Ahora había pasado un año, y recordaba todo lo que había pasado como algo muy bonito, si bien no lo pasó nada bien, por aquel entonces, siempre recordaría aquellos momentos como algo único que la ayudaron a afrontar un camino diferente que la condujo hacía su nueva vida.
Susan recordaba como ese día después de hablar con Sergio fue a correr, y lo mucho que lo estuvo lamentando durante los 3 días siguientes, puesto que las agujetas que había sufrido, no la dejaban ni subir un leve tramo de escaleras, lo cual era lo más normal que pasara ya que llevaba 3 años sin hacer nada de ejercicio, al recordarlo Susan se sentía ridícula y no podía parar de reír.
Pero gracias a aquel gesto, poco a poco iba tomando conciencia de lo importante que era el deporte, e incluso se fue aficionando, los días fueron pasando y su afinidad por Sergio iba aumentando a cada segundo, era inevitable no cogerle cariño a aquel muchacho, tenía todo lo que ella había querido en un hombre, y le aportaba algo diferente, la hacía sentirse viva, cuando ya creía que todo en ella había muerto, aunque fuera muy joven, Susan había perdido el interés por todo lo que le rodeaba, y sin embargo ahora era más vital y alegre.
Al tercer día de conocer a Sergio y tras interminables horas hablando con el llegaron las 5 de la mañana él le había estado hablando de los sitios a los que había viajado, y ella se embarcaba en ensoñaciones imaginándose en ellos algún día no muy lejano, cada vez que hablaban de algo, (daba igual el tema que fuera), Susan se asustaba cada vez más, porque no era normal sentir eso, por alguien a quien no conocía ni había visto en su vida, cada segundo que pasaba un pensamiento ocupaba más y más su mente y nublaba su conciencia, y ella lo único que quería era acallar esa voz. Decirle que no era posible, que esas cosas nunca salen bien, que solo pasan en las películas, que quizás solo fuera una dulce mentira a la que ella se aferraba, porque no le gustaba la realidad que en ese momento le estaba tocando vivir.
Le daba miedo comentárselo a Sergio porque pensaba que solo eran enajenaciones de una pobre enamoradiza aburrida en su relación y que se ilusionaba con cualquiera. Pero cuando llegó la hora de despedirse porque el sueño ya no les dejaba continuar la conversación, Sergio le dijo:
- Ojala pudieras estar aquí, me encantaría acurrucarte ahora mismo en mi pecho, mientras te acaricio el pelo y...
En ese momento el corazón de Susan, estaba dando saltos mortales ¿CÓMO? La había dejado fuera de línea, ahora ella se sentía como una mera espectadora contemplando lo que ocurría en ese partido, no sabía que decir ni que hacer. Solo era consciente de que las mariposas de su estómago revoloteaban a sus anchas como nunca, que su sonrisa esa noche podía hacerle competencia al brillo de la misma luna, y que sin comerlo ni beberlo, se estaba enamorando cada vez más de aquel desconocido, y eso era algo que simplemente no podía hacer.
- ¿Y?
- Y tengo unas ganas infinitas de besarte.
- ¡Puf! No me digas eso.
- ¿Porqué?
- Porque yo también te besaría y no querría que se acabara nunca, pero siento estropear el momento, porque soy perfectamente consciente de que tengo novio y lo quiero mucho, y ahora mismo me siento muy culpable conmigo misma, por no sentir por él, lo que siento por ti.
- ¿Y que sientes por mi?
- Ojalá lo supiera, ahora mismo estoy tan confusa.
- Lo siento.
- No, no lo sientas, tu no tienes culpa de nada, la culpa es solo mía, soy yo la que esta atada a otra persona y no tú, ojala las cosas fueran diferentes y te hubiera conocido hace 5 años, pero no lo son.
- Ahora me siento mal, como es posible que digas eso a mi me conoces de unos cuantos días y con él llevas toda la vida, no es justo que yo tenga más mérito.
- Lo se, pero es que tú...
- Yo...
- Me muero de la vergüenza al decirte esto, pero como soy consciente de que quizás jamás te vea, seré valiente...
