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miércoles, 9 de octubre de 2013

Despedida con sabor a chocolate.

Llegó la hora de salir de allí, Susan sabia de sobra donde estaría Ernesto, y salió en su busca. Pero cuando llegó a la esquina, no había nadie.

¿Dónde está? - Se preguntó Susan.

Comenzó a buscarlo por la calle, mirando hacia un lado y otro de la calle. Y en el momento que estaba cogiendo su móvil para llamarlo, escucho unos cascos de caballo, se giró bruscamente para verlo, pero para su decepción no se trataba de él.

La desesperación comenzó a hacer mella en ella, y lo llamó, pero él no le cogía el teléfono.

Cuando estaba pagando su frustración con el teléfono, el hombre que conducía el coche de caballos, se detuvo ante ella.

- ¿La llevo a alguna parte señorita?

- No gracias.

- ¿Qué hace aquí sola, a estás horas?

A Susan le hubiera gustado contestar, ¡Metase en sus asuntos! ¿A caso le pregunto yo por su vida? Pero decidió ser más cordial. Y no dejarse llevar por la rabia que tenía en ese momento, y pagarla con ese pobre hombre.

- Estoy esperando a que me recojan.

- Que casualidad, a mi me han encargado que recoja a alguien.

Los ojos de Susan se abrieron como platos, el cochero al ver su cara de sorpresa comenzó a reírse.

- ¿Es usted Susan?

- Si, ¿Cómo sabe mi nombre?

Él no contestó a su pregunta, simplemente se limitó a sonreirle.

- Creo que debe mirar la parte de atrás del carro.

Susan, estaba perpleja ¿Qué tramaba Ernesto? Cada vez que pensaba que no podía sorprenderla de una manera distinta se superaba, y mira que le tenía dicho que no le gustaba nada subirse a un coche de caballos. Al mirar la parte de atrás había una pequeña cajita de bombones con un sobre. No pudo esperar ni un segundo a abrirlo y leer su contenido. Tanto misterio podía con ella.

"Querida Susan, como habrás comprobado, 
no iba a dejar que esta noche, simplemente
 fuera una más. Aunque sabes que contigo
 eso es simplemente imposible. 
Por eso he mandado a alguien en tu busca,
y como se lo que opinas al respecto de subir
en el coche de caballos, e he preparado una
sorpresa menos evidente, y que espero que te 
guste... 
pd: Mira debajo del asiento."


Inmediatamente lo hizo y debajo del asiento encontró un casco rosa palo con la estrella de converse dibujado en el lateral, era precioso.


- ¡No me lo puedo creer! ¿Dónde está la moto?

- Es simple, busca una que vaya a juego con el casco.

Después de haber buscado a su alrededor, rápidamente se detuvo, estaba a su izquierda a unos 200 metros de ella, era una vespa rosa del mismo color que el casco y con la tapicería beige, era simplemente perfecta. Aunque no estaba muy acorde con su estilo, y su ropa de camarera.

- ¡Definitivamente se ha vuelto loco! ¿Usted tiene las llaves?

- Si.

Se sacó del bolsillo de su chaleco negro las llaves y se las entregó a Susan.

- ¿Y donde se supone que tengo que ir?

- Las instrucciones están en la vespa. Y ahora m tengo que marchar, un placer señorita.

- Gracias e igualmente.

Susan se quedo mirando las llaves, mientras aquel homre y su aire de misterio se iban de allí dejando la calle sola.

No estoy segura de saber conducir esto, solo lo hice una vez y hace un par de años de ello, espero que sea como montar en bici.

Al acercarse a la vespa, se percató de que había una nota pegada en el asiento.

" Susana ha llegado la hora de jugar.
Quiero que te dirijas a la rotonda de la 
silla, sabrás cual es porque hemos pasado 
cientos de veces, deberás tomar la segunda
salida, sigue recto y sabrás donde parar.
pd: ¡No me odies! Ten cuidado ;)"


Definitivamente se ha vuelto loco, y ha tenido mucho tiempo libre, me pregunto desde cuando estaría planeando esto. ¿Dónde debo parar? Si no tengo ni idea de donde voy, solo espero no perderme, porque me queda poca batería en el móvil.


Arrancó su vespa y puso rumbo a lo desconocido...

Cuando salió de la rotonda por donde él le había indicado, comenzó a agudizar sus sentidos, había pasado muchas veces por allí con Ernesto, pero nunca se habían detenido en ningún restaurante de por allí.

Entonces lo vio "El Mosquito" sin duda debía de ser allí, ese sitio era un pub cool, que había llamado la atención de Susan porque su nombre hacía referencia a la mayor parte de la fauna autóctona, pues desde que estaba allí los mosquitos, se cebaban con ella.

Era por eso que siempre que veía ese sitio le llamaba la atención, pero hasta la fecha nunca había entrado, siempre decía, algún día tengo que entrar, pero nunca lo hacía.

Así que Ernesto había decidido por ella que esa fuera la noche indicada.

Aparcó la vespa en la puerta del local. Se quitó el casco y se paró a mirarse en el retrovisor.
¡Maldita sea, no me esperaba para nada que me trajese aquí, menos mal que me maquille antes de salir del trabajo! Aunque mi ropa... Deja mucho que desear.

Estuvo unos minutos, junto a la puerta, sin querer entrar por vergüenza, cuando una de las relaciones públicas del local se acercó a ella.

- ¿Eres Susan?

- Si, ¿Cómo...?

La muchacha no la dejo hablar, directamente tomó su brazo y comenzó a guiarla, sin parar de hablar...

- Mi nombre es Marta, Ernesto me avisó de que vendrías así, y como el sabia que te sentirías incomoda, me pidió que te diera una cosa, acompáñame...

Cuando Susan entró a lo que parecía que era un palco privado donde se veía todo el local, vio encima de uno de los sofás dos cajas.

- Espero que ahí encuentres todo lo que necesitas y sea de tu gusto, conozco a Ernesto desde hace tiempo, y me ha pedido el favor de que te trajera algo de maquillaje también, porque dijo que así te sentirías más cómoda, está en el cuarto de baño que esta a tu derecha.

- ¿También tiene baño?

- Por supuesto es la zona vip, y por tanto tiene que tener lo mejor, para los mejores.

- Esto es grandísimo, y el local es muy bonito por dentro.

- Si verdad, los jefes se tomaron las molestias necesarias para que la gente que entrara aquí se sorprendiera, y no lo viera simplemente como un pub chilao más.

- Pues dile de mi parte, que lo han conseguido.

- Gracias, si necesitas algo más estaré fuera. Avísame cuando acabes.

Susan abrió la caja grande primero. En ella había un vestido largo de coctel precioso, era de color rojo, con poco escote y con corte de barco, tal y como a ella le gustaba, bajo el pecho; tenía una pequeña moña de pedrería que recogía con unos finos pliegues el vestido por la zona del abdomen.
Y para finalizar, acababa con una raja desde un poco más arriba de la rodilla hasta los pies.

Era perfecto. Sencillo y elegante a la vez, ni en sus mejores sueños, habría podido describir un vestido mejor que ese. Y lo curioso es que lo había elegido él.

Al abrir la otra caja se encontró con unos zapatos de tacón  de color negro, que seguían la estética de su vestido y combinaban a la perfección, con un leve toque de brillo.

Al ponerse todo aquello, Susan se soltó el pelo, y se miró al espejo, ni ella misma creía lo que estaba viendo, nunca había estado tan elegante, cogió la pequeña caja que había en el lavabo, la abrió y vio muchas pinturas, pero se limitó a coger tan solo un pintalabios rojo.

