
Siguieron hablando y haciéndose fotos, hasta que llegaron a la cala, la imagen era impactante, había lugares en los que el agua parecía de plástico, cuando el sol brillaba sobre ella.
Pero esa imagen era imposible de captar por la cámara era un placer solo apto para verlo en ese instante.
En el preciso momento que Susan salió a proa para ponerse el equipo y lanzarse al mar con Ernesto, sonó "Somewhere over the rainbow". Susan siempre había tenido predilección por aquella canción, de echo siempre había dicho que sería la canción que sonaría el día de su boda. Incluso se lo había comentado a Ernesto, por lo que cuando sonó la canción todos su cuerpo se extremeció, miró a Ernesto y se le escaparon dos lágrimas de felicidad. Ella debía estar allí en ese preciso momento con él, no había mejor sitio en el mundo, y sin duda no quería estar en ninguna otra parte.
Él la miró, la cogió de la mano y como si el mundo fuera de ellos dos, y no hubiera nadie más en el barco comenzaron a bailar, pegados uno al otro, para Susan el mundo se detuvo en aquel preciso instante, sin duda no podía haber nada más romántico para ella. Era todo tan perfecto que de su cara no dejaban de brotar las lagrimas, estaba muy emocionada, y no podía dejar de expresarlo.
Nunca había sentido nada igual, al finalizar la canción, ambos se detuvieron, para mirarse el uno al otro y fundirse en un apasionado beso. En ese momento despertaron de su sueño, cuando comenzaron a escuchar el sonido de los aplausos, cuando Susan se giró para ver lo que pasaba quiso que se la tragara la tierra, pues ambos eran el espectáculo de todo el barco.
La gente se les acercaba a darles la enhorabuena como si de unos recién casados se tratasen, en ese momento Susan lo único que quería era morir de la vergüenza, Ernesto sin embargo, se lo tomaba con humor y le daba las gracias a la gente.
Después de la escena de parejita feliz, los guías comenzaron a dar de comer a los peces, para que se acercaran a visitarlos, poder disfrutar de las vistas al hacer snorkel.
Susan había ido preparada para la ocasión con sus gafas y sus aletas, no se lo quería perder por nada del mundo. Aquellas imágenes en las cristalinas aguas de la isla eran únicas.
Sin duda nada podía estropear aquel idílico día, era todo tan perfecto...
Lo único que le hubiera gustado más que aquello, era que su corazón sentía que aquellos momentos los debía vivir con otra persona. Y que por mucho que lo intentara el no se iba a alejar de sus pensamientos, aunque ella intentara autoconvencerse de que no era tan importante para ella.
Cuando de nuevo llegaron a tierra, Ernesto dejó a Susan en su trabajo, con la promesa de volver a verse por última vez esa noche.
Ella estaba ansiosa, porque llegara el momento, quería darle un recuerdo, para agradecerle todos los momentos que habían vivido juntos, así que pidió permiso a su jefe y salió 5 minutos de su trabajo en busca, de algo que pudiera regalarle para acordarse de ella, después de ver toda la tienda y no encontrar nada, salió decepcionada de allí y fue en ese momento cuando lo vio.
Era una simple postal, pero reflejaba el sitio exacto donde se besaron por primera vez, a Susan le encantó, sabía que era algo insignificante. Pero ya se encargaría ella de que fuera especial.
Así que detrás se puso a escribir, una carta emotiva, reflejando todo lo que había significado para ella aquellas semanas junto a él. Y lo agradecida que estaba de que él hubiera aparecido en su vida.
Haciéndola de esa manera aún más especial.




No hay comentarios:
Publicar un comentario