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jueves, 2 de enero de 2014

Il mondo

Susan estaba paseando por la calle sin ningún destino aparente, aquella tarde era una odisea abrirse paso entre la gente, parecía que todo el mundo quería hacer las últimas compras del año. 
Ese bullicio constante no dejaba a Susan ser dueña de su camino, iba arrastrada por una marea humana que la dirigía a su antojo, impidiéndola tomar decisión alguna... Simplemente se dejaba llevar.

Hasta que sus aletargados pies se detuvieron, al oír un leve sonido familiar que la atraía con fuerza y la invitaba a cambiar su camino, al acercarse reconoció esa canción, era "IL MONDO" de Jimmy Fontana.


Hasta el momento no había sido consciente de donde estaba, era impresionante lo que podía hacer una persona a la que se le otorgaba el don de la música, aquel muchacho que apenas tenía su edad con un violín conseguía ser el centro de todas las miradas y la banda sonora de aquella tarde de invierno. Que había conseguido atraer a Susan a aquella plaza como si fuera una más de los niños del flautista de Hamelin.

 Susan miró a su alrededor y se detuvo al cruzar la mirada con un objeto que la fascinaba. 
Siempre le habían llamado la atención los carruseles, pero ahora, en aquel preciso instante, con esa embriagadora música de fondo, se dio cuenta que estaba ante la presencia de algo insólito. 




Volvió a sentir la magia que solo pueden ver los niños al contemplar aquella imagen.
Una belleza apenas apreciable para el resto del mundo, era como si aquel momento estuviera preparado, esperándola solo a ella, de repente no se sintió presa entre la gente, un sentimiento de felicidad albergaba en su interior ahora, al sentir que era única que podía apreciar algo que los demás eran incapaces de ver.

El incesante devenir de esos pequeños caballos era curioso, aunque ellos no dejaran de girar a Susan le daba la impresión que era el resto del mundo el que giraba en torno a ellos, la gente pasaba incesante sin detenerse a su alrededor.

Era curioso como el tiempo nos podía condicionar tanto a veces, en otra época para ella nunca existía tiempo suficiente ni tan si quiera para poder detenerse a mirar por la ventana, para observar el mundo que la rodeaba y ahora sin embargo, todo había cambiado su mente tomo cuenta de la situación e hizo acopio de su inmensa curiosidad dejándola salir a la luz, como una pequeña exploradora que se afanaba en descubrir lo nunca visto. 

Al mirar a esa gente trajeada a su alrededor Susan en su estado de profunda serenidad se preguntaba: ¿De que servía estar horas encerrado en una oficina? ¿Para ganar dinero? ¿Y que importancia tenía ese dinero? Susan lo sabía muy bien, ella había sido de esas personas que no paraban de correr de un lado a otro para no llegar nunca tarde, ¡Tarde! ¿A dónde? ¿A la estación de metro quizás? ¿A ese trabajo en el que no te valoran? 

Sin darse cuenta había desperdiciado una vida corriendo hacia ningún lugar aparente, haciendo algo que apenas le gustaba ¿Para qué? ¿Para contentar a los demás? Por las malas había comprendido que jamás se podía contentar a todo el mundo, que la presión no era buena compañera de un trabajo bien hecho y que el tiempo que se va, jamás se puede recuperar.

Aunque ahora fuera tarde para muchas cosas, aún estaba a tiempo de llegar a muchas otras...
Se había prometido; No volver a llegar tarde a ninguna puesta de sol.
- Detenerse a mirar por la ventana, sin mirar a nada en concreto.
- Ponerle banda sonora a cada instante por efímero que fuera.
- Sonreír al ver caer la lluvia y pisar algún charco (si llevaba las botas de agua puestas).
- Buscar el sentido de la belleza de esas pequeñas cosas inapreciables.

No conocía mejor manera de emplear el tiempo, que teniendo la capacidad de detenerlo en cada suspiro de felicidad.

Sintió pena por aquellas personas que jamás verían ese pequeño matiz que se esconde en el día a día que consigue sacar sonrisas, porque ella en ese instante no conocía lugar mejor en el mundo, en el que le apeteciera estar más que allí, disfrutando en armonía de las maravillas que tenía que ofrecerle el mundo. 




1 comentario:

  1. "Era la magia de la Navidad, el ambiente, las luces, los adornos, la compañía, las ilusiones. Aquel carrusel, portavoz de tantas emociones, permanecía en la memoria casi como un espejismo. El tiempo, testigo impasible de nuestras vidas, imponía el contraste y las sombras de la rutina. Sin embargo, no me arrebataría la esperanza de que, en cada puesta de sol, te encontraría allí"

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