Cuando se pintó los labios, volvió a mirarse en su conjunto, estaba irreconocible. Tanto que incluso le daba vergüenza salir de allí de aquella manera, iba más bien vestida para una boda. Y se sentía muy rara.

Mientras estaba dubitativa, entre si salir de allí o no, Marta llamó a la puerta.

- ¿Estás lista ya?

- Creo que sí...

En ese momento la puerta de la sala se abrió y entró Ernesto, más guapo que nunca, no lo había visto con traje y aquella imagen la sorprendió gratamente, dejando a Susan boquiabierta y fuera de juego.

La camisa blanca resaltaba su tono de piel, la corbata azul marino, hacía juego con sus oscuros ojos, y su pelo que siempre andaba alborotado ahora estaba tan bien recogido, que definitivamente parecía otra persona totalmente distinta.

- ¡VAYA! Sabia que ese vestido te quedaría bien, pero realmente estas...

- ¡Gracias! Tu también estás diferente, acostumbrada a verte desaliñado...

Ambos se sonrieron, era una situación un poco incómoda, Susan no se sentía ella misma con esa ropa, aunque le quedara tan bien, para su gusto era demasiado.

Bajaron al local para disfrutar de la noche y bailar un rato, Marta ya se había ido y los había dejado solos. 
Para Susan la forma que tenía Ernesto de mirarla la divertía, era como pasearse cerca de caimanes hambrientos, sabia que en cualquier momento correría el riesgo de que la devorara y no solo con la mirada.
Pero era un riesgo que estaba dispuesta a asumir. Ese pensamiento, hizo que Susan sintiera un ardiente fervor, y tuviera la necesidad de acercarse a la barra para pedir de su copa.

- ¿Está noche te apetece beber?

- Para eso hemos venido no.

La sonrisa de Ernesto lo delataba.

- Si, claro...

- ¿Te apetece algo? 

- ¡No te preocupes invito yo!

- De eso nada, después de todo lo que has organizado y el vestido... Estoy segura de que es lo mínimo que puedo hacer.

- No es nada, solo quería que tuvieras un buen recuerdo de mi.

- Dime la verdad, ¿Cómo eres realmente? Porque no existe el hombre perfecto, y sinceramente tú con estas cosas te estás acercando bastante.

- Yo soy como me ves.

- Algún fallo tendrás que tener.

- No, no solo tengo uno, yo diría que son más bien, muchos.

- ¿Y a que esperas para enseñármelos?

- En otro momento mejor, no me apetece desperdiciar nuestra última noche.

- Si es la última, entonces no habrá otro momento...

- En ese caso correré el riesgo de que tan solo te quedes con lo mejor de mi.

- Eso es hacer trampa.

Susan le dedico una sonrisa pícara a Ernesto, y él respondió a la provocación acortando cada vez más la distancia entre ambos, la tensión se palpaba en el ambiente y aún no se habían dado ni un simple beso, y Susan moría de ganas porque lo hiciera. Él sin embargo, se estaba haciendo de rogar, acortando la distancia lentamente, como si estuviera aplicándole la peor de las torturas.
Al fin cuando sus labios estaban próximos a los de ella y sintió como el calor de sus manos traspasaba la fina tela de su vestido, ella cerró los ojos, y entreabrió sus labios, esperando la misma respuesta de su parte.

Cuando una voz masculina la abstrajo del motivo de su deseo, alguien había llamado a Ernesto. Él se dio la vuelta para saludarlo y comenzaron a hablar. Por lo que parecía eran amigos. Ya que él parecía haberse olvidado de Susan, ella decidió beber, y hacer un repaso general del local, y las personas que había en el. Evitando así escuchar la conversación de Ernesto, ya que como no se había dignado a presentarle a su amigo, se sentía ajena a esa conversación.

Susan comenzó a aburrirse y sacó su teléfono para hablar con Ana, de soslayo vio como Ernesto había acabado su copa y estaba invitando a su amigo a otra, estaba claro que se tenía que despedir de todo el mundo, pero a Susan no le parecía bien que la dejara olvidada de aquella forma.

- Ana, me estoy aburriendo, ¿Crees que se avergüenza de mi?

- No seas tonta, ¿Porqué dices eso?

- Es que no entiendo porque no me presenta a nadie, al parecer han llegado dos conocidos más de él, y sigue hablando con ellos, y no se acuerda de con quien a venido.

- Es normal que se quiera despedir de todo el mundo...

- Ya si hasta ahí yo lo entiendo.

- Quizás es que no tiene costumbre de hacer presentaciones, yo que se.

Susan decidió inspeccionar el local por su cuenta, y buscar de paso un baño, estaba segura que Ernesto no notaría su ausencia, así que no le apetecía ni decírselo.

En ese momento, uno de los camareros se acercó a Susan para preguntarle si quería otra copa.

-No gracias.

- Que pena a esta iba a invitar yo.

- Se lo agradezco, bueno en ese caso me sabe mal hacerle el feo.

- Me encantan las mujeres agradecidas. ¿Ha venido sola?

- Eso parece ¿Verdad?

- Si, bueno al menos esa impresión me ha dado. No la veo acompañada de nadie. 

- Pues la verdad es que si venía acompañada, pero mi acompañante ha preferido otra compañía esta noche.

- Es una pena, yo le aseguro que si tuviera una mujer como tú a mi lado no la dejaría escapar.

- Bueno, eso decís todos, luego con el tiempo os entra la amnesia y no hay nada que hacer.

- ¿Lleva mucho tiempo con él? 

- Lo gracioso es eso, que ni si quiera llevo tiempo con él. Cada vez se deshacen de mi más rápido.

La conversación estaba enfureciendo a Susan y sentía que cada vez tenía más ganas de estallar, pero está vez no sería necesario. 

- Sabe, dígale al hombre de la corbata azul marino, cuando pase un rato, que me he ido, que estaba cansada. Muchas gracias por ofrecerme esa copa. Quizás otro día se la acepte.

- De acuerdo señorita.

- Una cosa más, sabría decirme ¿Dónde está Marta?

- ¿La conoce?

- Ha sido ella la que me ha traído aquí.

- Un momento, que voy a avisarla.

Susan miró recelosa, los amigos o conocidos de Ernesto se habían acercado para despedirlo. Y cada vez eran más numerosos. No dejaban de beber y de fumar.
Con lo mucho que odiaba Susan el tabaco al fin sus defectos salían a la luz. Hasta ahora había estado guardando las apariencias, para agradar a Susan, pero ella sabia que la realidad debía ser muy distinta.

- Susan, ¿Ya te vas?

- Si, al parecer no me necesitan. - Dijo Susan mirando para la dirección donde se encontraba Ernesto.

- Entiendo...

- Si me hicieras el favor de darme mi ropa, estoy cansada de llevar este vestido.

- Por supuesto, no te preocupes, ¡Sígueme!

A medida que iban subiendo las escaleras hasta la sala donde habían estado antes, Marta hablaba cada vez más.

- Sabes, no debería extrañarte ese comportamiento, él es así... Lo conozco desde hace tiempo, y primero las hace sentir únicas en el mundo, hasta que se gana su confianza y luego... Simplemente se olvida de ellas. Pero hoy cuando ha venido a contarme que te quería sorprender me a dado una impresión diferente.

- Supongo, que es porque se va mañana.

- Entonces querrá despedirse, su problema es que el alcohol lo pierde, le encanta beber, y olvida todo lo de su alrededor. Por aquí suele venir mucho, por eso conoce a tanta gente de aquí, se solía pasar las horas solo en la barra bebiendo, contándole a todo el mundo que lo había dejado su novia, y camelándose a las guiris.