- Dilo
- Creo que me estas gustando demasiado, más de lo que deberías porque no te he visto en mi vida, y no se... Llámame loca, pero desde el primer día que hablamos, esa noche me fui con una sensación extraña a dormir un cosquilleo en mi estómago, que no era normal. Es que fe tan raro...
- Lo sé, fue como si nos conociéramos de toda la vida, y como si estuviéramos predestinados a encontrarnos.
- ¿Tu también lo sentiste?
- Mucho me temo que sí.
- ¡Uf! Ya creí que me estaba volviendo loca.
- Más bien locos estamos los dos.
- Jamás pensé que algo así podía pasar.
- Ni yo, imagínate como me he de sentir yo, que siento que conecto contigo, que me encantaría conocerte, pero eres algo prohibido, porque jamás se me ocurriría meterme en tu relación.
- Ni yo dejaría jamás que lo hicieras.
- Lo entiendo, se que necesitas tu tiempo, así que si quieres que dejemos de hablar para que te aclares, lo entendería.
- Es que no quiero dejar de hablar contigo, cuando hablo contigo, puedo abstraerme de todo, me siento feliz, y eso hace mucho tiempo que no lo podía decir.
- Me alegro enana que al menos te sirva de algo, pero entiéndeme, yo no quiero ilusionarme con una persona con la que tal vez no llegue nunca a nada. Ni tampoco quiero ilusionarte ni decirte que me elijas a mi, cuando yo no se si soy bueno para ti.
- Eso es un riesgo que tendría que decidir yo, ¿No crees?
- Yo no soy bueno enana.
- Ni yo soy tonta, soy consciente de la edad que tienes y que si no has tenido novia nunca, por algo debe ser, y yo no me considero algo especial como para hacerte cambiar de opinión.
- ¡O si! quien sabe... tal vez sea una locura, o tal vez sea yo, que con el tiempo me estoy volviendo más loco, pero sinceramente si pienso que cualquier día puedes cruzarte con una persona que cambia tu vida por completo, y algo que ahora te parece una locura, tal vez dentro de un tiempo lo verás como un bello recuerdo de un momento de tu vida, que te hizo cambiar por completo. Somos jóvenes, estamos en el momento de hacer locuras, de equivocarnos, levantarnos al tropezar y volver a caer en el intento, pero opino que todo lo que nos haga felices, merece la pena intentarlo. Mira esto.
En ese momento Susan quería morir como podía una persona a tanta distancia de ella, ser su
"yo" masculino. ¿Será verdad eso de las medias naranjas? Y lo de que cada persona esta predestinada a estar unida a alguien que esta hecha a su semejanza.
Susan siempre apoyó la teoría de que los polos opuestos se atraían, pero ahora debía reconocer, que las personas que tienen tu misma forma de ser, ENAMORAN.
Cuando abrió la imagen vio:
- Se feliz enana, y haz siempre lo que te apetezca, al fin y al cabo mañana no sabes quien puede continuar a tu lado. Como no te quieras tu no te querrá nadie.
- No sabes cuanta razón encierran esas palabras.
- Bueno enana creo que es hora de darnos las buenas noches, o los buenos días según como se mire.
- Tontito
- ¿Qué?
- ¡Gracias!
- ¿Porqué, si yo no hice nada?
- Algún día lo sabrás ;)
- Anda enanita, duérmete que ya te hace falta.
- Ahora mismo si que te besaría, no te puedes ni imaginar las ganas que tengo.
- Y yo te lo devolvería y no dejaría que te fueras, porque te apresaría entre mis brazos.
- Que dulce condena :)
- Guapa.
- Tonto.
- Hay que ver como me tratas.
- Porque te lo mereces.
- Enana bipolar,
- :p Buenas noches cariño.
- Eso me ha gustado más jeje ¡Muak!
- ¡Besotes! :*)
Esa noche durmió como nunca hasta entonces, rebozaba tanta felicidad, no quería despertar de aquel sueño, ni quería pensar en nadie que no fuera en ellos, aunque aquel momento solo durara esa noche disfrutaría cada instante como si fuera el último.

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