- Supongo que yo, tan solo soy una tonta más.

- No cariño, no te culpes, eres una mujer, nosotras somos así, nos entregamos siempre para que luego nos dejen tiradas, nos manipulen y nos engañen. Yo si fuera tú aprovechaba la situación y me quedaba con ese precioso vestido y esos zapatos. No todo es malo.

- Visto de esa manera...

- ¡Claro! En esta vida hay que ser práctica, no se aprovechan ellos, pues hagamos nosotras lo mismo.

- Me podrías pedir un taxi y darle a él las llaves de la vespa.

- Por supuesto, no te preocupes. Aquí está tu ropa.

Susan entró a la habitación y comenzó a cambiarse de ropa. Cuando salió Marta la estaba esperando en la puerta.

- Ya he llamado al taxi, Ernesto me ha preguntado por ti, ¿Qué le digo?

- Que se quede con sus amigos,y se despida de ellos, que ha sido un placer conocerlo.

- De acuerdo.

Marta acompañó a Susan hasta el taxi, Susan le dio las gracias, y le entregó la postal a Marta para que se la diera a Ernesto. Susan se subió al taxi y se despidió de ella.

En ese momento Susan recibió un mensaje de Ernesto.

- ¿Porqué te has ido sin decirme nada?

- Tú no eras consciente de mi presencia, que más da, disfruta de la noche con tus amigos un beso.

- Me gustaría verte mañana, se que mi vuelo sale muy temprano, pero si no te importa...

- Lo siento, el tren solo sale una vez.

Y con esa frase puso punto y final a su primer amor de verano, no se arrepentía de lo que había sucedido, porque al fin y al cabo, se lo había pasado bien y había estado entretenida, lo ocurrido solo la había puesto en sobre aviso de que jamás confiara tanto en alguien en tan poco tiempo. Porque cuanto más grande fuera la subida, más rápido sería la bajada.

Con estos pensamientos entró en el apartamento de José, hacia bastante tiempo que no se quedaba a dormir por allí, y solo se comunicaba con la pareja por whatsapp. Ahora tocaba volver a la realidad, así que cogió la caja de bombones que Ernesto le había regalado y comenzó a comer.
Al menos así tendría algo dulce de aquella noche.













lunes, 7 de octubre de 2013

somewhere over the rainbow

Hoy Susan se había despertado antes de que sonará su despertador.

Era un día diferente al resto, hoy sería el último día que viera a Ernesto, y la verdad es que no le apetecía nada.
Cuando él se fuera, Susan por obligación tendría que volver a esa realidad que había estado evitando tanto.
Otro punto a destacar es que no sería una despedida sin más, antes irían de excursión en barco y era por eso, por lo que estaba tan ansiosa, tenía tantas ganas de subir en barco que apenas tenía tiempo para pensar en lo que pasaría después.

Se levantó de la cama, intentando no hacer ruido para que Ernesto no notara su ausencia, fue hasta la cocina y allí comenzó a hacer el desayuno, le apetecía tener un detalle con él, al fin y al cabo el había sido su punto de apoyo en todo aquel tiempo. Gracias a él había conseguido olvidarse de todos y vivir su vida.

Mientras Susan estaba inmersa en sus pensamientos no advirtió la presencia de Ernesto tras ella y la sorprendió, cuando dio la vuelta, y se lo encontró en silencio apoyado en el resquicio de la puerta. Dejando caer las tostadas al suelo del susto.

- ¡DIOS! ¡Que susto! ¿Que haces ahí tan callado?

- Observarte, ¿Y tú que haces?

- El desayuno, bueno... Eso era lo que intentaba antes de que las tostadas se me cayeran al suelo.

- No te preocupes, si quieres hago yo otras.

-No, no te molestes, quería hacerlo yo.

- ¿Porqué?

- No se, me apetecía...
Ernesto le dedico una sonrisa cargada de deseo, se acerco a ella mientras estaba de espaldas, y comenzó a rodearle con sus brazos la cintura. Apoyó su cabeza en los hombros de Susan y le susurró al oído:

- ¿Me echaras de menos?

Susan no quiso darse la vuelta, y seguía haciendo el café como si nada.

- Si, la verdad es que sí, y me dará mucha pena tener que despedirme de ti.

- Vente conmigo.

- Sabes que no puedo, ¿Tú volverás pronto?

- Mucho me temo que cuando yo vuelva, tu ya no estarás aquí.

Susan no pudo evitar poner cara de decepción, en el fondo esperaba que él no hubiera tenido en cuenta su opinión, y que hubiera sacado un billete de vuelta, para despedirse de ella.

- ¿Porqué pones esa cara? Fuiste tú la que me dijiste que no querías nada más que esto.

-Ya, pero las cosas cambian, en el fondo te he cogido cariño. Y no me apetece nada tener que despedirme de ti, e imaginar que nunca más volveré  a verte, porque he pasado un verano increíble, y haciendo cosas que hasta el momento eran inimaginables para mí, y la mayoría han sido gracias a ti.

- ¡Quién sabe...! Quizás cuando estés estudiando, iré a hacerte una visita por Andalucía...

- Si seguimos en contacto, no me importaría.

- Tú no eres la misma que estuvo hablando conmigo hace unos días...

- Ya ves, las cosas cambian.

- Pero ya es un poco tarde para poder quedarme, y no te imaginas la rabia que me da. ¡Maldita sea Susan! A veces pienso que las mujeres sois de un mundo aparte, y ni tan si quiera vosotras mismas sabéis lo que queréis.

- ME PUEDES EXPLICAR ¿PORQUÉ TE PONES ASÍ?

- Porqué me encantaría estar todo el tiempo del mundo contigo, porque para mí tu eres especial, y nunca he conocido una persona como tú.

- No me conoces lo suficiente para hablar así de mi.

- Por eso mismo quiero seguir conociéndote, o al menos tener la oportunidad.

- Yo te lo agradezco de verdad, pero sinceramente se que yo no soy lo que buscas, ahora mismo, me comporto de una manera diferente, porqué estoy en un mundo totalmente diferente al mio, y lo único que quiero es llevarme la mejor parte de cada situación, sin tener que discutir con nadie ni nada por el estilo.

- Yo se lo que me dejas que sepa, y no creo que seas tan mala como pretendes que crea para que me aleje de ti.

- Bueno, lo mejor que podemos hacer es desayunar, e ir a la excursión que como sigamos hablando se nos pasará la hora.

Acabada la conversación, comenzaron a desayunar en silencio, Susan odiaba esas situaciones en tensión, así que comenzó a hablar sobre su último viaje en barco así limaron asperezas y se dispusieron a disfrutar del que sería su último día juntos.

Acabado el desayuno Ernesto le dio las gracias a Susan, y cuando él estaba fregando los platos Susan salió de la casa para despedirse de su pequeño, en estos días Spirit se había acostumbrado a estar con ella y cada vez que ella salía de casa y Spirit la veía, iba corriendo en su busca, y Susan como premio le daba una manzana, era un potrillo tan adorable, que pensar en que esa era la última vez que lo vería, deshizo el corazón de Susan.
Se puso a acariciarlo y cuando los ojos de Spirit encontraron a los de Susan, ella rompió a llorar. 

En situaciones así recordaba cuando su padre le decía que era tonta, y que seguro que el día de su muerte, no derramaría ni la mitad de lágrimas, que por uno de sus animales. 

La verdad es que los lazos que Susan establecía con los animales, no se podían comparar con nada ni nadie, y como pasa con algunas personas, con algunos animales, sentía aún más esa conexión, en el caso de Spirit, lo estaba viendo crecer desde el primer día, y sentía el amor que el le ofrecía, era un animal único, por eso y para no sufrir más cuando el pequeño se acabo su manzana ella rodeo su cuello con sus brazos y le dio un último beso, y le susurro al oído: ¡Se fuerte cariño, y no dejes que nadie te maltrate, te mereces lo mejor, siempre me acordaré de ti y te llevaré en mis recuerdos pequeño!

Cuando Ernesto salió de su casa, buscó con la mirada a Susan, aunque sabía de sobra donde estaba, al encontrarla, la imagen lo sobrecogió esa chiquilla tenía devoción por los animales, era tan injusto que una persona así no pudiera estudiar para ejercer la profesión de sus sueños por una simple nota. Al ver su indignación, no podía ni imaginar lo que sentiría Susan, él quería animarla para que siguiera persiguiendo su sueño, pero si una cosa tenía clara, es que ella era muy perseverante, y en un futuro próximo lo conseguiría, ya que por el momento aunque el intentara animarla, ella tenía muy claro cual era su destino y no se dejaba influenciar por nadie.

Susan, tuvo la sensación de que alguien la observaba, y se giró, su cara estaba cubierta por dos ríos de lágrimas.

Ernesto al verla así de disgustada se acercó, para consolarla.

- Se lo que sientes por él. Y no quiero verte así, como te dije una vez, él es tuyo, ¡Quedatelo!

- No puedo, soy consciente de la realidad, cuando llegue a casa, no podre dedicarle el tiempo que se merece, yo me iré a estudiar fuera, y no quiero cargar con la responsabilidad a mis padres.

- Pues quizás sea un buen incentivo para que vengas a visitarme...

Susan besó a Ernesto y le dijo:

- Las despedidas forman parte de la vida, y aunque nos duelan, debemos avanzar, para poder vivir nuevas experiencias y crecer. Ahora vámonos al puerto o llegaremos tarde.

Se subieron al coche, y en 10 minutos llegaron al puerto, el barco estaba esperándolos, listo para zarpar, subieron a él y Susan no podía dejar de mirar a su alrededor, si hasta ahora los paisajes que había conocido de la isla habían conquistado su corazón, ver ese color tan intenso de azul en el mar, era una experiencia inexplicable, no podía haber sitio más bello en el mundo, porque aquel lugar ya era el paraíso, y sin poder evitarlo, saco su cámara intentando de inmortalizar, cada milímetro de aquel paisaje, aunque sabía de sobra que aquel lugar jamás podría borrarse de su mente.

Antes de llegar a la cala donde podrían bañarse el paisaje que comenzó a ver le resultó familiar. Le hizo una foto y al verlo en su cámara, recordó que ya había visto ese sitio antes...

Era el faro, su faro, el de "Perdona si te llamo amor" al recordar ese día, entristeció, y cayó en la cuenta de que hacía bastante tiempo que no encendía su móvil, ¿Que sería de Sergio? En el fondo estaba cabreada con él, porque era él con quien le gustaría estar viviendo todo aquello, sin duda alguna. Y lo odiaba por no querer hacerlo. 

- ¿Estás bien?

Aquellas palabras, la devolvieron a la realidad, sin darse cuenta Susan había puesto cara de tristeza, y eso llamó la atención de Ernesto.

- Si, todo bien, no te preocupes, es solo que he recordado que ya había estado antes en este lugar.

- Es precioso ¡Verdad!

- Si, sin ninguna duda.

Siguieron hablando y haciéndose fotos, hasta que llegaron a la cala, la imagen era impactante, había lugares en los que el agua parecía de plástico, cuando el sol brillaba sobre ella.
Pero esa imagen era imposible de captar por la cámara era un placer solo apto para verlo en ese instante.




En el preciso momento que Susan salió a proa para ponerse el equipo y lanzarse al mar con Ernesto, sonó "Somewhere over the rainbow". Susan siempre había tenido predilección por aquella canción, de echo siempre había dicho que sería la canción que sonaría el día de su boda. Incluso se lo había comentado a Ernesto, por lo que cuando sonó la canción todos su cuerpo se extremeció, miró a Ernesto y se le escaparon dos lágrimas de felicidad. Ella debía estar allí en ese preciso momento con él, no había mejor sitio en el mundo,  y sin duda no quería estar en ninguna otra parte. 

Él la miró, la cogió de la mano y como si el mundo fuera de ellos dos, y no hubiera nadie más en el barco comenzaron a bailar, pegados uno al otro, para Susan el mundo se detuvo en aquel preciso instante, sin duda no podía haber nada más romántico para ella. Era todo tan perfecto que de su cara no dejaban de brotar las lagrimas, estaba muy emocionada, y no podía dejar de expresarlo.

Nunca había sentido nada igual, al finalizar la canción, ambos se detuvieron, para mirarse el uno al otro y fundirse en un apasionado beso. En ese momento despertaron de su sueño, cuando comenzaron a escuchar el sonido de los aplausos, cuando Susan se giró para ver lo que pasaba quiso que se la tragara la tierra, pues ambos eran el espectáculo de todo el barco.

La gente se les acercaba a darles la enhorabuena como si de unos recién casados se tratasen, en ese momento Susan lo único que quería era morir de la vergüenza, Ernesto sin embargo, se lo tomaba con humor y le daba las gracias a la gente.


Después de la escena de parejita feliz, los guías comenzaron a dar de comer a los peces, para que se acercaran a visitarlos, poder disfrutar de las vistas al hacer snorkel.
Susan había ido preparada para la ocasión con sus gafas y sus aletas, no se lo quería perder por nada del mundo. Aquellas imágenes en las cristalinas aguas de la isla eran únicas.


Sin duda nada podía estropear aquel idílico día, era todo tan perfecto... 
Lo único que le hubiera gustado más que aquello, era que su corazón sentía que aquellos momentos los debía vivir con otra persona. Y que por mucho que lo intentara el no se iba a alejar de sus pensamientos, aunque ella intentara autoconvencerse de que no era tan importante para ella.


Cuando de nuevo llegaron a tierra, Ernesto dejó a Susan en su trabajo, con la promesa de volver a verse por última vez esa noche.

Ella estaba ansiosa, porque llegara el momento, quería darle un recuerdo, para agradecerle todos los momentos que habían vivido juntos, así que pidió permiso a su jefe y salió 5 minutos de su trabajo en busca, de algo que pudiera regalarle para acordarse de ella, después de ver toda la tienda y no encontrar nada, salió decepcionada de allí y fue en ese momento cuando lo vio.

Era una simple postal, pero reflejaba el sitio exacto donde se besaron por primera vez, a Susan le encantó, sabía que era algo insignificante. Pero ya se encargaría ella de que fuera especial.

Así que detrás se puso a escribir, una carta emotiva, reflejando todo lo que había significado para ella aquellas semanas junto a él. Y lo agradecida que estaba de que él hubiera aparecido en su vida.
Haciéndola de esa manera aún más especial.




jueves, 3 de octubre de 2013

Dime de que presumes...

Esa semana fue la más rápida de su vida, Susan apenas dormía porque quería aprovechar cada minuto junto a Ernesto, solo deseaba que las horas que pasaba lejos de él,  en su trabajo, pasaran lo más rápido posible. 
Sin darse cuenta ambos habían entrado en una dinámica extraña de necesidad, Susan sabía que no estaba enamorada, sin embargo se dejaba querer, y apreciaba mucho a Ernesto le había cogido mucho cariño. En otras circunstancias Susan sabía que aquella relación la habría agobiado, ya que en la última semana, dormían todos los días juntos. 

Susan no sabía que excusa ponerle a José, ya que muchas veces pasaban los días sin verse, y él como era normal se preocupaba por ella. Susan lo había estado esquivando diciendo que había hecho amigas que le enseñaban la isla y con las que solía ir de fiesta, tras acabar la jornada. Con esa excusa había conseguido tranquilizarlo y ganar un poco de tiempo, de todas formas, no era del todo mentira, puesto que Ernesto era amigo suyo, y salía todos los días con él.

Ambos se necesitaban mutuamente porque allí no tenían a nadie más, sobre todo Susan,  era por eso que su relación era tan especial.
Bien era cierto que Ernesto conocía a la gente de por allí, pero la mayoría solía estar de paso, solo estaban por allí en la temporada de vacaciones, para trabajar. Por ese motivo era difícil para él entablar una amistad sólida. 


- Es extraño, pasamos el día juntos y ni siquiera hemos discutido una sola vez.

- ¿Porqué deberíamos discutir? 

- Es lo que suele hacer la gente cuando pasan mucho tiempo unidos.

- Pero nosotros somos diferentes, ¡Dime un solo día que hayamos hecho lo mismo que el anterior! Eso es lo que quema todas las relaciones, la rutina.

- Y la distancia...

Un tono de melancolía recubrió la voz de Susan, no había estado pensando mucho en su situación con Sergio y lo que más miedo le daba era saber que cuando se le cayera la venda de los ojos, con la partida de Ernesto. Todo el dolor que no había sufrido por las personas, que se había encargado de echar de su vida se le remitiría en el momento que Ernesto desapareciera. Y finalmente se quedara sola.

- ¿Porqué te has quedado tan pensativa?

- Por nada, bueno... mañana es tu último día.

- Muy a mi pesar...

- Susan he estado pensando... Mañana tengo una sorpresa para ti. Pero como se que la semana siguiente de irme es tu cumpleaños y no quiero que lo pases sola, lejos de tu familia... 

- ¿En que has pensado? 

- En volver y estar contigo.

- No quiero que vuelvas y cambies tus planes por mí. Si vas a estar un mes allí con tu familia, hijo y demás, yo no soy nadie para cambiarte los planes.

- Pero es que a mi me apetece hacerlo.

- Pero yo no quiero que lo hagas, porque entonces sería como deberte algo, y ponerme en el compromiso de tener algo contigo, y ya tuvimos esta conversación antes. Yo aunque quisiera no puedo darte más de lo que te estoy dando.

- Yo me conformo con eso.

- ¡Ves! Aquí esta la diferencia entre tu y yo. Que tu te conformas, y yo no puedo conformarme. Es por eso que tampoco veo justo que nadie lo haga. Aunque ahora estemos viviendo en la nube del mundo color rosa, ¿Después qué? Porqué este efecto tal y como viene se va... Y tú y yo somos muy diferentes en ese aspecto. Yo no puedo estar con una persona que no tiene ambiciones, que se conforma con lo que le dan, y esta claro que tus intereses no son los mismos que los míos.

- Estás empeñada en que no puede ser y yo no lo veo así. ¿Porqué no me dejas intentarlo? Estoy seguro que si me dejaras conseguiría que te enamoraras de mí.

- Lo siento, creo que he sido demasiado clara con respecto a lo que opino, ahora mismo necesito estar sola. Así que no hablaremos más sobre este tema. Mañana te iras, habrá sido un placer conocerte y haber vivido todas estas cosas contigo, pero no pasara nada más entre nosotros.

- Siento que seas tan arrogante. No volveré a nombrarte el tema.

- Espero que así sea. ¿Qué harás con tus caballos?

- Un amigo mío tiene un rancho aquí al lado, el se encargará de cuidarlos.

- Supongo que hoy será la última vez que veo a Spirit. 

- Puedes ir a visitarlo si quieres, yo le diré que iras. Y volviendo a mañana... 

- ¿Que tienes pensado hacer? A mi me apetece subirme al barco que recorre la isla, dicen que se pueden ver los peces del fondo a través de unos cristales. ¿Has subido alguna vez?

- No, nunca he subido en barco.

- Pues mañana será la primera. Me tengo que ir a trabajar. Luego nos vemos.

Susan se despidió de él con un suave beso en los labios, cogió su bicicleta y se fue a trabajar.

Ese día se había pasado el día lloviendo ya era otoño, y el tiempo lo hacía ver. 
Susan había pasado el día de trabajo más aburrido de toda su vida, la clientela comenzaba a escasear, y como consecuencia, su jefe pasaba el día cabreado deambulando por el restaurante, dando ordenes a diestro y siniestro, las asquerosas cucarachas que habitaban el lugar, estaban revueltas y correteaban por el local a sus anchas. Susan no podía ocultar la repulsión que sentía hacia ellas, y cada vez que veía alguno de aquellos horribles seres pasar por su lado, comenzaba a chillar como una histérica, sin darse cuenta y esto era motivo de entretenimiento para sus clientes.

Al ver aquellas escenas de pánico su jefe le había llamado la atención, y Susan lo odiaba con toda sus fuerzas, porque en la última semana la había tomado con ella. No podía evitar que le dieran pánico, lo que sentía hacia esos bichos era horrible, y más vergüenza que le daba a ella comportarse así, no le podía dar a nadie. Pero como era su jefe  quien al fin y al cabo le tenía que pagar, Susan encajaba las críticas tal y como podía, e intentaba tener siempre una sonrisa.

Las cosas últimamente no iban del todo bien en el restaurante, la actitud de su jefe hacia ella era un tanto diferente y fuera de lugar, ella no quería pensar nada raro, hasta que ese día comprobó que los comentarios que le había estado haciendo días atrás solo eran los preliminares de lo que realmente estaba por llegar.

Hasta ese momento Susan había estado haciendo la vista gorda, porque sabía que a su jefe le encanaban las mujeres y cuanto más jovencitas mejor. Por tanto era normal escuchar de  vez en cuando comentarios subidos de tono hacia su persona, aunque Susan había preferido encajar los golpes como buenamente podía, ya que en su situación de necesidad no podía hacer otra cosa. Había día en los que incluso se lo tomaba con un humor porque en el fondo le daba pena, ¿Qué se podía esperar de un hombre que creía que todas las mujeres tenían un precio?

Cuando Susan entró en el almacén para recargar bebidas que hacían falta en la nevera, noto que alguien estaba detrás de ella. Cuando se dio la vuelta para ver de quien se trataba vio a su jefe en la puerta.

- ¡Dios mío que susto!

- Se que soy feo Susana, pero no estoy seguro de que los habrás visto peores.

El tono de su voz hizo que Susan se sintiera terriblemente incomoda, lo le gustaba nada la lascivia que encerraba su mirada. 
De manera que agachó su cabeza, cogió una caja con zumos y se dispuso a salir de aquel sitio cuanto antes. No quería pasar ni un minuto a solas con él. Aquel hombre le daba miedo, porque sabía que no albergaba buenas intenciones.

- ¿A dónde vas?

- A cargar la nevera ¿Me dejas pasar?

En ese momento él le bloqueó el paso, poniéndose justo en la puerta.

- ¿No quieres quedarte a solas conmigo? ¿A caso te doy miedo?

- Usted no me paga porque me quede a solas con usted, y que yo sepa que alguien le tenga miedo no es motivo, para sentirse orgullo, a si que no entiendo porqué sonríe.

- No te pago por ello, pero podría pagarte.

- Voy a hacer como si no hubiera escuchado la última parte de la conversación. Por favor, déjeme salir.

- Es una pena, tu y yo podríamos hacer muy buenos negocios si quisieras, no entiendo como una mujer con tus atributos... no quiere aprovecharlos.

En ese momento su mirada recorrió todo el cuerpo de Susan de una manera tan obscena, que un escalorfrio recorrió todo su cuerpo, aquella situación le estaba dando nauseas. Lo único que deseaba era salir de allí cuanto antes. Y de seguir así no se lo pensaría dos veces, le tiraría la caja a la cabeza y se iría de allí corriendo, aunque perdiera su dinero. No estaba dispuesta a pasar por aquello.

- Quizás lo que usted ve como un trabajo que todas las mujeres están dispuestas a hacer, yo lo veo como un acto degradante. 

- ¡Vamos Susana no seas hipócrita! Se que debajo de esa fachada se esconde toda una guarra, deseando salir. Si no que motivo tendría para venir a verte el morenito ese todos los días a verte. ¿Me vas a decir que es por tu personalidad?

Al decir eso comenzó a reírse, y esto hizo que Susan encolerizara, olvidando que estaba en juego su futuro.

- Sabe, no merece que le conteste a eso, simplemente le diré que usted me da pena, porque está claro que no conoce lo que es el amor.

- El amor es una tontería que se inventó para las películas, la realidad es otra bien diferente. Porque todas vosotras sois unas putas, y al final acabáis cediendo.

- Yo no se con quien estará acostumbrado usted a tratar, pero le aseguro que conmigo se esta equivocando, y como no se quite ahora mismo de esa puerta, no me hago responsable de mis actos. Voy a darle una oportunidad, voy a hacer como si todo el asco que siento ahora por usted no existiera, y la conversación que hemos tenido ahora mismo tampoco. Si cree que no puede ser así no perderé ni un segundo más de mi tiempo aquí, iré corriendo a la policía y no tendré ningún inconveniente en contarle lo que acaba de pasar aquí en este momento. Si piensa por algún casual que tiene las de ganar en esta historia porque es una persona influyente aquí, permitame el lujo de reírme de usted. Porque no tendrá ni idea de lo mal que lo puede pasar hasta que le pase. Porque le aseguro que no es usted el único que conoce a gente.

Al ver el gesto de seguridad en la cara de Susan, su jefe retrocedió y le cedió el paso sin decir ni una palabra. Cuando salió de allí Susan soltó todo el aire que hasta ese momento había estado conteniendo y dio gracias por haber sabido mantener la cara de Poker ante aquella mentira, tantos años con Hugo le habían servido para aprender a mentir sin que se notara. Por eso era tan buena jugadora de poker. 

Por suerte para ella solo le quedaban 5 días en aquel espantoso lugar, después de eso se iría para Jaén, que era donde le habían dado finalmente plaza para estudiar enfermería, y ya que una de sus amigas de Córdoba, se había ido a estudiar allí, se iría a vivir con ella y no tendría que preocuparse por buscar piso. 


Aunque aquella situación era la que menos le preocupaba en ese momento, solo quería que pasara ese interminable mes, ya empezaba a echar de menos a Amanda, y a su familia... Sobre todo después de lo que le acababa de ocurrir, necesitaba llorar en el hombro de alguien, y estaban todos tan lejos, que la soledad y la melancolía que la acompañaba se apoderó de ella.

Al salir a la terraza, su compañera de trabajo notó que algo no iba bien y se acercó a preguntarle a Susan que le ocurría, fue entonces cuando Susan irremediablemente rompió a llorar.















miércoles, 2 de octubre de 2013

¿A que sabe el miedo?

Susan abrió los ojos desorientada, no sabía muy bien donde estaba, cuando miró a su derecha vio a Ernesto plácidamente dormido.

No se acordaba en que momento de la noche habían llegado a la cama, solo sabia que había sido una locura, que no le importaría volver a repetir.

Se levantó de la cama y fue al cuarto de baño para lavarse la cara, cuando se miró al espejo, quiso no haberlo hecho, sus pelos estaban totalmente descontrolados, cualquiera podría adivinar lo que había pasado esa noche nada más ver su aspecto. Entró de nuevo a la habitación de Ernesto, sin hacer ruido, no quería despertarlo, cogió una camisa suya y se la puso a modo de vestido, hasta que localizara su ropa.

Cuando llegó al salón donde se encontraba su ropa y la de él tirada por cualquier parte, la recogió, aún estaba mojada, abrió la puerta de la calle para ver el tiempo que hacia fuera, y para su sorpresa el cielo estaba totalmente despejado. No había ni una sola nube, después de todo lo que había llovido la noche anterior, la calma había vuelto.

Tendió su ropa con la esperanza de que se secara antes de que llegara la hora de irse a trabajar.

Cuando levantó la cabeza y vio las cuadras, no pudo evitar la tentación de acercarse a ver al pequeño Spirit, al acercarse vio como el pequeño estaba mamando, presenciar aquella escena era todo un regalo de la madre naturaleza, Susan no podía entender como había gente a la que le gustaba hacer daño a aquellos animales.

Solo pensarlo hizo que una lagrima corriera por su mejilla. Fue entonces cuando Ernesto la rodeo con sus brazos por la espalda y apoyo su barbilla en su hombreo.

- ¡Buenos días preciosa! ¿Has dormido bien?

- Si.

Susan se giro y poso un dulce beso sobre su mejilla.

- Te sienta muy bien mi camisa, luces tan sexy.

- Espero que no te importe, es que mi ropa aún seguía mojada.

- Para nada, a ti te sienta mucho mejor que a mi. Es una preciosidad ¿Verdad? - Dijo mientras miraba a su pequeño potro.
Creo que es hora que salgan de aquí, vamos a soltarlos.

En el momento que Ernesto le abrió la puerta Spirit se acercó a Susan, olfateándola tímidamente, y ella comenzó a acariciarlo, era tan suave, y tan bonito, cuando su madre paso por su lado el pequeño se olvido de la presencia de Susan y corrió tras ella.

- ¡Pero bueno! ¿Tú también me abandonas?

Ernesto comenzó a reírse.

- ¿Quién te ha abandonado a ti preciosidad?

- Lo curioso es que no me abandonan, solo me dejan ir...

- Estoy seguro de que no siempre sera así.

- Creeme siempre es así.

- Susan me vas a llamar loco, pero yo no te quiero dejar ir, vente conmigo.

- ¿A dónde?

- A Cuba

- ¿Estás loco? No te conozco apenas.

- Pero yo siento que eres especial. Y lo poco que conozco de ti me encanta, y cada vez que te conozco más, más me gustas.

- Me estas regalando el oído, y créeme no soy fácil de impresionar.

- No pretendo mentirte, te estoy diciendo la verdad ¿Nunca te ha pasado que conoces a alguien y sientes que con esa persona todo es diferente? ¿Qué podrían pasar mil cosas que con otras nunca llegarían a pasar y que podrías hacer cualquier locura si te lo pidiera?

- Si. El problema, es que ahora mismo yo no puedo corresponderte como te mereces. Y me incomoda que tu puedas sentir eso por mi, y yo sin embargo...

- No me importa, te esperare, se que necesitas tu tiempo.

- No quiero que nadie me espere Ernesto. Hazte a la idea, yo quiero estar sola. No necesitar a nadie, valerme por mi misma y aclarar mis ideas. Lo siento, se que puede parecerte duro esto que estoy diciéndote, pero créeme, es mejor así.

- Por lo menos eres sincera.

- Si, por desgracia es un defecto que tengo, ya he dañado a mucha gente por no ir con la verdad por delante y me he cansado. Prefiero ser dura de primeras a ir alargando esto, que tu sientas algo más y yo no te pueda corresponder.

- Me dan igual que no puedas sentirlo, yo lo sentiré por los dos, yo te cuidare.

- Pero yo no quiero eso ¿No lo entiendes? Lo bonito del amor, es que sea mutuo. No quiero vivir en una mentira.

- Pero para mi no lo sería.

- Pero con que yo lo sienta así, ya sería una mentira, lo siento, pero no puedo corresponderte.

- Quizás lo que necesitas es tiempo.

- Créeme, he sentido eso que tu has dicho antes, y por experiencia se, que cuando una persona es para tí lo sientes desde el primer momento, ese algo especial, esa química inexplicable, si jamás la hubiera conocido eso, ahora mismo no me lo pensaría y aceptaría tu oferta. Porque sinceramente es lo que siempre he querido, alguien que lo diera todo por mí, que fuera romántico y detallista conmigo y que encima me tratara como una reina. Pero... ahora ya es tarde, quiero una cosa totalmente diferente.

- Quieres a otra persona ¿Verdad?

- Mucho me temo que si.

- Ojala yo pudiera hacer algo para que eso no fuera así.

- Y ojala yo pudiera sacármelo de la cabeza y amarte como me pides, pero la vida tiene un curioso sentido del humor.

- ¿Y que propones entonces?

- No sé

Susan se encogió de hombros, se dio la vuelta para ver donde se encontraba el pequeño Spirit, y teniendo a Ernesto a sus espaldas le dijo:

- Sabes yo siempre he querido algo que no he tenido, creo que a todo el mundo le pasa lo mismo.
De pequeña veía las películas en la que los padres abrazaban a sus hijas y las querían y lloraba, porque nunca he tenido eso, y quería saber lo que sentía. No me malinterpretes, he tenido una abuela que vale millones y la que daría su vida por mí se la pidiera, pero sin embargo siempre he luchado para que mi padre viera como soy realmente, y él lo único en lo que se empeñaba era en criticarme, en menospreciarme y en tirar por tierra lo poco que yo conseguía menosprecieandome y haciéndome sentir que lo que yo hacía no valía nada. Fue entonces cuando aprendí que si quería algo tendría que luchar por ello, que nadie me iba a regalar nada, y que de lo que él me dijera que hiciera, lo que yo en realidad debía hacer, era todo lo contrario.
Luego conocí a mi chico y bueno todo parecía ir de color de rosa, en cierto modo me volqué tanto en él e influenciar, porque nunca había sentido ese sentimiento que él me transmitía, y nunca habían tenido autoridad sobre mi, porque yo era un espíritu libre desde pequeña, él me enseño miles de cosas incluyendo a amar, y lo que es sentirse amado y representaba para mí la figura paterna que mi padre nunca había querido representar.
Entonces con el paso del tiempo, entendí que tampoco era eso lo que necesitaba, que no podía estar siempre luchando por algo que por naturaleza era mio, y echaba de menos mi libertad, era lo que más anhelaba y deseaba tener, y gracias a Sergio la conseguí, vine aquí y soy una persona totalmente diferente a la que era, ahora siempre río y soy feliz, porqué soy libre, y ahora que he conseguido mi propósito, y tengo trabajo, creo que nada me puede frenar, y sinceramente. Esto lo que me ha conseguido es volverme más egoísta, pensar en mí, y darme cuenta del pánico que le tengo a empezar una relación, porque lo que yo quiero realmente es ser libre.
Y bueno se puede decir que esta soy yo, puedes amarme pero no pretendas que yo haga lo mismo, porque mi corazón está en otra parte.

- Y sería muy egoísta por mi parte pedirte que me amaras.

- Entonces, lo único que te puedo proponer, es que sigamos como hasta ahora, que disfrutemos del momento que nos esta tocando vivir y que no pensemos en lo que puede pasar mañana, porque eso solo el destino lo decidirá, y quién sabe, ¡Quizás dentro de unos años, nuestros caminos vuelvan a cruzarse y yo al fin me sienta preparada!

Ernesto la cogió del brazo y la atrajo hacia sí, y sin dejar que ella se diera la vuelta le susurro al oído.

- Ya que no puedo tenerte, al menos haré que no me olvides nunca.

El cuerpo de Susan se estremeció por la calidez que denotaban sus palabras, se dio la vuelta y se fundieron en un apasionado beso, que encerraba tantos sentimientos como miedos.



martes, 1 de octubre de 2013

Spirit

Al día siguiente Susan se moría de la vergüenza al recordar lo sucedido, la noche anterior. Y se odiaba profundamente por la actitud que tuvo, seguramente Ernesto pensaría que era la persona más rara del mundo.

¿Porqué no puedo ser normal por una maldita vez en mi vida? Hasta lo sencillo para mi es complicado,¡ Esto es una mierda! Solo espero que hoy no aparezca por mi trabajo, porque no se como reaccionar, moriría de la vergüenza y no sabría que explicación darle.

El día pasó con total tranquilidad, Susan no había tenido mucho tiempo de pensar gracias a su trabajo y eso era algo que agradecía, así se mantenía despejada y no pensaba nada más que en las funciones mecánicas que tenía que hacer en el momento.

Cuando salió del trabajo, y dio la vuelta a la esquina de siempre, allí estaba Ernesto como siempre, esperandola.

¡Mierda! ¿Porqué no puede olvidarse de mi y punto?

- ¡Hola!

- Ho...ola

Susan en ese momento solo deseaba esconderse en el hueco más profundo de la tierra y desaparecer allí hasta que se olvidara de lo ocurrido la noche anterior.

- ¿Estás bien Susan?

- Si, no te preocupes, es que no se como explicar...

- No importa, te entiendo.

- ¿Cómo lo vas a entender si no lo entiendo ni yo?

- Digamos que también pase por algo así, y no he sido totalmente sincero contigo.

-¿Ah no?

- No, dentro de una semana tengo que ir a mi país, una de mis hermanas se casa, y es el momento perfecto para reunir a toda la familia, me da rabia porque justamente ahora que te he conocido que me pase esto, sabiendo que tu dentro de poco te iras y que tal vez lo más probable es que no nos volvamos a ver. Me da mucha tristeza.

- ¡Ah!

- Pero espera, aún hay más...

- ¡Pues dime!

- ¿Te acuerdas que te dije que yo estuve viviendo con mi ex, que lo dejamos y tal... Y que luego cuando volvimos la cosa ya no funciono?

- Si

- Pues la cosa no funciono, porqué en el periódo que ella me dejó, yo estuve con otra muchacha y se quedo embarazada, entonces cuando volví con ella yo ya tenía un hijo con otra.

La cara de Susan era de autentica sorpresa.

- Pero si tú eres muy joven ¿Qué edad tiene tu hijo?

- 4 años, eso me paso con 22.

- Bueno no eras tan joven... Pero si que es un poco caótico.

- Entonces, también quiero volver, porque echo de menos a mi hijo. Aunque lo que me apetece es quedarme aquí y conocerte a tí. Porqué ahora que al fin conozco a alguien diferente, me cuesta aceptar que sea por un período tan corto de tiempo.

- ¡Vaya! No se que decir... Me has dejado fuera de juego, demasiada información en tan poco tiempo.

- Si supongo que te he colapsado.

- Si, un poco...

En ese momento comenzó a llover, el cielo llevaba amenazado todo el día con nubes de tormenta, dando poco a poco la bienvenida al otoño, despidiendo así al rezagado verano, que se resistía en irse, era algo tan extraño, en un sitio como aquel no pegaba un día nublado. Todos los días debían ser idílicos y paradisíacos.

Susan comenzó a resguardarse del agua bajo un balcón.

- Susan acompáñame, yo te llevaré, tengo el coche aparcado aquí al lado.

Susan lo siguió sin oponerse, no le apetecía ir andando hasta el apartamento entre otras cosas porque no le apetecía resfriarse.

Cuando estaba subida en el coche Ernesto tomo una ruta diferente a la habitual, Susan no lo vió extraño hasta que empezó a notar que el paisaje que veía no le sonaba de nada.

- ¿Me puedes decir a donde vamos? Porque esto lo has hecho sin consultarme.

- Quiero que conozcas a alguien que te encantara.

- ¿A quién?

- Ya lo veras, no te impacientes si estamos a punto de llegar.

- De acuuuerdooo.

Pasados unos minutos, entraron en un camino de tierra, y a Susan la intriga la estaba desesperando y no soportaba más ese silencio que encerraba tanto misterio.

- Oye, tu no me estarás llevando a un sitio tan alejado de la civilización para matarme y que no encuentren mi cuerpo ¿No?

- De verdad ¿Cómo puedes tener una mente tan macabra?

- ¡Yo que sé! Se ven cosas tan extrañas por la tele. Que solo quería asegurarme.

- Si fuera un psicópata lo último que haría sería decírtelo.

- ¡O quizás me lo dirías para hacerme sentir miedo!

- ¡Calla ya loca! Vaya conversaciones más interesantes que me tienes.

- Mira que si te has ido de tu país por que has cometido algún delito, y yo aquí tan confiada subida a tu coche, al fin y al cabo apenas te conozco.

- Me temo que ese es un riesgo que tendrás que asumir.

Ernesto se quedo mirándola con un gesto risueño en el rostro y le guiño el ojo.

- Solo espero que merezca la pena.

- Estoy seguro que te gustara.

Entonces pasaron por un enorme portón de madera, la oscuridad no deja ver muy bien a Susan por donde estaban, pero se imaginaba que Ernesto la había llevado a su casa.

- ¿Es tu casa?

- Si, pero la sorpresa no es esa.

- ¡Ah, no?

- Baja del coche y acompañame.

En ese momento Ernesto se ouso a su lado, saco un pañuelo de su bolsillo...

- Pero antes... Me asegurare que no veas nada.

- ¿Más sorpresas?

- Si esta llevaba días esperandola, y deseaba que ocurriera con todas mis fuerzas antes de marcharme porque quería ver tu cara al descubrirla.

En ese momento el olor que pudo percibir Susan era el de una cuadra, y supo donde estaba. Fue entonces cuando Ernesto le quitó la venda, y vió delante suya al potro más bonito que jamás había visto era rubio con un rombo blanco en la frente y la pata delantera derecha, de color blanco como si llevara un calcetín, o hubiera metido la pata en un bote de pintura.

- ¡OH DIOS MÍO!

- ¿Te gusta?

- Si alguna vez en mi vida quisiera tener un caballo, este sería el de mis sueños, que preciosidad.
¡ME ACABO DE ENAMORAR!

- Jajaja Sabía que dirías eso, nació anoche, en cuanto volví, tuve que llamar al veterinario para que me ayudara, porqué la cosa se complico un poco.

- ¡Oh, me hubiera gustado tanto poder verlo!

- Ya... pero...

- Si mejor no recordarlo. ¿Qué es hijo de mama y Silver?

- Si.

- Es increible me encantan los caballos de este color.

- No se porqué, pero lo sabía.

- ¿A si? ¿Porqué? ¿Tanto me conoces?

- Porque tu eres inusual, y no sueles tener los mismos gustos que el resto de la gente, era de esperar que si un caballo te gustaba, tenía que ser el que no vieras normalmente, uno tan especial como tú.

- Es muy bonito eso que has dicho.

Susan agacho la cabeza y se acercó al potro para tocarlo, era tan suave y delicado, que nada más entrar en contacto con él quiso abrazarlo y no separarse de él jamás.

- ¿Tiene nombre?

- Aún no, estaba esperando a que tú se lo pusieras.

- ¿Has visto la película Spirit, el corcel indomable?

- No, no me suena.

- Es de dibujos, pues bueno, es igual que él. Y haciendo honor al resto de los nombres él no puede ser menos.

- Me gusta Spirit.

- Pues eso pequeñin te llamarás Spirit ¿Te gusta cariño mio el nombre? 

Susan no podía dejar de habar con Spirit, de tocarlo y besarle, no quería separarse de él. Para ella eso era el amor.

- Si te quedaras junto a mi, podría ser tuyo.

- No me digas eso Ernesto, no es justo sabes lo mucho que me gustan los animales, es jugar sucio, además, a mi ya me han cogido para estudiar enfermería muy a mi pesar.

- Por eso quédate conmigo, estudia aquí otra cosa, algo que te guste más.

- Lo siento, no puede ser, yo a ti apenas te conozco y ya cometí una locura así y créeme ahora pago las consecuencias estudiando algo que no me gusta. Si algo he aprendido este año, es que yo y mi futuro somos lo primero. Lo siento, pero ahora no puedo pensar en nadie que no sea en mi. ¿Me entiendes?

- Mucho me temo que si.

En ese momento, Ernesto agarró a Susan de la cintura y la atrajo hacia él con fuerza, no dejandole escapatoria, besándola con tanta fuerza y pasión, que Susan no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar.

Cuando acabó ese ardiente beso, Susan quería más sus labios anhelaban los de él. Y él como si le estuviera leyendo la mente, la cogió de la mano y la arrastró con él bajo la lluvia.

- Creo que no es el mejor momento para enseñarte mi casa. Y siento que te estés mojando, ahora me sentiré culpable y tendré que hacer algo por esa ropa que ahora mismo se encuentra tan pegada a tu cuerpo. 

La sonrisa burlona y picaresca de Ernesto, hizo que Susan entrara en calor bajo aquel manto de lluvia, no había bello de su cuerpo por el que no hubiera pasado esa descarga de electricidad que le había transmitido su mirada.

La situación se le había ido de las manos, pero prefería no pensar en ello, solo quería dejarse llevar.

Cuando entro en su casa, Ernesto se abalanzó sobre ella,  empujándola contra la pared, Susan en ese momento se sintió indefensa, pero le gustaba la manera salvaje que tenía Ernesto de hacer las cosas.
 Él comenzó a desnudarla, y ella no opuso resistencia, y comenzó a deshacerse de la ropa de él.

- ¿Quieres que paremos Susan? De verdad no quiero presionarte. Solo quiero que tu marques el ritmo y decidas lo que va a ocurrir, porque no quiero que te arrepientas.

En ese momento Susan lo cogió  de la mano y lo llevó hasta el sofá. Lo miró a los ojos y cuando el le devolvió la sonrisa, lo empujo, dejando que cayera sobre el. En ese momento, era Susan la dueña de la situación y sabia exactamente lo que quería y como lo quería.

Así que se subió a horcajadas sobre él y le susurro al oído:

- Estoy preparada, y esta noche seré toda tuya.

Y allí ajenos de todo lo que ocurría fuera del espacio que compartían ellos dos, unidos el uno por el otro, pasaron la noche haciendo el amor.